Nota: la autora huyó del país después de publicar este capítulo ya que conoce las reacciones que va haber después de que lean el capítulo final…

Disclaimer: Junjō Romantica no me pertenece, solo tomo prestado sus personajes para satisfacción mía y de mis lectores, obviamente, todo sin fines de lucro.

Donde te conocí

Capítulo Final

Presente


"¡Papá!"

Esa palabra lo sacó de sus pensamientos, volteó la mirada hacia donde provenía la voz. Un poco más a los lejos se encontraba una mujer de no más de veintiún años, piel blanca y cabello negro, un poco rizado que le llegaba a los hombros. Vestía casualmente, unos vaqueros de color negro con una simple camiseta de color rosado, zapatos deportivos y cargaba una mochila en su espalda.

El hombre de cabellos castaños se levantó de su lugar cuando la chica se acercaba hacia él corriendo.

"Perdón," se disculpó cuando llego a un lado de su padre "Se me hizo tarde."

"Calma," dijo tranquilamente "Que no hay prisa."

"¿Cuánto tiempo tienes esperando?" preguntó mientras empezaban a caminar fuera del parque.

"Unos cuantos minutos," mintió, recordando que se la había pasado más de una hora ahí sentando divagando en sus memorias.

"Menos mal," suspiro aliviada.

Caminaron por unos minutos más en silencio hasta la estación del metro, que estaba a unas cuadras más adelante. De repente la pelinegra se detuvo en seco, mientras colocaba su mano en su rostro, en señal de que había recordado algo.

"¡Oh no, se me olvidó comprar las flores!"

"Tranquila Miku, hay un florería aquí cerca," le indicó a su hija una pequeña florería que se encontraba en la esquina y su corazón dio un vuelco.

"¡Qué suerte!" exclamó la chica "Iré a comprarlas."

Miku fue corriendo hasta la florería, seguida por el castaño. La chica esperó a su padre en la puerta para que ambos entraran al establecimiento, fueron recibidos por un joven un poco mayor que la pelinegra y un hombre de avanzada edad. Al parecer eran el dueño de la florería y su hijo, por el parentesco que ambos tenían.

Hiroki dejó que su hija escogiera las flores, y mientras la chica escogía el tipo de flor y el tamaño del ramo, el dueño de la tienda se acercó al profesor.

"Si no mal recuerdo," habló el anciano, haciendo que Hiroki volteara a verlo "Usted es amigo de Nowaki, ¿cierto?"

El castaño se sorprendió, ya que había pasado mucho tiempo desde la última vez que había entrado a ese lugar y aún más cuando el hombre pudo reconocerlo a pesar de tanto tiempo.

"Así es, señor."

"Cómo pasa el tiempo, ¿no?" comentó el dueño sonriente, y después su mirada se suavizó "Hoy es el día, ¿no es verdad?"

Asintió con rostro melancólico. "Justo íbamos en camino."

"Flores extras," le indicó a su hijo y después se dirigió a Hiroki "De nuestra parte."

"Gracias."

Salieron de la florería con un enorme ramo de rosas, agradeciendo y despidiéndose de los floristas. Emprendiendo de nuevo su camino hacia la estación del metro, la cual ya no quedaba tan lejos. Como hace rato, el viaje fue en silencio y tranquilo. Miku cargaba el ramo y lo observaba a ciertos ratos, mientras que su padre tenía su mirada al frente y a ciertos momentos miraba de reojo a la pelinegra.

No había mucha gente en el subterráneo a pesar de la hora, el castaño compró los boletos y fueron hacia estación donde no esperaron mucho para que el metro llegara. Nuevamente, el viaje en el metro fue en silencio, se encontraban sentados uno al lado del otro pero parecían dos completos extraños en esos momentos.

Hiroki pareció escuchar que su hija murmuraba algo, volteó a mirarla y notó que ella tenía la mirada perdida sobre las flores.

"¿Dijiste algo?"

"¿Eh?" volteó a mirar a su padre con una sonrisa "No, nada."

"A pesar de ser adoptada," pensó el profesor "De alguna manera, sus personalidades se parecen."

"En esta nos bajamos, ¿no?" preguntó la chica al escuchar que se acercaban a cierta estación.

"Si," contestó. Cuando el metro se detuvo y la gente empezó a salir, ambos se levantaron al mismo tiempo y salieron del vagón.

Salían de la estación cuando empezó a sonar un celular, Miku inmediatamente lo reconoció como el suyo y se quitó la mochila de su espalda para poder tomarlo. Estaba batallando ya que tenía el ramo de flores en una mano, por lo que Hiroki tomó el ramo y la chica pudo contestar a tiempo.

