Hola, mi nombre es Ana María (lo cual no tiene nada que ver con que el nombre verdadero de una tal Nekos Dream sea Mariana), pero pueden llamarme Susana, Susy, Sus o Sue.

Les contaré un poco de mi dramática historia.

Llevo ya cinco meses en el mundo de Naruto y la verdad, no es nada a lo que esperaba. Si son del mundo real y planean ser succionadas por un vórtice inter-espacial que aleatoriamente se abrió justo donde estaban tomando el lunch; o que un accidente en el laboratorio escolar, donde la sustancia más tóxica y peligrosa es una que a lo mucho con el contacto te da picor, las lleve a la dimensión Ninja, debo de advertirles algo: el mundo aquí no es como el fanfiction lo pinta.

Pero bueno, déjenme contarles todo desde un principio.

Yo era una chica normal que gustaba del anime y escribía fanfics. La gente me tomaba por rara y sufrí mucho por eso, pero después conocí a unos otakus iguales a mí y hemos sido mejores amigos desde entonces.

Les voy a contar un poco de ellos a pesar de que son tan irrelevantes para el fic que ésta será su única mención en toda la historia.

Primero está mi mejor amigo: Juan Pérez. Talvez hayan oído hablar de él, es muy popular y siempre parece estar en todas partes. Es muy gracioso, aunque suele ser algo anónimo. Su color favorito es el azul, negro, blanco, cafe, amarillo, verde, fucsia, salmón, albaricoque, azul heráldico, cerúleo, magenta, ocre, azul de Prusia, lino y rosa. Saca desde 0 hasta 10 en la escuela. Tanta volubilidad escolar les da jaqueca a los maestros.

Después está mi mejor amiga: Menganita, y su hermano: Fulano. Menganita es muy amable y una gran amiga. Algo que le molesta mucho es lo común que es su nombre, pues está harta de que la gente lo use demasiado y no se refieran a ella. Así que ya desde hace mucho que dejó de voltear cuando la gente decía: Menganita esto, Menganita aquello; para decir que ella no había hecho ninguna de las dos cosas.

Y ya por último estoy yo. La gente dice que soy muy bonita y simpática, simplemente me hago querer; pero ahora ya no estoy tan segura de eso, pues al gente de aquí (Konoha) no parecen estar al tanto de eso.

Soy muy rebelde y a pesar de que siempre me salto las clases y nunca tomo apuntes, saco puros dieces para al envidia de mis profesores, jajaja (perdonen, aún no se me quita del todo la mala costumbre de transcribir mis carcajadas a mitad de texto). Normalmente visto de mini falda y una blusa ligera que emboba a todos los chicos de la escuela, pero las tuve que cambiar desde el primer día que llegué a Konoha, pues los mosquitos, las miradas indiscretas y el clima frío del bosque me obligaron a hacerlo.

Algo que cabe mencionar es que soy algo plana de pecho. Sí, les parecerá raro, pues al parecer los vórtices dimensionales sólo eligen a las chicas con más pechonalidad para ser tragadas. Desde el primer día eso me fue un problema, pues tuve que valerme de otros medios para conquistar a los chicos de Konoha, aunque hasta la fecha no he tenido mucho éxito en ello.

Mi cabello es largo y negro, me llega hasta la espalda y tiene un brillo muy… brillante. Mi piel es nívea, a pesar de que mis padres y el resto de mi familia son morenos. Supongo que es un desorden genético ya que el año pasado, mediante unas pruebas de ADN comprobé que no era adoptada. Mis ojos es lo más bello de mí, parecen dos pequeños y grandes faroles de los que despide toda mi inocencia y gentileza (bueno, al menos eso fue lo que me dijo mi novio cuando intentó ligarme), algo curioso es que parecen cambiar de color dependiendo del humor de las personas que me rodean. Por eso, en las reuniones familiares siempre termino siendo el centro de atención, pues ofrezco todo un espectáculo de luces que ni el encargado de iluminación es capaz de igualar. Mi oculista dice que es otro desorden genético (uno muy raro, por cierto), lo bueno es que últimamente ha ido desapareciendo gradualmente (¡y que bueno! No saben lo problemático que es contestar esos test en Internet sobre si tu pareja y tú están destinados a estar juntos para siempre, cuando te preguntan tu color de ojos), aunque aún quedan vestigios de ese extraño e inútil poder mío.

¿En que estaba? ¡Ah, sí! Yo, mis mejores amigos y cómo empezó todo.

Bueno, pues todo empezó como cualquier otro día, yo me había levantado tres horas antes de que empezara la escuela, pues me tomaba dos horas en llegar ahí (oye, no es mi culpa que la escuela más elite de la ciudad estuviera en la punta del cerro más alto), pero como ya me sabía todo lo que los profesores decían me salí de clases, como siempre. Mis compañeros dicen que soy como las truchas, vengo desde muy lejos sólo para echar la hueva, pero a mí no me importa.

