Nota: segunda historia mía funcionando con los personajes de doña Stephanie.

Summary: –Entiendo que pueda no interesarte –dijo Edward de repente– pero yo me dirijo a Forks. Cerca de Seattle. Viajo por carretera –lo escuchaba mas no entendía sus palabras. Él sólo sonrió torcido y agregó:– Puedes venir conmigo si quieres. ByE en un Road Fic.


Lo prometido es deuda, y cumplí (:

Quiero dejarlas ahora comprometidas con que se entretendrán con mi nuevo fic, ¡Por Carretera!

¡A leer chicas!


1. A propósito de Cullen*

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–Ang –la llamé elevando la voz por encima del ruido del lugar–. Estoy cansada. Creo que iré a dormir.

Estábamos en un bar cercano a la universidad, Ángela, Ben y yo. Habíamos decidido salir a festejar el término de nuestro primer semestre de bachillerato.

–Vamos Bella, los exámenes acabaron, tenemos que celebrar –dijo la chica tomando otro sorbo de su botella de cerveza.

–Lo se, pero acabaron recién esta mañana. Necesito dormir –rogué.

Ángela y yo nos conocimos el primer día de bachillerato y resultó ser mi compañera de cuarto. Somos bastante parecidas lo que ha permitido una agradable atmósfera para vivir y, por supuesto, una buena amistad entre nosotras.

Es nuestro primer año de bachillerato en la Universidad de Chicago y, aunque ella vive sólo a una hora del centro de la ciudad, prefiere quedarse en el internado universitario. Dice que es la única manera de concentrarse y rendir bien. Lo cierto es que así también aprovecha de pasar más tiempo junto a su novio, Ben.

–Está bien, vamos –accedió Ben levantándose.

–No, no es necesario chicos, ustedes pueden quedarse.

–No pensarás irte sola Bella –volvió a decir Ben, y no es que quisiera hacerme la valiente ni mucho menos, pero en verdad estábamos sólo a tres cuadras del campus.

–En serio, no hay problema. Estamos sólo a unas cuadras, nada me pasará –lo tranquilicé.

–¿Estás segura?

Ángela siempre estaba preocupándose por mí: por mi salud, mi alimentación, mis estudios y, por supuesto, por mi diversión; Ben también lo hacía. Decían que yo era una chica bastante despistada y torpe que necesitaba ser protegida.

–En serio –volví a decir y me levanté segura–. Buenas noches chicos, diviértanse.

No lo estaba pasando mal, era sólo que la cabeza había comenzado a dolerme y el ruido y sofoco del lugar no ayudaban a apaciguarlo. Me había pasado la noche anterior estudiando para mi último examen. Ahora sólo podía pensar en echarme sobre mi cama, cerrar los ojos y descansar. Y también necesitaba algo de agua, la garganta me molestaba un poco.

Salí del local; el frío calaba esa noche de día jueves. Como no, si estábamos en pleno invierno –finales de Diciembre– en medio de Chicago. La calle no estaba vacía: algunos jóvenes caminaban por la acera en dirección al bar buscando divertirse; aún era temprano. Me ajusté la bufanda intentando detener los escalofríos que comenzaban a subir por mi cuerpo, aún así no me prohibí cerrar los ojos un segundo para inspirar profundo: el hielo entrando a mis pulmones se sentía tan bien.

–Te acompaño –dijo una voz a unos metros de mí.

Me sobresalté; no creía conocer a ninguna de las caras que había visto fuera. Me giré a mirar a mi interlocutor y, aún dada la oscuridad de la noche que poco se dejaba vencer por la luz emitida por los letreros de neón de los locales, lo reconocí. ¿Cómo no me imaginé que sólo alguien como él podía expresar como orden aquello que, por simple cortesía, debía sonar a interrogación? No lo pensé dos veces al responder:

–No es necesario –le di la espalda y comencé a caminar con la idea de evitar aquella conversación.

–De todos modos vamos al mismo lugar –agregó pedante y emprendió la marcha a unos metros de mí sin hacer caso de mi negativa.

–Como quieras –respondí indiferente. Lo que menos quería era caer en el juego de provocación de Edward Cullen.

Y seguimos avanzando, ahora en silencio.

Edward Cullen nunca me había agradado. Bueno, no nunca pero sí la mayor parte del tiempo en que pedía casi a gritos ser odiado. Y cuando me enteré que habíamos terminado en la misma universidad, comencé a creer en el karma porque sólo una vida pasada de mucha maldad me condenaría a dicha tortura como penitencia.

