Los personajes le pertenecen a la gran escritora Stephanie Meyer, yo solo juego con los personajes.

Esta historia hes sacada de "DEMASIADO OCUPADA" de la Autora Raye Morgan

Espero q les guste muchisimo!!!


Mi jefe

Haz las maletas, Swan. Mañana a estas horas estaremos cenando en París.

Bella Swan levantó la vista de los documentos que estaba revisando, y miró a su jefe con el ceño fruncido. Edward Cullen parecía encantado con la noticia que acababa de darle.

- París, Francia? – preguntó Bella con un ligero tono de desesperación en la voz.

- Por supuesto – respondió Edward, blandiendo unos documentos que finalmente dejó sobre la mesa de tan ilusionado que le brillaban los ojos – Ah, el río Sena, los campos Elíseos, las tabernas…

- Pero, no estuvimos en París el mes pasado? – preguntó Bella todavía con el ceño fruncido. No entendia cómo su jefe no se daba cuenta de que su entusiasmo por aquellos constants viajes de negocios se había desvanecido en los ultimos meses – O fue Amsterdam?

- En los dos sitios - le dijo alegremente mientras se sentaba de medio lado sobre la mesa de Bella - Y no te olvides de la carne tan fabulosa que cenamos en en el viaje a Barcelona. Fue una pena que la reunión con TwiligtCoorporation durara hasta tan tarde, y nos tuviéramos que conformar con cenar sánwiches de arenque.

- Sánwiches de arenque - repitió Bella. Con la mirada perdida, tomó un lápiz de la mesa y lo sostuvo entre los dedos - Otro vuelo transoceánico con su consiguiente comida de cartón - se lamentó, al tiempo que rompía el lápiz en dos, y dejaba caer los pedasos sobre la mesa, pensando en su poco halagueño futuro - Horas de espera interminables en los aeropuertos - tomó otro lápiz y lo volvió a partir en dos - La ropa tan arrugada como si hubiera dormido con ella - se lamentó, y rompió un tercer lápiz - Dormir mal y sufrir consecuencias del desfase horario durante días - suspiró con desesperación - Lo único que quiero es poder dormir tres noches seguidas en mi propia cama.

- Te acuerdas de aquel local tan coqueto donde tomamos un exelente café turco la última vez que estuvimos en París? - preguntó Edward con añoranza.

Se le veía relajado y contento. Era la viva imagen del hombre que ha tenido éxito en los negocios. Un traje italiano, que le sentaba de maravilla, dejaba adivinar su cuerpo musculoso. Parecía haber nacido para llevar aquel tipo de trajes. El pelo de un color cobre, despeinado y abundante.

- Iremos a desayunar allí la primera mañana que pasemos en París...

Bella se quedó mirándolo, consciente de que no le había prestado ninguna atención. Nunca lo hacía, así que no la sorprendía. Otro lápiz acabó hecho añicos.

Se preguntó cómo había podido imaginarse alguna vez casada con aquel hombre si, después de llaevar dos largos años trabajando con él, apenas era consciente de su existencia, exceptuando lo referente al trabajo que desempeña como asociada administrativa suya. Siguió escuchándolo cantar las alabanzas de París en primvera mientras se preguntaba cómo podía ser tan adorable y tan egoísta a la vez. Casarce con él sería una locura. Tendría que conseguir que pensara en otra cosa que no fuera los negocios o la comida el tiempo suficiente para que la mirara como una mujer, y aquello le parecía pedír demasiado.

Sin embargo, lo había intentado. Desde luego que sí. Le había llevado galletas caseras, había reído todas sus bromas, hasta lo había mirado con coquetería, sin dejar de sonreír un momento.

Y al ver que nada de aquello parecía surtir efecto, había sido más directa. Siguiendo los consejos de sus amigos, cosa que había lamentado después, había ido a trabajar con minifalda, y al ver que tampoco eso surtía efecto, se había puesto vestidos escotados, y había llevado la melena suelta, moviendola cada vez que se inclinaba sobre Edward para que le explicara un plano.

- Swan, me vas a hacer estornudar - le había dicho él con una mueca - No podrías hacer algo con ese pelo?

Tampoco olvidaría nunca el día en se decidió ponerse un perfume que su amiga Alice le había jurado la haría irresistible.

- A que huele ? - pregunto Edward con el ceño fruncido y, antes de que Bella pudiera contestarle con una sonrisa seductora en los labios, añadío - Alguien debe de haber pedido una pizza - dijo convencido - Dios mío, estoy muerto de hambre. No te muevas de aquí, Swan, que voy a traer algo de comer.

Que la confundiera con una pizza había sido el colmo para Bella, y se haía dado por vencida.

Allí seguía él, hablando sin parar de París, como si aquel viaje fuera a ser algo especial. Bueno, pues no para ella.

- Yo no voy - le dijo en cuanto dejó de hablar un momento.

Edward la miró cómo si creyera no haber oído bien.

- De qué estás hablando? - preguntó pero, antes de que ella pudiera responder, reparó en los pedazos de lápiz que había sobre la mesa - Swan, por qué estás haciendo pedazos los lápices?

Bella se quedó mirándolo.

- Porque estoy volviéndome loca - le dijo con tristeza - Por eso voy a presentar mi dimisión.

Bella abrió un cajón de su mesa, y sacó de él su carta de dimisión. Hacía semanas que la había escrito, pero la había guardado esperando el momento oportuno para entregársela a su jefe. Ese momento parecía haber llegado.

Parpadeó, tratando de contener las lágrimas.

Adoraba aquel trabajo e incluso había estado a punto de enamorarse de su jefe un par de veces, pero si quería tener vida propia debía dejar todo aquello tras de sí.

- Aquí tienes. Me... me temo que no voy a poder seguir trabajando más contigo.

Edward leyó unas cuantas líneas, y la miró apesadumbrado.

- Tonterías - dijo, y tiró la carta a la papelera - Que quieres, Swan? Un aumento de sueldo? Un ascenso? Más responsabilidades? .

Bella se dío cuenta, una vez más, de que no la escuchaba. De repente, se sintió muy cansada.

- No quiero nada de eso. Quiero... - dudó un momento. Nunca le había dicho aquello antes. Se lo había insunuado varias veces últimamente, pero no había servido de nada porque no la escuchaba - Quiero un hogar - dijo tras respirar profundamente -, un marido, hijos y un gato. Levantarme tarde por las mañanas; dar largos paseos por la playa...

Edward se hecho a reír. Bella, en vez de ofenderse, lo miró embobada. Rara vez se reía a carcajadas y, cuando lo hacía, a ella siempre se le aceleraba el sulso al ver cómo la blancura de sis dientes contrastaba con su piel blanca y la manera en que le brillaban sus hermosos ojos verdes de largas pestañas. Al reír, se le suavizaban las facciones y se convertía en un ser más humano, más cercano y sobre todo más ... atractivo. El corazón comenzó a latirle a toda prisa, y volvió a sentir por él aquello que en los últimos tiempos había creído controlar sin, al parecer, haberlo conseguido.

- Swan - le dijo Edward, y le levantó la barbilla con una sonrisa en los labios.

Bella le devolvió la sonrisa, encantada de sentir el roce de su piel. Aquello no sucedía a menudo, por el contrario parecía evitarlo constantemente. De repente, se le ocurrió pensar que, tal vez, estuviera despertando que, finalmente, se hubiera fijado en ella como mujer.

Edward la miró con más atención, y hasta pareció confuso un momento por lo que vio en los ojos de Bella.

- No te das cuenta de que no puedo prescindir de ti? - le dijo con suavidad.

Bella creyó que el corazón iba a salírsele del pecho mientras se preguntaba si, por fin. se habría dado cuenta de sus sentimientos hacia ella.

- Eres mi media naranja - siguió diciendo - Sin ti se me dan bien los negocios, pero juntos resultmos letales.

Bella suspiró al darse cuenta de que, una vez más, Edward solo estaba pensando en los negocios.

- Tú y yo estamos hechos para este tipo de trabajo - aseguró él. Le soltó la barbilla, pero no dejó de mirarla fijamente - Sabes que tengo razón. Eres una negociadora nata. He visto cómo te brillan los ojos cuando vez una fisura en la armadura de tu adversario, cómo te emocionas cuando consigues terminar un negocio con un resultado favorable para NewMoonCorp - afirmó, sonriéndola se aseguro de sí mismo.

Bella sabía que tenía razón. Ambos eran muy importantes para su empresa, dedicada al negocio inmobiliario y con sucursales en el mundo entero. En la ciudad Seattle, un impresionante edificio de cuatro plantas construido de acero y cristales tintados constituía la prueba fehaciente de la prosperidad de la empresa.

- Y siempre conseguimos que los negocios resulten favorables para NewMoonCorp - le recordó Edward -, porque somos los mejores.

Bella pensó que tenía razón. Ella era buena, pero él era todavía mejor. Sabía que era tan bueno que hasta podía conseguir manipularla, pero aquella vez iba a costarle porque no iba a darse por vencida fácilmente.

- Tengo treinta y dos años, Edward - le dijo Bella con sinceridad - Mi reloj biológico me dice que si no me empiezo ya a buscar a alguien con quien formar una familia, dentro de poco será demasiado tarde.

