Disclaimer: Nada aquí me pertenece. Los personajes son de Stephenie Meyer, los tomo sin ningún ánimo de lucro para crear historias creadas por mi propia mente. No permito copiar este material sin mi permiso, pues a eso se le llama plagio y es un delito. Merci.

Título: Don't Fear The Monster

Autor: Leon/Annika/Blume.

Sumario: Él quedó obsesionado con Bella desde la primera vez que la vio, con su sangre, su inocencia y su belleza. Desde esa vez nunca dejó seguirla a donde ella fuera, porque no la dejaría jamás, sólo esperaba por ella, el momento perfecto para poder llevarla consigo y convertirla en suya para siempre. Darkward. AU.

Rated: MA (Contenido Adulto. Por favor, si no te gustan este tipo de historias no las leas y no te dediques a joder, ¿vale?)

Pairings: Bella/Edward principalmente. Aun no sé si saldrán el resto xDD Lo más probable es que sí.

Género:

Advertencias: Contenido Sexual explícito, temas adultos, violencia y lenguaje fuerte, Dark/Dominant Edward, OOC. Parejas canon. UA.

N/A: ¡¡Dénle oportunidad, los capítulos no serán... así!!

Don't Fear The Monster

Introducción

(Primer Encuentro)

-

Bella aún recordaba la primera vez que lo vio. Fue hace tanto tiempo, hace tantos años, cuando apenas ella tenía tan solo cuatro años y medio, y aun así lo recordaba tan vívidamente. Porque cambió por completo su vida, cambió todo. Ella no lo supo de inmediato, pero desde el que él la vio la eligió como suya.

Bella pensó, a pesar de lo intrigada que había quedado con ese hombre, que nunca lo volvería a ver, pero estaba tan equivocada…

Todo comenzó cuando Renée decidió llevar a la pequeña Bella al parque estaba cerca de su casa. Estaban en la temporada invernal, curiosamente la favorita de Bella. A ella le encantaba el frío y la nieve, era su adoración. Le gustaba jugar con ella, lanzarla, intentar hacer formas con ella y recostarse en ella y hacer ángeles. Le parecía muy divertido.

Renée sabía cuánto le gustaba a Bella hacer estas cosas, así que de vez en cuando solía llevarla al parque. No sin antes abrigarla muy bien para que no atrapara un resfriado o algo por el estilo, no había que olvidarse de ello. La forraba muy bien con un par de camisas de manga larga y con cuello de tortuga, arriba una pesada chamarra junto con unos gruesos guantes de lana y un gorro del mismo material, unas mallas debajo del afelpado pantalón y unas botas para la nieve, no sin antes ponerle dobles calcetines.

A veces era muy sobreprotectora. A Bella solía resultarle esto incómodo, pero no podía quejarse, porque además de que su mamá se enojaba y le reprendía… podía jugar en la nieve, y eso era todo lo que necesitaba.

—Cariño, ya lo sabes, no quiero que te alejes, ¿vale? —le dijo Renée como acostumbraba a hacer y depositando un beso cariñoso en la frente de la pequeña Bella. Ella sonrió dulcemente y asintió, su madre le correspondió la sonrisa y se sentó en la banquilla habitual.

Bella se encaminó hacia donde abundaba la nieve. Los ojos le brillaron cuando vio todo ese blanco complemento que tanto adoraba. Los niños no muy lejos de ella también jugaban, aventándose enormes bolas de nieve entre ellos o a las personas que pasaba cerca de allí, pero ella poca atención les prestaba.

Ella se dejó caer en la nieve y comenzó a jugar con ella, aun cuando llevaba aquellos guantes pudo sentir la nieve a través del material y sonrió. No hacía nada en especial, la verdad es que no se consideraba muy buena haciendo este tipo de cosas, pero se divertía intentándolo.

Comenzaba a golpear la nieve, salpicándola en sus alrededores riéndose un poco. Actitud posiblemente boba. Ella seguía jugando y todo el mundo había desaparecido… hasta que sintió como algo le pegaba con fuerza en la cabeza, por encima del gorro que llevaba.

