Sincerità

Romeo había fantaseado con volver a encontrar al Huracán Rojo, preguntarle qué pensaba de sus maniobras en vuelo, exigirle que le dijera de dónde venía y si acaso podía librarse de su máscara para ir a beber un par de copas en su compañía. Luego de oír que se oponía a los nobles, estaba dispuesto a reclamar que incluso un despreciable miembro de la realeza merecía su contacto una vez más para un simple ágape en agradecimiento por no dejarle estrellarse en los adoquines de la ciudad que tenía suficientes agallas para proteger y que algún día, Romeo esperaba gobernar con más justicia que su padre (en palabras de Benvolio, porque algo le decía que no viviría lo suficiente para ver ese día, que la suerte le jugaría bromas pesadas y nunca llegaría, pero la voz de la razón que encarnaba a su amigo era difícil de contradecir con intuiciones) pero solo hasta que descubrió que era Juliet pudo admitirse a sí mismo que quería follárselo desde el principio.