Los personajes de este capítulo son totalmente míos… más adelante integrare a los personajes de la maravillosa Stephenie Meyer.



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Aullando a la luna

Capítulo I - Lo que soy.

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Lo que soy es real, soy exactamente la que debo ser hoy.

Deja que la luz, brille en mí.

Ahora si sé quién soy, no hay manera de ocultar lo que siempre he querido ser…

Lo que soy.

Lo que soy – Demi Lovato.

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Volteé y miré por debajo de las escaleras, a mi extraña y particular familia:

Alexa, Coka y mi Carla.

A veces no entendía como una simple mortal como yo podía vivir con tres vampiresas tan hermosas como ellas, pero así había sido mi suerte.

Me había cuestionado un millón de veces, si debían morderme y por fin ser como ellas. Pero las opiniones respecto a mi conversión diferían. Carla se había rehusado a que llevara una existencia como vampiresa. Mientras que por otro lado Coka, era más de la idea de convertirme. Alexa era neutral en ese tema, decía que cuando tuviera la madurez para entenderlo... yo tomaría la decisión.

Pero juro que a veces sentía que no había nada que pensar. El sólo recordar mi patética vida, me daba las pautas para ir y rogarles por una nueva existencia.

No se quienes son mis padres. Los muy infelices me habían abandonado a mi suerte por ahí, en algún rincón de la península de Olympic, en el oeste del estado de Washington. Realmente no estaba segura de eso, pero no podía impórtame menos.

Nada en mi era como debía de ser. Mi cumpleaños lo celebrábamos cada 29 de octubre, que fue el día en que mi Carla me había encontrado.

Ella me contó que cuando me vio, un instinto maternal despertó en ella. Y al ver que estaba sola y abandonada como un perro, decidió hacerme parte de su vida. Mi nombre: Ai, se lo debo a ella.

¿Qué clase de nombre es Ai? Muchas veces me había reído de mi propio nombre, pero mi Carla, siempre decía que era el nombre perfecto para mí. Ai significa amor en japonés. Y yo en secreto lo amaba.

"Mi familia" era lo único realmente valioso para mí. Mi Carla, era lo más cercano a una mamá, de hecho yo así la consideraba. Y más la amaba cuando recordaba cómo me cantaba canciones y me contaba leyendas de la tribu nativo americana de la que se supone que yo provengo.

Mamita Carla.

Dime, Ai.

¿No me vas a contar otra historia Kiluite?

Carla sonrió tiernamente y se sentó en mi cama. A mis 8 años tenía muchas ansias del mundo y muchas más ansias por mis historias para dormir.

Es: Qui-leu-te.

Por eso Ki-lui-tte.—remarqué bien segura de mí misma.

Carla rodó sus ojos y volvió a sonreírme.

Es importante que sepas bien de dónde vienes, es probable que lo necesites en un futuro.

¿Por qué?

Porque… quizás algún día quieras volver a tu casa.

Pero mi casa es contigo… y con mami Coka y mami Alexa.

Y nuestro sitio es contigo. Pero aun así es importante Ai, eres una Quileute. Nunca lo olvides.

Sonreí mostrando con inocencia los huequitos entre mis dientes. No entendía el significado de eso de ser Quileute, yo solo quería estar cerca de mis mamitas de ojos dorados.

Vamos mamita Carla, cuéntame de nuevo la historia de que los Kiluuittes son descendientes de los lobos. Esa es mi favorita.

Vi a mi mamita tensar su perfecto rostro marfileño y hasta juro que la vi respirar más por necesidad, que por costumbre de fingir hacerlo, pero solo fueron segundos antes de que recuperara la serenidad en sus facciones y volviera a sonreírme.

Sí, mi Ai, te contare la historia de los hombres que descendieron de los lobos, hombres que estaban tan en contacto con su madre tierra y con la naturaleza, hombres que…

Sacudí mi cabeza y limpié la lágrima que amenazaba con brotar de mis parpados. Volví a ver por debajo de las escaleras. Coka peleaba con Alexa por el mando a distancia del televisor y mi Carla sonreía por la escena delante del tablero de Monopoly.

