Nico Robin vs Roronoa Zoro

A pesar del inicio, como toda comida en la que estuvieran los Mugiwara, terminó convirtiéndose en una fiesta como si no supieran de otra manera de comer, por lo menos mientras hubiera meshi en la mesa. Cuando el postre terminó así lo hizo la paciencia de estarse en un lugar de Luffy que salió a cubierta a divertirse antes de que Nami no soportase más sus gritos y los mandase ir a dormir, con pena de atarlos al mástil de proa. Algo que a Zoro no le gustaba para nada ya que le impediría, por muy difícil que fuera de imaginar, el dormir en el puesto de vigía. Cuando acabara con la vigilancia, por supuesto.

Finalmente quedaron en la cocina Sanji, terminando de lavar los últimos cubiertos, antes de saltar a cubierta para, según él mismo, pasar un momento con Nami bajo el cielo estrellado, por mucho que esta estuviera más tiempo discutiendo con Luffy por cualquier absurda idea que se le ocurría para el día siguiente, junto con Chopper y Robin que, tras la última taza de kouhii de la morena, fueron a la consulta del pequeño isha de los Mugiwara para que le examinase su tobillo maltrecho.

De la misma manera en que hizo para moverse por la cocina, desde el regazo de Zoro, Robin volvió a usar el poder de su Hana Hana no mi para hacer aparecer una pierna fleur con la que caminar sin problemas hasta sentarse en la cama de la consulta.

—Está bastante inflamado— dijo Chopper, más para si mismo que para Robin antes de dirigirse a ella repitiendo sus propias palabras—. Está bastante inflamado. Debería haberte atendido de inmediato.

Robin no pudo evitar el reírse con la actitud tan profesional de Chopper.

—Supongo que he sido una pésima paciente, Chopper-sama. ¿Se me caerá el pie o se hinchará hasta explotar?

La alegría, de la que Chopper decía no sentirse agradecido, se esfumó al escuchar la pregunta de Robin. Alguno pensaría que, a estas alturas, ya conocerían el morboso humor de la morena.

—Entonces habría que cortarlo de inmediato— dijo una voz mientras la puerta que daba al exterior dejaba paso a Zoro.

—Podría ser, kenshi-san— meditó Robin dedicándole una de sus sonrisas antes de volverse a Chopper—. ¿Hay que amputar, isha-san?

Chopper miraba horrorizado a sus dos nakama que comentaban cosas tan extremas con una insulsa facilidad. Y el que Zoro hubiese desenvainado ligeramente a Wadou tampoco ayudaba mucho al ánimo del pequeño Mugiwara.

—Claro que no. Solamente es un esguince al que primero habría que aplicar frío para bajar la hinchazón antes de…

El discurso médico de Chopper fue interrumpido por los gritos de Nami a Luffy, seguidos por los de Luffy cayendo al agua, y continuados por los de Brook tratando de salvar a su senchou para demostrar su valía en la banda.

—¡Zoro, encárgate tú de Robin!— le ordenó Chopper saliendo de su consulta y atravesando la cocina para saltar a cubierta y, antes de que alguien pudiera impedirlo, saltar en ayuda de sus dos nakama—. ¡No os preocupéis!

—¡DE TI HABRÍA QUE PREOCUPARSE, BAKA!

Zoro trató, inútilmente, de que su atención se fijara en las absurdas acciones de sus nakama pero no tuvo más remedio que volverla hacia Robin que aguardaba sentada en la cama, con sus piernas colgando, al moverlas ella de manera burlona, ¿o sería insinuante?

—No sé para qué me pidió nada a mí— se quejó Zoro petulantemente.

—Bueno, seguro que tienes mucha experiencia dada la vida que has llevado hasta ahora, kenshi-san— Zoro se puso muy serio y levantó una ceja a modo de pregunta muda—. Con todas las veces que has estado a punto de morir a causa de tus combates seguro que de algún que otro esguince habrás tenido que tratarte.

—Algo que también se puede aplicarte al pasarte la mayor parte de tu vida cuidándote por tu propia cuenta— le replicó Zoro sin ningún tipo de reparo para recordarle, en una sola frase, todas las desgracias y miserias que tuvo que pasar Robin.

Ella no pareció encontrar molesta aquel comentario porque la sonrisa que le dedicó no era aquellas falsas con las que acostumbraba aislar a los demás de su lado.

