N/A: Hola a todos y todas. Ante todo pronóstico, he aquí un nuevo capítulo… más de un año después. Creo que a estas alturas no tiene sentido explicar los motivos de la prolongada pausa, pero una disculpa sí me parece del caso. Entonces, mis sinceras disculpas a todos quienes han seguido esta historia, y espero que si la siguen leyendo también la disfruten.

Quiero agradecer a quienes han leído esta historia durante todo este tiempo, ustedes me dieron ánimos para seguir.

Al igual que antes, respuestas a algunos comentarios al final.

10.

Mucha gente pasa la vida entera sin enterarse de cuál es su propósito. Tal vez ni siquiera saben si se suponía que lo tuvieran en primer lugar, y probablemente tampoco les importa. La verdad es que no los culpo. ¿A caso le darías importancia lo que "tienes" que hacer en la vida si… ya sabes… ni siquiera lo sabes?

Pues, sucede que yo me enteré de mi vocación a muy corta edad, pero aun antes de saber nada sobre ella, fui forzado a seguirla. La mayoría de la gente diría que a mi edad me correspondía jugar canicas, no pelear al servicio de una Diosa. Pero era eso lo que se suponía que tenía que hacer, me gustara o no, sin importar si en principio no daba un ca…

…Si no me importaba para nada.

¿Y por qué debía importarme? Me separaron de mi hermana, la única familia que conocía, y me forzaron a aprender la forma de vida de los Santos bajo la tutela de una maestra dura e inflexible que no me daba un miserable respiro. Y no hubo quién me explicara nada, excepto cuando el viejo me dijo que me ayudaría a encontrar a mi hermana si regresaba con un famoso artefacto al que llamaba "armadura".

Porque, ¿sabes? Yo era solamente un niño. Un chico con un talento fuera de lo común, a decir de algunos, pero niño al fin. Y no tenía idea de por qué estaba siendo entrenado para convertirme en un Santo… Creí saberlo, pero estaba equivocado. Eso fue hasta que te conocí, desde luego. Entonces todo se aclaró: lo que sabía, siempre supe pero no sabía que sabía.

¿Tiene sentido?

Qué importa, igual, una vez entendí cuál era mi propósito en la vida, todo tomó sentido. Y ya no hubo dudas, y ninguna explicación fue necesaria.

Pero un día decidiste que mi propósito estaba cumplido. ¿Y qué se suponía iba yo a decir? No es como si pudiera renegar de tu mandato.

Supongo, entonces… no hay nada malo en nunca saber cuál es tu propósito en la vida. ¿Pero qué hay de los que lo encuentran y luego… lo pierden?

"Encuentra otro propósito", podrías decirme. Pero no, lo siento amor mío, me temo que no es así como funciona. Tú siempre serás mi propósito, mi razón, mi única y verdadera Diosa. Y yo siempre estaré presto a morir por tu causa, ni lo dudes.

Pero si te dijera que eres mi único amor, te estaría mintiendo. Lo fuiste en algún momento, pero ya no más. Solo espero que estés conforme con ello. Y es que una cosa grandiosa es el amor, y no puedes esperar que un hombre se abstenga…

…pues…

…de amar.

No cuando hay tanto amor alrededor, de muchos tipos distintos, rogando por ser experimentado. Y no es como si pudiera evitarlo de todas formas.

Así que, ¿qué importa si mi propósito ha expirado? Al menos hay gente que me quiere… al menos eso tengo por seguro.

… …

¿Que si estoy borracho, preguntas?

Nah, tal vez sólo un poco.

0

Luego de regresar de Japón, las cosas entre Shaina y yo… bueno, era algo así como que no podíamos quitarnos las manos de encima.

Es que al principio, cuando comenzamos a vivir juntos, se trataba más bien de ajustarnos, creo yo. Pero ahora era distinto, y mucho mejor.