–Viajas a Forks, ¿no? –lo ignoré y el decidió ignorar mi indiferencia. Continuó–: ¿a visitar a tu noviecito? –se burló.

Volví a respirar profundo. Necesitaba calmarme ya.

–No es asunto tuyo –sí, iba a Forks a pasar las fiestas de fin de año con mi novio y su familia, pero a Cullen eso no le importaba.

–Tomaré eso como un si.

¡Dios! Este tipo no se aburría. Decidí volver a ignorarlo. No entendía cual era la idea de su juego –y que además no me gustaba en absoluto– pero no tenía intensiones de caer en él. No quería que mi dolor de cabeza aumentara sólo porque a Cullen, de un instante a otro, se le había ocurrido volverme loca.

–Supongo que ya reservaste tu pasaje –no respondí intentando fingir que no me interesaba seguir con su plática–. Digo… será navidad y hay pocos vuelos –y ya feliz con eso, Edward enmudeció.

Nunca había sentido odio por nadie y no creo que lo sintiera por Edward. Es decir, tampoco me importaba tanto su persona para concederle el placer de sentir una nueva emoción –y bastante importante en el ranking de emociones– sólo porque había aparecido esa noche a distorsionar mi mundo. ¡Vamos! Era Edward Cullen, un total desconocido en mi vida.

Un total desconocido que, para mi mala suerte, tenía toda la maldita razón: no había reservado el pasaje de avión. Mi cabeza había estado ocupada por literatura inglesa y ensayos sobre la ética del siglo XVIII las últimas semanas, de modo que recordar que venía la época de navidad, donde los vuelos disminuían a la mitad mientras que las ventas de los pasajes reaccionaban inversamente, no había sido una prioridad en mi cabeza.

Y tenía que venir Cullen a recordármelo. Odiaba que tuviera razón mas no iba a concederle el placer de saberlo, aquello se quedaba guardado bajo cuatro llaves.

Me mantuve en silencio con la idea de que Edward simplemente creyera y entendiera que la conversación entre nosotros no iba, cosa que comprendió de inmediato porque no volvió a tocar el tema ni a intentarlo con otro. Él siguió avanzando por la calle, con los mismos metros separándonos como si una fuerza invisible no permitiera que esta distancia se rompiera.

Sólo el asfalto seguía resonando húmedo bajo nuestros pies; atrás habían quedado los ruidos de jóvenes, músicas y vasos tintineantes productos del ambiente de bar. Carraspeé: la garganta me seguía molestando. Me picaba. Tal vez me había agarrado un resfriado.

En la esquina siguiente, y sin tomarme la molestia de avisar pues era de la idea que iba sola por aquella calle, me detuve frente a una máquina expendedora de bebidas. No oí las pisadas de nadie avanzar: Edward también se había detenido.

Puse mi billete en la rendija y, otra vez, sin tomarme la molestia de preguntar si se le antojaba algo, presioné el botón de una botella de agua. Quise morir: mi buena suerte, que esa noche se había votado a huelga, hizo que la máquina se tragara el último dólar que me quedaba.

–¡Dios! –exclamé apoyando mi cabeza sobre el vidrio como una perdedora, y dando un pequeño golpe con mi puño sobre los botones que debieron haberme entregado mi bebida.

–¿Qué ocurre? –rogué no haber hablado tan fuerte como sabía había hecho.

Me repuse, digna, para continuar pero Edward ya se había plantado a mi lado sin haber advertido en que momento se había acercado.

No me miró, no me habló y tampoco dudó cuando sacó un dólar de su bolsillo y lo metió en la rendija de la máquina, que para mayor colmo se lo aceptó sin problemas, todo antes de que pudiera siquiera decir "detente".

–¿Qué vas a tomar? –preguntó con naturalidad como si todos los días me ofreciera algo para beber. ¡Qué digo! En realidad era de todas las tarde que con Eddy tomábamos bebidas juntos en traje de baño mientras planeábamos nuestra siguiente excursión al espacio.

–No tienes que… –conseguí articular pero Edward presionó el botón que indicaba una botella de agua y no pude terminar mi oración.

