Su piel clara, sus músculos marcados, sus rasgos finos, su pelo claro y sus ojos grises son lo que llamaron mi atención de ese chico que trotaba por la playa, era digno de una escena de una película y yo no pude evitar comérmelo con la vista. Estaba en la playa de Brasil tomando sol y como reflejo no pude evitar pararme e ir caminando hacia donde estaba trotando él causando que chocáramos.

- Lo siento, no te vi – se disculpó el chico, aunque quien tenía la culpa era yo. SU vos era suave y relajante y tenía un perfume riquísimo, que nubló todos mis sentidos, por lo que me quedé frente a él completamente muda. - ¿Estás bien? – Me preguntó dudoso, gracias a los genes de mi papá me puse tan colorada como mi pelo.

- Sí, estoy bien – murmuré. Él sonrió de manera dulce mostrándome sus dientes blancos.

- Soy Max, ¿vos sos…?

- Rose - respondí con vos temblorosa, necesitaba controlarme si no quería hacer mas papelones.

- ¿queres sentarte? – él se sentó en la arena y me indicó un lugar a su lado.

Tímidamente me senté junto a y lo miré, nunca me había puesto a charlar con un muggle pero él era simpático y lo más seguro es que no lo volviera a ver ya que mañana me volvería a mi hogar para prepararme y poder comenzar sexto año en Hogwarts.

- Entonces… ¿acostumbras a chocarte con extraños? – le pregunté sonriendo, la idea de que nunca más sabría de él me dio mucho valor. Él rió nuevamente antes de responderme.

- no, sólo con las chicas bonitas - ¿cómo podía haber hecho para que con sólo unas palabras mi corazón se acelere y me cueste respirar? Capas que hijo de un a veela como la tía Fleur. Le sonreí, algo que no podía dejar de hacer, y traté de controlar mi respiración.

- ¿eso te funciona cuando queres conquistar a una chica? – no pensaba demostrarle tan rápido que estaba muerta por él.

- decímelo vos – Me respondió acercando su rostro al mío, pero sin llegar a tocarnos.

- sos muy creído – le reproché pero no logre que sonara mal y más bien parecía un cumplido.

- y vos muy terca – su sonrisa era inmovible y aún no se había alejado de mi, aunque no me molestaba mucho que digamos, simplemente trataba de mantener mi vista en sus ojos y no pasarla a sus labios.

- ¿por qué? – sabía que era terca todos me lo decían, pero no entendía porque Max ya podía saberlo, ¡a penas habíamos hablado! Soltó una carcajada mientras movía la cabeza de un lado a otro de manera hipnotizaste acercándose cada vez más a mi rostro hasta que sentí su aliento contra mi cara y el rose de sus labios cuando habló, yo ya tenía los ojos entrecerrados y la boca entreabierta mientras mi pecho subía y bajaba acelerado.

- porque no queres aceptar que te gusto – en cuanto dejé de hablar sus labios se apretaron firmemente contra los míos moldeándose a la perfección.

Su beso era dulce pero desesperado, como si quisiera aprovechar cada segundo. Su lengua entró en mi boca y automáticamente le respondí, convirtiendo ese beso, en el mejor beso que jamás hubiese tenido.

No sé cuánto tiempo había pasado pero él tenía sus manos en mi cintura pegándome firmemente contra él y yo había enredado mis dedos en su pelo mientras el sol comenzaba a ocultarse. Cuando nos separamos para respirar y vi el crepúsculo me di cuenta que tenía que regresar si no quería que papá se apareciera junto a nosotros en cualquier momento, suspiré frustrada con la vista en el mar, me daba miedo mirarlo a él.

- tenés que irte – afirmó al ver mi expresión.

- sí, lo lamento – le respondí a pesar de que en realidad no me había preguntado nada – mañana me vuelvo a mi casa – le comenté sin saber que más decir, me había parecido lo correcto contárselo.

- yo también – no sabía que esperaba que me dijera, pero eso no. La tristeza me embargó al escuchar sus palabras, era increíble el poco tiempo que duraba con un chico, mi amiga Jessy tenía razón. Se puse de pie y me tendió la mano para ayudarme a que hiciera lo mismo, era increíble que después de haber estado besándonos, el simple tacto de su mano me hiciera estremecer. – Lograste que estas fueran las mejores vacaciones de mi vida – me susurró en el oído antes de darme un beso en la mejilla e irse con su imperturbable sonrisa. Lo vi alejarse mientras colocaba la palma de mi mano donde me había dado el beso, ese chico realmente era perfecto y dulce y aunque yo no era de las que se besaban con extraños, no me arrepentía de haberlo hecho. Él había tenido razón, estas habían sido las mejores vacaciones de mi vida.