Y no era lo físico solamente, se trataba también de disfrutar inmensamente la compañía del otro. Pasábamos juntos cada minuto que podíamos, hasta arreglé mi horario de trabajo de modo que podía ir a buscarla luego de sus lecciones, con mayor frecuencia. Después caminábamos a casa a lo largo de la orilla del mar, tomándonos nuestro tiempo y contándonos los detalles nuestro día. A veces el ocaso nos alcanzaba en el camino, y nos deteníamos a contemplar las estrellas por un rato. Algunas veces pude persuadirla de que nos apuráramos a casa para cambiarnos, y luego ir al pueblo a tomar un trago a la taberna y conversar al compás de un baile lento… o al teatro, o hasta al festival del pueblo.

Otras veces esperaba a que terminara su instrucción para que pudiéramos practicar un poco. Sus pupilos se quedaban a ver, por supuesto, y no tenía problema con tratar de lucirme. Yo sabía que era el único que podía hacer que ella diera lo mejor de sí, y a los chicos no les venía mal, de vez en cuando, una demostración de lo que un enfrentamiento entre verdaderos Santos podía ser. Y, ¡mi querida Atenea! ¿Quién diría que "tu mujer pateando tu trasero" podía traer consigo tanta diversión y entretenimiento?

Lo que trato de decir es que estábamos formando una conexión de nivel superior, una clase de vínculo que no imaginaba posible. Y déjame decirte, Diosa mía, que estaba poniendo mi mundo de cabeza.

Shun decía que estaba bien. Sentirse así, quiero decir. Él decía que era solamente yo, siendo honesto conmigo mismo…

…lo que fuera que eso significaba…

Como sea, estaba yo tan inmerso en el vórtice de mis emociones, que varias semanas pasaron y propiamente me olvidé de qué día estaba viviendo. Y es así como una mañana regresé a mi casa después de un turno nocturno, sintiéndome reconfortado por un hermoso amanecer en la playa después del arduo trabajo. Abrí la puerta despacio, como lo hacía normalmente, esperando encontrar solamente gente dormida dentro de la casa. Pero esa vez la encontré a ella, sentada junto a la mesa, su hermoso rostro viendo hacia mí con una sonrisa cálida.

–Hola preciosa, –la saludé.

–Hola.

–Es temprano para que estés despierta.

Ella caminó hacia mí y se detuvo a sólo dos centímetros de distancia. –Quería decirte "feliz cumpleaños" antes que nadie más. –Abrí los ojos sorprendido, pero no pude decir palabra mientras me estaba empujando contra la pared y susurrando junto a mi garganta. –Y también te quería decir "aishiteru, Seiya".

Por todos los dioses que me están condenando en este instante…

Odiaba mis cumpleaños, y en verdad lo había olvidado por completo, pero en ese momento no podía importarme menos. La alcé en mis brazos y con un giro estaba empujando la puerta del dormitorio con el pie, y luego por alguna razón volví la vista hacia la puerta de entrada y me di cuenta de que no la había cerrado.

También me di cuenta de que allí estaba Hyoga, reclinado en el marco de la puerta y luciendo su patentada sonrisa de engreído. Y sin que hiciera falta el "polvo de diamantes", quedé congelado.

–Hola, –dijo– por mí no se detengan, ni se fijen que estoy aquí.

¿Cómo pudo acercarse sin que me diera cuenta? …El muy escurridizo.

Bajé a Shaina despacio, pero seguí abrazándola para mantenerla junto a mí. Ella estaba murmurando palabrotas contra mi pecho, y yo estaba más molesto que avergonzado.

–Hyoga –lo saludé tranquilamente –no sabía que vendrías.

Ah… mis hermanos y su puntería para lo inoportuno…

– ¿Y perderme el gran evento? ¡Ni de chiste!

–Nunca vienes para mis cumpleaños, –le respondí, nada complacido.

–No tu cumpleaños, si serás tarugo… –dijo mientras entraba y se acomodaba en el sofá, –me refiero al nacimiento demi sobrinita, claro está.