Ella se asustó y se giró para ver qué había pasado. La gélida sustancia comenzó a caer por su cabeza y ella se estremeció, la nieve estaba casi derretida. Su vista se dirigió directamente a un chico pelo castaño que estaba más o menos cerca de ella, mayor que ella y nada inocente.

No tenía idea de quién era, pero no le había agradado. ¿Por qué le molestaba? Ni siquiera le había hecho nada ni tenían el gusto de conocerse, gracias a Dios.

Bella no le dijo nada ni hizo nada, bajó la vista y se puso de pie con ayuda de sus manos y pies. El chico y algunos de sus colegas más seguían mirándola con burla. Ella era tan torpe que no pudo evitar resbalarse un poco con la nieve, causando mucha más burla por parte de esos chicos oportunistas.

El dulce sonrojo apareció en las mejillas de Bella y ella decidió alejarse de esos chicos mayores. Nunca los había visto y no entendía qué hacían allí. ¿Estaban aquí para molestar a niños de su misma edad?

Una vez levantada se volvió para mirar a su madre, quien sin que Bella lo hubiera notado, estaba con otra mujer que a Bella se le hacía un poco familiar, pero no recordaba su nombre. Se encogió de hombros y comenzó a caminar mientras echaba otro vistazo temeroso a los chicos que le habían dejado de poner atención, quizás porque no había reaccionado como habían esperado, y se encontró con una zona un poco apartada de donde su madre le permitía jugar, pero era lo que había.

También era buena, sólo que habían árboles allí y un poco de tierra descubierta. Pero a Bella no le importó, esos chicos le habían dado algo de temor y preocupación. Ella suspiró y se dejó caer en la nieve, ya no tan espesa, comenzó a hacer trazos en ella pensando en lo que debería de hacer a continuación.

Pero entonces, ella escuchó un extraño ruido que le hizo buscar a su alrededor para ver quién lo había provocado. Ella pensó al principio que eran esos chicos, que le habían seguido para continuar molestándola y abusando de su mayor edad.

Pero no fue así. No había nadie cerca de ella, o al menos, no a simple vista.

No volvió a escuchar el ruido hasta segundos después, esta vez escuchándolo claramente. Era el sonido como de… ramas u hojas agitándose. Ella lo había escuchado tantas veces cuando había mucho viento. Pero ahora no hacía viento…

Su mirada se detuvo en los árboles que estaban enfrente de ella, donde creía escuchar el sonido. Se dirigió hacia ellos con un poco de temor, preguntándose qué debería de estar allí, en un lugar tan alto y... peligroso. Llegó hasta ellos y alzó la cabeza para mirarlos intentando ver si había algo, ¿sería un animal? ¿o solo un ligero viento?

Pero de repente apartó la mirada y se volvió rápidamente cuando escuchó un ruido sordo detrás de ella. Se asustó al ver a un hombre que fácilmente podría ser comparado con los ángeles que tanto veía en los libros, por la belleza y perfección que tenía, o como los hombres de la televisión o películas.

Era muy blanco, con un cabello extraño anaranjado, Bella suponía que el viento se lo había despeinado de una manera maravillosa, era enorme y tenía un gran cuerpo. Pero lo que más le llamó la atención a Bella fueron sus ojos, que fue especialmente por lo bellos que eran, si no por el negro intenso del que eran.

Jamás había visto una persona así y le pareció de lo más curiosa e interesante. Vestía todo de negro, aunque no parecía ser ropa muy adecuada para estas épocas y aparentaba ser como de esas películas de épocas antiguas. Sin embargo, Bella no pudo evitar tensarse y temer un poco ante su presencia.

Él le miraba de una manera ansiosa; casi podía sentir como su mirada le penetraba y la forma en la que su cabeza se inclinaba hacia ella y parecía… inspirar. No sin mencionar que parecía complacido por lo que olía.

