Hola a todos,

No he muerto, con este capítulo espero despejar sospechas.

En estos días pondré en orden mi perfil, mis historias y subiré lo que tengo listo -no revisado-.

Empiezo aquí, con esta historia. La autora no solo la ha dejado inconclusa, sino que también ha borrado su perfil. Tengo un capítulo más, y luego quedaremos a la espera de que la termine o así quedará, en su incompleta existencia.

Un gran abrazo a todos, FF ha sido un solaz para mí en todos estos años, me ha acompañado y acariciado en momentos duros. Supongo que eso es algo que muchos de los que transitamos estas páginas tenemos en común.

Dulzura letal

Capítulo once: Anticipación y aprehensión

El tejido suave de la cicatriz de Jacob, sobre la ceja izquierda, era una línea blanca y anfractuosa, obscenamente visible sobre la piel oscura. Edward estiró la mano y la tocó, deslizando lenta y sensualmente la yema del dedo índice por el grueso tejido cicatrizal.

Jacob se movió en la cama, suspiró suavemente, tranquilizándose y superando la pesadilla que había atraído a Edward a su lado.

Edward volvió a repasar la cicatriz, esta vez con la punta de los dedos, índice y medio.

Jacob respondió con suavidad y abrió los ojos. No pareció sorprenderse al verlo, sin embargo, sus ojos seguían atemorizados. Levantó una mano, tomó el brazo de Edward, y apoyó la otra mano en el costado sobre la camisa -la palma se sintió increíblemente caliente-.

-Soñabas -dijo Edward, sin necesidad.

Jacob tragó saliva; su mano grande se aferró al costado de Edward y sus dedos se encajaron en los espacios entre las costillas.

-Te desperté -murmuró.

Edward negó con la cabeza. -No duermo, ¿te acuerdas? -Acunó la mejilla de Jacob y acarició la cicatriz con el pulgar.

-Te preocupé -corrigió Jacob, suave, adormilada y honestamente. Hacía tiempo que Edward no lo notaba tan honesto.

-Un poquito -aceptó-, solo vi algunas imágenes, a través de la conexión.

-Ayudó -dijo Jacob-, sentirte en mi cabeza. Soñaba con...

- ¿Con qué? -Presionó Edward.

Jacob cerró los ojos y se puso de lado. La mano que apoyaba sobre el costado de Edward se deslizó, le rodeó la cintura y se quedó allí, presionando delicadamente. Edward se acercó un poco más, dejó en su sitio la mano en la mejilla de Jacob y apoyó la otra en uno de los brazos del hombre lobo. Últimamente, Jacob no se mostraba muy receptivo a las caricias, pero en ese momento no le molestaban, para nada -Edward podía sentirlo a través del vínculo y de su lenguaje corporal, sus caricias y su presencia lo habían relajado-.

-Con perderte -respondió Jacob, por fin, tan suavemente que Edward apenas pudo oírlo, y su pecho se apretó como si alguien le retorciera los pulmones-.

-Aquí estoy –dijo el vampiro-, no vas a perderme.

Jacob no dijo nada, solo siguió mirándolo con esa mirada oscura, sabia más allá de sus años.

Edward luchó contra el deseo urgente de besarlo. -Deberías tratar de dormir.

Jacob parpadeó y su mano no se movió de la espalda de Edward. -Quédate.

-Seguro.

No era mucho, pero era suficiente, por ahora. Edward se quitó los zapatos y subió las piernas a la cama. Jacob se movió para hacerle espacio y sus manos se alejaron. La súbita falta de contacto llenó a Edward con un anhelo casi desesperado; se apoyó en el respaldo de la cama y Jacob permaneció de costado hacia él, con cabeza sobre la almohada y la frente rozando una de las presillas del vaquero.

El vampiro sintió el aliento cálido sobre la cadera. El sueño debió aterrorizar a Jacob, porque todavía se sentía un dolor residual a través del vínculo.

-Edward -dijo Jacob. Edward se estremeció al oír su nombre en esa voz ronca.

- ¿Mm?

-Puedes escuchar mis pensamientos.

Edward levantó una ceja. -Sí.

- ¿Es distinto, ahora que estamos conectados?

Edward tragó y apoyó ambas palmas contra sus muslos - ¡qué difícil era no estirar las manos y tocarlo! -.

-Sí, puedo escuchar tus pensamientos, pero ahora no necesito tocarte para verlos. Al parecer esa habilidad está relacionada directamente con nuestro vínculo, y tú puedes manejarla, puedes impedirme ver o escuchar lo que quieras.

Jacob suspiró, un sonido dolorosamente dulce. -Yo también puedo escuchar tus pensamientos.

Edward se quedó de piedra, no era como si no se hubiera dado cuenta, pero escuchar la confirmación le resultó desconcertante y lo descolocó. Últimamente había pensado tanto, más que lo usual, y en cosas que no hubiese querido compartir con nadie. -Ah -fue lo único que pudo decir.