–Bueno, –dijo Shaina, tratando de actuar con calma, –ahora que llegaste, podemos celebrar el cumpleaños de Seiya todos juntos. ¿Eso te gustaría, verdad Seiya?

–Lo que tú digas. –Aparté un mechón suelto de su cara, disfrutando la forma en la que me estaba mirando.

Hyoga rodó la vista hacia el techo dramáticamente, asegurándose de que lo viéramos.

– ¿Cómo estás seguro de que es una niña? –le pregunté, ya que insistía en ser el centro de la atención. –June y Shun no han querido saber, ¿cómo puedes saber tú?

– ¿Y lo dudas? Hombre… hablando de falta de percepción. No me extraña que hasta hace sólo un minuto notaras que yo estaba aquí.

– ¿Qué les parece un café? Acabo de prepararlo. – Intervino Shaina, separándose de mí hacia el mueble de la cocina. Puso tres tazas sobre la mesa y las llenó, yo la seguí y le ofrecí una a Hyoga, luego tomé una para mí y me senté junto a la mesa, de frente a él. –Pues llegas algo temprano.

– ¿Temprano para qué? ¿El desayuno? ¿A qué horas desayunan aquí? –preguntó.

–Quiero decir que el bebé nacerá hasta dentro de cinco semanas, al menos.

–Bueno, no quiero arriesgarme. Además, tampoco tengo mayor cosa que hacer estos días, así que…

Así que tendríamos "Hyoga" por un buen rato. Shaina tomó su taza y se dirigió hacia la puerta de enfrente. –Bueno, tengo que ir… eh… afuera. Los dejo para que se pongan al día. –Luego se volteó hacia Hyoga y le habló fuerte pero entre dientes.

–Más vale que te comportes, o te las verás con migo.

No hubiera querido estar en el lugar de Hyoga. Juraría que la temperatura bajó unos cinco grados, pero para mi gran sorpresa, él ni siquiera replicó. –Se me había olvidado el calibre de fiera que ella es… Vaya mujercita la que te conseguiste. –Comentó en cuanto ella estaba lo suficientemente lejos – y ardiente como el fuego mismo.

¡Quién demonios se cree que es, para hablar así de mi chica!

–Y mucho más de lo que puedes manejar –le respondí, entrecerrando los ojos. –Un cubo de hielo como tú se derretiría y vaporizaría de una sola vez, así que mejor mantén tu distancia.

–Quieres decir que me "sublimaría" –sonrió. Ante mi expresión de máxima irritación (e ignorancia), continuó: –Cuando el hielo pasa directamente a vapor, se "sublima". No es que esperara que lo supieras.

Adorada Atenea, sí que sabía ser fastidioso. –¡Como sea! –gruñí– lo que digo es que ella está bien fuera de tu liga.

–¿Quieres apostar? –retó.

–Hablo en serio, ¡ni se te ocurra!

–¡Ja! No te sulfures. Ya sabes que no me daría ni la hora, al menos mientras todavía estés rondando por allí –se rió por lo bajo. –Luego de que cuelgues los tenis, tal vez me ocupe de cuidarla… por ti. –Dijo, creyendo que era el tipo más gracioso del mundo.

–¡Sobre mi cadáver! –alegué.

–Es exactamente lo que acabo de decir.

–Pues, –dije, usando un tono que no daba lugar a discusiones– te juro por Diosa, tú que le pones un dedo encima y yo que regreso de la tumba con el único y expreso propósito de hacerte llorar del miedo, ¿me oíste?

Me miró intensamente, y yo hice lo mismo. Sostuvimos las miradas por un minuto, hasta que él ya no pudo más y rompió en carcajadas. Lo seguí un segundo después, riéndome tan fuerte que a duras penas podía respirar. El ataque de risa pareció durar por horas, Hyoga estaba rodando sobre el sillón, abrazando su estómago, y yo tuve que agarrarme de la silla para no caer al suelo.

–Vaya si te he extrañado, –jadeó, tratando de recuperar el aliento.

–Sí, yo también… –dije al fin, respirando hondo.

–Pero sólo porque eres tan fácil para morder el anzuelo.

–Nah… me amas con locura, será mejor que lo admitas de una vez.

–En tus degenerados sueños–exhaló, negando con la cabeza. –Entonces, –dijo luego de un momento de silencio– ¿veinte años?

–Sip.

–¿Y qué te gustaría hacer al respecto? –preguntó con tono de picardía.

–Quién sabe. No será lo que hago normalmente. –Reí, algo avergonzado.

–¿Y qué es lo que haces normalmente?

–Desaparecer, – confesé con la cabeza baja. –Encuentro un sitio donde nadie me conozca, y me emborracho hasta quedar desmayado. Luego Shun me encuentra y me trae de vuelta a casa. – Luego agregué: –menos el año pasado, como él andaba de viaje y todo eso…

–¿Y qué hiciste entonces? –preguntó levantando una ceja.

–Me quedé tirado en un bar del pueblo, luego un tipo del trabajo trató de traerme a casa, pero dijo que como pesaba demasiado, mejor me dejó durmiendo sobre unas cajas de embalaje en una bodega del puerto. Para ahorrarme el viaje al día siguiente, según él. La verdad es que el muy tarado también estaba borracho.

–Si serás idiota –se rió.

–Seguro…

–¡Pues claro! La próxima vez que se te ocurra hacer eso, tienes que avisarme primero para que los dos podamos ponernos hasta las chanclas –dijo, completamente serio.

Me reí, luego me quedé callado un momento, antes de decirle:

–Bueno, eso era más o menos el punto… estar solo y beber para olvidar lo miserable que me sentía, para luego sentirme todavía más miserable… y además estúpido.

–Lo sé –dijo, sentidamente. Y yo sabía que él entendía. Shun aceptaba mi comportamiento porque él es un corazón paciente y amable, pero no sabía lo que se siente. Hyoga lo sabía, probablemente mejor que yo.

Repentinamente pareció animarse –pero ni creas que voy a dejar que te hagas eso a ti mismo. Este año yo también voy, es más, nos llevaremos a Shun también.

–Uh… no podemos hacer eso.

– ¿Por qué no? –frunció el seño.

– No nos podemos llevar a Shun –expliqué–, es contra su religión, o algo así. La única forma en que lo vas a hacer poner pié en uno de "esos" lugares, es para sacarme de allí. –Luego le sonreí y dejé caer los hombros –y de todas formas no pienso hacer eso este año, así que ni te molestes.

Como si lo hubiéramos llamado, en ese instante apareció Shun. Salió de su dormitorio, fresco de la ducha y sonriente. –¡Buenos días! ¡Hola Hyoga, me parecía haber escuchado tu voz! ¡Me alegra verte por aquí!

Hyoga asintió, saludando a Shun. –Te ves bien, chavo. Se ve que la vida de casado te sienta bien.

–No puedo quejarme –respondió Shun, sonriendo encantadoramente.

–Y no puede decir lo mismo sobre ti –murmuré.

– ¡Cierra la boca! –Hyoga vociferó en mi contra. Luego se relajó y sonrió engreídamente –lo que pasa es que estás celoso porque yo soy alto y rubio.

–Sigue soñando –rodé los ojos hacia arriba.

–¡Hey, muchachos! –Shun intervino alegremente –¿qué les gustaría desayunar?

–Lo que sea más rápido, me muero de hambre –dijo Hyoga. Shun llenó una olla con agua y la puso sobre la estufa, luego encendió la hornilla. –A propósito –continuó Hyoga–, le decía a Seiya que deberíamos ir al pueblo y pasar un rato "fraternal" para celebrar su cumpleaños, sólo nosotros tres. ¿Qué dices?

–Nos quiere ver borrachos –agregué.

–¡Ah! –Shun miró hacia un lado, rascando su cabeza nerviosamente –¡no podemos hacer eso!

–No tú también… ¿Por qué carajos no podemos? –Hyoga se quejó.

