Auch. ¡De nuevo la misma historia! He tardado mucho, muchísimo en actualizar. Me pasaron un montón de cosas en el medio, que bueno, no les voy a hacer leer todo lo que me pasó –ejem, no voy a victimizarme-. Sé que no hay excusas suficientes. Pero estoy aquí, con el último capítulo de la historia. Sí, la historia ha llegado a su fin... ¡Así que no las molesto más! ¡A leer!

Jugando con Edward Cullen

Bella y Rosalie empiezan un juego muy perverso. ¿El objetivo? Enamorar a Edward, para luego romperle el corazón a pedazos. Hora de la venganza. Existe una única regla en este juego para Bella: No Enamorarse.

14. Causa y Consecuencia.

» Toda mentira y toda verdad tienen su consecuencia. ¿Estamos dispuestos a pagarla? «

[Bella Pov]

Ni bien llegué, me desplomé en la cama. No era momento para preocuparme por el maquillaje corrido, o la ropa todavía puesta.

Me daba la impresión de que había llorado lo bastante para formar un río, y sin embargo, seguía derramando más lágrimas.

Pensar que desde el primer momento, desde que Rosalie me propuso este juego, había una voz en mi cabeza que me decía que todo aquello no iba terminar bien. Por supuesto, no la escuché. Y por eso ahora estoy en donde estoy, en el abismo. Porque así me sentía.

Y me pregunto, ¿Que hubiera pasado sí no hubiera aceptado el juego? ¿Hubiera conocido realmente a Edward? ¿Hubiera tenido la oportunidad de estar con él? ¿Jamás nos habríamos conocido? Ahora entiendo con toda exactitud las tragedias de Shakespeare. Somos nosotros, con nuestras acciones y decisiones, los que creamos nuestro futuro y cargamos con la consecuencia de nuestras acciones...

Y así seguí pensando, preguntándome hasta que quedé dormida. A pesar de que me dormí como a las cuatro de la mañana, a las ocho ya estaba despierta y totalmente deplorable. Charlie no estaba, como siempre, se había ido a pescar con no se quién. Mientras me bañaba, recordé la conversación que había tenido con Alice, hace tres semanas atrás.

- ¿Por qué no le dices la verdad? –me dijo.

- Eso es lo que estuve tratando toda la semana, Alice. No me quiere ver, mucho menos escuchar. –le había contestado.

- No hablo de mi hermano, hablo de Emmett. Es mejor que no gastes energías en personas que no escucharán tu respuesta aunque se lo grites en la cara. –Negó con la cabeza- Edward, cuando te quiera escuchar, te buscará el mismo. En cambio, Emmett debería saber la verdad de los hechos, tu versión.

- No serviría de nada. –

- ¿Cómo que no serviría de nada? –Casi me gritó- Lo que Rosalie le habrá contado a Emmett debe ser una historia modificada de la manera en que tú quedes como una zorra y ella como una sufrida. ¡Me enferma! Tú lo extrañas, Bella. Y lo quieres demasiado.

- Por eso lo hago. Míralo. –señalé donde Emmett estaba sentado con Rosalie, tonteando- Es feliz. Desde que la vio se enamoró de Rosalie con locura. Y Rosalie también se merece alguien que la ame...

- No puedo creer que estés diciendo esto. En serio. –me interrumpió.

- No sé lo diré, Alice. Y tú tampoco.

- Como quieras. Tú también te mereces ser feliz.

- La vida no es justa. Igual, creo que todo está donde debería estar.

- Y yo creo todo lo contrario. –Rodó los ojos.- Mira, ahí viene Jasper. ¡Aquí Jasper!

Me reí con el final del recuerdo. Alice siempre era tan pasional, con todo lo que hacía y decía...

Sonó el timbre de casa. ¿Quién mierda sería? Recién salía del baño envuelta en una toalla.

- Ahí voy. –grité a quién sea que fuera. Me tendría que esperar a que me cambie, no había salir en una toalla. Y si se iba, mejor.

No me molesté en apresurarme. Me puse la ropa interior, el jean rasgado, la remera y las zapatillas tranquilamente. También me peiné... y el timbre volvió a sonar. Uf, y yo que pensaba que el que vino a molestar ya se había ido... Quizá era Ángela.

Abrí la puerta.

- Bella. –

- Edward. –se me escapó de los labios, sorprendida y confusa.

No podía estar aquí, ¿Verdad? Me parece que esto es un sueño, sí es un sueño. Sin embargo su caqui, su remera... el pelo desordenado y sus ojos, sus facciones son tan... de él, tan reales...

- ¿Puedo pasar? –me preguntó.

Todavía en mis pensamientos, contesté- Sí.

Mientras Edward cruzaba el umbral con toda la maldita elegancia del mundo, quise pellizcarme, pero me abstuve. Como si fuera su casa y no la mía, se sentó en el sillón del living. Todavía sin saber que decir, me senté a su lado.

- Quería... hablar. –Rompió el tenso silencio.- de nosotros. Esto... –sacó un cuaderno de su mochila. Uno rosa. Lo tiró sobre la mesa, mientras yo miraba mis pies como si los hubiera visto por primera vez.- quiero creer en verdad que tú no fuiste la protagonista de la que se habla en cada página de este mugroso libro. La cómplice fría y calculadora. La que se reía a las espaldas de la victima. La que se reía a las espaldas de mí. Tú me dijiste que no estabas mintiendo...

- Y te dije la verdad. – interrumpí.

- Y yo quiero creerte, Bella. Pero, -cerró fuertemente los ojos, y luego volvió a mirarme con intensidad.- ¿Cómo puedo saber realmente si conocí a Isabella Marie Swan o Bella, la actriz?

