LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN. ESTA HISTORIA ESTÁ ESCRITA SIN ÁNIMO DE LUCRO.

Capítulo 8.

"- El día que yo lo haga quiero que sea muy especial y con alguien es… especial."

"Alguien como tú…" se dijo mentalmente cerrando los ojos y acercando sus labios a los de la chica. Era un movimiento sin calcular y casi suicida, pues seguro que acabaría estampado contra la pared más cercana de un certero y brutal golpe, pero… total, ya había recibido tantos a lo largo de su asquerosa vida que uno mas no es que importara demasiado y además, por esto seguro que valía la pena arriesgar el pellejo.

Pero para su sorpresa, no ocurrió como esperaba. Por el contrario sus labios resecos y temblorosos se unieron a otros de dulce y suave textura, que lo acariciaron en un roce cálido y sublime. Extasiado disfrutó del tierno toque que apenas fue poco más que un ligero contacto de pieles. Un tacto breve y difuso que envió una electrizante descarga por cada fibra de su cuerpo. No duró más que un segundo, un breve latido, pero para Naruto fue algo indescriptible que jamás soñó llegar a vivir.

Pero para su desgracia, la calidez desapareció con la misma rapidez con la que llegó. Sus palmas sudorosas resbalaron de los blancos hombros que habían aferrado hasta ese momento con torpe anhelo, mientras exhalaba profundamente.

Uno, dos, tres… no podía determinar cuánto tiempo había pasado. Sus manos apretadas en tensos puños colgaban de sus brazos laxos que no sabía dónde poner y sus ojos cerrados con fuerza, se negaban a abrirse por temor a salir de la ilusión en la que creía haber caído.

-Naruto…

Su nombre fue solo un suspiro que sopló sobre su boca pero con el imperativo suficiente como para obligarle a despertar de su ensueño.

El rostro de Sakura se encontraba a escasos centímetros de distancia y sus mejillas presentaban un rojo intenso y favorecedor.

-Esto… yo…

Él parpadeó confuso sin entender lo que ella trataba de decir, en cambio instintivamente trató de acercarse de nuevo hacia esos perfectos labios que lo atraían con fuerza casi gravitatoria.

-¡Joder chicos! ¡Qué bien estáis dejando esto! ¡No había estado tan limpio desde hacía años!

El sonoro saludo del tabernero los tomó de improviso sobresaltándolos y obligándolos a separarse de un salto. El hombre los miró sorprendido ante su reacción. La expresión de sus caras era todo un poema. Sonrojados y avergonzados era fácil percibir que su llegada acababa de interrumpirles.

Escondiendo una sonrisa maliciosa, disfrutó del palpable nerviosismo de los chicos mientras se paseaba disimuladamente por la estancia deslizando un dedo por una de las mesas midiendo el nivel de suciedad, o la ausencia de esta.

-Uhm… Lo estáis dejando todo impecable. Apenas puedo ver una mota de polvo o algún rastro de suciedad. – su sonrisa se ensanchó notablemente y con los brazos cruzados sobre el abultado pecho los miró con un guiño divertido en los ojos.

- Parece que se os da muy bien esto de trabajar... juntos. – añadió con un tinte socarrón en la voz.

-Je, je… sí, bueno. Ya sabes viejo, cuatro manos hacen más que dos. – replicó el joven rascándose nervioso la parte trasera de su cabeza. Mentalmente agradecía haber tenido la ocurrencia de hacer desaparecer los clones segundos antes, porque en caso contrario, el hombre se hubiera encontrado con una visión que lo habría dejado traumado de por vida.

-Bueno, realmente fue Naruto quien hizo la mayor parte del trabajo - intervino Sakura, creyendo justo dar el mérito a quien lo merecía. – Cuando yo llegue él ya tenía la mayor parte limpia. – dijo jugueteando nerviosamente con los dedos. – así que yo poco he tenido que hacer.

Dayu sonrió esta vez sin disimulo. Esta parejita verdaderamente le divertía. Se veía a la legua que ambos estaban muy, pero que muy nerviosos y realmente avergonzados. Algo había estado pasando allí segundos antes de que entrara por la puerta y por el aspecto de los chicos, aun no estaban preparados para afrontarlo frente a otros. Se maldijo en voz baja por ser tan inoportuno mientras se acercaba más parándose frente a ellos y colocando una mano sobre el hombro de cada uno de ellos.

-Bueno, para eso están los amigos. Para echar una mano cuando hace falta ¿no? A fin de cuentas, tú también lo haces con él, ¿no es así, pequeña Sakura?

La joven asintió con una tímida sonrisa evitando mirar a su compañero a la cara. Aún le costaba creer lo que acababa de pasar. Había besado a Naruto… ¡A Naruto! ¡Al descerebrado de Naruto! Y lo peor era que no podía negar que le había gustado hacerlo. El extraño pálpito de su corazón se lo decía, pero eso era algo absurdo, impensable. No podía estar en serio pensando eso. Con disimulo le echó un vistazo a su compañero como para estar segura de que en realidad había sucedido y no era una mala jugada de su mente.

El rubio por su parte, también estaba perdido en sus propias reflexiones. Se había besado con ella.- pensó pasando delicadamente sus dedos por su boca. - Sakura y él se habían besado y ella, ella…. no lo había pulverizado después, como hubiera sido su reacción natural. Eso sí que era extraño. Sus ojos se desviaron levemente para mirarla topándose de frente con sus verdes ojos que lo miraban de soslayo. Ambos dieron un pequeño respingo e inmediatamente apartaron la vista enrojeciendo una vez más. Aquello era sumamente incómodo, especialmente para Sakura que aun no era capaz de procesar el tema y parecía ser la más afectada.