Ella poseía una hermosura muy inocente pero a la vez incitadora, no pudo evitar pensar él. A pesar de que era una niña demasiado pequeña, poseía una inocencia que le atraía de una manera algo ansiosa y extraña. Pero dejando a un lado eso… ella poseía el más exquisito y embriagador de todos los aromas. La más dulce de las sangres, le llamada como ninguna otra había hecho. Olía demasiado bien y era tan apetitosa… le incitaba a tantas cosas.

Le había olfateado desde antes de que se acercara, porque poseía el más fuerte de los aromas, que casi era imposible no detectar. Fue allí cuando tuvo el impulso de atraerla y beber de ella hasta drenarla. Pero entonces… él la vio y no pudo evitar, para su sorpresa y disgusto, quedar cautivado por la casi increíble ternura que desprendía.

Era muy pálida, con unos tiernos y enormes ojos, similares a los de un cachorro, de un color chocolatoso de gran profundidad. Unos menudos labios rosas carnosos y apetitosos, su pequeño rostro en forma de corazón y su adorable y hermosamente delicioso sonrojo en sus mejillas.

Estaba… demasiado abrigada.

Ella le miraba curiosa con aquellos ojos de cachorro, él podía sentir su cuerpo tensado y el temor que había en sus ojos. La comprendía perfectamente, debía de temerle pues la pobre no sabía ni el peligro en el que estaba. Era un monstruo. A los monstros debía de temérseles y evitárseles si no sé quería salir lastimado. Lo que estaba deseoso de hacer… porque su aroma era tan fuerte que prácticamente la ponzoña amenazaba con escurrírsele de la boca.

Pero ella no se iba. Seguía mirándole con aquellos ojos chocolate. Podía sentir su temor, un leve temor que era dominado por una estúpida curiosidad y admiración. No era la primera vez que se encontraba con un niño tan pequeño en este lugar ni en los otros muchos lugares en los que había estado. Ninguno era tan apetitoso como lo resultaba ser esta pequeña hermosa, pero aun así siempre se alejaban de él si es que tenían la mala suerte de encontrárselo.

En cambio ella seguía allí parada como una completa tonta. ¿Qué esperaba? ¿Qué le miraba? ¿Qué le causaba esa curiosidad tan absurda que no le permitía apartar siquiera la vista o alejarse de allí?

Qué mal por ella…

—Hola, pequeña —no pudo evitar decir. Ella le miró con los ojos abiertos, un poco sorprendida y temerosa a la vez.

—H-ola —replicó tartamudeando y tragando saliva visible y audiblemente. Apretó los puños cuando ella se sonrojó un poco más. Pero entonces eso quedó un poco de lado cuando recordó algo que aparentemente debió de haber sido importante desde el principio, pero debido a su ternura curiosa y su aroma embriagador no pudo evitar dejar de lado.

Ninguno de los dos hablaba y ahora reinaba un silencio completo. No había ruido alguno, aquel ruido del que nunca podía deshacerse por más que deseara. No provenía ningún sonido por parte de ella.

Aquello le hizo jadear y entornar un poco los ojos. Le lanzó una mirada sorprendida y fascinada que no pudo evitar. La clavo durante unos segundos, intentando obtener algún pensamiento por parte de ella, pero no resulto, fue inútil porque todo era silencio, por más que intentara concentrarse.

¿Pero qué demonios?, pensó él. No podía ser. Era imposible. Jamás en su larga existencia él había pasado algo como esto y le hacía más imposible que fuera con una insignificante humana pequeña.

Otra cualidad más a la lista. Extraña humana con la que se había encontrado y desde luego ya no tan insignificante.

¿Cuál es tu nombre, pequeña? —Ella vaciló al principio, recordando lo que tantas veces le había dicho su madre: No hables con extraños. Pero, a pesar de lo tensa que se sentía a su lado, no le temía mucho. Más bien le causaba una tremenda curiosidad. Había algo que le atraía en él y que le hacía preguntarse lo que estaría haciendo aquí y el porqué estaría mirándola tanto.—No te haré daño, cariño, sólo quiero saber tu nombre —añadió él con una sonrisa torcida que a Bella le hizo pensar que era la más hermosa de las sonrisas. Ella la adoró.

