Los personajes son de Stephenie Meyer y nada más esta historia es de mi autoría.

Nota: si no han leído desde el principio, solo hago mención a que retomaré esta historia. Había perdido el hilo de la trama, pero tal parece que mi Musa se ha iluminado nuevamente, y finalmente le daré la continuación que merece. Esta vez no dejaré colgado a nadie (:


Capítulo 3
El extraño


Manaus era el lugar menos indicado para seguir con mi búsqueda. La información de mi familia, después de semanas, era nula. Recordaba vagamente a Zafrina y a su hermana, provenientes de la selva del Amazonas. Además, estaba el hecho de que mi madre había pedido que escapáramos hacia Brasil en la nota que había dejado en mi mochila. ¿Por qué específicamente hacia acá? Jacob en algún momento me había contado que mis padres habían ido de Luna de Miel a una playa cerca de Brasil, así que tal vez esa había sido una de las razones por las cuales hizo esa petición.

Pero, encontrar vampiros aquí (o en cualquier otro lugar), sonaba como la idea más descabellada. Una de las principales reglas de mi especie es permanecer en el anonimato. Los Volturis eran estrictos con la Ley. No podía simplemente ir preguntando de un lado a otro si había visto a alguien con los ojos rojos. Sabía, por mis vagos recuerdos, que solamente mi familia y los Denali compartían la extraña dieta vegetariana. Seguramente, me tacharían de loca.

Llegamos hasta el Amazonas y tratamos de rastrear cualquier signo que diera señales de presencia de vampiros en la zona. El aroma era casi nulo, y el rastro poco a poco se iba disminuyendo; la esencia se dirigía hacia el norte. Probablemente, se trataba de Zafrina y su clan, lo cual significaba que la última vez que estuvo aquí fue antes de partir hacia Forks. Había otros aromas, pero los descartamos porque Jacob me dijo que bien podían ser vampiros que estaban de paso.

—Sabes lo que eso significa, Nessie —dijo quedito, una vez que llegamos a casa.

Suspiré y asentí. Si queríamos encontrar aunque fuera una pista pequeña, teníamos que partir hacia otro lugar. Teníamos considerado regresar a La Push, ya que Jacob no se había comunicado con sus hermanos en todos estos años, y tal vez existía la posibilidad que alguien de su familia hubiese dejado algún mensaje. Su manada nunca supo a dónde escapamos, ni nosotros supimos si ellos habían logrado escapar también. Nuevamente, estábamos en blanco sobre nuestro futuro; íbamos a ciegas.

Muy a mi pesar, tuve que despedirme de mis amigas del colegio. Si íbamos a buscar a mi familia en otro lado, teníamos que partir y empezar desde cero. Forks no era una opción, eso era seguro, ni siquiera Seattle lo era; pero una cosa era segura: nos iríamos de Brasil. Ellas tendrían que olvidarse de mí. Me dolía, pues eran las primeras personas con las que convivía, además de mi familia y Jacob; era la primera vez que pasaba tiempo humano.

—¿Pero, por qué ahora? —gimoteó Luciana, obviamente triste por mi partida—. Dile a tu tío que esperen a que termine el año escolar. Es cuestión de unos meses más.

—Entiende que es una emergencia familiar —mentí descaradamente.

—Dijiste que eras huérfana, que solo tenías a tu tío —Ariana era más observadora que Luciana, por lo que entrecerró los ojos y me miró con escepticismo—. Estuviste semanas buscando algún dato de tu familia, sin éxito según nos dijiste, y ahora resulta que de la noche a la mañana tu familia salió de la nada y tienes que irte.

Me sentí acorralada.

—No, no es eso. Es que…

—¿Entonces, qué es? ¿Por qué tienes que irte, Vanessa?

—Encontré datos de mi familia —solté de golpe. Aunque era una mentira, por supuesto, no tenía absolutamente nada—. Mi tío ha encontrado información de mis padres, pero no me pueden proporcionar nada si no demuestran que soy un familiar directo.

Me sentía mal por mentirles hasta el último momento. Después de todo, ya no iba a regresar a Manaus, pero necesitaba una razón convincente para irme sin parecer una desgraciada. Tal vez, si las cosas se aclaraban en unos meses, podía llamarles o enviarles un correo electrónico.

—¡Eso es genial, Vane! —chilló Lu y se abalanzó hacia mí para abrazarme por el cuello—. En ese caso, te deseamos toda la suerte del mundo.

Ariana suspiró pesadamente y se unió a nuestro abrazo, diciéndome silenciosamente que me iba a echar de menos también.

Regresé a casa antes de tiempo, pues no tuve las últimas dos clases. Jake todavía estaba en el taller donde trabajaba, y regresaría dentro de un par de horas. Me daba tiempo suficiente para prepara nuestras cosas. Jacob había quedado de ir a buscar los boletos de avión saliendo del trabajo, así que solo quedaba esperar la hora para marcharnos. Las pertenencias que no nos llevaríamos con nosotros serían enviadas directamente a La Push, pues nosotros iríamos a una parada antes de llegar allá.