¿Cuando había cambiado la relación con mis madres?

Ah… si.

El día que descubrí su naturaleza… vampiresas.

Me abracé a mí misma y me estremecí.

Las amo… juro que las amo. Pero me costó un increíble trabajo aceptar su condición.

Tenía trece años y corría por el bosque jugando a las escondidas con Carla. Alexa y Coka nos observaban sonrientes mientras brillaban bajo la luz del sol. Cada vez que estábamos al aire libre, las contemplaba anonadada.

Uno…

¿Por qué mi piel no resplandecía como las de ellas?

Dos…

Siempre que preguntaba, me daban largas y se iban por la tangente. La única respuesta que yo llegué a formular fue que… algo en mi estaba mal. El patito feo. Como fuera… ese momento era de felicidad y no quería echármelo a perder pensando en cosas que no comprendía.

Cuatro…

Corrí con todas mis fuerzas esforzándome por encontrar un buen escondite. ¡Siempre me encontraban! Así que me estaba esforzando al doble por sorprenderlas esta vez.

Seis…

Brinqué un pequeño bache y divisé una pequeña cueva a unos cuantos metros. Vi el triunfo en ese perfecto escondite y corrí ansiosa. Estaba oscuro y algo tétrico, pero yo era valiente, a fin de cuentas… yo era descendiente de los lobos. Me adentré gateando y me escondí detrás de una piedra.

A los lejos escuché el diez de Carla y traté de controlar las risas que amenazaban con delatarme. Pero en vez de escuchar el silencio que esperaba, escuché un graznido y un feroz gruñido a mis espaldas. Volteé asustada y entre la oscuridad de la gruta y las luces que se colaban como caleidoscopios entre hoyuelos sobre el techo, distinguí a un gato de las montañas.

Palidecí y sentí mis piernas flaquear. No, yo era valiente, necesitaba salir de allí. Luché contra mi propio miedo y corrí gritando. El animal aventó un zarpazo y me hirió en el brazo provocando que callera rondando a las afueras de la cueva.

Me dolía… me dolía mucho.

Lloré desesperada y con miedo. Quería ver a mis madres. Quería ver a mi mamita Carla.

Vi al animal dispuesto a convertirme en su cena cuando tres rugidos fuertes, poderosos y femeninos, hicieron que mi piel se erizara. Mis madres estaban paradas a mis espaldas. Mi Carla, volvió a rugir –mostrando sus perfecta dentadura- y en un segundo estaba tomando al gato del pescuezo y torciéndoselo. No pasaron ni cinco segundos cuando el animal yacía muerto enfrente de mis expresivos ojos marrones.

Eso… definitivamente no era normal.

Ai. Maldita sea ¿estás bien?—preguntó Coka con su rostro descompuesto.

Carla. Esta sangrando—confirmó Alexa examinándome el brazo.

Mi niña…—musitó mi Carla acercándose a mí, pero yo estaba aterrada. Sólo logré responder empujándolas en un intento de alejarme y llorando.

Entre mis lágrimas divisé a una dolida Carla viéndome con un rostro indescriptible. Coka aventaba una que otra blasfemia tapándose la nariz y Alexa trataba de acercarse a paso sigiloso.

Ai, somos nosotras, siempre hemos sido nosotras—dijo Alexa dando tres pasos más.

Asentí con la cabeza tratando de tranquilizarme. Alexa se acercó a examinarme la herida. Pero solo fueron segundos antes de que se retirara.

No puedo. La sangre…

Hazte a un lado—ordenó Carla empujándola y abrazándome en un gesto protector. —Yo me hare cargo. Váyanse de caza, les hará falta.

¿Y qué dices de ti?—preguntó Coka con el claro tono del sarcasmo.

Yo estoy bien. Yo siempre estaré bien para mi hija.