-Yo no.…-dijo Jacob-, no me puse a escucharlos. Sé que tú no querrías que lo hiciera y puedo controlarlo, pero a veces piensas para mí...

Edward frunció el ceño. 'Sí, pero nunca me respondes' – pensó, dirigiéndose mentalmente a Jacob.

'Pero podría' -Respondió Jacob.

Edward inhaló…eso era...Dios, no tenía palabras: era perfecto e incorrecto, era bueno y malo, asombroso e increíble, doloroso y glorioso y mil veces paradójico. Era una injusticia. Era todo eso. Se humedeció los labios y aclaró la garganta.

-Deberías dormir.

-Sí -murmuró Jacob, soñoliento-. Buenas noches.

'Buenas noches,' pensó Edward.

xrxrxrxrxrxrxrxrxrxrx

Carlisle parecía muy serio, sentado detrás del escritorio de su oficina. Jacob y Edward se sentaron en dos sillas, frente a él. El aspecto solemne de Carlisle hacía que Jacob se sintiera como si estuviera frente al director de la escuela, con todo y la sensación de que había hecho algo malo.

- ¿Quería vernos, señor? -Preguntó, secamente.

La boca de Edward se curvó en una pequeña sonrisa y Jacob sintió una sutil ola de diversión. Carlisle puso los ojos en blanco y sonrió, ayudando a romper la tensión.

-En una semana saldremos rumbo a Italia -dijo Carlisle-, y quiero asegurarme de que ustedes, los dos, estén preparados.

La tranquilidad de la habitación se evaporó. Jacob se tensó, excitado y preocupado por el viaje a Volterra; se enderezó en la silla y observó con cuidado a Carlisle.

-Bueno -dijo.

Carlisle lo estudió por un momento. -Sé que los demás te han relatado brevemente la historia de los Volturi, así que no voy a entrar en ella, sino en cómo se espera que te comportes.

Jacob se removió en el asiento. - ¿Por qué? Puedo portarme bien.

Edward resopló, burlándose. Jacob le dio un pisotón y Carlisle los señaló a ambos con la mano. - ¡Ey, esto es serio! Lo que pienses de los Volturi es irrelevante; desafortunadamente, esa es la verdad. Durante tres mil años se han acostumbrado a ser los reyes del mundo y nadie hará que cambien de opinión. Por la seguridad de todos nosotros, necesito que te comportes cuando estés allí.

Jacob frunció el ceño y luchó contra la irritación. No era un niño, podía comportarse; además, él había pedido la ayuda de Carlisle con los Volturi, así que más le valía escucharlo. -Sí, seguro -concedió-, dispara.

Carlisle juntó las manos al frente, sobre el escritorio. -Aro es telépata, es infinitamente poderoso...es más poderoso que Edward, y será capaz de ver todos los pensamientos que hayas tenido alguna vez.

-Eso oí -murmuró Jacob, incómodo. No deseaba conocer a Aro, para nada-. ¿Va a querer leer mi mente?

-Ah, sí -asintió Carlisle-, sin dudas. Y tú se lo vas a permitir.

Jacob asintió -Muy bien.

Carlisle continuó. -No trates de esconder que eres un hombre lobo. Todos lo sabrán, podrán olerte apenas entres a la ciudad.

Jacob frunció el ceño y se hundió un poco más en la silla. '¿En verdad huelo tan mal para ustedes?' Preguntó mentalmente a Edward.

Edward lo miró por el rabillo del ojo, la habilidad de conversar mentalmente era relativamente nueva y él no se hallaba del todo cómodo con ella, Jacob lo sabía. De todos modos, respondió a la pregunta, 'No es un mal olor, sino muy notorio y no es agradable. Hueles a especias, es tan fuerte que parece químico. No hueles a perro doméstico, si es lo que te preocupa.'

Carlisle, sin tener idea de la conversación mental que llevaban, continuó. -Caius es otro de los tres, el segundo de Aro. Una vez, tuvo una experiencia horrible con hombres lobo. No eran cambia-formas, como tú y tu manada; ellos eran personas mordidas por hombres lobo que, esencialmente, enloquecieron. Si te interesa, después puedo contarte más, pero lo importante es que tú no eres uno de ellos y debemos aclarárselo muy bien, pues ya de por sí no le agradamos, él opina que Aro nos trata de un modo especial.

Jacob elevó una ceja. - ¿Es cierto?

Carlisle sonrió. -Sí, pero será mejor que no lo admitamos.

Jacob asintió. -Bien por mí, ¿qué más?

-Van a menospreciarte, Jacob. Estoy seguro de que será un maltrato significativo, pero tienes que dominar esa irritación desde ahora. No puedo asegurártelo, pero creo que existe la posibilidad real de que te consideren menos que un humano. Puede que no te hablen a ti, directamente, casi afirmaría que Caius no lo hará…Tal vez, Aro se dirija a ti, él no es tan predecible. En cualquier caso, deberás estar atento, si se dirigen a ti, contesta rápidamente y con la verdad. Si eligen hablarte por intermedio de uno de nosotros, puedes dejar que sea Edward quien dé tus respuestas y hable por ti.

- ¿Van a tratarme como a un perro, entonces? -Se quejó Jacob.

Carlisle le sonrió con simpatía. -Son rígidos en sus modos...y en su complejo de superioridad; dudo que cambien.

Jacob suspiró y se esforzó en no alterarse; respiró hondo. -Muy bien. Bien, trataré de superar eso antes de que partamos.

-Van a preguntar por Bella -dijo Carlisle, suavemente. Ambos, Jacob y Edward dieron un respingo. La pena de Edward se sintió en la conexión; sin pensarlo, Jacob le tomó la muñeca para ofrecerle un poco de consuelo. No se dio cuenta de que lo hizo hasta el momento en que sintió la sorpresa de Edward y lo soltó. No miró al vampiro, mantuvo la vista fija en Carlisle.

-Yo responderé esas preguntas. Ustedes quédense callados, yo discutiré el tema en privado, con Aro; él ya lo sabe, pero no es de los que dejan pasar una oportunidad para discutir asuntos incómodos en público. Lo va a sacar a la luz y los va a interrogar a ambos, directamente. No le contesten. Yo me haré cargo.

Jacob tragó saliva y asintió -no habían mencionado a Bella desde que se fue, era un tema doloroso para todos-; sintió que una corriente helada de culpa y dolor se asentaba en su estómago. Le parecía bien que Carlisle se ocupara, por supuesto que él no quería ni hablar del asunto.

Los pensamientos de Edward se oscurecieron y acallaron. Jacob trató de darle un mínimo de privacidad, pero no saber cuáles eran los sentimientos de Edward por Bella tensaba aún más sus nervios agotados. Hizo su mejor esfuerzo por ignorar todo eso, empujó sus celos dentro de la caja, en su mente, y la cerró con fuerza.

Carlisle les concedió un momento y luego siguió con sus reglas.

-No sé qué es lo que esperas, Jacob, pero los Volturi y su guardia son bastante provocadores. No importa qué hagan, debes controlarte. Sin dudas, algunos tratarán de molestarte, probablemente Jane y Alec; pero tienes que controlar tu enojo, deja que Edward te ayude, si es posible. No dejes que te domine la ira. Si ellos te piden que te transformes, hazlo, pero no dejes que suceda espontáneamente a causa de tu ira.

-Muy bien -dijo Jacob, con más seguridad de la que sentía. Era lo suficientemente maduro como para reconocer que el autocontrol no era su fuerte. La preocupación debió fluir por el vínculo porque, como un bálsamo, le llegó una suave ola de tranquilidad desde Edward –se sintió increíblemente bien-.

De inmediato, Jacob cerró su lado del vínculo y no dejó que pasara nada más. Permitir algo tan íntimo entre ellos era peligroso; apenas si podía mantenerse cuerdo en su estado actual. De todos modos, no pudo cerrar completamente la conexión; Edward se sobresaltó y la culpa inundó a Jacob –con fuerza, se sobrepuso y la ignoró; él no tenía tiempo para eso-.

Carlisle los observó, un largo rato.

Jacob presintió que lo que seguiría, era la verdadera razón de esta charla. El silencio se extendió un poco más, hasta que el doctor volvió a hablar.

-El tercer miembro de los Volturi, es Marcus.

-Sí -dijo Jacob-, nadie dice nada sobre él. ¿Por qué?

-Hace muchos años, pasó algo que lo cambió significativamente. No es mi historia, así que no la contaré, pero si diré que él habla casi exclusivamente con Aro, y no en voz alta. Lo que tiene que importarte a ti, es que tiene un don. Él ve las conexiones entre las personas, sus relaciones.

Jacob se quedó helado, no le gustó cómo sonó eso. - ¿Perdón?

Carlisle lo miró fijo, pero con cariño. -Él podrá sentir el vínculo que ustedes comparten, con toda su complejidad.

-Mierda -murmuró Jacob, suavemente. Este estúpido y jodido vínculo. No podía escaparse de él -tampoco estaba seguro de querer hacerlo-. Miró a Edward, pero el vampiro miraba hacia la pared, por sobre la cabeza de Carlisle, y su mente permanecía en silencio.

-El don de Marcus es extraordinariamente poderoso, así que intentar esconder algo es inútil y le daría una terrible primera impresión. Mi consejo es que ustedes aprendan todo lo que puedan sobre la conexión y se esmeren en controlarla.

Jacob resopló, malhumorado, y cruzó los brazos sobre el pecho. - ¿Cómo controlarla? La maldita cosa tiene mente propia.

-Y eso la convierte en la parte más vulnerable de ambos -afirmó Carlisle-. No estoy seguro de qué aconsejarles, pues nunca conocí nada parecido, pero deberían esforzarse en aprender a controlarla, a explorarla, juntos. Lo que sea que signifique, para cada uno y para los dos, cuanto más sepan del vínculo, más seguros estarán.