"¿Hola?" preguntó al contestar la llamada "¡Nobu! ¿Qué hay?"

Al escuchar ese nombre el castaño no puso la mejor de sus caras. Aún no podía creer que su hija siguiera hablando con ese chico después de lo que había pasado hace algunos años. La pelinegra al notar el rostro de su padre no pudo evitar sentirse mal y borrar la sonrisa de su rostro.

"Oh, perdón pero creo que hoy paso," se disculpó "¡No! Es que hoy… tú sabes… Bien ¡nos vemos mañana!"

"Andando," le ordenó seriamente y empezó a caminar rápidamente, haciendo que la chica tuviera que correr un poco para alcanzarlo.

"¡Oye, pero no tienes que ponerte así!" le reclamó cuando lo alcanzó "¡Las cosas ya no son como antes! ¡Solo somos amigos!"

"No voy a discutir eso," dijo sin bajarle la velocidad a sus pasos "¡Ya lo hablamos y tú pareciste no entenderlo!"

"¡Solo ponte en mi lugar!" volvió a reclamarle "¡Si mi padre te hubiera hecho eso, tú lo habrías perdonado!"

"¡No metas a tu padre en esto!" le gritó fuertemente, volteando a verla con una furiosa mirada.

La chica solamente lo miró espantada, había visto esa faceta de su padre muchas veces en su vida, pero ninguna había sido tan fuerte y punzante como esa. Sus ojos grises poco a poco se llenaron de lágrimas, hasta que se desbordaron lentamente por sus blancas mejillas. Hiroki, al verla llorar, inmediatamente se sintió culpable de su acto. Como nunca fue bueno con las palabras, simplemente abrazó a su hija fuertemente y ella solamente se echó a llorar sobre el pecho de su protector.

"…Lo lamento," se disculpó sinceramente después de unos segundos "Es solo que—"

"Descuida… también fue mi culpa," se secó las lagrimas, tranquilizándose un poco "No debí hablarte así de papá."

"Ya olvídalo," dijo refiriéndose a la discusión "Sera mejor que vayamos de una vez, se hace tarde."

Miku asintió levemente mientras se limpiaba las últimas lágrimas y tomó la mano de su padre antes de que retomaran su rumbo.

Caminaron un rato más en silencio y cuando los edificios se convirtieron en una reja de color negro, con un pasaje tétrico detrás de ella, la pelinegra apretó fuertemente la mano del castaño mientras seguían caminando hasta el portón principal. Estando ahí, ambos se quedaron frente a la entrada por unos minutos, aún sujetados de las manos.

"¿Estás segura que quieres entrar?" le preguntó a su hija, la cual solo asintió decidida.

Al ver la respuesta de su hija, Hiroki respiró profundamente antes de que ambos se adentraran al lugar.

Seguían el camino de piedras con pasos lentos, con la mirada fija hacia enfrente. Había momentos en que Miku volteaba hacia a los lados para observar el no tan placentero lugar. Podía notar que había varias familias que decidieron visitar a sus parientes ese día, limpiando y adornando sus respectivos lugares. También notó que algunos lugares estaban en malas condiciones, como si nadie se hubiera preocupado por estar al pendiente de ellos. No soportó más y regresó su mirada al frente, aferrándose ahora al brazo de su padre.

Casi al final de aquel enorme terreno, llegaron frente a una hermosa lapida de mármol. Ahí fue donde Hiroki le entregó el ramo a su hija, quien al recibirlo, se acercó aún más a aquella lapida y se hincó para poder depositar gentilmente el hermoso ramo de rosas.

"Hola papá," comenzó suavemente "Te trajimos estas flores, no sabía cuál era tu favorita, solamente supe que estas te gustarían."

El castaño sonrió tristemente al escuchar a su hija.

"Me está yendo muy bien en la universidad, la carrera de arquitectura es muy interesante y estoy aprendiendo mucho. ¿Te acuerdas de la casa en la playa que tanto sonábamos? Bueno ya estoy diseñando los planos y la maqueta para mi trabajo final. Ya solo falta un año para graduarme y… me hubiera que estuvieras ahí cuando recibiera mi diploma…"

Una lágrima se le escapó de sus ojos y ella la limpió inmediatamente.