Por favor Carla. Somos vampiresas, nosotras…

Vampiresas… —interrumpí en voz baja. Carla taladró a Coka con la vista y nadie dijo nada más.

Mi Carla se limitó a cargarme y llevarme a casa. Curó de mis heridas en silencio. Yo tampoco me había atrevido a mencionar nada.

Que iba a decir, si todo estaba claro. Bueno… eso no era cierto, había tantas cosas que quería saber.

Esa noche exigí respuestas y me las dieron. Me contaron sus historias, el detalle de su "dieta vegetariana" y su naturaleza. Me atiborré de información, así que aturdida y adolorida me fui a dormir…

Desde esa noche… se habían acabado los cuentos.

Dejaron de tratarme como su niña y empezaron a tratarme más como su hermana… -una muy débil por cierto- que como a su hija, y yo empecé a llamarlas por su nombre omitiendo el: mami, mamita o mamá.

Las lágrimas que estaban bañando mi rostro me regresaron a la realidad. Estaba furiosa conmigo misma. Nunca supe cómo manejar la situación. Mi Carla decía que yo aprendería a sobre llevarlo ya que era una hermosa chica con un corazón tierno y amoroso.

¿Dónde estaban todas esas características que supuestamente formaban parte de mí ser?

¿Cómo podía ser hermosa aun lado de un grupo de bellas vampiresas?

¿Amorosa y tierna? ¿Con quién? ¿Acaso con las ratas?

Alexa me decía que mi "mala actitud" era porque había entrado a la adolescencia. Pero con un demonio… juro que todo me irritaba y me ponía de mal humor.

A fin de cuentas, ¿Qué motivos tenía para estar de buen humor? No sabía nada de mi pasado, lo único que siempre había recordado era a esas tres vampiresas cuidándome. No tenía un apellido, no tenia recuerdos, la poca gente que conocía de mi edad siempre se quedaba atrás al cambiarnos de ciudad. No tenía ni un solo amigo.

No sabía nada de la vida. Siempre protegida. Siempre encerrada. Siempre…vacía…

¿Así… o más patética?

Toqué mi frente, estaba ardiendo… de nuevo. Era la tercera vez en la semana que me pasaba. Mi mal humor empeoraba así como la temperatura de mi cuerpo ascendía. Me regresé por las escaleras enfadada con el mundo y con la vida. Solo quería golpear algo y dejar que la frustración saliera de mi pecho…

Estampé la puerta de mi cuarto. Sabía perfectamente que mi familia lo habría escuchado y lo más probable es que en cuestión de minutos mi Carla tocara mi puerta.

Toc, Toc

Bingo.

—Koko… mi niña ¿Estás bien? Te estamos esperando. — musitó mi Carla desde el otro lado de la puerta.

— ¡Estoy bien! ¡Pero no tengo ánimos de jugar Monopoly el día de hoy!

— ¡Pero te encanta el Monopoly!

— ¡Creo que no más!— Ni el monopoly, ni el uno, ni el scrabble, ni ningún otro estúpido juego de mesa.

El silencio reinó en instantes. Conociendo a mi Carla, estaría preocupada pero me dejaría sola. Y si, a los segundos escuché como bajaba por las escaleras. Gracias a Dios se había resignado.

Me senté en el piso y podría jurar que escuchaba el latido precipitado de mi corazón. No sabía ni porque, pero estaba agitado… adolorido, como si estuviera expectante a algún nuevo acontecimiento. No entendía nada de lo que me pasaba. Quizás era mi coraje por habernos cambiado recientemente de domicilio. Apenas había hecho nuevos amigos en la escuela anterior cuando ya nos habíamos tenido que volver a mudar.

¡Muchas gracias Coka!

Coka, era la locochona y revoltona del grupo. En su última locura, se había acostado con mi maestro… fue obvio que él se dio cuenta de que algo no estaba bien con ella. Así que después de la regañiza de Alexa, decidieron que irnos sería lo mejor.