Jacob estaba de acuerdo, esta conexión era una molestia, como mínimo, y no quería explorarla. El vínculo lo llamaba, seduciéndolo, y le reprochaba la mentira. Jacob lo ignoraba; lo había estado ignorando por semanas. Pero, necesitaba a los Volturi, necesitaba que este viaje saliera bien, y si para lograrlo tenía que controlar al maldito vínculo, lo haría. -Sí -dijo a Carlisle-, podremos hacerlo.

Edward lo miró y Jacob fingió no darse cuenta.

Carlisle los observó a ambos y asintió. -Bien, entonces, si se me ocurre algo más, se los haré saber. Una vez que estemos allí, nos guiaremos por instinto, mayormente. La preparación que tienes, probablemente sea toda que puedas lograr.

-Gracias -dijo Jacob, honestamente, y se puso de pie-. De veras, gracias, trataré de no ocasionar problemas.

Carlisle le sonrió. -Eres parte de la familia, Jacob. Nosotros nos cuidamos unos a otros.

Incómodo y con humildad, Jacob agachó la cabeza. Sintió, más que escuchó, cuando Edward también se levantó; se dispuso a seguirlo, pero Carlisle lo detuvo. -Jacob, quédate un momento.

Jacob y Edward se miraron. El vampiro levantó una ceja, Jacob se encogió de hombros. -Seguro.

Edward salió. Jacob esperó hasta escuchar que llegaba a la planta baja, luego se volvió hacia Carlisle -que lucía muy serio, otra vez-.

-Asumo que Edward te dijo todo lo que recuerda sobre Adlai.

El nombre hizo que Jacob cerrara los puños. -Sí.

Carlisle asintió. -Eres la única persona a la que se lo contó, además de mí y de Esme. Los Volturi lo saben, y la razón es porque ellos nos ayudaron a salvarlo. El resto de la familia no sabe nada. Sé que has pasado por un infierno, pero ten en mente que todo esto está sumergiendo a Edward, de nuevo, en un pasado horrible que trató de olvidar durante los últimos ochenta años. Trata de respetarlo.

Jacob lo comprendía, realmente, y la parte de su ser que se sentía salvajemente protectora de Edward hizo que se enderezara y prometiera: -Lo haré -dijo. Más que nada, lo haré.

Dolía, dolía mucho la certeza de su promesa.

Respiró hondo y salió de la oficina de Carlisle. Edward había desaparecido. De mala gana, como siempre que tenía que recurrir al vínculo en su mente, Jacob tanteó su ubicación. La conexión se sintió demasiado incompleta como para darle una ubicación exacta y reaccionó con enojo. Frunció el ceño, dio tres pasos hacia la escalera cuando escuchó la música, Edward estaba en su cuarto, tocando el piano.

Jacob giró sobre sus talones y caminó por el pasillo. La puerta del cuarto de Jasper estaba abierta, él se hallaba acostado, con Alice acurrucada entre sus brazos. Miraban una película.

Jacob no pudo evitar quedarse mirándolos. Ambos lo notaron al mismo tiempo. Jasper le guiñó un ojo, Alice sonrió y Jacob los miró enojado, antes de darles la espalda y golpear la puerta de Edward. No estaba cerrada del todo, la fuerza del golpe la abrió. Jacob entró y la cerró firmemente.

Edward no se movió ni le prestó atención. Lucía muy elegante, sentado al piano, con la espalda derecha y sus manos perfectas moviéndose sobre las teclas, como si fueran una extensión de él mismo. Jacob lo rodeó y se sentó al pie de la cama, quería hablar con Edward, pero aún más, quería seguir escuchando. La canción era muy bella, parecía hechizarlo, como si cada nota entrara por sus poros y se abriera camino hacia su sangre –y, por alguna razón que no comprendía, lo hacía sentir culpable-.

Edward lo miró a los ojos, Jacob no pudo evitar la mirada y la canción terminó con un golpe sordo de notas, sin armonía. El hechizo se rompió.

Edward parecía cansado.

- ¿Qué necesitas? -Preguntó, claramente.

Jacob frunció el ceño, Edward estaba siendo especialmente antisocial; eso fue 'apúrate y sal de aquí'.

-Supuse que podríamos practicar.

- ¿Practicar qué?

-Tú sabes -dijo Jacob-, con el vínculo. Practicar y aprender a controlarlo.

Edward lo miró un largo rato, luego negó. -No.

Jacob entreabrió los labios y se quedó mirándolo fijo, molesto. - ¿Qué?

-No.

-Pero, Carlisle...

-Sé lo que dijo Carlisle -replicó Edward, con voz calma, pero con una expresión contraída, con los dientes tan apretados que debían dolerle. Jacob sintió una oleada de preocupación, pero Edward continuó-. Pero no puedo.

Jacob levantó una ceja. - ¿Qué quiere decir que no puedes? ¡Por supuesto que puedes! No es tan difícil, puedo enseñarte algunos trucos para aplacarlo. Es decir, tendremos que manipularlo, pero todavía tenemos una semana.

-Jacob -dijo Edward, serio, en un tono que no admitía discusión-, esta vez no voy a ayudarte.

- ¿Por qué no? -Preguntó Jacob, furioso -el enojo siempre le resultaba fácil, como una costumbre segura-. Escuchaste lo que nos dijo Carlisle.

-Porque no puedo -respondió, con calma.

-No quieres -gruñó Jacob-. ¿Por qué mierda no quieres? ¡Tenemos que controlarlo! Los Volturi tienen que escucharme, ¡necesitamos todas las ventajas que podamos conseguir! ¡Estás siendo un jodido ridículo!

-Jacob.

- ¿De qué se trata, de lo que dijo sobre Bella? Te dije que lo siento y así es. Jamás quise lastimarte.

-No tiene nada que ver con Bella.

- ¿Entonces, con qué tiene que ver? ¡Creí que ibas a ayudarme! ¡Dijiste…!

- ¡Jacob! -Gritó Edward.

Era la primera vez que Jacob oía gritar a Edward y amedrentaba un poco tener toda esa intensidad dirigida hacia él. Edward estaba enojado, Jacob lo sentía, pero había algo más.

- ¿Qué pasa contigo? -Preguntó, enojado y preocupado en partes iguales.

Pregunta equivocada. Edward se enfureció aún más. Parecía sufrir. -No sabes lo que estás pidiéndome -dijo el vampiro, en un tono cuidadosamente controlado-. Te sientas aquí y me pides que manipule esta...esta cosa en mi mente, como si no me doliera. No quieres esta conexión que tenemos, lo entiendo, pero yo sí, y me está costando muchísimo no darme por vencido.

-Edward.

-Nunca tuve a alguien en mi cabeza, nunca. Ahora estás tú, y puedes escuchar todo y ver todo, y te quiero tanto y no puedo sacarte de mí...y tampoco lo quiero. Cargas un peso enorme, lo sé, y no quiero ser un peso más, pero no puedo...-se interrumpió, como si el dolor que sentía fuera insoportable. Trató de recobrarse y hallar nuevamente su voz-. No puedo tocar y manipular este vínculo como tú. Me duele. Como estamos ahora, me duele físicamente cuando no estoy contigo, y si empezamos a manipularlo, dándole más certeza de la que le hemos dado hasta ahora, solo para controlarlo...y no dejamos que llegue a ser lo que debería ser...No puedo.

-Edward -murmuró Jacob, con la culpa inundándole el pecho, porque sabía de qué hablaba Edward, lo sabía con exactitud. Dolía. Él quería a Edward tanto como Edward lo quería a él, pero tampoco podía dejar que esa conexión creciera. No tenía tiempo para eso, no podía; era peligroso.

-Haré todo por ti -dijo Edward-, cualquier cosa, menos eso. No dejaré que te lastimen, moriré antes de dejarlos que te toquen, pero no puedo dedicarme más al vínculo y permanecer cuerdo, a menos...

Jacob se humedeció los labios y se inclinó hacia adelante. - ¿A menos qué? -Susurró.

Edward le sonrió -una sonrisa pequeña que le rompió el corazón-.

-A menos que cambies de opinión.

Jacob no fingió no darse cuenta de qué hablaba Edward. -No puedo.

Edward asintió. -Ya lo sé.

Se quedaron en silencio, hasta que Jacob se puso de pie para salir del cuarto. La voz de Edward lo detuvo, en la puerta. - ¿Jacob?

- ¿Sí?

- ¿A ti también te duele?

-No -dijo Jacob. Una mentira obvia, que Edward no discutió.

Sin más, Jacob dejó la habitación.

xrxrxrxrxrxrxrxrxrxrx

Los siguientes seis días, Edward y Jacob los pasaron separados. No hablaron para nada, ni en voz alta ni a través del vínculo que compartían. Edward no podría asegurar si él evitaba a Jacob, o Jacob lo evitaba a él, y tampoco quería saberlo con exactitud. Fingía que así estaban mejor, que ese era el modo de evitar la tentación, pero no era cierto. Podía sentirlo suavemente, a lo lejos, y el vínculo reaccionaba con un terrible enojo y con mucho dolor. Hacía décadas que no sabía lo que era sentir un dolor de cabeza, hasta ahora, porque el que tenía, no menguaba.

No tenía idea de quién se estaba encargando de acompañar a Jacob al bosque, una vez al día, para que pudiera cambiar de forma; asumía que era Jasper, el más rápido de los demás, pero no preguntaba –y tampoco quería saberlo-. Pasaba el tiempo en su cuarto, contando las horas que faltaban para la partida hacia Italia. Mentalmente, Edward era un desastre, y bien consciente de ello. Se sentía exhausto, abrumado, lastimado; todo su cuerpo le dolía constantemente, pero el ojo de la tormenta era su vínculo mental.