Caminé un largo rato por los pasillos hasta que me encontré con Juan Pérez y Menganita. Talvez les habían dado la clase libre, porque la única valiente que se saltaba las clases en toda la escuela era yo. De todas formas, mis amigos siempre parecían estar ahí sólo para mí.

Nos dirigimos un rato hacia los jardines y empezamos a charlar.

— Oigan, ¿no saben cual era la respuesta a la pregunta 1 del examen de Química?—dijo de pronto Menganita.

— No lo sé —respondió Juan.

— ¿La uno?—dijo yo, quien era una sabelotodo- Esa estaba muy sencilla, sólo tenías que poner tu nombre.

— ¿En serio, Sue? ¡Tan fácil! Con razón siempre repruebo… Eres muy inteligente.

— Claro que lo es.

— Eso no es verdad —dije yo tratando de parecer humilde, a que eso me subía puntos en popularidad.

— Claro que sí, no sea modesta.

— Pues yo creo que también puedo ser inteligente —dijo entonces Menganita, y mis ojos chispearon en un tono verde cual radares al captar su envidia.

— Pues no como ella —me defendió Juan. ¡Ay, Juan! Que gran amigo eres. Siempre me alabas con tus alabanzas.

— Pues creo que puedo serlo.

— No lo creo.

— Que sí.

— Que no.

— Que sí.

— Que no.

Y así transcurrió esta intrascendental conversación que casi todos los días ocurría, pues todas las conversaciones y discusiones siempre giraban alrededor de mí.

Sin embargo, justo cunado la palabra "que" ya iba para la 50ava vez de ser pronunciada (¿o se dirá quincuagésima vez?) un vórtex gigante se apareció frente a mí y me succionó, pero mis amigos (los cuales seguían con su acalorada discusión acerca de mi supremacía) no lo notaron. ¡Malditos! Y se hacían llamar amigos míos.

Después de un rato de estar inconsciente y que milagrosamente nada me pasara, me desperté igual de brillante como siempre. No sé cómo, pero yo estaba intacta y mi cabello seguía peinado perfectamente. Hubiera jurado que había habido mucho viento cuando el vórtex se abrió, pero mi pelo creo que no se enteró.

Cuando me desperté, gracias a mi gran perspicacia pude notar que ya no estaba en la escuela. A mi alrededor sólo había árboles y más árboles. Traté de guardar la compostura y tomar la parte divertida y emocionante del asunto (como cualquier otra hubiera hecho), pero estaba francamente aterrada. El lugar no era nada bonito y esperanzador, y las ramas se erguían amenazantes hacia mí, por lo que, tranquilizándome lo más que pude y tratando de pensar claramente, empecé a gritar y a correr como loca, a ver si alguien me escuchaba.

Lo cual no sucedió.

Después de un rato de estar dando vueltas en el bosque y yo hasta la ma*re de los pin#hes mosquitos, vi que a un lado de mí estaba una muralla gigante. Aún no sé como no la vi antes, pero fue una suerte que cuando empezara a correr desquiciadamente unas horas atrás no lo hubiera hecho al lado contrario, pues ahorita quién sabe en que país estaría.

Tuve que caminar un rato, rodeando la construcción hasta que encontré la entrada. Cuando llegué había dos tipos bien feos cuidándola, me acerqué y se pusieron al brinco.

Me dijeron cosas feas y hasta indignantes, o bueno, eso me pareció a mí, pues al verdad hablaban otro idioma que gracias a mi afición al ánime pude identificar como el acento tosco y golpeado del japonés varonil (el japonés femenil es más bien chillón y gangoso). Identifiqué palabras como: Anata, koro, sumimasen, desuka y baka (la última me ofendió)

Creo que pudieron darse cuenta de que no entendía ni mad…era, seguro que fue mi cara de WTF la que me delató.

Acto seguido me rodearon y uno de ellos hizo unos sellos extraños frente a mí. Sentí una sensación extraña en mi cuerpo, más que nada en la garganta, y cuando me dí cuenta, ¡Ya podía hablar y entender japonés!

Ahora que lo pienso fue una increíble suerte que justo el guardia de la entrada con el que me había topado fuera el único shinobi que conocía la legendaria técnica de traducción y doblaje no jutsu y que la usara en mí. De otra forma mi estancia en Konoha hubiera sido tan aburrida y sosa, y con tan poco sentido como este fic en sí.

La primera sorpresa que me llevé al hablar con los guardias fue saber que estaba en Konoha. Seguramente muchas personas de mi dimensión hubieran estado emocionadas y hasta contentas, pero ese no era mi caso.

