Advertencia: El presente capítulo contiene imágenes

fuertes con alto nivel de violencia

Espero que les guste… bueno,

más bien que les deje ganas de seguir leyendo…

Makoto Black

Entró corriendo en la calle, al fin, al fin los habían encontrado; entre ella, Luna, Ginny, Neville, Ron y Harry habían peinado toda Australia buscando a esos dos ingleses sin memoria; ahora, mucho más tranquila, sabía que al fin podría volverles sus recuerdos y llevárselos a casa, y ser, como antes, una familia unida y feliz. Harry tras ella, a medio paso, sonreía de verla tan contenta, mientras Ron, algo sonrojado por lo que venía, procuraba hacerse de un buen discurso qué decir a los padres de su futura; Ginny caminaba al frente, al lado de Hermione, concentrada en los recientes asuntos de mortífagos prófugos; la tenían con los pelos de punta, porque sabía de sobra lo que intentaban, querían vengarse, aunque sólo fuera un poco, de los que habían osado enfrentarlos.

En realidad era Hermione la menos asustada, seguramente ahí en el siguiente edificio, Luna estaría esperando, para anunciarle cuál era la puerta del apartamento donde vivían y así presenciar el alegre encuentro; dio vuelta en la esquina junto con Ginny, Ron las perdió de vista un instante, se volvió a ver a Harry, que sonrió ampliamente para darle ánimo, los dos sabían que Luna y Neville les esperaban, para decirles cuál era el apartamento correcto.

-Tranquilo… todo saldrá bien. –Dijo Harry cuando los dos se detuvieron en la esquina a mirarse fijamente, el pelirrojo asintió, pero algo no andaba bien, porque Harry abrió la boca enormemente, frunció el ceño y en sus gafas, Ron vio lo que jamás iba a olvidar, la marca.

Sobre el firmamento, verde, humosa, terriblemente vivaz, estaba esa marca, su marca; Ron entró en pánico, porque al buscar a Hermione no la vio, ella y su hermana menor habían corrido rumbo al edificio que ardía en llamas, la primera gritando a voz en cuello frases que a Ron le carcomieron el alma "¡Papá… Mamá!", la segunda apoyándola en su carrera, sacando la varita dispuesta a pelear; por dos segundos, el miedo los abordó, por diez segundos fueron víctimas de la incertidumbre, no sabían qué hacer, se perdieron. Para cuando reaccionaron, Ginny y Hermione ya se habían perdido dentro del edificio; agitados los dos siguieron por la calle a paso veloz, con todas las fuerzas de que eran capaces, llegaron a la puerta, el humo era insoportable, la estructura crujía y amenazaba con caer de un momento a otro.

-¡Hermione! –Gritó Ron mirando a las escaleras, de donde un enorme gusano de humo negro salía a borbotones, Harry había corrido a la primera puerta.

-¡Ginny! –Gritó entre el rugir de las llamas, una habitación entera se desplomó donde gritaba y entre los escombros distinguió de inmediato la cabellera rubia de una chica, una chica envuelta en humo; corrió, logró levantarla y verle el rostro manchado de negro, los ojos cerrados y los labios amoratados y llenos de sangre. -¡Luna!... ¡Ron tengo a Luna!

-¡Hermione! –A Ron casi no le importaba la rubia, distinguió de reojo a Harry saliendo del edificio varita en mano y chica en brazos, pero él sólo quería saber qué había sido de Hermione, qué había sido de su hermana; ignorando el sofocante calor subió las escaleras, vio en un rellano una sombra que se le acercaba, un hombre que corría con algo apoyado en su hombro.

-¡Salgamos de aquí! –Neville ensangrentado del rostro, dolorido, arrastraba como podía el cuerpo de una chica, Ginny, con la cabellera encendida empapada en sangre. –Ha sido una emboscada… una puerta le golpeó en la frente… está bien…

-¡¿Está viva?! –Gritó entre el escándalo del edificio, no había gritos, no había nada que le dijera que Hermione buscaba a alguien vivo, entonces cayó en la cuenta, Ginny se movía, pero su chica no estaba. -¡Hermione!... ¿dónde está?

-Siguió por las escaleras… he tratado de detenerla… ¡Detenla!... que no vea lo que les han hecho… -Neville se movía rumbo a la salida, Ron entendió a medias la petición, pero al comprender, echó a correr escalera arriba. -… aparécete en la siguiente escalera… la alcanzarás… ¡Que no los vea! –Gritó saliendo del edificio, Ron no sabía qué pensar, aquello sonaba peor que una advertencia, era como una amenaza; hizo lo que le había recomendado, se apareció dos pisos más arriba, pero no la escuchaba, entonces corrió escalera arriba, más y más, llegó al último piso y miró la única puerta abierta, en el sitio en que raramente no había llamas.

Entró con la varita levantada, dispuesto a enfrentar lo que fuera que hubiera dentro, miró a todos lados, realmente necesitaba darse cuenta de que ella no estaba ahí; en cuanto puso en pie en la habitación lo supo, aquella era la razón para tanta destrucción, pero ni siquiera el conocimiento de la tradicional crueldad de los mortífagos lo prepararon para lo que venía. El suelo estaba empapado en sangre, las paredes lucían igual, era como si hubiesen tomado los cuerpos y con ellos hubieran pintado todo de grana; ahí adentro todo estaba intacto, no había llamas, no había escombros, la habitación estaba preservada para que alguien la contemplara. Dio un par de pasos, horrorizado, delante suyo, distinguió entonces lo que en un principio creyó era un trozo de tela sobre una posible almohada, de una tela pastosa y brillante, de un escarlata intenso, de un carmesí oscuro; pero a pocos pasos se dio cuenta de lo que en realidad era, aquello era un torso, el torso de un cuerpo cortado en pedazos, tragó saliva sintiendo una náusea tal, que se volvió a otro lado llevándose la mano a los labios para contener el vómito, miró sus zapatos que se pegaban al suelo, dejando hilos de sangre al caminar.

Huyendo de aquella vista se dio de lleno con otra, junto al marco de una puerta, otro cuerpo permanecía inmóvil, de igual forma cercenado, con el aspecto más horrible que él hubiera visto nunca; vio restos por todos lados, aquello había sido más que una masacre, aquello había sido el mismo infierno; pálido intentó no mirar más, supo a lo que se refería Neville, lo entendió. Espantado, al punto de no poder si quiera dar un paso, retrocedió de espaldas, lentamente, sin poder quitarle los ojos a aquellos restos, uno de ellos con una larga cabellera castaña teñida de carmín; miró el muro, ahí con unas letras bermellón brillante, húmedas, lucía casi tan espantoso como lo que había visto antes junto a sus pies y que ahora llevaba clavado en la mente como una daga.

-"Nos hemos desecho de la basura, un recuerdo para la fiel compañera de Potter" –Leyó con tanto dolor que casi hubiera jurado que se le desgarraba la garganta al decirlo, el aroma a metal lo inundó, asqueado quiso huir, buscar a Hermione y alejarla de aquello, cuando un grito espantoso le llegó a los oídos y al volverse se topó con ella, con ella que dejó caer la varita y se llevó las manos a las sienes horrorizada. -¡Hermione! –Corrió hacia ella y la tomó por los hombros, pero no podía contenerla, ella se sacudía convulsa, con los ojos desorbitados, con el reflejo de aquella escena clavado en le retina como si se lo hubieran tatuado.

-¡Mamá! –La sintió correr, huir de sus manos para ir en pos de su madre, que yacía hecha pedazos; la sujetó con fuerza, la abrazó con el brazo izquierdo y con el derecho le tomó por la barbilla con violencia para obligarla a mirarlo. -¡No!... –Gritó tan estruendosamente que él cerró los ojos dolorido, intentó contenerla, pero la fuerza le salía del dolor; quería correr, tomar el cuerpo, llorar, pero él no quería dejarla, a fuerza comenzó a alejarla de la habitación, abajo, el ruido de las llamas cedía, Neville y Harry luchaban por apagar el fuego. -… ¡Papá! –El llanto la inundaba, intentaba golpearlo, correr, mirar a su padre al menos una vez, aunque fuera destrozado, aunque ya no quedara nada.

-¡Hermione mírame! –Gritó desesperado, sintiendo su temblor, sintiendo su dolor, sabiendo que ella de a poco se moría como aquellos cuerpos lo habían hecho; Hermione se le estaba muriendo en los brazos, lo notaba en el sudor frío, en el llanto y la desesperación. -¡Por favor mírame! –Le pidió haciéndola, a fuerza de apretones, que volviera el rostro, pero ella actuaba como un niño perdido, buscaba alrededor algo vivo, algo que no tuviera sangre; pero era imposible, todo estaba lleno.

-¡Noooooo! –Soltó de golpe, con tanta angustia por lo que veía, con tanto sufrimiento y desconsuelo que estalló, como cuando niña, como cuando no se sabe controlar la magia, estalló haciendo que Ron saliera disparado contra un armario y un espejo; el pelirrojo terminó en el suelo, con el cuerpo herido por doquier, lleno de su sangre y de la de ellos, que yacían hechos trizas; atontado por el golpe tardó unos segundos en enfocar de nuevo la mirada, cuando lo hizo, su mano, apoyada en el suelo estaba cerca de algo que reconoció como un trozo de pierna, o quizá de brazo; volvió la cara a Hermione, buscándola, en un rincón, cerca de una ventana, ella estaba sentada con algo envuelto en sus brazos, meciéndose.

-Ron… -La voz de Harry sonó en la puerta, pero al entrar y ver aquello se volvió de golpe y abrazó a Ginny contra el muro para que no mirara, la pelirroja al ver al menos un poco soltó un grito agudo que llenó la habitación; Ron se ponía de pie, mientras Luna y Neville más repuestos entraban por el pasillo, la primera palideció con la escena y cayó de rodillas, prendida con sus dedos delgados al pantalón de Neville quien se acuclilló a su lado y le cubrió el rostro; Ron caminó lentamente hacia Hermione, y lo vio, ella apresaba entre sus brazos la mitad del cuerpo de su madre, al que le faltaban las piernas, mientras cerca, en el suelo, el cuerpo de su padre, quemado y torturado lucía horriblemente.

-Hermione… -Llamó con el nudo en la garganta.

-Rojo… todo es rojo… -Susurró ella con la mirada perdida, Ron se arrodilló a su lado y le pasó la mano por la frente, ella no sentía ya nada, él lloró desconsolado mirándola. -… está todo rojo.

-Hermione… mírame. –Pidió en un susurro ronco, pero ella no entendía, ahora Hermione Granger, la que sabía de todo, ya sólo conocía una cosa: la sangre es roja.