El tabernero observó todo en silencio sacando sus propias conclusiones. El niñato estaba sonrojado pero con un brillo muy especial en la mirada. Ese que solo aparecía en sus ojos cuando la chica estaba cerca, y por otro lado el gesto inconsciente de rozar con sus dedos sus propios labios era más que revelador. Apostaría su gordo y peludo trasero a que se habían besado, pero la reacción de ella era diferente. Estaba como ida y nerviosa, y no parecía estar a muy gusto con la situación. Quizás estaba así porque se sentía avergonzada. No podía saberlo, las mujeres eran tan extrañas…

-Bueno, por lo que veo, ya os queda muy poco por hacer- intervino nuevamente captando la atención de los dos jóvenes y dispuesto a averiguar si estaba equivocado o no. – solo os resta terminar de barrer el suelo y poner las sillas en su sitio.

-Sí, ya casi no queda nada. En unos minutos lo terminaremos y después prepararé el desayuno, Sr. Minamoto.

-No te preocupes por el desayuno Sakura, yo lo haré. – el repentino arranque de amabilidad sorprendió a la chica que alzó una ceja incrédula. - Vosotros acabad con esto yasí,si os dais prisa tendréis tiempo más que de sobra para descansar o incluso para salir los dos juntitos a disfrutar del día como hicisteis ayer.

-Sí, no sé… - respondió titubeante el rubio mirando nuevamente de reojo a su compañera. - quizás podríamos… podríamos ir a dar un paseo. ¿Qué opinas tú, Sakura Chan? También podríamos ir a comer fuera o acercarnos hasta el rio, hacer un picnic…

Ella pareció considerarlo durante unos instantes pero al final denegó con la cabeza.

- Mejor no. No… no creo que sea una buena idea.

-¿Por qué? - protestó Naruto claramente desilusionado - Si es porque ayer protesté por todas esas compras te prometo que esta vez me mantendré mas callado que un muerto, ¡ttebayo! y Shino parecerá un loro a mi lado y… y te dejaré ver todas las tiendas que quieras, Sakura Chan.

-No es por eso, tonto. Simplemente opino que deberías descansar un poco. Aun estás recuperándote de la última paliza que recibiste y esta noche tienes que volver a esa maldita jaula. - le contestó sin siquiera mirarle y apartándose un poco. – Así que mejor quedémonos aquí; desayunas y después, te echas un poco en tu cuarto hasta la hora de la comida. Yo terminaré de limpiar lo que queda.

Los dos hombres la miraron. El mayor sorprendido y el menor bastante decepcionado. No hacía falta ser una lumbrera para darse cuenta de que la principal razón de esa negativa era que no quería estar a solas con él. Naruto sintió una sombra de pesadumbre apoderándose de su ánimo. "seguro que ya se ha arrepentido de haberme besado. Estoy convencido que si pudiera, borraría de su vida estos últimos instantes"

Sus ojos la buscaron de nuevo descubriéndola tensa y sonrojada. Había tomado la escoba que minutos antes soltó Naruto y apretaba con inusitada fuerza el palo de madera, a riesgo de convertirla en un montón de astillas. Ajena a la azulada mirada del chico, se mordía con fuerza el labio inferior a punto de hacerlo sangrar. Naruto que conocía hasta el más mínimo de sus gestos, sabía leer su estado de agitación en cada poro de su blanca piel. Casi podía ver como bullía su cerebro con miles de pensamientos encontrados.

Suspirando desvió su mirada buscando el rostro del tabernero. Este a su vez contemplaba alternadamente a uno y a la otra estudiando sus reacciones. Cuando sus ojos conectaron con los del rubio, sonrió levemente.

-Quizás ella tenga razón, chico.- concluyó volviendo a poner una de sus manos sobre el hombro del muchacho. - Esta noche tienes varios retadores y algunos bastante buenos. Una rica comida y buen descanso te vendrían bien antes de la pelea. Debes estar en tu mejor forma y la de hoy, promete ser una velada intensa.

-Keh… ¿Cuándo te he fallado yo, viejo? ¿Acaso no soy el campeón absoluto de tu asqueroso tugurio, ttebayo?

El ofendido comentario de Naruto le hizo sonreír y contento le dio una fuerte palmada en la espalda.

-¡Por supuesto! ¡Y mucho dinero que me has hecho ganar! Por eso cuido mi inversión. Así que, vete arriba y descansa.

Naruto iba a protestar pero fue interrumpido por el hombre, que lo empujó hacia la puerta.

-Deja de protestar y haz lo que se te dice, muchacho. Sakura te llevará la comida a tu cuarto cuando llegue el momento. Mientras tanto, descansa y relájate.

Cuando el rubio desapareció por el hueco de la puerta, se giró buscando la mirada de la chica.

-Y bien… ¿por qué te has negado a salir con él? ¿A cuenta de qué viene esa repentina frialdad? Cuando entré por esa puerta creí percibir un ambiente mucho más cálido entre vosotros. – dijo remarcando la palabra cálido con los dedos.

-No sé de qué me habla. – Respondió la chica tomando la escoba para continuar con su trabajo – Si no he querido salir es para que descanse y esté más repuesto para esta noche.

El tabernero la observó durante unos segundos en silencio. La furia con la que Sakura barría el suelo, levantaba nubes de polvo gris que se esparcían por las mesas cercanas. El hombre agarró el palo centímetros por encima de las manos de la chica y detuvo su trabajo.

-A mí no puedes engañarme, jovencita. – dijo al fin. - