¡Hola a todos!

Una nueva historia, esta vez, del universo Twilight. Esta es la traducción de la historia de Staci-Diane603, 'Underneath'

Pareja principal: Edward/Jacob Eso significa relaciones homosexuales, así que si no les agrada, pueden ir cambiando de página.

Todo pertenece a Stephanie Meyer, aunque el argumento de esta historia es de Staci-Diane603 y la traducción es mía.

Sólo nos entretenemos con unos personajes y unos lugares y unas vueltas imaginarias, sin ganar dinero alguno...

Que la disfruten tanto como yo...

Dulzura Letal.

Resumen: Jacob y Edward no se llevan nada bien. Pero, cuando le sucede algo trágico a Jacob, un enemigo común puede unirlos mucho más de lo que jamás hubiesen soñado...lo quieran o no.

.net/s/5560222/1/Underneath Denle una mirada al original inglés, es excelente.

Underneath: Prólogo

Fue el embriagador olor a sangre y a lobo lo que distrajo a Edward del libro que estaba leyendo y desvió su atención de la profunda respiración de Bella, que dormía en la cama, junto a él. Elevó la barbilla levemente y levantó la vista hacia la ventana abierta, observando la oscuridad, con todos sus sentidos en alerta.

Había percibido el olor a lobo con anterioridad, pero nunca el olor a sangre de lobo, y no pudo evitar que le resultara exquisito, incomparable. Era especiado, cálido, y lo hizo revolverse en su asiento e inclinarse ligeramente hacia la ventana, en un movimiento completamente involuntario.

El olor no venía de cerca. No estaba lo suficientemente cerca como para que Edward pudiera oír los pensamientos de la bestia, aunque sí podía saber sin error, que se trata de un hombre lobo; y era suficientemente intenso como para que notara que la herida debía ser bastante severa. Pero había algo más...algo más...una cualidad en el olor que erizaba el cabello de la nuca de Edward y le irritaba los nervios -usualmente controlados-, de una manera casi...familiar...

Y eso mismo, fue lo que unió los puntos y permitió que Edward se diera cuenta de a quién pertenecía la sangre: Jacob Black.

Casi en el mismo instante, Edward comenzó a sentir un dolor sordo en el pecho. Miró a Bella, que dormida, movió la cabeza, girándola levemente de modo que parte del cabello cayó sobre una mejilla. Edward imaginó esos mechones pegados a su piel por las lágrimas, cuando se enterara de que el hombre lobo fue herido. Suspiró, con impotencia y volvió a mirar por la ventana, mordiéndose el labio inferior.

Realmente, no había razón para despertar a Bella, y no había motivo para asumir que el hombre lobo estaba en problemas. Cierto que debía estar sangrando bastante, pero no había duda en la mente de Edward de que habría alguien ocupándose de él. Si estuviera demasiado herido como para que su habilidad de sanar rápidamente lo salvara, de seguro, el resto de la manada lo buscaría y le procurarían atención médica. Bella le había mencionado que los miembros de la manada podían escuchar sus pensamientos entre ellos cuando estaban transformados en lobos. La manada del chico lo encontrará, lo cuidará y Bella nunca se enterará de nada.

Edward asintió para sí mismo, casi imperceptiblemente y volvió a concentrarse en su libro.

Pasaron tres minutos; el dolor en el pecho se le hizo casi insoportable, comenzó a ponerse nervioso, y sus pensamientos regresaron hacia el hombre lobo. ¿Y si no se hallaba en su forma de lobo? ¿Y si la manada no tenía idea de que él yacía, herido, y de que era posible que estuviera muriendo, solo, en el bosque?

Edward suspiró, pensó en lo agradable que sería no tener que preocuparse por Bella y ese horrible hombre lobo. ¡Qué agradable sería no tener que preocuparse por Jacob Black! Luego se sintió culpable por ello, y se levantó de la cama, lenta y grácilmente. A veces, no con frecuencia, sólo a veces, Edward desearía ser un monstruo menos responsable de lo que es.

Con una última mirada a Bella, dejó el cuarto; la única evidencia de que estuvo allí, fue el movimiento en las cortinas de la ventana.