—Bella…

—Bella —repitió él pensando que ella le hacía honor al nombre y a la vez sorprendiéndose de sus pensamientos.

¿Una niña de cinco años le parecía hermosa? ¿qué clase pensamiento era ese? Si tan sólo no fuera tan pequeña.

—¿Qué haces aquí tan sola? —preguntó él extrañándose que estuviese tan desprotegida. Simplemente aparentaba ser tan frágil…

Ella negó con la cabeza nerviosamente. Comenzaba a debatirse en si regresar con su mamá, seguramente debería de estar buscándola ya, o seguir aquí, con este completo desconocido.

Él intentó soportar el fuego que comenzaba a incendiar su garganta. Tenía tantas ganas de beber de ella en ese mismo momento, sin importarle que fuera tan pequeña y que posiblemente cualquiera se podría aparecer por aquí. A su mente venía una y otra vez imágenes de él tomándola y mordiendo su suave y exquisito cuello para entonces aquel delicioso y perfecto elixir pasara por su garganta, apagando el fuego que sentía en esos momentos, mientras que algunas gotas perdidas caían en la pacífica nieve… manchándola de aquél dulce líquido.

Sacudió la cabeza y ella pudo ver como sus ojos se oscurecían más. Comenzaba a perder el control y sabía que si ella no se iba pronto o él ponía un límite y se marchaba de allí… nada evitaría que él bebiera de ella.

¿Sería lo correcto? ¿debería de asesinar a un ser tan hermoso, inocente, puro y apetitoso como el que tenía enfrente?

¿Qué debía de hacer?, se preguntaba una y otra vez. Comenzando a frustrarse, porque a pesar del deseo que tenái deber su sangre ya, había algo que le decía e impedía que no la matara. No podía con aquella belleza inocente y eso lo mataba, porque ¿desde cuándo se detenía por eso?

Él era un monstruo. Mataba personas sin piedad, sin pensar que tal vez tendrían una gran vida por delante, una familia, un futuro. A él no le importaba, porque tenía que alimentarse y los humanos eran su alimento. Así eran las cosas y no podía luchar contra ello.

Apretó mucho más los puños, a tal punto que casi se hacía daño mientras seguía observando a aquella criatura que de pronto ya no era tan insignificante ni inocente en cierta forma, porque le estaba matando y volviendo loco.

Y entonces… allí fue cuando pensó en otra posibilidad. Cuando se dio cuenta de lo atraído que se sentía por su sangre, como si su sangre cantara para él… el secreto y aun no muy consciente deseo que sentía por esa pequeña niña. Las ganas que tenía de beber su sangre pero a la vez de dejarla allí y simplemente observar a tan curiosa criatura que tenía enfrente.

¿Qué debía hacer? Volvió a preguntarse de nuevo mientras aquella niña ilusa seguía mirándole ansiosa, preguntándose qué pasaría con aquel intrigante hombre que tenía enfrente.

¿Y se la llevaba con él?

Fue el pensamiento que vino pronto a su cabeza y que le hizo cuestionarse si no comenzaba a perder la cordura que por tanto tiempo había tenido y seguramente comenzaba a decaer por tanta… soledad.

¿Para qué habría de llevársela? Era tan solo una niña. Una niña que seguramente no pasaría de los cinco años y que tendría a unos padres locos buscando por ella si es que llegara a desaparecer.

Entonces también pensó en el deseo oscuro y obsesivo que comenzaba a sentir por ella, en ese momento, la imaginársela marchándose y el pensamiento de no volver a verla jamás… le hizo sentir una extraña y horrible sensación que le hizo sentir más vacío de lo que ya estaba.

No quería dejarla ir… no quería dejar de verla. No la dejaría ir. No quería dejar escapar a ese tan apetitoso aroma, ni aquella belleza tan pura. Estaba seguro de ello.