Mientras preparaba la comida, escuché que llamaban a la puerta. Extraño, pues Jake me había dicho que se iba a tardar en llegar a casa, pues tenía que llegar al aeropuerto y hacer otras cosas que tenía pendientes en el trabajo. Además, él tenía sus llaves. Tal vez eran mis amigas.

—Buenas tardes, señorita Wolfe —el hombre frente a mí poseía una belleza inhumana y porte de caballero inglés. Me contempló de manera descarada de arriba hacia abajo, y esbozó una sonrisa ladina—. Un placer conocerla finalmente.

—Lo siento, pero me temo que yo no sé nada de usted —me las arreglé para decir.

—¡Pero qué descortés de mi parte! —exclamó con falso horror—. Me llamo Matthew Jones.

Extendió su mano hacia mí, y dudé un par de segundos antes de corresponderle el saludo. Su mano, a pesar de estar enguantada, me resultaba helada. Alcé la mirada, temerosa de encontrar un par de ojos borgoña, pero me topé con un increíble color violeta. Me sentí mal por mirarle de esa manera, así que retiré mi mano de inmediato, y dirigí mi vista hacia otro punto.

—¿Y cómo es que sabe mi nombre?

—Soy un antiguo cliente de tu tío —explicó—. Nos conocimos hace varios meses, durante una visita que hice a la ciudad. Él me habló maravillas de ti. Esperaba verlo, pues de nueva cuenta mi auto se ha averiado y no quiere arrancar. ¿Y quién mejor que él para arreglarlo? Se ha convertido en mi mecánico de confianza.

—¿Pero por qué no fue directamente a su taller? ¿Cómo supo que vivía aquí?

Tantos años de constante huida, era parte de mi naturaleza el preguntar cualquier cosa que me sonara fuera de lo común. Tal vez estaba siendo grosera, pero ese hombre me daba muy mala espina.

—Me dio una tarjeta —se palpó los bolsillos del pantalón y su camisa, ante mi mirada sospechosa—. ¡Válgame! Creo que la he perdido en algún lugar.

—Él no se encuentra en este momento, Señor Jones —casi le cierro la puerta en la cara—. Me temo que tendrá que volver dentro de unas horas.

—En realidad, me preguntaba si podía esperarlo aquí. No tengo cómo transportarme y necesito que mi auto esté arreglado hoy mismo.

—Si gusta puedo conseguirle un taxi —ofrecí, tratando de deshacerme de él.

—No hablo el idioma, querida, y solo conseguiría perderme —dijo inocentemente. El tipo parecía tener una respuesta a cada cosa que le decía—. ¡Vamos! Ya te demostré que no soy ningún extraño. ¿Qué más pruebas necesitas? Él me contó que solo son ustedes dos, que tus padres murieron cuando eras una niña pequeña y tu madre le pidió que cuidara de ti. Me contó que los dos son americanos… podría seguir, si lo deseas. Es más, ¿por qué no le llamas y le dices que estoy aquí? Seguramente se acordará de mi —sonrió ampliamente.

Lo sopesé por un instante, pero parecía inofensivo, así que lo dejé pasar. A pesar de todo, no le quitaría la vista de encima, pues no confiaba completamente en él. Se sentó en nuestra pequeña salita, mientras yo me dirigía a la cocina a continuar con mis deberes. Mientras tanto, le envié a Jake un mensaje de texto para avisarle de la visita de su cliente.

Llámame a la casa. Es importante. Hay alguien aquí que dice conocerte.R

Te llamo en cinco minutos. Ahora no puedo. Ten cuidado.J

De vez en cuando, le lanzaba miradas inadvertidas al desconocido. El color de sus ojos me resultaba todo un misterio. Eran bellísimos, eso era seguro, pero era un tono que nunca en la vida había visto antes. Era como si mezclaras el azul con el… rojo.

Jadeé del horror ante mi revelación. Las manos me temblaron y mi mente se nubló de repente. El hombre en la sala era un vampiro. Me sentí aterrada, pues él parecía conocerme muy bien, y sabía de la relación tío-sobrina que yo llevaba con Jacob. Aunque, a estas alturas, comenzaba a pensar que todo era parte de su farsa.

—¿Me excusa un momento? —dije de manera nerviosa—. Iré solo un momento a la planta alta. Estaré de regreso en un instante, Señor Jones.

—No se preocupe —me guiñó un ojo, y a mí se me revolvió el estómago del horror—, me quedaré muy quieto.

