Hola chicas:

Bueno, quería agradecer a cada persona que se pasó por Asesino a sueldo. Aquí os traigo la secuela y espero aclararos un poco con lo que pasó. Nos vemos pronto.

Actualizaré cada MARTES por la noche. Un besazo a todas y dejen sus RR en el botoncito verde jejejjej….


Capitulo uno. Fuego, Aire y Lágrimas.

Blanco. Todo aquello que me rodeaba era la espesa blancura de la soledad. Sentía aire en mis pulmones sin que yo le diera paso a ello. Cada aspiración que se producía en el vacío, era fuego quemando mi interior. El reloj seguía marcando los segundos delante de mis ojos. Mi cuerpo entumecido ya no me respondía. El tic tac se oía forzado. Una y otra vez.

Gritar. A veces intentaba gritar a la nada, pero mi voz se apagaba en un suspiro. Pesadillas me invadían en vez de recuerdos. Un niño corría delante de mis ojos y no podía alcanzarlo. Siempre se detenía cerca de mi cuerpo, estiraba su manita para después desaparecer en el aire. Sus ojos verdes me observaban día y noche. En la noche nada cambiaba. Tan solo la oscuridad del vacío me rodeaba.

La locura empezaba a llamarme. Pasos arrastrados se escuchaban detrás de las paredes de la espesa burbuja. Cada vez que se detenían, sentía como si mi piel quemara. El aire que no podía sentir en mi cuerpo, tan solo se concentraba en la palma de mi mano. Intentaba agarrarlo con fuerza pero mis dedos no se movían.

Aquello, provocó que quisiera llorar una y otra vez. Estaba solo allí dentro y eso lo sabía. Entonces… ¿Por qué tenía la sensación de ser observado y tocado en la oscuridad que me cernía? Susurros llegaban a mi cabeza. Voces que tal vez en mi vida había escuchado. Cuando los oía, era como despertar en una mañana de primavera y escuchar el piar de los pájaros en la ventana. Te asomas y no ves nada.

El reloj había dado vueltas y vueltas a sus manecillas. Era como si el tiempo pasase sin pasar nada y todo a la vez. Dibujaba figuras en el aire con mis manos. Aquello me hacía sentir un poco más vivo. Cuando conseguía mover mis manos, tan solo escuchaba eco. El eco de las palabras me invadía. Siempre en la misma posición. Cuando conseguía llevar mi mano al pecho, parecía que aquella secuencia de ecos se hacía más fuerte. Eran los ecos de otra vida atormentándome, castigándome.

Abrí mis ojos cuando sentí la claridad. La intensidad de aquella claridad, no era como la luz de la mañana. Si no como cuando encienden una luz muy potente en la oscuridad. El reloj que había delante de mis ojos, se hizo imposible de alcanzar. Sus manecillas se habían detenido. El tic tac ya no invadía la sala blanca. Observé detenidamente su esfera he intenté levantarme de la posición que había adoptado el día que mi vida se había agotado.

Un hormigueo subió por mis piernas en cuanto intenté estirarlas. Aquel gesto, dolió en mi espalda. El dolor me invadió por completo y sentí mi cuerpo temblar. Las convulsiones cada vez se hacían más fuertes en mi cuerpo y mi vista tan solo estaba clavada en aquel reloj sin vida. Estiré mi mano de nuevo y sentí aquel aire helado tocarla y presionarla. Si ese era mi castigo, si mi infierno personal era estar en la nada escuchando el paso del tiempo perdido ¿por que se había detenido?

El frío me invadió el cuerpo. Intenté gritar con fuerza. Mi cuerpo se convulsionaba dejándome sin control. Mi cabeza se agitaba de un lado a otro.

No, esa palabra me la repetía una y otra vez a mi mismo. Este no podía ser el fin de la nada. La nada no puede tener fin. Miré mi pecho desnudo y volví a ver la sangre correr por el. Dos agujeros que sangraban mientras lágrimas descendían por mis mejillas. Toqué la sangre, estaba helada. El agujero de mi pecho, rozaba mi corazón. Suspiré agradeciendo que lo tuviera en la otra parte. El segundo agujero, estaba en mi estomago. La sangre mojó mis pantalones blancos. Si las dos balas me habían alcanzado en el pecho ¿por qué estaba el suelo lleno de sangre a mis espaldas? Entonces lo entendí. La bala perdida que rozó a Esme, está había rebotado y entrado en mi espalda. Ese era el dolor que sentía.

El reloj empezó a funcionar de nuevo, pero esta vez las agujas giraban sin parar. Cada vez más y más deprisa. El tic tac se había convertido en un zumbido, dejando mis oídos sordos. Mi voz se volvió a ahogar cuando descubrí que la sangre había desaparecido. Todo estaba limpio de nuevo y mi cuerpo no tenía ni agujeros ni sangre. Llevé mis manos a mis oídos conforme el zumbido se hacía más y más fuerte. En ese instante, explotó.

Sentí mi cuerpo flotar en la nada. La pared blanca de la burbuja, se volvió de colores. Los rostros de quienes amaba aparecieron en las paredes mientras ascendía hacía alguna parte. El eco de sus risas me invadía de nuevo. Ellos: mi familia. Jamás los volvería a ver ni a tocar. Nunca los sentiría a mi lado otra vez.

El tic tac, tan solo hacía tic en el momento en que salí de aquellos colores. Otra vez estaba en una burbuja, pero esta vez era muy diferente. Era más extensa. En ella, podía observar unos ojos chocolate observándome. Era ella. Eran los ojos de mi Bella. Giré mi rostro al comprobar que mi cuerpo seguía sin responderme. Reconocí cada par de ojos que me observaban en la claridad de aquella sala.

Mi familia me observaba desde todos los ángulos. Mi pequeño hijo, andaba con pasos torpes hacía mi posición. Anthony estaba llorando. Sus pequeños brazos se estiraban y sus manitas tocaban mi rostro sin poder alzar mi mano para acariciarlo. Volví a sentir el frío en la palma de esta. El fuego quemar mi garganta, cuando el aire que no pedía entraba en mis pulmones. Mi hijo, se dio la vuelta apagando la sonrisa de sus labios y desapareció por una puerta negra que se formó de la nada.

No podía permitir aquello. Anthony no podía dejarme allí. La desesperación empezó a invadirme. El tacto del aire caliente entre mis dedos cada vez se hacía más y más intenso. Una canción empezó a sonar en mi cabeza. Esa letra la conocía. Esa era nuestra canción.

Quiero hacerte un regalo Algo dulce Algo raro... No un regalo común De los que perdiste o nunca abriste Que olvidaste en un tren o no aceptaste... De los que abres y lloras Que estas feliz y no finges Y en este día de septiembre Te dedicaré Mi regalo más grande.

La melodía me llenaba. Sentí mi corazón latir fuertemente en mi pecho.

Quiero donar tu sonrisa a la luna así que De noche, que la mire, pueda pensar en ti Porque tu amor para mi es importante Y no me importa lo que diga la gente Porque Aun con celos se que me protegías y se Que aun cansada tu sonrisa no se marcharía Mañana saldré de viaje y me llevare tu presencia Para que Sea nunca ida y siempre vuelta

Volver. Eso era lo que tenía que hacer. Intentar llegar a esa puerta tan lejana ahora para mis pies. La desesperación empezó a apoderarse de mi. Mi cuerpo no me respondía. Mis piernas estaban cansadas y adormecidas.

Mi regalo más grande Mi regalo más grande... Quisiera me regalaras Un sueño escondido O nunca entregado... De esos que no se abrir Delante de mucha gente Porque es el regalo más grande, es Sólo nuestro para siempre Quiero donar tu sonrisa a la luna así que De noche, que la mire, pueda pensar en ti Porque tu amor para mi es importante Y no me importa lo que diga la gente Porque Aun con celos se que me protegías y se Que aun cansada tu sonrisa no se marcharía Mañana saldré de viaje y me llevare tu presencia Para que Sea nunca ida y siempre...

Isabella. Ella me estaba esperando en alguna parte. La música que sonaba en mi cabeza me lo estaba recordando. Esa era nuestra canción. Nuestra promesa de estar siempre juntos. Le había fallado. Las lágrimas, empezaron a apoderarse de mis tristes ojos y a caer con rapidez por mis mejillas.

y si llegara ahora el fin que sea en un abismo no para odiarme sino para intentar volar y.. y si te niega todo esta extrema agonía si aun la vida te negara, respira la mía y estaba atento a no amar antes de encontrarte y descuidaba mi existencia y no me importaba no quiero lastimarme mas amor, amor, amor... Quiero donar tu sonrisa a la luna así que De noche, que la mire, pueda pensar en ti Porque tu amor para mi es importante Y no me importa lo que diga la gente Y tu... amor negado, amor robado y nunca devuelto mi amor tan grande como el tiempo, en ti me pierdo amor que me habla con tus ojos aquí enfrente y eres tú Eres tú Eres tú… El regalo más grande

No. No podía estar en mi propio abismo. Tenía que recordar el camino de vuelta y ofrecerle mi regalo más grande. Tenía que volver. Aquello no podía ser mi castigo para toda la eternidad. Algo me impulsaba a respirar de nuevo. A vivir. A sentir. A estar junto a ella. Junto a mi hijo. Él me había llamado. Me había buscado y me había abierto la puerta hacía mi nueva vida. Una vida junto a ellos. Junto a mi familia.

Sentí ese aire ardiente en mis mejillas. Las lágrimas se secaban a mitad camino como si unos dedos finos las absorbieran. La voz de Isabella entró en mi mente como una ráfaga. Ella estaba cerca, podía olerla. Podía sentirla. Arrastre mi cuerpo hasta la puerta. Debía abrirla. El camino se me hizo eterno. Descansé unas cuantas veces, pero aún así me sentía cada vez más y más cansado.

Llegué a mi destino. Me apoyé en la puerta. Aún así no podía alzar mi cuerpo. Seguía completamente dormido. Grité de la desesperación. Esta vez me sorprendí y me asusté a mi mismo. La voz salió desgarrada. Llena de dolor desde mi interior. Agité mi cuerpo esperando la liberación. Escuché mi nombre. Me estaba llamando. Ella estaba detrás de la puerta llamándome. Necesitaba verla. Necesitaba ver su sonrisa una vez más antes de que todo explotara a mí alrededor como había explotado el reloj.

Podía observar las llamas consumir la blanca espesura. Cada vez estaban mas cerca de mi. Empezaron a lamer mis pies sin piedad. Me estaba quemando. Mi cuerpo sudaba. Mis manos se apretaron. Esta vez sentí algo fuerte coger mis dedos. Me aferré a ello.

Agité mi brazo al sentir algo en mi mano sin llegar a verlo. Otra lágrima descendió por mi mejilla cuando observé el fuego quemar mis piernas. Cerré mis ojos con fuerza y golpeé la puerta contra mi espalda una y otra vez. Su voz me llamaba. Ella estaba ahí. El fuego besó mi pecho. Ya me había quemado completamente. Tan solo faltaba mi rostro. Ya no tenía escapatoria. Me estaba quemando en el mismo infierno.

En ese instante, cuando mis ojos ya no luchaban por ocultar el horror que me consumía, sentí la luz del sol. Una luz caliente bañar mi piel. Mis parpados me pesaban. Mi boca estaba llena de algo. Algo muy incomodo. Mis pulmones se inflaban de aire caliente que no necesitaba y mi mano estaba cubierta de algo calido.

-¡Edward!- Escuché la voz de Isabella. Un ángel me estaba llamando. No podía ser. Me acababa de quemar en el mismo infierno.- ¡Carlisle!.- Volví a escuchar gritar a Isabella. No entendí por que llamaba a mi padre.- ¡Se mueve, Carlisle!

En es mismo instante, la puerta se abrió a mis espaldas y caí en una espiral frenética, llevándome de nuevo en el aire hacía lo desconocido. Una luz obnubiló mis sentidos. En ese instante, observé como si estuviera tumbado en un claro y miles de estrellas me observaran. Cerré mis ojos de nuevo y los volví a abrir. Intente llevar mi mano a mi garganta. Algo me molestaba, pero me lo impidió ese tacto caliente.

-¡Mírame!

Esa voz, me volvió a hablar a mi de nuevo. Sentí un calido roce en mi frente. Entonces, centré mi mirada y observé esos ojos chocolate que tanto había echado de menos. Estaban hinchados; enrojecidos; húmedos; cansados. Bajé mi mirada y observé una sonrisa triste. Era ella. Era mi ángel, estaba ahí de nuevo, entre mis brazos. Intenté sonreír. Pero ese intento de sonrisa falló. Un dolor se apoderó de mis labios. No entendía que me estaba pasando. Tan solo observé los ojos azules de mi padre. Él estaba al lado de Isabella y los dos me sonreían esperando algo ¿pero el qué?