Durante las últimas dos horas había intentado leer un libro, pero no había podido pasar la página ni recordar nada de lo leído. Estaba intranquilo, desconcentrado; consumido. Alguien golpeó la puerta. Edward se tensó, aprehensivo, y cuando Emmett asomó la cabeza, exhaló con fuerza.

-Emmett –dijo, con evidente alivio.

Emmett sonrió ampliamente, entró y cerró la puerta. Sacó el banco del piano y se sentó junto a la cama. –Hola.

Edward puso los ojos en blanco y respondió. –Hola.

- ¿Cómo estás?

-Bien.

Emmett asintió, aunque sabía que Edward mentía.

Edward lo observó, frunciendo el ceño, pues él era el que mejor resguardaba sus pensamientos –con excepción de Jasper-, y eso le resultaba increíblemente frustrante. La expresión de Emmett era tranquila, calma, tal vez un tanto traviesa, pero así era él. Edward abrió la boca para preguntarle qué quería, pero Emmett le ganó de mano.

-Jake y yo estamos armando un auto.

-Ah… ¿sí? –Preguntó, sin intención de que su tono de voz sonara tan hostil, pero le era muy difícil esconder los celos cuando se sentía tan mal. Emmett se había ganado a Jacob desde el principio, sin siquiera tener que intentarlo. Le gustaban los autos, la lucha, las películas malas, y compartía el sentido del humor de Jacob.

En los últimos meses, Jacob pasaba la mayor parte del tiempo con Edward, pero cuando no estaba con él, o solo, generalmente estaba con Emmett.

Durante la última semana, habían pasado juntos casi todo el tiempo que Jacob estuvo despierto: trabajando en los autos, practicando lucha o haciendo lo que fuera que hacían. Edward había hecho todo lo posible para ignorarlo, sabía que era irracional que sintiera celos, sin embargo, eso no significaba que no los sintiera.

-Sí -respondió Emmett, con una amplia sonrisa-, desde cero.

Edward sabía que Emmett quería que le preguntara qué tipo de auto, cuán avanzados estaban en el armado, pero estaba lo suficientemente al borde como para mostrarse vengativo, así que cambió el tema completamente. - ¿Tú lo acompañas todas las mañanas al claro del bosque?

Emmett hizo una mueca. -No. Creo que es Jasper quien lo acompaña cuando está en forma de lobo, pero se quedan cerca de la casa, no van a donde va contigo.

Edward se enderezó contra el respaldo de la cama. - ¿Por qué no?

Emmett se encogió de hombros, con una expresión casualmente ensayada, pero que llevó a Edward a pensar que esa era la verdadera motivación detrás de la visita de Emmett. –No lo sé; tal vez no quiera ir allí con alguien que no seas tú.

Se quedó mirándolo con una expresión obvia. Edward suspiró. –Qué sutil.

Emmett sonrió aún más ampliamente. –Es un don –dijo.

-Emmett -empezó Edward, pero Emmett lo interrumpió.

-Es un idiota.

-No lo es. Está pasando por algo horrible, todavía está de luto y quiere vengarse…y no quiere el vínculo que compartimos.

-Tú también eres un idiota –replicó Emmett-, pero él es el que está causando todo el… ¿cómo llamarlo? ¿Dolor? A veces, Jasper es un inútil describiendo sentimientos. Como sea, la culpa es de Jake, no tuya.

-Emmett.

-Supuse que necesitabas saberlo, porque te pones en mártir y probablemente estés aquí, encerrado, culpándote y flagelándote.

-Yo no soy un-

-Lo entiendo. Yo pasé por eso, pero no eres tú el equivocado. Es él. Jasper dice que él te ama.

-Ya sé que él-

-Entiendo que está pasando por una gran mierda, que todo eso es muy reciente y que todavía lo hace mierda.

-Él todavía-

-pero negarse a reconocer que son una pareja es ridículo, y peligroso…y creo que él lo sabe, y se miente a sí mismo.

-Es bueno con-

-Como sea –dijo Emmett-.

Edward lo miró con molestia, pero Emmett lo ignoró. –Como sea, tú te encierras aquí y él se mantiene ocupado para no pensar. Los dos son unos estúpidos, pero él se lleva la medalla de oro, ¿sabes? No tomo partido, solo relato los hechos. No dejes que te maltrate porque le tienes lástima.

Edward lo miró fijo por un rato, luego sus labios formaron una sonrisa leve.

-Gracias.

Emmett se puso de pie y sonrió; no devolvió el banco a su lugar junto al piano, lo dejó en el medio del cuarto y salió. Edward suspiró, dejó el libro a un lado y miró la hora. La una de la madrugada. Faltaban siete horas para que saliera el vuelo.

Jacob, pensó.

Jacob no respondió y Edward cerró los ojos.

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Rosalie volvió a controlar todo lo que había empacado. Llevaba tres valijas con sus cosas y sabía que los demás iban a molestarse, pero no tenía idea de cuánto tiempo iban a estar en Italia. Además, le gustaban sus cosas, y la valija número tres era compartida con Alice, llevaba sus elementos de higiene, sus productos para el cabello, sus cosméticos. Cerró las dos valijas que había apoyado sobre la cama, iba a cerrar la tercera cuando un par de brazos fuertes le rodearon la cintura y la levantaron, haciéndola girar en el aire. Sonrió, trató de ponerse seria y reprenderlo cuando Emmet volvió a apoyarla sobre sus pies, pero él ni se inmutó.

- ¿Tienes todo empacado?

Rosalie lo miró con arrogancia. –Sí, y si falta algo, iré de compras una vez que estemos allí.

-Por supuesto –dijo él, rodeándole la cintura. Rosalie se paró en puntas de pie y lo besó. Emmet sonrió y ella no pudo evitar darle un beso en el hoyuelo de una mejilla.

- ¿Todos están listos?

-Casi todos –la sonrisa de Emmett se convirtió, de pronto, en una sonrisa traviesa-. Probablemente, Jake va a poner el grito en el cielo.

Rosalie levantó una ceja inquisitiva. - ¿Por qué, si él quiso ir, en primer lugar?

La expresión burlona de Emmett se hizo más pronunciada, porque la voz ultrajada de Jacob se oyó desde la planta baja. - ¿¡Un perro lazarillo!?

Rosalie se quedó sin palabras y Emmett rio con ganas. Rápidamente, Rosalie cerró la tercera valija y la levantó. Emmett tomó las otras dos. –Vamos –dijo ella, alegremente-, no me quiero perder el espectáculo.

Abajo, encontraron a todos reunidos en la sala, excepto Jacob, que estaba parado en el vestíbulo con los puños apretados y furioso. Rosalie acomodó el equipaje junto a la puerta principal. Jacob giró, buscándola y ella lo miró burlona.

- ¿Fue tu idea, no es cierto?

-No –admitió Rosalie, de mala gana-, pero me hubiese gustado que lo fuera.

Jacob le dio la espalda y se dirigió directamente a Carlisle. - ¿Por qué, no habías dicho que iríamos en un avión privado o algo así?

-El hangar está en el aeropuerto y tendremos que pasar por la aduana en Italia –respondió Carlisle-, además, se supone que estás muerto.

-Entonces, ¿por qué no conseguimos una identidad falsa?

-Prefiero que nos mantengamos dentro de la ley, en lo posible. Hay leyes estrictas contra la falsificación de pasaportes, y es menos clara en animales.

Jacob volvió a fruncir el ceño, esta vez a Carlisle. –Quieres meterme en un arnés y sujetarme con una correa.

-Tenemos el papeleo oficial listo –interrumpió Emmett-, y ya está todo registrado.

- ¿Cómo lo hicieron? –Preguntó Jacob, molesto.

Jasper, parado junto a Alice, cerca de la televisión, le sonrió. –Soy encantador.

Jacob puso los ojos en blanco. - ¿A ti es a quién se supone que voy a guiar?

-Ajá –dijo Jasper-, y no será mucho, solo en los aeropuertos. Puedes cambiar de forma en el avión y apenas lleguemos al hotel en Volterra.

-Soy casi tan alto como tú, en forma de lobo –gruñó Jacob.

-No exageres –dijo Rosalie-. Bueno, ¿vamos? Salimos en una hora y quiero ver al dulce Jacob bien sujeto.

Jacob le mostró los dientes, ella le sonrió suavemente y él desvió la mirada. Rosalie observó que miraba hacia el rincón de la sala donde Edward se hallaba, separado del resto. De pronto, la mayor parte de la tensión abandonó el cuerpo de Jacob.

Rosalie no supo si fue que Edward le dijo algo mentalmente o fue simplemente que la mirada de su pareja lo calmó; pero era probable que ni él lo supiera. El corazón de Rosalie dolió, no quería perderlos, a ninguno de los dos.

-Está bien –dijo Jacob, al fin -, denme un segundo, voy a buscar mi bolso.

-Ya está en el auto –dijo Esme-, solo falta el equipaje de Rosalie.

-Está bien –volvió a decir Jacob, dio la vuelta, se encaminó al baño al final del pasillo y cerró parcialmente la puerta. Rosalie lo observó, apoyada en Emmett, disfrutando de su cercanía. Segundos después, Jacob regresó: era un enorme lobo rojizo que, fácilmente, le llegaba hasta el pecho y tenía unos grandes ojos negros, hermosos y sabios. Trotó por el pasillo, con desusada gracia para una bestia de semejante tamaño, las garras sonaron ligeras sobre el piso. Era hermoso, también en forma humana era hermoso, pero el lobo tenía un aire majestuoso.

Rosalie no pudo evitar pensar en que el engaño fallaría, pues nunca había visto un perro de ese tamaño; aunque debía reconocer que Jasper era un actor maravilloso.