Resoplé molesta y volví a tocar mi frente. Seguía ardiendo. No quería decir nada. No quería preocuparlas. Ser la única de la familia que se enfermaba a veces podía ser vergonzoso y fastidioso. Aunque nada más vergonzoso que el primer día que tuve mi periodo…

Me tapé la cara, que conociéndome, estaría tapizada del más fuerte color carmesí que pudiese existir. Mi familia podía ser muy sabia en unas cosas, pero para otras… -¡Como que te expliquen qué rayos es la menstruación!-podían ser lo bastante torpes. Esa vez yo estaba en pánico, miré la sangre escurrirse por mis piernas cuando me desnudaba para una ducha. Había gritado tan fuerte que mi Carla había corrido a mi encuentro y prácticamente derribado la puerta. Yo estaba muy asustada: Sangre y vampiros… no era como que la mejor combinación.

Mi Carla había quedado en shock y la vi tartamudear. Hasta ese momento se les ocurrió comunicarme que había cierta etapa en la mujer en donde ovulaba y bla, bla, bla.

¡Valientes maestras!

Se habían justificado diciendo que ya no se acordaban de ese detalle. No pude culparlas, ellas tenían siglos sin tener que sufrir por cólicos o por tener que ir a comprar toallas sanitarias. Volví a resoplar.

Yo sabía que era la normal de la familia, pero me sentía como el bicho raro.

El coraje volvió a bullir en mi sangre. Aventé un puñetazo al piso y escuché un: ¡Crack!

¡Oops!

Me fijé en el suelo y vi una pequeña hendidura. Me sorprendí, y bastante. Por lo regular era una debilucha. Definitivamente estaba muy molesta como para agrietar el piso así de un golpe. Y aparte de todo me sentía mal… realmente muy mal. Sentía que el centro de mi pecho explotaría por combustión espontanea.

Me puse de pie y me aventé a la cama. Mis dientes comenzaron a castañear. ¿Tenia frio o calor? Volví a tocarme… estaba más que ardiendo, probablemente unos treinta y ocho o cuarenta grados. Si no bajaba la temperatura iba a convulsionarme. Me levanté ya asustada y corrí al baño de mi habitación. Me desvestí lo más rápido que pude y me metí a la regadera. Abrí el agua fría a todo lo que daba y dejé que el líquido invadiera mi cuerpo.

Nada.

La temperatura seguía ahí. Me asusté muchísimo. Creí que lo más conveniente era tragarme mi orgullo y correr con mi familia. Pero el solo considerar esa idea me enfureció a sobremanera. Cerré el grifo y alcancé una toalla. Me la enredé en el cuerpo y corrí hasta la ventana para abrirla. Necesitaba el aire fresco de Utah al anochecer.

Cuando la abrí, el dolor en mi pecho se acrecentó lacerantemente. La temperatura caló en mi cerebro y por un momento dejé de pensar. Solo quería liberarme… dejarlo ir.

Sin pensar coherentemente cerré los ojos y salté de la ventana. De repente…

Fui libre.

No había más dolor. No existía más amargura envenenándome las ideas. Dejé que mis sentidos disfrutaran de todo. Podía oler la tierra mojada. Escuchaba el canto de las aves y hasta el marchar de las hormigas. Mis pies corrían como jamás lo había sentido. Me obligué a abrir los ojos y lo que vi me asustó.

No era yo. Era un animal…

Miré mis patas y analicé mi pelaje castaño… como mi cabello. Esta era yo.

El sol ya se había ocultado por completó y una hermosa luna empezaba a adornar el cielo. Instintivamente aullé. Fue como algo natural, instintivo. Volví a aullar…

Era una loba, esa era yo… y la comprensión de eso me dejo abrumada.

Totalmente abrumada.


Quizás les haya sacado un poco de onda, porque son todos OC, pero les aseguro que está relacionado con la historia de Meyer, y a partir del 3er capitulo veremos ya a sus personajes. No será una historia larga… pero la pensé mucho y adoré la idea. Espero le den una oportunidad… si no, no me importa… la seguiré escribiendo jojojo… Gracias por su amor y apoyo.