- Y por qué tienes que dejar tu trabajo para formar una familia? - le preguntó él - Muchas mujeres siguen trabajando.

- Un trabajo normal tal vez sea compatible con formar una familia, pero no el que llevo a cabo como ayudante tuya. Apenas si tengo tiempo para respirar. No creo que pueda conseguir conocer a ningún hombre y criar a dos bebés, al mismo tiempo que firmo contratos.

- Bebés - dijo estremeciéndose - No creo que quisieras mezclarte con esas cosas ruidosas que huelen tan raro y molestan tanto. En cuanto te hicieran pasar unas cuantas noches sin dormir, no tendrías fuerzas para trabajar.

- Eso es lo que estoy tratando de decirte. Que no puedo hacer las dos cosas - afirmó Bella.

Edward se levantó, y se puso a pasear nervioso por el despacho con las manos metidas en los bolsillos. Se daba cuenta de que aquella vez Bella parecía hablar en serio y no podía permitirse perderla. Se habían entendido tan bien en el trabajo, durante los últimos dos años que no podía ni imaginar siquiera hacer algún negocio importante sin ella. La miró de reojo, y se preguntó por qué no había visto llegar aquello. Había procurado mantener las distancias con ella, porque la vida le había enseñado que las relaciones sentimentales de todo tipo siempre terminaban ma.

No merecía la pena arriesgarse a que te rompieran el corazón. Se había hecho la promesa de no dejar que nunca que nadie se convierta en tan imprescindible para él como para que su felicidad dependiera de que esa persona estuviera a su lado. Y sin embargo, ahí estaba, a punto de perder a Bella, y aterrorizado de que pudiera suceder.

De repente, pensó que también podia contratar a otra ayudante y enseñarle como había hecho con Swan porque, al fin y al cabo, nadie era imprescindible. Sin embargo, cuando la miró y vio su perfil de porcelana fina, sus hermosos cabellos castaños color caoba, su esbelta figura, la hermosa curva que formaba su cuello, algo tembló en su interior y se dijo que no podía perderla.

- No tan deprisa, Swan - le dijo con calma - Me parece que no te lo has pensado lo suficiente. En este momento hay un negocio que podría hacerte cambiar de opinión.

- Siempre va haber algo que me tiente a quedarme porque este trabajo me encanta, y tú lo sabes. Sin embargo, necesito más. Necesito realizarme como mujer.

- Esta mañana he estado hablando con la gente de VulturiAir - le dijo sin dar ninguna importancia a lo que estaba diciendo - Y el señor Aro ha aceptado reunirse contigo.

Bella levantó la cabeza bruscamente, y se quedó mirando a Edward.

- Como? - preguntó sorprendida.

Llevaba seis meses queriendo hablar de negocios con aquel hombre. S levantó, y miró a su jefe con una sonrisa en los labios.

- Me estas tomando el pelo!

- Es cierto - afirmó Edward, feliz de haberla sorprendido tan gratamente - Para eso vamos a ir a París. Por fin ha leído una de tus cartas, y esta deseando reunirse con la persona que ha sabido ser tan persuasiva.

- Sabía que al final conseguiría reunirme con él - afirmó Bella con una sonrisa triunfal y el puño apretado - Ahora tengo que procurar esgrimir argumentos suficientemente convincentes cuando noes encontremos cara a cara... - al dejarse cuenta de que lo que estaba diciendo, calló de repente.

Edward la observó detenidamente con una ceja levantada.

- Solo un viaje a París, Swan - le dijo con suavidad - Venga, sabes que no puedes dejar escapar esta oportunidad.

Bella se volvió de espalda a Edward había vuelto a ganar. Sin embargo, una entrevista con el famoso señor Aro Vulturi...

Edward la miró preocupado, aprovechando que su ayudante no lo veía. Lo último que podía permitirse era perder a Bella Swan. Juntos formaban una maquinaria muy bien engrasada. Sus éxitos en NewMoonCorp eran ya legendarios.

Además, había una parte de él, que nunca dejaba que se exteriorizara, que la echaría de menos en otros sentidos. No, no podía pasar sin ella. Solo de pensarlo, se le hacía un nudo en la garganta. Ya había perdido demasiado. No pensaba permitir que desapareciera de su vida.

- Muy bien - le dijo Bella, volviéndose hacia él con los ojos chispeantes - Un viaje más a París. Pero, después dimitiré. No se te olvide.

Edwar no respondió, pero la seguridad con que la miró sin dejar de sonreír, le dijo que seguiría tramando nuevas tretas para impedir que se marchara.


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Atte: kkikka