La máquina liberó sin problemas la botella que debió haberme entregado antes de que decidiera convertirse en misógina y me discriminara. Edward la recogió con elegancia –¡maldito!–, se giró a mí y, por primera vez en esa noche, pude fijarme en sus ojos verdes viéndome –que brillaban especialmente diferentes a todas las otras pocas veces en que nos habíamos visto– cuando me ofreció la botella sin decir palabra.

No respondí con negativas, no negué con un gesto. No reaccioné. Me quedé de pie petrificada. Mis ojos debían transmitirle toda la confusión que me producía aquella situación. Mis ojos y, por supuesto, mi repentino congelamiento muscular.

–Ten –insistió.

Titubeando, como si en realidad Edward estuviera ofreciéndome algo peligroso –o peor, tentador– extendí una mano de forma inconsciente y tomé la botella.

Y Edward caminó de regreso a su posición inicial, lejos de mí. Me tardé un par de segundos en volver en sí pero al final pude reaccionar de manera bastante decente; mi cerebro volvía a hacer sinapsis. ¡Qué digo! Aquel gesto de… ¿amabilidad? no iba a borrar todo el tiempo que llevábamos siéndonos indiferentes. Menos una botella de agua iba a actuar de celestina para convertirnos en los mejores amigos.

–No tenías que comprarme nada –hablé segura. Edward, retomando su actitud original, decidió ignorar mis palabras olímpicamente.

–¿Seguimos? –propuso. Retomé la caminata y él avanzó.

–Te devolveré el dinero –no quería que los extraños acontecimientos en torno a la máquina discriminadora quedaran en nada, con Edward comportándose tan bien conmigo. Iba a dejarle en claro que, aunque se tratara de un simple y banal dólar, yo no iba a deberle nada. No a Edward Cullen.

Pero como llevaba haciendo toda la noche, Edward volvió a quedarse con la última palabra:

–Se que lo harás.

No supe que responder. Y no me quedó más opción que continuar avanzando acompañada de la oscuridad de la noche y… de Edward Cullen, por supuesto.

El campus de la universidad hizo al fin su aparición ante nosotros. Atravesamos los jardines y entramos al edificio. Ninguno dijo nada después del asunto frente a la máquina, dos cuadras atrás; realmente nada teníamos que decirnos. Una simple casualidad nos había llevado a estudiar en la misma universidad pero, más allá de eso, no había lazo que pudiera unirnos aunque fuera como conocidos. Los pasillos y aulas del campus no habían presenciado ni un saludo en todo el semestre y, con lo poco que quedaba de él, no iban a hacerlo ahora.

Llegamos al pasillo que separaba chicos de chicas. Edward detuvo una fracción de segundo su andar y se volvió a mí:

–Buenas noches –dijo de forma indiferente. Sus ojos volvían a ser los mismos ojos fríos que contemplé las pocas veces que me fijé en él, y su voz denotaba el mismo desinterés con el que me había hablado la primera vez que nos conocimos, hacía tres veranos atrás.

Se perdió por el pasillo sin darme opción de responder a tan encantadora despedida. Me volví hacia mi camino con la, aún, ardiente necesidad de mi cuarto.

Suspiré. No iba a calentarme la cabeza buscándole un sentido a esa noche pues las cosas, al final, habían vuelto a avanzar como debían: Cullen y yo revolcándonos en la total indiferencia. El orden universal de cómo debía ser nuestra relación había sido restablecido.

Bueno, no total indiferencia. Si fuera así no tendría ahora su desagradable tono de voz dando vueltas en mi cabeza recordándome el por qué no había comprado ya mi boleto aéreo.


*Adaptado de la película "A propósito de Schmidt" (About Schmidt, 2002) de Alexander Payne.

Como De Besitos y Problemas está en su ronda final, quise publicar mi nuevo fic Por Carretera.

Es un Road Trip Fic (dudo que exista el término, así que simplemente lo acuño) de Bella y Edward. ¿No saben qué es? Les explico: hay un género cinematográfico llamado Road Trip Movie (Road Trip= viaje por carretera; movie=película) que desarrolla el argumento de ésta y los personajes a través de un viaje físico. Como esto no es una película, sino un fic.. mi cabecita unió dos neuronas y creó el Road Trip Fic xD

Aún cuando el próximo capítulo trae recién el inicio del viaje mismo, que decir.. espero hayan disfrutado con él, y si no, de cualquier forma lo sabré sólo si me dejan un review con sus comentarios. ¡Sean lindas! :D

Cariños chicas, nos leemos pronto.

¡Fuerza Chile!

(: