Título:Bonne Foi

Categoría: Drama, Romance

Clasificación: M

Resumen:AU. Edward Masen fue convertido en 1918 y abandonado por su creador. Se alimenta de sangre humana, ignorando que hubiera otra forma... hasta que se tropieza con la estudiante de primer año Bella Swan, en una noche que lo cambiará todo.

Renuncia (autor): Una escritora es una diosa en su universo... pero sólo una escritora está haciendo dinero con Crepúsculo, y esa es Stephenie Meyer. Estos son sus personajes, yo solamente me divierto con ellos.

Renuncia (Traductor): Todo lo relacionado con Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Bonne Foi, pertenece a Amethyst Jackson. El enlace de su página es: http: / www .fanfiction .net / u / 252097/(Quitar los espacios)

Capítulo Veintiséis

Tras que Carlisle chequeara la escayola de Bella una última vez y nos diera algunas indicaciones sobre los cuidados que debíamos tener, nos pusimos en camino. Metí a Bella y sus muletas en el Vanquish con mucho cuidado, y antes de ponerme al volante, me tomé un momento para mirar furioso y apesarado la abolladura que le hiciera James. El carro apestaba a comida humana; Esme, sabiendo que yo no tenía ni la más mínima idea de cómo cocinar, había preparado varios platillos que yo pudiera recalentarle a Bella. Encendí el carro e inicié el viaje a través de la calzada.

Alice y Jasper, y una pila de sus pertenecías, iban tras nosotros. Se instalarían en un hotel hasta encontrar un sitio propio; más que por desear su propia privacidad, sabían que Bella y yo necesitábamos estar solos. Bella estaba ya bastante abrumada por las pasadas veinticuatro horas. Después de aceptar la existencia de vampiros, y luego ser atacada por uno, Bella ciertamente necesitaba algo de normalidad.

No habíamos llegado ni a Port Ángeles cuando el celular de Bella sonó. Frunció el ceño, una pequeña línea de confusión apareció entre sus cejas mientras sacaba el teléfono de su bolso: un medio olvidado residuo del ayer. Parecía mentira que Bella hubiese asistido a clases, tomado notas, almorzado como cualquier otro día, hasta que viera los encabezados del periódico.

—¿Quién llama? —le pregunté a Bella cuando chequeaba la pantalla. Sabía que no era Alice, ya que podía escucharla hablando con Jasper dos carros atrás. ¿Quién más tenía el número de Bella?

—Es mi papa —dijo antes de responder la llamada. Claro, le había dado su número a su padre. Esperaba que sólo fuera una llamada social.

—Hola, papa.

Podía escuchar su respuesta con tanta claridad como si hubiera estado en el carro con nosotros. —Hey, Bells. ¿Qué estás haciendo hoy?

—Oh, um… no mucho —dijo incómoda. Sus ojos me buscaron llenos de nervios.

—¿En serio? Respondí a un robo en La Push anoche, y Jacob Black me dijo que te había visto en casa de los Cullen con tu novio.

—¿Un robo? —repitió Bella, alzando sus cejas, mirándome—. ¿Eso no es algo fuera de tu jurisdicción, papá?

—Un amigo me pidió ayuda… y no trates de cambiar el tema, jovencita. ¿No ibas a decirme que estabas en el pueblo? ¿Y qué hacías en casa de los Cullen?

Bella tenía un gesto enfurruñado y meditativo. —Bueno, verás, Edward es amigo de los Cullen, así que estábamos visitándolos. Iba a ir a verte, pero hicimos senderismo, y bueno, no te dije nada porque no quería que te preocuparas, pero como que… me quebré la pierna.

—¿Qué? ¿Cuándo? Jacob no me dijo nada de…

—Cálmate, papa, pasó hoy. El Dr. Cullen estaba ahí y se aseguró de que estuviera bien atendida. Pero ahora estoy muy cansada, así que regresamos hoy al campus. Quiero descansar bastante antes de ir a clases el lunes.

—¿Es esa una Buena idea, Bella? ¿Quién te a cuidar?

—Bella volteó los ojos. —Papá, voy a tener esta escayola por más de un mes. Nadie va a poder cuidarme tiempo completo, y definitivamente no puedo perder tantas clases. Ángela y Edward me van a ayudar. Voy a estar bien. No es la primera vez que uso muletas.

Charlie Swan dejó escaper un pesado suspiro. —¿Qué pasaba por tu mente cuando decidiste hacer senderismo, para empezar? Ya sabes cómo eres.

Bella volteó los ojos. —Quería ir, papá. No puedo permitir que mis pies me limiten todo el tiempo.

—Bueno, ahora sí que vas a estar limitada. ¿Tienes todo lo que necesitas? Tus muletas aún están en tu closet…

—El Dr. Cullen me prestó unas que tenía. Voy a estar bien, te lo prometo.

—Si estás segura… Tengo vacaciones acumuladas, si quieres venir a casa un tiempo.

Miré a Bella, sorprendido de verle los ojos algo aguados. —Gracias, papá, pero ya estoy grandecita. Me las arreglaré.

—Está bien, Bells. Cuídate. Y trata de llamar algo más seguido, si puedes.

—Sí, papa, por supuesto.

Bella se despidió de su padre y terminó la llamada. Esperé a que guardara el celular antes de hablar.

—¿Bella, quisieras quedarte con tu padre un tiempo? —pregunté. Las lágrimas en sus ojos me tenían confundido. No había considerado que quiera tal cosa, pero después del trauma de las últimas veinticuatro horas, tendría sentido que quisiera estar en un ambiente cómodo y familiar.

—No. ¿Qué te hace pensar eso? —preguntó confundida—. Digo… si no quieres que me quede contigo, estaré bien en mi dormitorio.

Dejé escapar un bufido incrédulo. —¿de verdad crees que, después de lo que hemos vivido, me quiero deshacer de ti? Estoy encantado de tener una excusa para mantenerte en mi apartamento. Es sólo que te mirabas tan triste cuando tu padre te preguntó si querías ir a casa… pensé que quizá…

Bella sacudió la cabeza, sonriendo levemente. —No, Edward, es sólo que mi papá no es la persona más afectivamente abierta que existe en el mundo. Cuando hace un ofrecimiento como ese, sé que es su modo de decir cuánto le importo. Sólo estaba emocionada, supongo.

—Oh—. Fue un recordatorio de lo poco que a veces entendía sus extrañas emociones, incluso ahora.

—De hecho, estoy muy contenta de quedarme contigo, pero no quiero que te sientas obligado a cuidarme.

Fruncí el ceño. —Claro que me siento obligado. Tu lesión era perfectamente evitable. Aun así, querría cuidar de ti, independientemente. No importa cuál sea el problema o de quien sea la culpa.

—Gracias —dijo Bella quedito, sonriendo un poco—. Sabes que no estoy acostumbrada a esto, así que siento que debo decirlo.

Tomé su mano para darle en leve apretoncito. —Sabes que no es necesario, pero, de nada.

Llegamos al parqueo de mi edificio. Jasper y Alice nos siguieron para ayudarme a instalar a Bella. Yo la cargué hasta arriba, aunque ella insistiera que podía hacerlo en muletas. Alice llevó su bolso y Jasper cargó sus muletas como un rifle sobre un hombro y balanceó una pila de cacerolas en la otra mano. Éramos una extraña procesión camino a mi apartamento.

—Bonito, aunque un poco espartano —comentó Alice, rondando mi apartamento. La ignoré y puse a Bella sobre el sofá.

—¿Tienes hambre, Bella? —Preguntó Alice, haciendo un tour de torbellino por la cocina—. Siempre he querido probar mi mano en la cocina.

Bella se encogió de hombres. —Supongo.

—¡Excelente!

Alice ni se molestó en preguntar qué quería, sólo se puso a trabajar. Jasper se apoyó contra el mesón para ver a su esposa crear caos absoluto en mi apartamento. Sacudí la cabeza.

—Bella, estaba pensando en ir a tu dormitorio a traer algunas de tus cosas, y tal vez informar a Ángela de lo ocurrido. ¿Estarás bien aquí con Alice y Jasper?

—Claro —respondió—. Mis llaves están en mi bolso.

Las tome rápidamente. —¿Hay algo en particular que quieras que te traiga?

—Um, mis cosas que están en el baño, y mis libros de texto… ¿Quieres que te haga una lista?

Me reí. —No, sólo dímelo. Memoria perfecta, ¿recuerdas?

Bella volteó los ojos pero procedió a decirme lo que necesitaba que le trajera.

—Está bien, vuelvo pronto. Alice, trata de no quemar el lugar en mi ausencia.

—No lo haré —dijo con su cabeza aún metida en mi alacena.

Ángela no estaba cuando llegué al dormitorio de Bella, así que entré y empecé a empacar una maleta con ropa y algunos efectos personales. No me había explicado qué exactamente quería del baño, así que tomé todo lo que tuviera su olor encima. También tomé los libros que me encargó. Estaba cerrando el zíper del bolso cuando la puerta se abrió.

Ángela soltó un gritito desde la puerta tan pronto como su mente procesó mi presencia.

—No pasa nada —dije tranquilizadoramente—, Bella me dio su llave —dije alzando las llaves como prueba.

—¿Por qué no vino ella? —preguntó Ángela, desconfiada. No había escuchado de Bella desde el viernes por la mañana y se preguntaba si la había secuestrado, o peor. Me estremecí ante la idea de que podría haber estado en lo cierto si hubiera sido cualquier otra chica la que me encontrara fuera de la biblioteca aquella noche.

—Tuvimos un accidente este fin de semana. Bella se quebró la ´pierna cuando hacíamos senderismo. Va a quedarse conmigo por un tiempo para que pueda ayudarla. Vine a traer un par de cosas que necesita.

—Oh, pobre Bella —dijo Ángela arrugando la cara—. Estas cosas siempre le pasan.

—Así parece —dije secamente. Me preguntaba cuántas veces habría andado en muletas en toda su vida.

—Dile que espero que se mejore rápido, y que me llame si necesita algo, ¿OK?

—OK —respondí, leyendo su absoluta sinceridad. La chica no guardaba ni la remota esperanza de que Bella no la llamara.

Me despedí de Ángela y regresé a toda prisa a mi apartamento, sintiéndome más intranquilo mientras más tiempo pasaba lejos de Bella. Admito que me sentía nervioso de dejarla al cuidado de vampiros. Sabía que el control de Jasper a menudo era puesto a prueba, y aunque confiaba en que Alice no le hincara el diente a Bella, no estaba seguro de que ella sola pudiera controlar a Jasper, ni confiaba en que no le prendiera fuego a mi cocina.

Cuando llegué, me sentí aliviado de no oler rastros de humo, a excepción de alguien que estaba fumando un cigarrillo en uno de los apartamentos del primer piso. Me apresuré a entrar encontré todo en orden. Bella estaba sentada en el sofá, comiendo un plato de quién-sabe-qué, mientras Alice hablaba y Jasper estaba exactamente donde lo dejé al irme. La cocina estaba de algún modo, milagrosamente, más limpia que antes.

Alice brincó de inmediato, pero mis ojos estaban pegados a la sonrisa de bienvenida de Bella.

—Bien, ya estás de regreso. Dame eso —demandó Alice, arrebatándome la bolsa. Se marchó, y podía escucharla haciendo ruido en el cuarto y el baño. Traté de no pensar en el caos que estaría provocando.

—Creo que nos marcharemos tan pronto como Alice termine. Bella está lista para estar sola contigo —dijo Jasper como si nada.

Bella se puso de un interesante color rojo ante las palabras de Jasper. Me senté a su lado en el sofá. —Gracias por toda su ayuda, a los dos —dije, enfocado en Bella. Ella se tragaba su comida sin verme a los ojos, ni a Jasper.

—¡No es nada! —Exclamó Alice, irrumpiendo en la sala con las manos vacías—. Hice espacio para la ropa de Bella en el ropero y le asigné las dos gavetas de arriba. Supuse que puede alcanzar esas con mayor facilidad. Ya guardé el resto de sus cosas, también. Ya tienen todo listo, así que ya nos vamos. Llamen si necesitan algo o, ya sabes, piensa en ello y probablemente lo veré —dijo corriendo como una ráfaga de viento hacia Bella, plantando un beso en su frente y tomando a Jasper del brazo de camino a la puerta—. ¡Cuídense los dos!

Y con eso, se fueron. Bella parpadeó. —El Huracán Alice ataca de nuevo —balbuceó antes de volver a su comida. Me reí y me relajé en el sofá.

—¿Está buena su comida? —pregunté, viendo lo que parecía algún tipo de pasta con vegetales. No estaba seguro de tener todos los ingredientes en mi cocina, pero estaba aprendiendo a no cuestionar a Alice.

—Sorprendentemente, sí. ¿Quieres un poco? —ofreció bromeando, extendiendo el tenedor cargado hacia mí. Me asqueé al sentir el olor del brócoli.

—No, gracias —dije secamente. Se rió de oreja a oreja y se metió el tenedor a la boca—. ¿Tienes tarea que hacer? —musité el voz alta, pensando en qué nos tocaría mañana. Llevar a Bella a todas sus clases sería un reto, pero sabía que no toleraría perder ninguna.

Observé su quijada flexionarse mientras terminaba de masticar, e hizo mala cara cuando tragó. —Desafortunadamente, sí. Traté de hacer la mayoría con anticipación para tener el fin de semana libre contigo, pero no logré terminar todo.

—OK —dije algo ausente mientras ella ponía el plato sobre la mesita—. ¿Por qué no las hacemos y luego puedes acostarte temprano?

Bella se mordió los labios, mirándome dudosa. —Ya sé que es un rollo, pero, ¿te molestaría ayudarme a ducharme esta noche?

—¿De veras piensas que alguna vez me voy a quejar por ayudarte en la ducha? —le pregunté arqueando una ceja.

Se rió. —Touché.

Tras terminar la tarea de Bella, se fue cojeando con sus muletas al baño, y yo tomé los implementos necesarios antes de seguirla. Le di suficiente tiempo para que atendiera sus necesidades humanas menos interesantes y luego me escabullí al baño.

Bella estaba de pie, desnuda, exceptuando su yeso, apoyada contra el mostrador para evitar apoyarse en las muletas. Miró los objetos que traía en las manos con desánimo.

—Esto es tan… indignante.

En serio, trate de no sonreír, pero no pude evitarlo. Bella me miró furiosa. —Esto es divertido para ti.

—Claro que lo es —me reí entre dientes—. La mayoría de las cosas humanas lo son. ¿No crees que sea un poquito divertido?

Bella sacudió la cabeza. —Para nada, ni un poquito.

—Bueno, es algo temporal. Salgamos de esto, ¿sí? —sugerí, arrodillándome frente a ella. Con un suspiro de absoluto sufrimiento, levantó la pierna enyesada, y yo la enfundé en la bolsa de basura. Un poco de tape médico a prueba de agua formó un sello entre la bolsa y su piel, protegiendo el yeso de la humedad. Si se mojaba, aparentemente, las cosas podrían ponerse un poco picosas para Bella.

Bella suspiró, mirando con odio la bolsa. —Sabes, esto es exactamente lo que tuvimos que hacer cuando me quebré el brazo a los siete años. Mi mamá tenía que bañarme. Uno pensaría que la tecnología habría mejorado desde entonces.

—Cualquiera diría, pero no es malo esta vez, ¿o sí? ¿No es más entretenido tenerme a mí que a tu madre ayudándote en la ducha? —pregunté, sonriéndole ampliamente. Esta renuente a ponerme de pie de nuevo. La vista desde donde estaba era excelente.

—Aún es bastante vergonzoso —refunfuñó.

—¿Por qué no terminamos acá para que puedas irte más pronto a la cama?

—Bueno.

Me puse de pie y fui a abrir la llave de agua en la ducha, dejándola calentar. Bella me miró sin la más mínima sutileza quitarme la ropa, y volver a ella para ayudarla a meterse a la ducha. Cojear sobre un pie era especialmente peligroso para Bella, quien tenía problemas balanceándose sobre dos pies funcionales.

En general, sostuve el peso de Bella mientras se lavaba el pelo, y le ayudé a moverse bajo la ducha. Aunque sentí un punzada de culpa por disfrutar tanto de esto, me sentía sin duda contento de ser necesitado para ayudarla a ducharse por al menos un mes. Tener la libertad de estar ahí y disfrutar del show era fantástico.

Una vez que Bella terminara con su pelo, no pude resistir la tentación de ayudarla a lavar su cuerpo. En mi defensa, ella estaba batallando para alcanzar ciertos lugares. Intenté ser profesional al respecto, pero esa era una batalla perdida.

Esperé a que se enjuagara y luego la senté en la orilla de la bañera mientras tomaba un par de toallas limpias. Me sequé rápidamente y luego la sequé con delicadeza. Lo soportó con muchos supliros, y sólo se animó cuando le quité la bolsa de la pierna.

—¿Puedes ayudarme a regresar al mostrador? —me preguntó—. Necesito secarme el pelo antes de acostarme o se me pone desastroso.

—Claro —acordé. Sabía que lo que quería es que le ayudara a caminar hasta allá, pero era más rápido levantarla y llevarla.

—Gracias —dijo tajantemente—. ¿Me pasas la secadora?

La dejé en el baño trabajando en su pelo mientras me iba a vestir, lo que básicamente consistía en ponerme ropa interior, ya que Bella iría pronto a la cama. Luego, escogí unos pantalones de pijama lo suficientemente flojos como para cubrir su yeso, una camiseta y unos calzones que se veían cómodos.

—¿Es eso lo que me escogiste para irme a la cama? —me preguntó Bella con una ceja alzada.

Fruncí el entrecejo. Parecía de verdad molesta. —Pensé que querrías estar cómoda…

—OK —dijo, tomando con renuencia la ropa y evitando mis ojos.

—¿Bella, qué pasa? —pregunté, frustrado. Aún evitaba mi mirada, y levanté un poco su barbilla para que viera mis ojos.

—¿No es muy sexy tener la pierna quebrada, verdad? —se quejó—. Nos va obstaculizar las cosas por un tiempo, y no quiero eso. Siempre hemos sido tan… tan..,

Exhalé. —¿Crees que una escarola en tu pierna te hace aun que sea un poco menos sexy?

Bella encogió los hombros. —Así se siente. Con costo me tocaste en la ducha.

—Bueno, eso era porque pensé que estabas cansada. Y también, porque tener sexo en la ducha parce ser una causa probable de lesión cuando uno de los participantes tiene ya una pierna rota.

—Sí, OK, supongo que eso tiene sentido… —suspiró Bella. No parecía convencida.

—Ven, vamos a la cama —dije, levantándola del mostrador, decidiendo que las acciones hablarían más claro que las palabras en este momento. Bella farfulló sorprendida, aún agarrando el pijama. La senté con cuidado en la cama y le arrebaté la ropa de las manos, tirándolas al lado.

—Déjame ver si entiendo bien lo que pasa aquí —dije, arrastrándome sobre su cuerpo, cuidando de su pierna—. Estás preocupada de que no te desee lo mismo mientras tu pierna esté rota.

Bella se puso roja. —Sí, exactamente.

—Eres completamente absurda —suspiré, sacudiendo la cabeza. Bella abrió la boca para responder, y tomé la oportunidad para inclinarme y besarla. Se quedó momentáneamente quieta, luego reaccionó fervientemente, agarrando mi pelo y arqueando su cuerpo contra el mío.

—Chica tonta —murmuré, dejando sus labios para seguir el deleitante camino de su quijada a su cuello—. Sólo intento cuidarte —dije olisqueando entre sus pechos antes de chupar uno por uno sus pezones—, pero te prometo que cuidaré de ti en todos los sentido.

—Ohhh —gimió Bella, tratando de guiarme de regreso a sus pechos, pero ya estaba a medio camino hacia su estómago. Hice cosquillas con mi lengua es un punto sensible de su cadera, y brincó, jadeando. Me arrimé más a la cama, dando espacio para plantar besos en sus muslos mientras respiraba el terroso olor a lilas de su deseo.

—Edward, te quiero dentro de mí —gimoteó, moviéndose impaciente.

—Aún no.

Llegué a mi destino y pasé mi lengua por sus pliegues. Disfrutando del familiar sabor, la lamí despacio hasta sentir sus dos manos tratando de acercar más mi cabeza. Sonreí contra su piel y enfoqué los esfuerzos de mi boca en su clítoris. Sus grititos llenaron la habitación y me urgían a darle más. Haciendo pequeños círculos con mi lengua, moví mi peso hacia un brazo e introduje dos dedos de mi mano libre dentro de ella. Bella gimió y de inmediato se contrajo alrededor de mis dedos.

—Otro —dijo con un suspiro, tomándome de sorpresa. Me recuperé rápido y empujé un tercer dedo dentro de su calor. Podía sentir cómo la estrechaba, y cómo sus gemidos se hacían más fuertes cuando enrollaba mis dedos contra su Punto G. Lamí y metí mis dedos más rápido. Podía sentir cómo se calentaba su cuerpo al acercarse su clímax, y el rugido de su pulso hacía eco en mis oídos.