—Cierto, kenshi-san, pero, en esta ocasión, ha sido el isha quien te ordenó que me atendieras— su tono divertido dejaba claro que disfrutaba del momento y viendo como Zoro frunció, y gruñía, molesto no hacía si no más divertida la situación. Robin alzó su pierna izquierda hacia Zoro—. Adelante, kenshi-san, cúrame.

Los ojos de Zoro pasaron del pie que tenía ante él, a los ojos de Robin para volver a caer en aquel pie y regresar a los labios de Robin… ¡¿¡Cómo que a los labios!, se preguntó Zoro frunciendo algo el ceño como única reacción visible de su acción. Por suerte, una manera de verlo, al fijarse en sus labios, se fijó en la manera en que le estaba sonriendo de manera burlona, esa malicia que parecía ser tan natural en Robin, y Zoro no se cortó nada en su siguiente acción.

Robin, en esta ocasión, no pudo ahogar un grito de sorpresa cuando Zoro la cogió por la pierna y se la levantó para acercársela y, de esta manera, poder ver mejor el esguince. Por supuesto que esto hizo que ella perdiera el equilibrio y tuviera que apoyarse sobre sus manos. Claro que, si Zoro pensaba que con esto ya la tenía domada, se equivocó ante la respuesta de ella.

—Si lo que querías era tener una mejor vista podrías habérmelo dicho. No tengo ningún problema en tumbarme en la cama para ti, kenshi-san.

Aquello dejó sin aliento a Zoro que liberó, sin percatarse de ello, el pie de Robin y que ella lo colocó sobre su otra pierna, sobre su rodilla, moviéndolo de manera insinuante. Casi como se estuviera pescando y Zoro se sentía incapaz de no picar el anzuelo. Bueno, casi se sentía incapaz porque, antes de cometer alguna locura, Zoro se sentó en el suelo.

—Trae acá ese pie para acabar de una vez— le dijo Zoro con un tono más de orden que de petición.

Robin se encogió de hombros y volvió a sentarse sobre la cama mientras le ofrecía su pie para que fuera examinado por Zoro. Por la mirada que le estaba lanzando Robin estaba claro que disfrutaba de cualquier postura que pudiera elegir Zoro. No obstante, ¿a qué chica no le gustaría tener a sus pies al mismísimo Kaizoku-kari Roronoa Zoro? Por la sonrisa de Robin estaba claro que ella de esas chicas que si disfrutaban de esta situación tan comprometida.

—Se te ha hinchado bastante por actuar como una baka y no dejar que Chopper te tratara antes de comer. No, más que baka diría que te comportaste como Luffy pensando antes el estómago que en tu herida— a Robin le parecía muy divertida la regañina que Zoro le estaba dando hasta que su sonrisa se borró al surgir un suspiro de queja cuando Zoro le dio un ligero golpecito sobre su inflamado tobillo. Un brillo intenso iluminó los ojos de Zoro siendo su turno de sonreír—. ¿Ya no te hace gracia? Vaya, que rápido cambiamos de opinión. Ahora te quedarás aquí mientras busco un poco de hielo.

—No hace falta, kenshi-san— le dijo Robin antes de que Zoro tuviera oportunidad de levantarse—. Ya me he encargado de eso yo misma.

Zoro vio como unos brazos fleur recorrían la consulta hasta entregarle a Robin lo que traían en sus manos pero que, a diferencia de lo que él había dicho que iría a buscar, hielo, se trataba de una botella de biiru.

—Biiru helada— le confirmó Robin nuevamente con esa sonrisa suya—. Estoy segura de que cumplirá perfectamente con el mismo cometido que el hielo que pretendías buscar, kenshi-san.

Pero Zoro no dijo nada si no que se quedó allí sentado, en el suelo con su vista siguiendo cada uno de los movimientos de aquella biiru que rodeaba el tobillo de Robin por medio de un par de brazos fleur. Si, lentos movimientos que mantenían toda su atención en su pierna, ¿o sería en la biiru? Porque, cuando la movió por su pierna, sus ojos continuaron aquel trayecto por mucho que tuviera que estar atendiéndole el tobillo. Aquí agradecía el llevar un short con el que dejaba sus piernas totalmente expuestas.

—¿Ha bajado suficiente la hinchazón, kenshi-san?— le preguntó ofreciéndole nuevamente su dolorido pie al que uno de sus brazos fleur había descalzado—. ¿O se ha hinchado en cambio?

Su tono no dejaba entrever que pudiera estar hablando de nada más que de su tobillo pero eran aquellos ojos, y aquella sonrisa, lo que dejaba muy clara su segunda intención respecto a sus palabras.