–¡Confía en mí! –Shun le susurró ruidosamente, abriendo los ojos de forma dramática… y fallando miserablemente en su intento de ser sutil. Lógicamente, su comportamiento llamó mi atención.

–Sí, Shun… ¿por qué no podemos? –le pregunté con agudeza.

–¡No es nada! ¡Dioses! Seiya, ¡te estás pasando de cauteloso!

–Y tú te estás pasando de "mal mentiroso". Vamos hermano, suelta la lengua o de lo contrario Hyoga y yo planearemos el viaje a "chupelandia" para esta noche. –Claro que era una mentira, pero él no tenía por qué saberlo.

– ¡No puedes hacerles eso! –exhaló.

– ¿Hacer qué a quién? –interrogué. Para ese entonces Hyoga estaba recostado cómodamente sobre el sillón, con los brazos cruzados y una notable expresión de estarla pasando de lo mejor.

–A las chicas, obviamente. Están planeando una cena para celebrar tu cumpleaños, y se suponía que era una sorpresa –confesó Shun, luego se dejó caer en una silla con un suspiro de derrota. –Van a estar furiosas con migo cuando descubran que te lo conté.

–Ellas… ¿hicieron qué? –dije con voz apenas audible. No me lo esperaba… quiero decir, nadie antes hizo algo así por mí, así que… –¿Por qué? –y ni siquiera traté de disimular lo atónito que estaba.

–Pues porque te quieren, claro está, y quieren hacer algo bueno para ti, para verte feliz –respondió con tono de quién está señalando lo obvio.

–¿Me quieren? Es decir, ¿June también? –estaba corto de palabras.

–Claro, somos familia –dijo alegremente.

Realmente no sabía qué decir, pero no hizo falta, ya que Hyoga no tardó en comentar. –Ahora me siento como el "mal tercio" aquí… el "mal quinto", quiero decir.

–¡Vamos! Nadie dijo eso. Yo te pedí que vinieras, ¿o no? –Shun le dijo, afectuosamente.

–No hace falta que seas amable, ya acepté que estoy de más aquí. No es como si viviera aquí o algo así…

–¡No es así! –Shun replicó.

–Shun, déjalo que haga su drama si eso lo hace feliz –dije, exasperado.

Shun suspiró, apoyando el codo sobre la mesa y la barbilla sobre su mano. –No, lo que pasa es que está tratando de distraerme del hecho de que yo ya le había informado del tema de la "sorpresa", y de todas formas me forzó a decírtelo. Es hábil, pero no soy tan lento como él cree.

–¡Claro que no! –Hyoga se levantó indignado.

–Claro que sí –shun exhaló con resignación.

–¡No sabía nada! –aulló Hyoga. Luego se sentó otra vez en el sillón, entrecerrando los ojos para concentrarse. –… o tal vez sí lo sabía… ahora que lo pienso.

–¿Ves? –shun señaló. Luego se quejó –¡cómo pudiste olvidarlo!

–¿Será que estaba durmiendo cuando llamaste? ¡Eran las 3:00 AM, por amor a Dios! ¿Alguna vez oíste de algo llamado ZonasHorarias?

–Durmiendo como un lirón, ¿o bebiendo como un salmón?... –recité, haciéndome el gracioso.

–Da lo mismo, y no es tu problema –Hyoga gruñó.

–No da lo mismo si está afectando tus capacidades memorísticas –dije en un tono sarcástico de sermón –tal vez es tiempo de que reconozcas tu problema.

–¡Ja! De los presentes, no soy yo el que tiene problemas para aguantar la bebida –rezongó en respuesta.

–Bueno, es secreto está descubierto y no hay nada que hacer al respecto –Shun se encogió de hombros, algo decepcionado.

–No te preocupes, fingiré sorpresa –traté de consolarlo. Él me sonrió animadamente, como si acabara de hacer algo verdaderamente bueno por él. Luego se volteó para atender su olla hirviente.

–Voy a cocer avena ¿les parece bien?

–Claro, si quieres castigarme por mis indiscreciones –Hyoga rezongó.

Yo reí un poco, luego caminé hacia el refrigerador y comencé a explorar su contenido. –No te preocupes, voy a freír tocino y huevos. June querrá su desayuno en cualquier momento, y seguramente se le antojará algo grasoso y delicioso. ¿Qué tal suena eso? –le pregunté a Hyoga. El asintió, con los pulgares hacia arriba.

–La consientes demasiado –Shun se quejó– estoy tratando de convencerla de comer cosas más saludables, ¿por qué no puedes estar de mi lado?

–Lo siento hermano, pero no puedo hacer eso –le respondí, dejando caer un trozo de queso dentro de mi boca –verás, sucede que ella es unpoco más atractiva que tú… y mucho más atemorizante.

Calenté el sartén y dejé caer suficientes tiras de tocino y algunos huevos, mientras Shun terminaba de prepara su potaje.

–¡Oigan! –dijo Hyoga de pronto– ¿no era la esposa de Shun la "chica del látigo"? No me extraña que ustedes dos sean un par de azotados.

Shun y yo nos miramos uno al otro y rodamos los ojos, ignorándolo.

–¿Ya está despierta? –le pregunté a Shun.

–Creo que sí.

–¡June! –grité–, ¡el desayuno está listo!

–¿También Shaina sabe cómo usar el látigo? –Hyoga no quería dejar las cosas en paz.

–¡Diosa! –No entendía por qué el muy cretino encontraba tanto gozo en sacarme de mis casillas– ¿Quieres saberlo? Porque puedo pedirle que venga, para que se lo preguntes tú mismo. –Luego sonreí y seguí en un tono más calmado. –O mejor aún, ¿por qué no vas a preguntarle allá afuera? Me gusta mi casa así como está, en una sola pieza.

–No es tanta mi curiosidad.

–Entonces cállate y cómete tu desayuno –gruñí.

–Así de buen modo, lo que quieras… –se rió.

Deslicé el tocino y los huevos sobre dos platos y lo puse sobre la mesa, indicándole a Hyoga que se acercara y tomara asiento, y dándole un tenedor. Él se acercó a olfatear su plato, evidentemente complacido. –¡Gracias carnal! –Luego se volvió hacia nosotros– ¿y ustedes no piensan comer?

–En un minuto –le dijo Shun, sonriendo. –Por favor comienza, tú eres el invitado.

Por supuesto, Hyoga no se quejó al respecto y de inmediato siguió la sugerencia. Puse otro tenedor junto al plato de June, en el lugar opuesto al de Hyoga. –¡June! ¡Se está enfriando!

Un momento después June salió de la habitación que comparte con Shun, bastante desarrapada y soñolienta, y sujetando su gigantesca barriga. – Buenos días…–murmuró. Luego se sentó en su puesto, con la vista fija en el plato. –Gracias Seiya, eres el mejor cuñado del mundo entero. Dame café.

–No. Café NO –interfirió Shun, poniendo un vaso de leche de soya frente a ella.

–Eres un tirano de la comida –se quejó ella con una expresión infantil y por demás adorable. Shun se paró a su lado y luego se inclinó para besar la cabeza de June. Ella sonrió sin dejar de mirar su desayuno, y comenzó a comer.

Me di cuenta entonces de que llevaba rato de estar cavilando sobre lo linda que se veía, así de desaliñada y todo. Pensé en mi madre, en todas nuestras madres, preguntándome si todas ellas tuvieron gente que las mimara como nosotros lo hacíamos con June. Si tuvieron alguien que cuidara de ellas como debieron ser cuidadas. Sabía que no era probable… Pero nuestro sobrino o sobrina nunca tendría que preocuparse por cosas como esas, porque Shun estaba en lo cierto, cuidaríamos los unos de los otros como familia, de la misma forma que lo hicimos como compañeros de batalla. Así es como deben ser las cosas. Luego noté que Hyoga estaba comiendo en completo silencio, mirándola con una expresión indescifrable. Ella levantó la vista hacia él, aparentemente recién dándose cuenta de la presencia de Hyoga.