"Perdona, sé que no te gusta verme llorar," volteó a ver a su padre y le dedicó una sonrisa que él no pudo entender del todo "A mamá también le está yendo muy bien, ahora es director del departamento de literatura, ¿no es genial? Sigue siendo el gruñón de siempre, pero…"

Hiroki se quedó estupefacto antes las palabras de Miku. Ya hacía tiempo, demasiados años, desde la última vez que escuchó decir de la boca de su hija la palabra 'mamá.' Desde aquel incidente, jamás creyó que volvería a escuchar esa palabra, escucharla en ese momento hizo que su corazón se derritiera.

"Usa-chan también te extraña mucho, siempre quiere dormir en tu lugar, pero mamá siempre lo corre de su habitación. ¡Pero bien que ha llegado a quererlo! Cuando mamá ya está dormida, o finge estarlo, Usa-chan se va dormir con ella. ¡Se ven tan lindos!"

"Espero que tengas una fotografía de ellos, Miku," escucharon una voz detrás de ellos y una segunda voz más joven que le regañaba.

"¡Tío Usagi! ¡Tía Misaki!" exclamó feliz la pelinegra al ver a los recién llegados e fue hacia ellos para saludarlos.

"¿Por qué sigo siendo la tía?" le preguntó algo dolido.

"¿Quieres que le explique por qué?" preguntó sensualmente a su pareja.

"¡N-No es necesario!" exclamó nervioso.

"¡Pero es lindo decirte tía!" comentó Miku mientras abrazaba al castaño y este le sugería que debería llamar abuelo al tío "No, porque entonces serías abuela."

"Hiroki, ¿cómo has estado?" el peli plateado se había acercado al mencionado, dejando a su amante con su sobrina.

"He tenido días mejores," contestó sinceramente "¿Cómo supieron que estábamos aquí?"

"Miku le comentó a Misaki sobre hoy hace algunos días," le explicó, mientras le enseñaba el ramo que sostenía "Pensamos que sería bueno venir."

"No era necesario," el escritor le entregó las flores "Pero gracias…"

"No es nada," comentó mientras sacaba un cigarro de su bolsa y lo encendía "Nos adelantaremos con Miku para que estés un rato a solas."

"Ven Miku," la llamó Akihiko "Quiero darte la copia que te prometí el otro día, está en el auto."

"Ah, pero ¿y mamá?" preguntó mientras veía al castaño.

"Los alcanzare en un rato," la chica entendió la indirecta y fue junto con sus tíos hacia afuera del cementerio.

Cuando ya se habían alejado, Hiroki regresó la mirada hacía la lapida. Respiró profundamente antes de acercarse y dejar las flores junto al otro ramo, quedándose de pie frente a la piedra. Se quedó en silencio antes de comenzar a hablar.

"Eh… bueno, esto es extraño… hablarle una lapida, pero… supongo que es mejor o nada," hubo otro silencio "No sé como comenzar, aunque bueno ya lo hice pero… agh ¿que estoy haciendo? Solo tengo que hablarte como si te tuviera enfrente, sonriéndome con esa sonrisa de idiota… aunque no me responderías, ni te lanzaras desesperadamente sobre mi…"

Sus últimas palabras casi se ahogan en sollozos, había lágrimas que querían salir pero él solo se aguantaba sus enormes deseos por llorar.

"A-Antes de venir para acá, Miku me citó en el lugar donde nos conocimos… esa banca en el parque donde casi me mata de un susto ese cohete," sonrió un poco "Estaba recordando por todo lo que pasamos, desde que llegó Miku, lo que batallé para tenerle paciencia… tú eras un experto así que no sufriste tanto. También me acordé de su primera palabra, cuando entró al colegio, cuando viajamos los tres a México, lo linda que se veía el día de nuestra boda… n-no te pongas celoso, t-tú también te veías muy bien en ese traje… y nunca te lo dije…"

"¿Recuerdas su primera cita?" cambió el tema rápidamente "Como detesté ese día, yo sabía que el chico era un idiota, bueno para nada… ¿pero me hizo caso? ¡No! Tuvo que sufrir para darse cuenta de su error. Hasta la fecha el idiota le sigue hablando, ella dice que son solo amigos, ¡pero yo no confío en él! (1)"

Se quedó en silenció nuevamente, mirando por lago tiempo a la lapida de mármol para después desviar su mirada.

"…Pero debo de confiar en ella, ¿cierto?" se quedó callado como si esperara una respuesta "Es… algo que tú me dirías…"

Ya no se pudo contener más y las lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas sin descanso.

"Maldita sea… prometiste que nunca me harías llorar, eres un idiota… nunca prometas algo que no puedes cumplir…" nuevamente hubo silencio "Aun tengo… el anillo, nunca me lo quito… lo sé suena tonto pero es… lo mejor que tengo de ti…"

Mientras decía esas palabras, observaba su mano derecha, mirando especialmente aquel anillo dorado que se encontraba en su dedo anular.