Uno, porque la verdad no tenía idea de cómo iba a regresar a casa para presumir de esta increíble historia y; dos, si Naruto existía sólo suponía otras dos cosas más:

a) Que yo era un OC insertado en una historia ficticia por una francamente desquiciada, anormal y preocupantemente ociosa autora que había preferido escribir esto en vez de hacer la tarea o;

b) Que el universo de Naruto sí era real... lo cual tampoco me dejaba más tranquila. Si resultaba ser verdadero, ¿qué más lo era? ¿Dragon Ball Z, Evangelion, Pokémon, Las Chicas Súper Poderosas, Hello Kitty, el Chupacabras, la posibilidad de sacar 120/120 en el examen de admisión de la UNAM para medicina, la gripe porcina, Invasor Zim, la paz mundial o quien sabe que más fantasías? Si resultaban ser verdad ya no volvería a ver ánime de la misma manera, ya sabría que cuando el malo amenazaba con destruir todo lo que existía, eso significaba que también amenazaba con destruirme, ¡a mí! Y yo todos estos años frente al televisor observando como Goku apenas si la libraba con su Genkidama (y libraba a todo el mundo de un destino apocalíptico de paso) sin siquiera levantar los bazos para ayudarlo por flojera, creyendo que yo estaba exenta de toda esa destrucción.

Sea cual fuere la verdad, ninguna de las dos opciones me animaba en lo más mínimo.

De todas formas preferí dejar esa cuestión para después. Ya que estaba aquí lo mejor sería continuar con todo, pues no había mucho que hacer por al respecto de lo anterior.

Hablé con los guardias para ver si podía ver a Tsunade (como había leído que todos hacían cuando llegaban a Konoha), pero éstos parecían desconfiar de mí. Para ser sincera, yo espera que ahora que me podía comunicar civilizadamente todo me sería más fácil, pero otra vez me equivoqué.

Al parecer no se habían tragado la historia de que yo venía de una dimensión alterna en donde ellos y todo el resto de la población shinobi y civil del mundo no existía en verdad, pero que aún así lo pasaban por la tele como a eso de las cuatro, cinco o seis, en los miércoles de Ánime en Cartoon Network (o eso fue lo último que me enteré antes de que lo viera exclusivament por Internet). No los culpo, yo tampoco me lo hubiera tragado.

Al final tardamos todo el día discutiendo sin llegar a nada, así que terminé acampando enfrente de la puerta. Lo bueno es que los guardias se apiadaron de mí y me dieron la tienda de acampar y una ropa más adecuada para el clima (lástima que sólo tenían ropa de cinco tallas más arriba que la mía). No es que sea desagradecida ni nada, pero para ser sincera, yo me esperaba un vestido con perlas y diamantes que enalteciera mi belleza, no los harapos de uniforme Ninja malolientes que me dieron; pero de todas formas acepté desesperada por los mosquitos y lo fresco del aire. Lo único malo fue que se olvidaron de darme las cobijas, por lo que de todas formas pasé frío.

Y esa fue mi primera noche en este universo. Decepcionante ¿no? Los días que siguieron fueron parecidos, pero otro día lo contaré.

Y ya para no dejar dudas, talvez algunos se preguntarán cómo rayos escribo si se supone que estoy en otra dimensión. Sencillo, cuando dicen que el Internet llega a todas partes, lo dicen en serio.

De todas formas la compu en la que escribo está vieja y anticuada, es de esas enormes en las que el monitor es tan grande que fácil podría caber completa si me hago bolita. Además se tarda siglos en prenderse y tiene los programas más obsoletos. Ni siquiera puedo checar Farmville de Facebook, ¡seguro que ya se echaron a perder mis cebollas y yo aquí! De todas formas debo de agradecer que encontré una computadora, francamente no creía encontrar una aquí, pero ahora que lo analizo no es tan descabellado el asunto, después de todo en Naruto sí existe tecnología como pantallas planas, caseteras, radios, cámaras y otras cosas que ya no me acuerdo, pero que usaron en el examen Chunnin. Así que si tomamos en cuenta todo eso, ¿por qué no existiría una computadora, aunque fuera una anticuada?

Seguramente también se preguntarán que si tengo conexión a Internet, ¿por qué no he pedido ayuda?

Ya lo hice, lo puse en mi blog, en el Facebook y hasta en la leyenda del Messenger, pero nadie me cree, piensan que estoy jugando.

Pongo cosas como:

¡Auxilio! Estoy atrapada en el mundo de Naruto, es en serio, ¡necesito ayuda!

Pero sólo me responde cosas como:

Jjajajaj, en vdd seria buEno k padSara

O también:

Ahi no mmes friky, deja d ver tnta tele que ya t estropio el cerbro.

Por eso deje de intentarlo hace mucho.

Ahora sí ya me despido que mañana me espera un largo día y es mejor madrugar.

Hasta el siguiente capítulo, en donde contaré un poco más de mi triste historia.

Posdata: Si van a dejar un review, ahorrense el "conti, conti, plis!" y mejor pongan que les pareció y eso.