–¿Y quién eres tú? –Preguntó con indiferencia.

Hyoga respondió con su sonrisa petulante –soy el tipo que sus hermanos quieren mantener lejos de sus esposas, porque saben que las mujeres tienden a preferirme.

June pareció reconocerlo, mirando directo hacia él y señalándolo con el tenedor. –Ya recuerdo… ¡eres el ruso engreído que vino a nuestra boda!

Shun negó con la cabeza, riendo un poco. Se sirvió un poco de avena y se sentó al lado de June. Tuve la sensación de ya no ser necesitado, así que llené dos escudillas con el potaje de Shun, tomé un par de cucharas y me encaminé hacia afuera.

Encontré a Shaina acurrucada sobre una banca del corredor, contemplando el fondo de su taza de café vacía. Me senté a su izquierda, ofreciéndole una de las escudillas.

–Gracias, "mejor cuñado del mundo" –me dijo, usando un tono de voz que a la vez era alegre y atemorizante. Claro que ella había escuchado todo, las paredes de madera de mi casa eran delgadas.

–Con gusto, "ardiente fierecilla" –respondí.

–¡Ah, cierto! Recuérdame que le muestre a esetipo quién manda aquí. Látigo… le voy a enseñar lo que es el "látigo"… ¡l'idiota! – Oh-oh, italiano. Y tenía la vista fija en el horizonte, con esa mirada profunda y temible que yo conocía tan bien, pero no extrañaba para nada. Con tal de evitar posibles confrontaciones, decidí intervenir a favor del menos asiático de mis hermanos.

–No seas demasiado dura con él, la habilidad para socializar se va deteriorando cuando uno decide aislarse del resto dela humanidad. Ya verás que su trato mejorará… eventualmente. –Me alegra que Hyoga no estuviera allí para presenciar su defensa. – Es decir, yo no soy quién para hablar. Si no fuera por tu influencia y la de Shun, seguro que estaría peor que él –reí de mi mismo.

Ella me sonrió, aparentemente dejando ir el asunto de Hyoga y volcando su atención en mí. –Entonces, –comentó– parece que la cena sorpresa ya no es tan "sorpresa".

–Bueno –respondí yo– June aún cree que no sé nada al respecto, y Shun no sabe que tú sabes que yo sé. Entonces, ¿qué te parece si hacemos como si no sabemos nada, y seguimos con el plan? Y todos contentos.

Ella suspiró. –Así eres tú, Seiya. El objetivo de planear una fiesta de cumpleaños para ti no era que ellos estuvieran contentos, ni yo, pero de alguna forma haces que sea así.

Pero su expresión no era de decepción ni de molestia, estaba mirándome de esa forma, como sólo se atrevía cuando estábamos solos… esa mirada intensa que me decía una y otra vez que su alma y su corazón estaban en mis manos, para hacer con ellos lo que yo quisiera.

Era halagador y a la vez abrumador.

Me hacía sentir feliz pero que no lo merecía… Pensar en esta mujer que era la más fuerte que había conocido en mi vida, pero que en mis manos era frágil como las alas de una mariposa…

… e igualmente alucinante.

Nadie más, ni siquiera Shun o June lo sabían, este lado de Shaina era solamente mío. Nuestro secreto… nuestro pacto, y era mi deber mantenerlo a salvo. Mantener su corazón protegido en el tembloroso refugio de mis manos maltrechas. Pero… ¡Diosa! Al ver esos ojos, hubiera dado mi último aliento por cumplir con la tarea.

Sonreí de vuelta mientras acariciaba su mejilla. – ¿Tienes idea de lo preciosa que eres?

Se sonrojó y volteó hacia un lado, y pensé que mi cabeza iba a explotar si no la besaba allí mismo. Es decir, un hombre puede controlarse hasta cierto punto, pero cuando alguien te mira como si fueras su principio y su fin… como si fueras lo único que existe en el mundo…

como yo solía mirar a la Diosa mía…

Pero a pesar de lo mucho que me esforcé por lograrlo, mi vida no terminó cuando desapareciste de ella.