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Encontró a Jacob Black a unas cuantas millas de la casa de Bella, lejos del sendero principal del bosque, entre dos enormes árboles y desparramado sobre un desastre de ramas rotas, hojas y raíces. El olor de su sangre era increíble, tan delicioso que Edward se tambaleó, y sólo el horror por el estado del hombre lobo evitó que cediera ante el increíble, increíble deseo de caer de rodillas y pegarse a una herida para beber, beber, y beber.

En ese momento, Jacob Black era Jacob Black, no estaba tranformado en lobo, aunque a juzgar por su cuerpo desnudo, lo había estado hasta no hacía mucho. Estaba acostado sobre su espalda; Edward vio que su muñeca izquierda estaba torcida de una forma irregular y el hueso aparecía, atravesándole la piel. Estaba cubierto de magullones que lucían como ébano en su piel rojiza, sangraba profusamente por dos heridas abiertas, -una en su abdomen, que iba curvándose desde el ombligo hasta el final de la espalda; la otra en el cuello, sobre el hueco justo bajo la nuez de Adán-. La otra mano se agarraba de la tierra con tanta fuerza que sus nudillos parecían blancos, su rostro pálido se retorcía de dolor y tenía los ojos fuertemente cerrados. Respiraciones superficiales y ruidosas burbujeaban en su pecho.

Edward se dejó caer de rodillas, a su lado, confundido, preocupado y disgustado; y con ese inexplicable dolor en el pecho que amenazaba con tragárselo.

Había un corte, sobre la ceja izquierda del chico, que sangraba lentamente, manchando de rojo el párpado. Incapaz de evitarlo, lo primero que tocó Edward fue ese corte.

Al instante, Jacob Black, -ahora sólo Jacob, porque cubierto de sangre y dolorido, la formalidad del apellido parecía innecesaria-, abrió los ojos, ahogó un grito y un sonido horrible le burbujeó en la garganta. La mano derecha se levantó de repente y Edward debió tomar aire cuando esa mano enorme, de hombre lobo, se cerró con rudeza alrededor de su antebrazo. No estaba acostumbrado a sentir esa fuerza; no estaba acostumbrado a que otros, que no fueran sus hermanos o su padre, pudieran lastimarlo. Sentir la mano de Jacob apretándole la muñeca con la suficiente fuerza como para dejarla amoratada, estremeció a Edward. Metafóricamente.

Luego, su atención fue absorbida completamente por los ojos del chico herido, negros y con un imposible brillo de dolor absoluto. -¡Cullen!- Jacob murmuró, con agresividad, pero con la voz quebrada y un ruido líquido en las entrañas.

-Sí-. Dijo Edward, sin saber qué más responder.

Jacob agarró el brazo de Edward con más fuerza y trató de levantar la cabeza, tragando saliva y sollozando lastimeramente al sentir que eso sacudía la herida del cuello. -Muertos-. Murmuró Jacob, y su voz se debilitó. -E-están tod...todos están muertos...todos están m-muertos-.

Y allí, las lágrimas se hicieron camino a través de la sangre y la suciedad de sus mejillas, y los extremos de la boca bajaron con dureza.

Edward tragó saliva, innecesariamente y sacudió la cabeza, buscando la mano de Jacob para cubrirla con la suya, no para quitarla, sino en un intento de ofrecerle algo de consuelo; a este chico, a este perro, al que difícilmente podía tolerar. Y entonces, su sentido común lo alcanzó. Jacob se estaba muriendo, sufría y se hallaba en verdadero peligro. Hombre lobo o no, era inaceptable dejarlo en este estado. Debía llevarlo hasta Carlisle.

Soltó la mano de Jacob y se agachó; pasó las manos bajo el cuerpo del hombre lobo, una bajo la espalda y otra bajo las rodillas. -¿Quién?- Preguntó, sólo para que Jacob siguiera hablando y se mantuviera consciente.

-Todos-. Sollozó Jacob. -Todos...no puedo oirlos más...no puedo...-Gimió y se movió en los brazos de Edward, cuando el vampiro lo levantó y lo acercó a su pecho. -Duele-. Acusó, y sus ojos afiebrados se entrecerraron mirando a Edward.

Edward sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco. -Lo sé- Dijo, moviéndose. Jacob era más pesado que Bella y más corpulento; era más difícil cargarlo, pero no afectaba demasiado su velocidad. -Vas a estar bien, Carlisle va a ayudarte.

Jacob no dijo nada, muy quieto y callado contra el pecho de Edward, y entibiándole la piel a través de la ropa, como una estufa.