- Porque la actriz que nombraste no existe. La verdad es que soy pésima actriz. Jamás fingí Edward. La Bella que te dijo que te quería, la que te demostró amor, la que aceptó ser tuya... es la que estás viendo aquí en frente tuyo. ¿Acaso crees que pude haber fingido en la intimidad? ¿En tu cama? ¿En cada beso? –no dejé que contestara. Porque la respuesta podía ser que sí.- Tal vez no haya forma de demostrarlo más que con acciones y el paso del tiempo.

Entonces no hubo remedio. Tiré de la remera de Edward, y estampé mis labios con los suyos. No espere a que Edward me respondiera para profundizar el beso, y llevar mis manos a su cuello. Sin embargo, él no dudó en sus movimientos. Me tomó de la cintura y me colocó sobre su pecho, mientras me comía la boca.

Las manos de Edward subían y bajaban por mi cola, concienzudas. En cambio, las mías, ya estaban tratando desesperadamente de sacarle la remera a Edward. Luego de lograrlo, me separé de sus labios y comencé a dejar besos húmedos por todo su pecho. Él, mientras tanto, desabrochó mi jean y estaba acariciando mi clítoris.

Con movimientos que me sorprendieron, me deshice del caqui de Edward y de sus boxers. Sus zapatillas ya no estaban. Gemí cuando lo vi allí, erguido y amenazante, y no pude evitar darle una lamida. Desde su base, hasta su punta.

Edward gruñó, y me humedecí un poco más. Sí una pequeña lamida a su punta de nuevo, y comencé a chupar su miembro. Edward me tomó del pelo, y me ayudaba a marcar un ritmo fuerte y constante.

Antes de que se viniera, me levanté de su pecho para sacarme la ropa, a lo que Edward protestó y se levantó del sillón conmigo, abrazándome por detrás.

- Deja que yo te quite la ropa. –susurró. Su aliento, caliente y adictivo, chocó contra la piel sensible de mi oreja. Gemí al sentir sus expertas manos recorriendo mi vientre, acercando mi cuerpo más al de él, sintiendo su erección en mi cola. En poco tiempo, Edward se había encargado de hacer desaparecer mi jean, mi remera y ahora mi brasier.

Edward seguía detrás mio, dejándome marcas en el cuello y jugando con mis senos. Luego sus manos descendieron a mis bragas, a quienes tiró con fuerza y las rompió. Gemí alto cuando volvió a atacar mi clítoris.

Edward me empujó hasta una repisa del living, y me apoyó sobre ella. Se puso delante de mí, y sin aviso subió una de mis piernas a su hombro. Yo me aferré a su pecho para no caerme. Edward acomodó la cabeza de su miembro en mi entrada. Ninguno de los dos podía esperar más.

Yo sujeté su rostro con mis manos e hice que me mirara fijamente.

- Te amo con locura, Edward. -

Él jadeó y me penetró hasta el fondo, de una estocada. Arqueé mi espalda y gemí fuerte. Era un maldito ángulo perfecto.

- Yo te amo profunda e irremediablemente. – me dijo abruptamente y comenzó a besarme suavemente pero intenso.

Una vez que nos separamos, empezó a penetrarme. Fuimos aumentando el ritmo y la fuerza, hasta que los dos nos consumimos en un fuerte orgasmo.

[Un Mes Después]

Ese mismo día volví con Edward, quién se reconcilió con su hermana y con Jasper, su cuñado y mano derecha. Rose parecía enfurecida cuando me vio de nuevo con Edward. Ella y Emmett seguían sin hablarme. Pero yo sabía que Rosalie tendría su consecuencia, y que Emmett en algún momento sabría la verdad. Edward no estuvo muy de acuerdo cuando le comenté que si Rosalie me pedía perdón, yo la perdonaría sin pensarlo dos veces. Luego, él admitió que también la perdonaría pero que no tendríamos que estar hablando de eso ahora. Tenía razón, todavía nos quedaba un año más en el instituto de Forks... y toda una vida por delante.

- ¿Qué haces? –preguntó curioso, como siempre.

- Escribo. –murmuré simplemente.

Edward frunció el ceño.- Últimamente te encuentro escribiendo mucho. ¿Qué es lo que escribes?

- La historia de mi vida. –suspiré teatralmente mientras cerraba el cuaderno.

- Está bien, yo la quiero leer. –Amago con quitarme el cuaderno, pero yo lo escondí.- ¿Y eso por qué, eh? Ah, ¿Y por qué tienes que usar ese cuaderno rosa, al que odio, para escribir "la historia de tu vida"? –Remarcó.- Mmm... Quiero saber que escribes sobre mí en ese cuaderno. -

- Hey, ¿Por qué crees que escribía sobre ti? ¡Como si el mundo girará a tu alrededor!

- Sí el tuyo. –Me abrazó por detrás y entrelazó sus manos en mi pecho.- De la misma manera que mi mundo gira por ti. –me besó.

- No intentes desconcentrarme, porque funciona. –

- Ese el es punto. –rió entre dientes, y volvió a besarme.

- Lo que empezó como un juego, -murmuré.

- Terminó convirtiéndose en un amor eterno. –terminó la frase por mí.

Gracias a todas las que siguieron este fanfic hasta el final. A pesar de que no soy una buena escritora, espero que les haya gustado la historia. Próximamente estaré escribiendo futuros fanfics así que, si así lo desean, agréguenme a sus alertas. [Author Alert] Si les gustó la historia, no duden en agregarla a sus favoritos y dejarme un review desde su punto de vista. ¡Que siempre me sirvió! Pueden contactarme al Facebook: Sun Mile

Y de nuevo, Gracias.