"Miku y yo estamos bien, no tienes de que preocuparte. Solo… solo cuídala bien donde quiera que estés… yo… yo estaré bien por mi cuenta… ¿a-a quien engaño? Es un martirio vivir sin ti…"

Con lo último se dejó de caer de rodillas frente a la lapida, tomando su rostro con ambas manos y sin poder contener mas las lágrimas… estalló en llanto.

"¡Idiota, te amo! Nunca he dejado de hacerlo y no lo dejare de hacer! Lo he hecho por veintiséis años y lo seguiré haciendo hasta el fin de mis días! Aunque me duela hasta el alma que te hayas ido y que me dejes aquí solo… te sigo queriendo… Nowaki…"

oOOo

Salía del cementerio cuando notó el auto deportivo de su amigo de la infancia, pudo darse cuenta que era un auto nuevo, con el mismo color rojo como los anteriores. Cerca de este se encontraban el dueño del auto, su amante y su hija charlando alegremente. La chica, al notar que su padre salía de aquel lugar, fue a su encuentro con una sonrisa en sus labios. El castaño no le dijo nada, simplemente le regresó la sonrisa.

"¿Qué era lo que te dio Akihiko?" preguntó al ver el sobre amarillo que la pelinegra tenía en brazos.

"¡Es el manuscrito original de su nueva novela BL que todavía no sale a la venta!" respondió emocionada "¿No es genial?"

"Miku creo que no debiste ser tan directa," murmuró Misaki esperando la reacción de su antiguo profesor.

"¡Bakahiko!" gritó furioso "¡Se puede saber por qué le das a leer tus perversiones a mi hija!"

"Yo no hice nada," se defendió tranquilamente "Yo solo le traje lo que me pidió."

"Tío Usagi no tiene la culpa, mamá," Miku se unió en defensa del escritor "¡Yo soy fiel seguidora de sus novelas!"

"Miku…"

"Además," continuó la chica "Viví contigo y papá así que, sin ofender tío Usagi, lo que leo en sus novelas no es algo del otro mundo para mí."

Miku rió al ver el rostro completamente sonrojado de Hiroki y no se tardaron en unírseles los otros dos.

"Bien, ya fue suficiente," gruño el castaño y las risas cesaron poco a poco.

"¿Por qué no vienen al departamento a cenar?" preguntó el escritor "Misaki se la pasó casi todo el día preparando un festín."

"¡La comida de mi tía es la mejor! ¿Podemos ir verdad?" la joven miró emocionada a su padre.

"…Si, ¿por qué no?" inmediatamente la pelinegra jaló al castaño menor adentro del auto.

"¿Todo bien Hiroki?" preguntó Akihiko extrañado de la pronta respuesta de su amigo.

Dedicó una última mirada al cementerio, "Si, todo bien."

oOOo

"¡Miku debiste haber salido del departamento hace diez minutos!"

"¡L-Lo sé pero es que no encuentro la toga!" reclamó ante el regaño de su padre por celular.

"¡Akihiko lleva tiempo esperándote para llevarte a la ceremonia!" volvió a regañarle "¡Encuentra esa cosa pronto y sal de inmediato!"

Colgó dando un enorme suspiro y volteó a ver a su perro, que se encontraba acostado a lado de una gran pila de ropa y cosas, mirándola con atención. Había puesto su cuarto patas arriba para poder encontrar su bata para su ceremonia de graduación.

"Ya oíste a mamá," dijo viendo con flojera las montanas de ropa y cosas que había sobre su cama "Tengo que encontrar esa toga."

Movió algunas cosas que se encontraban en la primera pila de cosas que tenía enfrente, y se sorprendió al ver debajo de un libro una fotografía que creía haber perdido. Era una foto familiar que se habían tomado en el festival de la universidad, meses antes del accidente. La joven sonrió al ver lo feliz que su papá estaba en esta imagen y rió al ver lo sonrojado que estaba Hiroki, cuando se habían tomado de las manos para la foto y estando Miku en el centro detrás de ellos, abrazándoles por el cuello.

Al tomar la fotografía se dio cuenta que debajo de esta se encontraba la prenda de azul marino que había estado buscando por toda su recamara. Sonrió tristemente y beso cariñosamente la fotografía.

"Gracias papá."

oOOo

Concluida la ceremonia, donde los alumnos habían recibido su diploma por haber completado sus estudios universitarios, el auditorio se iba vaciando poco a poco. Muchos de los alumnos estaban en grupos charlando y tomándose fotografías para recordar el momento. Mientras que los padres, algunos abandonaban el lugar, otros esperaban a sus hijos y charlaban con otros padres de familia.