Jacob traía un ovillo de ropa en el hocico, lo que llevaba puesto esa mañana. Se acercó a Edward, la dejó caer a sus pies y lo miró. Edward la levantó y la guardó en la mochila.

Jasper tomó un grueso arnés negro para perros lazarillos y trató de acercarse, pero Jacob gruñó de un modo que sobresaltó a Rosalie y la obligó a esconder una sonrisa al ver que Jasper levantaba ambas manos en gesto de rendición.

Edward sacudió la cabeza, luchando por esconder su propia sonrisa, tomó el arnés y la correa, Jacob volvió a gruñir, irritado, pero le obedeció y se dejó sujetar, manteniendo la cabeza quieta mientras él le colocaba un collar alrededor del pescuezo. El efecto fue inmediato: antes, Jacob lucía salvaje e indomable, pero la presencia del collar y el arnés lo transformó en un animal completamente doméstico.

Edward se quedó en cuclillas, acarició el costado del lobo y el espacio entre las orejas, luego se paró. Rosalie no podía dejar de contemplarlos.

Carlisle se aclaró la garganta, Rosalie miró alrededor y notó las expresiones de toda la familia, ella no era la única que había sido golpeada por la imagen de Edward y su lobo.

-Vamos a llevarnos dos vehículos. Edward, tú, Jasper y Jacob llévense la camioneta que quieran, el resto, vamos en un auto –dijo Carlisle.

Edward ya estaba preparado, sacó las llaves del bolsillo y se encaminó al garaje.

El viaje al aeropuerto pasó sin inconvenientes; pero por más que Rosalie había tomado con buen humor la idea de Jacob como una mascota, era difícil mantenerlo, sabiendo hacia dónde se dirigían. Hacía mucho tiempo desde que había conocido a los Volturi, los había visto solo una vez y, honestamente, no recordaba mucho del encuentro. Había sido poco después de la transformación de Emmett, y había pasado la mayor parte de la visita con su nuevo compañero. Rosalie recordaba que Aro se había mostrado bastante agradable, aunque no del todo cuerdo. Con Marcus y Caius, ni siquiera había hablado, y los guardias de ese momento, no eran los actuales. Sin embargo, recordaba perfectamente el poder que rodeaba a los Volturi, un poder increíble, irrefutable; un poder que tenía el brillo de lo antiguo. Rosalie apretó la mano de Emmett, él le devolvió el apretón y le sonrió.

El avión privado se hallaba en un hangar alquilado, en el aeropuerto. Usualmente, en el área casi no había gente, pero para llegar hasta allí, debían dejar sus vehículos en el estacionamiento central y desplazarse hasta el lado opuesto de las instalaciones. Resultó electrizante caminar entre la gente con el lobo. Jacob atraía todas las miradas, y las expresiones iban desde el temor al asombro, pasando por la simpatía. Como esperaban, nadie dijo nada. Jasper se manejó perfectamente, sujetando la manija de metal que tenía el arnés, con sus ojos cubiertos por unos discretos anteojos oscuros, dejándose guiar por Jacob entre la gente.

Funcionó maravillosamente. En veinte minutos, sus equipajes estuvieron acomodados en el avión –amplio, lujoso, con asientos blancos de cuero-.

Rosalie se sentó en un sofá que se extendía a lo largo de una pared. Emmett se sentó frente a ella y Alice a su lado. Jasper tomó el asiento junto a Emmet. Carlisle y Esme se sentaron a ambos lados de una pequeña mesa en la mitad del avión. Todos permanecían muy silenciosos, más de lo habitual. Rosalie y Alice compartieron una mirada, Alice sonrió y los señaló: Edward y a Jacob seguían al lado de la puerta cerrada, Edward, arrodillado frente a Jacob, y el lobo concentrado, mirándolo. Era probable que hablaran, lo irritante era no poder entender lo que se decían.

Edward frunció el ceño y se encogió de hombros, luego acarició el pelaje alrededor del collar de Jacob.

-Bueno –dijo, y se puso de pie.

Jacob giró, rozó la pierna de Edward, trotó hasta el sofá y saltó, acomodándose entre Rosalie y Alice. Rosalie levantó una ceja, Alice sonrió y le hizo lugar al lobo.

Rosalie se volvió hacia Edward, no pudo leer la expresión de su rostro, pero vio cómo se quedaba un largo rato mirando a Jacob, luego se sentó frente a Esme, alrededor de la pequeña mesa.

Rosalie suspiró y miró a Jacob, sus ojos grandes y oscuros le devolvieron la mirada. Rosalie le tocó la nariz, húmeda y fría y Jacob la olfateó. ¡Estúpido perro! ¿quién se creía que era para tratar así a Edward?

Así y todo, Rosalie le acarició las orejas, mientras miraba por la ventana.

Ya estaban en camino. Los Volturi aguardaban.

Xxxxxxxxxxxxx Dulzura Letal, 29 de octubre de 2017 xxxxxxxxxxx