–¡Oye! –dije de pronto– ¿qué me dirías si te pido que huyas conmigo? Así, ahora mismo.

Arrugó la frente y se rió un poco. –Te preguntaría: ¿por qué quieres huir de tu propia casa?, desde luego.

–Bueno, es que últimamente está demasiado "multitudinaria" para mi gusto… –respondí, haciendo una mueca.

Ella soltó la risa –verdad, pero la multitud está loca por ti, "chico ídolo".

–Qué puedo decir; algunos no podemos contener todo ese carisma.

–Y humildad.

–Sí, eso también.

Siguió riendo, y desesperadamente quería sumergirme en el verde de sus ojos, y perderme en lo salvaje de su melena…

… y más que nada, quería vivir.

Vivir, sin importar si tenía un propósito determinado o un sentido trazado. Vivir por el gozo de hacerlo, junto a la gente que me quería a su alrededor por ser yo mismo, no por lo que se suponía que debía ser.

–Entonces, ¿seguimos con el plan? –preguntó.

Escuché a mis hermanos riendo dentro de la casa, y me di cuenta de que estaba cumpliendo veinte años ese día y que estaba vivo, y que ellos estaban vivos, y nuestra familia estaba creciendo… Y tenía una mujer que me adoraba, literalmente a mi lado.

También me di cuenta de que aunque no estabas a nuestro lado, nada de esto hubiera sido posible de no ser por ti, y la idea hizo que tu nombre me supiera menos amargo… siquiera un poco.

Le sonreí nuevamente y la rodeé con mi brazo derecho, acercándola más a mí. Ella descansó su cabeza sobre mi hombro, yo besé su cabello y le respondí en voz muy baja.

Sip, sigamos con el plan.

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Respuestas a comentarios

Cami:Querida Cami, siempre has apoyado este humilde proyecto mío, te pido disculpas por el hiatus tan serio que ha sufrido este fic. Espero que todavía te interese leerlo, y no puedo más que asegurar que mi intención está puesta en seguirlo y terminarlo. Y bueno, hace tiempo que comentaste sobre el capítulo anterior, pero me dio mucho gusto saber que te complaciera. Saber que te identificaras con los personajes me dio mucho de qué pensar… y ahora pienso que tu situación puede haber cambiado mucho, en un año pueden pasar muchas cosas. Por otra parte, si mal no recuerdo tú eras una de las que pedía a Hyoga. ¡Espero que después de este capítulo no me odies! Ja,ja. Algunas personas pensarán, ¿de dónde se sacó que Hyoga se iba a convertir en semejante patán? Pues qué puedo decir, del mismo sitio de donde Seiya se volvió reflexivo y Shaina aprendió a mostrar ternura. Esa es la forma en la que imagino que sus personalidades se desarrollarían, en determinadas circunstancias. Y bueno, nadie me contradecirá en que a Hyoga parecía gustarle mucho atormentar a Seiya, de una forma amistosa, claro está. Bueno, a ver qué tipo de comentarios desatará este capítulo… Abrazos a ti.

XPW: Muchas gracias por tus palabras, me alegra muchísimo saber que te gustó y espero que sigas leyendo. ¡Saludos!

Aluckygirl: Gracias por tus palabras tan amables, me honra saber que esta historia te gustara tanto, espero de todo corazón seguir llenando tus expectativas. ¡Un abrazo!

Muchas gracias también a shaoran-sagitario, Rossewen, PegasoSeiya, ChibiRukia, ArcangelGuerrero (¡especiales mega-gracias! :D), DanyedaGoofyPanterita y YukimeHiwatari por comentar esta historia (¡si no respondí a sus comentarios, por favor cuéntenme!). Es por todos ustedes que las musas no se rinden.

Y gracias a todos ustedes quienes leen.

Abrazos a todos,

Rihannon.