Hiroki había asistido a la ceremonia junto con Akihiko y Miyagi, cada uno con su respectiva pareja, todos esperando a la recién graduada. Hace unos meses se sentía incómodo asistir a eventos con su mejor amigo y su antiguo superior cuando ellos asistían con sus parejas. Aunque supo aceptar la pérdida de su amante, siempre respetó el lugar el cual pertenecía Nowaki, negándose a buscar alguien que lo reemplazara. Aunque aceptar una perdida no fue nada fácil, lo hizo por el futuro de su hija.

La pelinegra se despidió de sus amigos, prometiéndoles que los vería después en la fiesta que habría mas tarde en la noche y fue hacia donde estaba su padre. Lo sorprendió cuando fue hasta él y se le lanzó para abrazarlo.

"¡Miku no hagas eso! ¡Casi me matas de un susto!"

"Necesitas poner más atención," dijo la chica sonriéndole.

Colocó una de sus manos en la cabeza de su hija y le alborotó un poco el cabello, "Felicidades Miku."

"Gracias mamá," susurró mientras le daba otro abrazo.

Los otros se acercaron para felicitar a su sobrina, interrumpiendo la tierna escena. Después de una pequeña platica y unos cuantos 'cariños' de parte de Miyagi hacia Hiroki, propusieron ir a comer para celebrar en honor a la recién graduada.

"Adelántese sin nosotros," habló por los dos la pelinegra "Papá y yo queremos ir a un lugar antes."

Sus tíos comprendieron y concordaron de verse en un restáurante en una hora. Hiroki y Miku se despidieron, y salieron del auditorio hacia el subterráneo, el cual lo llevaría al lugar frecuentaban una o dos veces al mes. Durante el recorrido de la pasaron en silencio, eran común cuando visitaban juntos aquel lugar. Cuando llegaron se dirigieron hacia la parte trasera del extenso terreno, hacia una lapida en especial.

Notó que su hija sacaba una fotografía enmarcada de su bolso y la reconoció de inmediato. "Creí que esa foto estaba perdida."

"La encontré este mañana," dijo mientras se pegaba la fotografía a su pecho "Supuse que a papi le gustaría tenerla."

Miku se acercó a la lapida y colocó la fotografía frente a ella, junto a unas flores que habían dejado días antes, que extrañamente no se habían marchitado. Una lágrima se le escapó de sus ojos grises mientras observaba la fotografía con una sonrisa.

"Hoy recibí mi diploma," murmuró "Y todo gracias a ti."

Sintió una mano sobre su hombro, escuchando al castaño decir que su papá estaría muy orgulloso de ella. Sin poder aguantar más, rompió en llanto sobre el pecho de su padre, quien le abrazó inmediatamente para consolarla.

"Ya son casi dos años desde tu partida, creemos haberla superado… pero cada vez que venimos sabemos que nos tomará más tiempo," pensó Hiroki viendo la lapida y sus ojos se empezaron a nublar por las lágrimas "Nunca te agradecí de haberme convencido de adoptar a Miku, porque si te hubiera perdido si no estaba ella… mi vida no tendría ningún sentido… me diste otra razón para vivir y salir adelante."

"Gracias. Te amo."

END


(1) Sé que algunas cosas mencionadas aquí no fueron puestas en capítulos anteriores. Detalles más abajo.

Esta historia fue inspirada sobre las recientes leyes que fueron aceptadas en mi país sobre los matrimonios homosexuales y las adopciones que pueden realizar estas parejas. Aunque estoy totalmente a favor de los matrimonios del mismo sexo, el tema de la adopción sigue siendo un tema delicado. Esta historia muestra la parte feliz de una familia especial cuando existen cosas mas complicadas.

Ahora, entiendo que la supuesta boda no aparece en capítulos pasados del fic. Tenía planeado agregar esa parte pero por ciertas razones no lo puse… pero no quiere decir que no lo voy a hacer. Publicaré un one-shot sobre la boda de Egoist pero no estoy segura cuando estará listo.

Principalmente quiero agradecer a todas las que dejaron review, pusieron la historia en favoritos y/o me colocaron como una de sus autoras favoritas. Muchísimas gracias en verdad, con esto me doy cuenta que les gusta lo que escribo y eso me anima a escribir más historias.

Me gustaría leer su comentario final de esta historia, si no es mucho pedir.

Mata ne~

P.D. Se vale haber llorado porque aquí la autora no pudo evitar hacerlo.