—Ha disminuido— le dijo mientras volteaba la cabeza en busca de las vendas. Robin, sabiendo que eso acabaría con el momento, usó nuevamente un par de brazos fleur para apoderarse de las vendas que dejó a su lado sobre la cama.

—Es que la biiru está bastante helada, kenshi-san— le aseguró cogiendo la botella con sus propias manos y, para sorpresa de Zoro, abriéndola para mostrársela de manera insinuante—. ¿Quieres beber, kenshi-san?

La sed de Zoro, a pesar de haber bebido suficiente durante la cena, fue la que respondió de manera afirmativa antes de que pudiera pensar que Robin tuviera alguna otra intención en su propuesta. ¿Para qué haberla estado observando desde el mismo día en que la conocieron, y desde que se unió a los Mugiwara, si luego no hacía caso a todo lo aprendido de ella?

Una vez la sonrisa de Robin fue el indicador de que había caído en sus redes.

Como pasaba siempre, ella le sorprendió con sus actos y Zoro, curioso por su actitud, la dejó hacer para ver hasta donde pretendía llegar ya que no tendría ningún problema para liberarse de aquellos brazos fleur con los que Robin lo había aprisionado. Sus brazos a su espalda aferrados por un par de brazos fleur y todo su cuerpo sujeto por una docena de ellos. Teóricamente impidiéndole moverse. Lo que era cierto porque Zoro no tenía ninguna intención, por ahora, de hacerlo. Luego, si quisiera hacerlo, comprobaría si Robin era capaz de impedírselo.

A pesar de que no debía hacer movimientos bruscos por culpa de su tobillo dolorido, Robin acarició el pecho de su nakama con el dorso de su pie ascendiendo hasta llegar a su cuello. La sonrisa de Robin maliciosamente malvada e inteligente se hizo más amplia mientras acariciaba el cuello con su pie rodeándolo, ¿o era el cuello de Zoro quien acariciaba su pie? En verdad le daba igual porque lo que le importaba eran las sensaciones que obtenía y la mirada que tenía Zoro en su rostro inmutable. A pesar de ello notaba en esos ojos la sorpresa y la necesidad por aquellas inesperadas acciones por parte de Robin.

—Se me olvidaba la biiru, sumimasen, kenshi-san— se disculpó con un deje travieso que sonaba de una manera terriblemente sensual.

Y, tal y como le había dicho, le ofreció la biiru que se deslizaba por su pierna desde la rodilla en donde Robin la iba echando. El dorado líquido descendió hasta llegar a cruzar su tobillo que reaccionó plácidamente ante aquel frescor pero nada comparado a las sensaciones que recorrieron el cuerpo de Robin cuando la biiru alcanzó sus dedos y pasaron a los labios de Zoro que la bebía de tal manera que parecía que llevase semanas sin haberse llevado nada a los labios. Y no solamente eran estos quienes saboreaban la biiru, y la piel húmeda de Robin, si no que su lengua era quien les daba la bienvenida: a la biiru y a los dedos, pie, piel y pierna de Robin.

Eran unas sensaciones tan agradables, que la estaban encendiendo de tal manera, que Robin lamentaba que solamente hubiera cogido una sola biiru, claro que no tendrían tiempo para beberse una segunda. No con la dedicación con la que Zoro bebía cada gota de biiru que permanecía sobre su pierna. Su lengua ascendía por ella mientras la acompañaban los labios de Zoro besando cada fresco lugar humedecido por la biiru. Todo el camino hasta llegar a su rodilla. Cada una de sus acciones era recompensada por suaves gemidos por parte de Robin que le anunciaban lo insatisfecha que iba a tener que dormir esta noche por haber llevado tan lejos, pero no tanto como hubiera querido ir, esta provocación a Zoro.

Claro que siempre le queda alguna carta por jugar y aquí fue el beberse lo que quedaba de biiru en la botella. Tal y como había esperado, Zoro no se detuvo y, colocado entre las piernas de Robin, se acercó hasta sus labios en donde estos, entreabiertos, le dieron una húmeda bienvenida.

Nunca un beso había sido tan cálido como fresco. Saboreaban cada zona de aquellos labios con los suyos propios y con sus lenguas que trataban de imponer su voluntad. Finalmente la falta de aire obligó a Robin el retroceder. Aunque esto le permitió ver, y dejarse mostrar, a Zoro. El fuego que emanaba de aquellos ojos no hacía si no avivar las llamas que la pasión había encendido por todo su cuerpo aunque, la zona en la que sus sexos habían entrado en contacto, era la que desprendía más calor.

