-Mint. –Mencionó el joven rubio con armadura mientras se acercaba y se sentaba junto a su amiga sobre el pasto. Mint le miró, y sonrió cálidamente.

-Hola, Cress. –Exclamó Mint, con un claro tono de felicidad en su voz. Mint posó sus ojos en el paisaje que se deslizaba por las montañas; grandes nubes con curiosas formas se movían con lentitud y tranquilidad. Cress también apreció el paisaje, en silencio. La capa del eterno espadachín se ondulaba al ritmo del viento. Lentamente, la mirada de Cress se dirigió a los tranquilos ojos de su compañera, que aún observaba el paisaje, fascinada.

-Mint. –Susurró él. Pasaron unos segundos antes de que la joven lo mirara.

-¿Sí? –Mint se quedó en silencio, y antes de que Cress pudiera retomar el hablar, Mint abrió más sus ojos y miró a Cress con singular sorpresa-. ¡Lo he olvidado! ¿Cómo es posible...? Espera aquí un momento, por favor.

Rápidamente, Mint se levantó, se sacudió el vestido y se alejó corriendo. Cress la miró alejarse, y cuando su figura ya no se pudo distinguir, el joven guerrero alzó su vista hacia el cielo nuevamente.

-

-¿Cress? –Mencionó suavemente una voz femenina. Cress abrió sus ojos con lentitud, y frente a él vio a su amiga Mint, que le sonreía ampliamente.

-Te has quedado dormido. –Aclaró Mint mientras reía suavemente. Cress se incorporó y sonrió.

-Perdona. –Dijo él. Mint sacudió la cabeza con suavidad.

-No importa. –Mint miró hacia abajo con timidez. Cress creyó haber visto que las mejillas de su amiga se teñían de rosa-. Esto es para ti.

Mint alzó una pequeña caja cuadrada cubierta con papel de color rosa. Cress la tomó, con una sonrisa en su cara, y pudo observar que decía: "Para Cress. Con amor, Mint." escrito con la inconfundible letra cursiva de su mejor amiga.

-¿Puedo? –Exclamó él, aún con una sonrisa en sus labios. Mint asintió alegremente. Cress le quitó el papel con suavidad, y acto seguido, abrió la caja. Dentro, encontró chocolates con forma de corazón esperando a por él.

-Espero y sean de tu agrado. Es una pequeña forma de agradecerte todo lo que has hecho por mí, Cress. –Dijo ella.

-Muchas gracias, Mint. –Agradeció Cress con sinceridad. Acto seguido, tomó un chocolate y lo llevó hasta su boca. Comenzó a masticarlo lentamente, disfrutando el sabor. Mint se limitó a observarlo con curiosidad.

Una vez que Cress terminó el primer chocolate, dirigió su mirada a los ojos de Mint.

-Están deliciosos. –Mencionó el joven rubio.

-¿Eso crees? ¡Me alegro mucho! –Exclamó Mint, para después reír tímidamente. Cress cerró su caja de chocolates y se acercó más a Mint. La joven no pudo reprimir sonrojarse al ver a Cress tan cerca de ella.

-Feliz día de San Valentín, Mint. –Susurró Cress, con una sonrisa. La joven lo miró, anonadada. Podía sentir el aliento y la respiración del joven espadachín muy cerca de ella.

-Lo... mismo digo, Cress. Gra...cias. –Susurró Mint con dificultad, sin apartar la vista de la mirada de Cress.

Inesperadamente, Cress sonrió y tomó a su compañera por la barbilla. Mint se exaltó, pero se dejó. Entonces, Cress acercó la cara de su compañera a la suya, y pronto, los labios de ambos se rozaron.

Un roce especial, tímido y único, pero sobretodo, lleno de amor.

Lo último que escuchó Mint de Cress después de separarse, fueron las mágicas palabras del amor.

-Te amo, Mint. –Había dicho él.

Y entonces, los labios de ambos se habían vuelto a unir para danzar juntos en el mundo del amor.