Sintiendo cuán cerca estaba, enrosqué mis dedos una vez más y chupé con fuerza su clítoris. Sus gemidos se tornaron gritos, y continué hasta que sentí el millón de sensaciones que se señalaban su orgasmo: sus músculos contrayéndose, el flujo adicional de humedad sobre mis dedos, mi nombre brotando de sus labios, el pesado latido de su corazón intentando escapar.

No pare hasta que sus músculos se relajaron alrededor de mis dedos. Sacándolos, vi que los ojos de Bella estaban cerrados mientras intentaba recuperar el aliento. Miré el rubor sobre su pecho cuando me chupaba los dedos hasta limpiarlos.

Bella abrió los ojos y me miró al acostarme a su lado.

—Te ves cansada —comenté, pasando un dedo a lo largo de su mejilla bajo sus ojos somnolientos.

Quería, pero no iba a admitírselo. Necesitaba descansar para sanar. —Estaré bien.

—Quizá podrías… ¿tocarte tú? —dijo, mordiéndose el labio.

Subí una ceja y me acerqué para ponerla nerviosa. —¿Quieres decir que deseas verme pajearme?

—Yo… um… bueno, pues sí —consiguió decir finalmente.

—Me encanta tu mente sucia —suspiré al tiempo que me bajaba los bóxers. Me volteé y senté sobre mis rodillas, y me miró atentamente enrollar mis dedos sobre mi pene. Estudié sus ojos oscuros mientras me acariciaba despacio, moviéndome a una velocidad que ella podría haber usado, una velocidad que sus ojos pudieran seguir. No tenía el mismo efecto sin el calor de su mano, pero ella quería ver, así que moví mi mano de abajo hacia arriba, cerrando mi puño sobre la cabeza de mi pene antes de repetir el proceso.

—Hazlo más rápido —me urgió—. Hazlo como lo harías si yo no estuviera aquí.

—OK —susurré, cayendo en el familiar movimiento que creaba la cantidad justa de fricción. Sería poco más que un borrón para Bella, pero esto era lo que me había pedido, y se sentía mucho mejor con ella ahí, desnuda y sonrojada y viéndome hambrienta.

—¿En qué piensas? —preguntó, sin levantar sus ojos a los míos.

—No necesito pensar en nada —murmuré. Mis músculos estaban ya tensándose en espera del clímax—. Sólo estoy viéndote.

Bella gimió. —Quiero que pienses en lo que quieres que te haga, en lo que quieres hacerme.

Dejé escapar un gemido de sorpresa. —Fuck, Bella—. El simple hecho de que dijera algo así, me estremeció, pero hice lo que me pidió y dejé volar mi imaginación. Pensé en cómo su boca se sentía alrededor de mi pene. Pensé en amarrarla a la cama, provocarla sin piedad para después hacerla terminar una y otra vez.

Maldije cuando mi clímax me tomó por sorpresa. Gemí muy alto al terminar, abriendo mis ojos para ver cómo mi eyaculación caía sobre su estómago desnudo. No fui mi intención hacerlo, pero estaría mintiendo si dijera que no me provocó desear hacerlo todo de nuevo.

Me apresuré a tomar un pañuelo descartable de la cajita que estaba sobre la mesa de noche de Bella; al menos, yo la tenía designada para ella, porque estaba del lado al que siempre dormía y los pañuelos estaban ahí para ella. Sonrió mientras la limpiaba.

—Me gustó verte perder el sentido por mí. Fue… sexy —sonrió de oreja a oreja.

Sacudí la cabeza. —Eres una chica tan mala —dije, tirando el pañuelo sucio a la basura desde donde estaba.

—Buena puntería —dijo Bella, peleando contra un bostezo.

—Vampiro —señalé, jalando el cobertor y cubriéndola para mantenerla tibia. —¿Ya estás lista para dormir?

—Sí —suspiró, poniéndose de lado de modo que su pierna quebrada quedara abajo—. ¿Te quedas conmigo hasta que me duerma?

Me enrollé alrededor de su cuerpo. —¿No lo hago siempre?

—Mmm, sí. Te amo —balbució.

—Te amo —dije suavecito. Sabía, por el suave golpeteo de su corazón que no me había escuchado antes de quedarse dormida.

Nota de la Traductora:

:) Ya me siento mucho mejor, así que acá está Bonne Foi. Nos vemos en otra semana! (Si no me vuelvo a enfermar T.T

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