Sabía que tendría su rostro ruborizado y sus propios ojos vencidos incapaces de ocultar sus ansias pero no le importaba ya que, siendo sinceros, era algo que se trataba de un secreto a voces. Nunca había ocultado su atracción por Zoro.

—Te va a doler— le susurró Zoro con una fogosa voz, tras haber cercado a Robin con sus brazos sobre la cama a los costados de ella.

Aquellas palabras no hicieron si no aumentar el deseo de ella, junto a la sonrisa que parecía permanente en sus labios.

—Y disfrutaré cada segundo, kenshi-san.

Robin entrecerró sus ojos ocultando aquellos bellos lapislázulis para saborear la caricia con la que las yemas de los dedos de Zoro recorrían su pierna descendiendo el camino antes tomado por la biiru. No sabría decir si fue más excitante el momento en que su mano se había posado sobre su muslo, cálido al tacto, o mientras descendía por su pierna logrando, sin pretenderlo, que ella la aferrara a la cintura de Zoro. Una protesta surgió de entre los labios de Robin cuando Zoro se echó hacia atrás, alejándose de ella y obligándola a liberarle de su presa. Toda su defensa se derrumbó cuando aquella mano entró en contacto con su pie. No por haberle hecho daño sobre su tobillo si no por haberse deslizado de aquella sutil manera sobre la planta lográndole sacar unas pequeñas cosquillas. Robin no era muy sensible en esa parte de su cuerpo pero fue la sorpresa de aquella acción la que había logrado su objetivo.

—Ouch— se quejó falsamente sonriéndole a Zoro por haber logrado hacerla reír con las inesperadas cosquillas.

Cuando sintió aquel dolor, apretó los dientes con fuerza para evitar cualquier sonido que mostrase disconfor aunque, en realidad, el sonido era mucho más parecido a un gemido placentero. Sus ojos se abrieron para encontrarse con que las caricias que había estado sintiendo desde hacía unos segundos, en realidad, era Zoro colocándole el vendaje sobre su tobillo. Un vendaje muy apretado para inmovilizárselo.

—Ya deberías saberlo pero, para que Chopper no me grite luego, te lo diré ahora, Robin: No te quites el vendaje hasta que Chopper te diga que puedes quitártelo.

Robin no pudo evitar sonreír ante aquellas palabras, tantas veces dichas por Chopper al propio Zoro y supo la réplica perfecta que ya se encontraba en la punta de su lengua antes de haberse percatado de su intención de decirla.

—Es que las vendas me impiden moverme como yo quiero, kenshi-san.

Zoro no pudo evitar fruncir la frente ligeramente.

—Para eso están— le dijo rematándole el vendaje con un nudo final.

Robin observó para su tobillo recién vendado, alzando la pierna de una manera que dejaba clara su gran elasticidad, no tanta como la de su senchou pero suficiente para ciertos propósitos.

—¿Podrías alcanzarme la zapatilla?— le preguntó Robin mientras movía los dedos de su pie.

Negando con la cabeza, Zoro se agachó para cogerlo y, cuando alzó la vista, se encontró con que Robin le había puesto su pie a su alcance. Era una situación bastante curiosa, Zoro de rodillas ante Robin y, pareciendo, a punto de colocarle la zapatilla. Por un momento pareció que Zoro se iba a poner en pie y entregársela para que fuera ella misma quien se la pusiera pero, no viendo nada malo en ello, así de inocente podía llegar a ser Zoro a menudo, se la puso con cuidado de no forzar en el tobillo dañado.

—Vaya, el zapato encaja— dijo Robin con una gran sonrisa provocadora.

—Claro que encaja, ¿es qué no es tuyo?

Si Zoro tenía pensado decirle algo más, se lo quedó para si mismo cuando se quedó en silencio, uno que acompañó Robin y, en un gesto al tiempo, se volvieron para la puerta que comunicaba con la cocina.

Allí se encontraron con el resto de sus nakama, que cargaban con unos recién, casi, ahogados Luffy, Brook, por mucho que solamente fuera huesos, y Chopper. Las miradas que les lanzaban diferían bastante entre ellas pero las que más se hacían notar eran la furiosa por parte de Sanji, dirigida a Zoro, y la que mostraba claramente, por parte de Nami, que "Payback is a bitch" y que iba a disfrutar como nunca provocando a Zoro, y cotilleando con Robin.

—Arigatou, kenshi-san.

ENDorFIN

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Nos leemos.^^