—¿Qui-en eres? —atinó a preguntar ella, después de haberlo observado tanto y ver que simplemente le seguía mirando pero en realidad sin mirar.

—Eso no importa —sonrió él con una sonrisa que le erizo los vellos de la nuca a Bella. Ella volvió a tragar saliva, dispuesta a irse de una vez por todas.

Él se decidió entonces, supo desde ese momento que desde ahora era suya. Porque todo en ella le atraía y quería que fuese sólo para él. Sabía que se la llevaría consigo, para que fuese solo suya y que pudiese disfrutar de todas esas cualidad que tenían, porque era tan egoísta y necesitaba de alguien que pudiese deshacerse de tan angustiante y dolorosa soledad en la que vivía y ese alguien era la pequeña que tenía.

Pero no podía hacerlo ahora. No ahora porque ella era demasiado pequeña. Desde ahora la seguiría, no la perdería de vista, le miraría y cuidaría todo el tiempo, porque ella era demasiado frágil y ese deseo de protección le dominaba demasiado como para ignorarlo. Se acostumbraría a su tan incitador aroma y entonces… esperaría el momento perfecto y se la llevaría con él.

No pudo evitar sonreír siniestra y oscura que le hizo temer mucho más a la pequeña Bella. Le lanzó entonces una mirada que le hizo jadear y justo cuando abría la boca para decirle que se iba…

—¡¡Bella!! —escuchó la voz ansiosa y algo irritada de su madre. Bella se sobresaltó y Edward, para su sorpresa, también. Había estado demasiado concentrado en su pequeña. Pudo escuchar los pensamientos de la madre de Bella acercándose, era el momento ya de irse.

—Bella, cariño, es hora de irte —le dijo con voz ronca a causa de la sed intensa que seguía sintiendo.

Ella no dijo nada, sólo asintió y le echó un vistazo preocupado y temeroso al hombre tan extaño con el que se había topado, agradecía enormemente que su mamá le rescatara pues comenzaba a tener un poco de miedo ante su comportamiento.

—Nos veremos pronto —dijo él siniestra y oscuramente. Le sonrió una vez más a Bella, mientras ella se encaminaba para salir del lugar lleno de árboles en donde estaban, pero antes de que pudiese hacerlo su madre ya estaba allí, mirándole muy enfadada.

—¡¡Bella, Dios mío, ¿qué te he dicho?!! —exclamó preocupadísima Renée.—¡Me has puesto un buen susto, niña! ¡Ven, nos vamos a casa! —añadió, yendo hasta ella y tomándole de la mano para llevársela.

Bella miró hacia donde estaba el hombre… pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que allí no había nada. Él ya no estaba. Había desaparecido mágicamente. La pequeña abrió los ojos con sorpresa, preguntándose qué había sido de él y cómo se había ido tan rápido… mas decidió olvidarse de él.

Nunca lo volvería a ver más y no tenía caso seguir intrigándose para nunca saber las respuestas.

Sólo que ella no sabía que estaba tan equivocada…

N/A:

xD Dios, me quedó hiper ultra larguísimo. No fui consciente de todo lo que escribí hasta que escribí esta nota jaja… Perdón, espero que hayan llegado hasta aquí, me mal pasé pues las palabras salieron de mí sin parar. No pude escribir en todo el día y ya llevaba queriendo escribir esta historia desde hace bastante.

Sé que repetí muchas ideas y que puse DEMASIADA "narrativa" pero no pude evitarlo y… no puedo leerlo, lo siento. No soy así porque me da escalofríos leer lo que escribo.

En fin, me retiro y espero que les dé… curiosidad saber lo que sigue. Por favor, si leyeron díganme qué piensan xD! Espero que se haya entendido bien lo que quise plasmar en este cap, y la idea principal de la trama, ¿vale?

Bueno, me marcho que ya son las cinco de la madrugada y al rato… ¡¡tengo escuela!! TT__TT A las ocho, para ser exactos =C

Besazos,

Leon.