Respiré profundo y traté de lucir calmada mientras me dirigía escaleras arriba. Estuve a punto de tropezarme, pero me recuperé con agilidad. Llegué hasta mi habitación y corrí hacia mi armario, buscando aquella mochila que mi madre me había obsequiado hace tantos años, y que siempre llevaba conmigo en las mudanzas. Me tranquilizó saber que todos nuestros papeles estaban en orden, ya que no nos daba tiempo de tramitar nada nuevo. Necesitábamos salir de ese lugar, así que nuestras pertenencias ya no importaban en ese momento. Tenía que huir y llegar hacia el taller de Jacob, y lo más importante, tenía que ser suficientemente ágil para que el extraño no me descubriera intentando escapar. No tendría oportunidad ante la velocidad de un vampiro; era ágil, sí, pero no lo suficiente como para competir contra él.

En mi desesperación por ser más ágil, tiré accidentalmente una cajita de madera que Jacob me había hecho para mi cumpleaños antepasado, y cayó estrepitosamente contra el suelo. Me congelé por dos segundos, tratando de escuchar algún movimiento en la planta baja. No quise asomarme para averiguar.

Pasaportes, identificaciones, dinero y ropa. Como siempre estábamos ante la expectativa de que en algún momento tendríamos que huir, guardábamos un par de cambios de ropa de nuestra talla, para tenerla siempre a la mano. Era una extraña manía, pero que en este momento me estaba resultando de lo más útil.

—Señorita Cullen —canturreó con su voz aterciopelada, que resonó por toda la casa.

Me paralicé en ese momento. Hacía tanto que no escuchaba ese apellido; no desde que me tuve que apartar de mis padres.

—Será mejor que se quede en donde está —se escuchaba un tanto irritado—. A mis maestros ya les está fastidiando tener que buscarla por todo el continente.

Sus maestros… los Volturis.

Sin pensarlo dos veces, me aferré la mochila al hombro, abrí la ventana y salté. Agradecí brevemente mi naturaleza de vampira, ya que ese salto pudo romperme ambas piernas. Ni siquiera me detuve a mirar hacia atrás, y corrí tan rápido como mi cuerpo me lo permitía. El taller de Jacob estaba algo retirado, pero en ese momento parecía una pequeña brisa de aire que pasaba por el bosque. No podía arriesgarme a que Matthew Jones me alcanzara (sabía que no importaba cuánto tiempo tuviera de ventaja, a él no le costaría nada llegar hasta donde estaba). Los pulmones gritaban por oxígeno, y mis piernas empezaban a punzarme por el esfuerzo. No me importó.

Por supuesto, Jacob no me esperaba, y menos en la manera en que llegué: jadeando por aire y temblando como una hoja. Aventó las herramientas que traía en ese momento, y corrió hasta donde me encontraba.

—¿Qué ha pasado? —comenzaba a entrar en pánico.

—¡Me encontraron! —chillé histérica, aferrándome a su cuerpo en un abrazo—. ¡Los Volturis me han encontrado!

Le conté lo más brevemente posible mi encuentro con el extraño, no sin salvarme de un regaño por haber confiado en él como para dejarle pasar a nuestra casa (aunque eso difícilmente lo habría detenido). En un parpadeo, me cargó hasta su motocicleta y partimos rumbo al aeropuerto. Toda nuestra preparación para poder partir de manera cuidadosa se había ido al carajo. Como no había maletas para enviar a La Push, Jacob decidió que fuéramos a otro sitio más seguro.

—¿De qué me estás hablando?

—¿No lo entiendes? Ellos saben perfectamente de dónde venimos —trató de razonar conmigo—. Sabrán que iremos para allá y nos darán caza en el trayecto.

—Jacob, piénsalo dos segundos: ellos jamás se imaginarán que estaremos allá. ¿Precisamente, por qué regresar al punto de origen? Muy probablemente pensarán que iremos a otro sitio, pues regresar no es seguro. Eso nos dará un momento para poder trazar una ruta y encontrar otro sitio a salvo para nosotros. Además, sé que tus hermanos no permitirán que nos hagan daño. Eres un Quileute, Jacob, tienes derecho a protección.

Eso pareció darle seguridad y el empujón que necesitaba para decidirse. Compró los boletos que salieran más temprano. Para nuestra suerte, había un vuelo inmediato, así que nos fuimos directo a la sala de revisión antes de abordar. Jacob se negó a soltarme, y yo no quería apartarme de su lado. Estaba tan asustada, que no podía evitar mirar hacia todos lados, en busca del Señor Jones.

Pasajeros con destino a la ciudad de Seattle, favor de abordar por la puerta número cuatro.

Haríamos escala en la Ciudad de México y en San Francisco, antes de llegar a nuestro destino. No logramos encontrar un vuelo directo, pero en ese momento era lo que menos nos importaba.

En ese momento, la realidad me golpeó con fuerza, dejándome en shock: iba a volver a Forks. A pesar de lo peligrosa que era la situación, no pude evitar esbozar una sonrisa y envolverme en un sentimiento de esperanza. Sabía que muy pronto iba a tener algún dato de mi familia.


Ya comenzaré a trabajar en el siguiente capítulo (: