Mulier formosa

Daisy no tiene dinero, ni esa figura delgada, ni esa sonrisa de millón de dólares que rompe huesos, ni el cabello tan limpio, ni vestidos tan femeninos, ni colores pastel en los labios, ni el coño ultra depilado. Pero tampoco roba. Ni se acuesta con mafiosas. Lo máximo es ella, que siempre está tomando cerveza y mirando pasar chicas con la mitad de la talla de Daisy. La que palmea su hombro y se ríe, como si fueran mejores amigos. A veces, Daisy fantasea con que parecen un matrimonio. Y entonces, ella se va con una puta. Como Luanne. Como cualquiera. Y la mete en líos. Y acaban robándole a un pobre marido cornudo. Y no está del todo mal, porque incluso ahora tienen para una segunda ronda de alcohol.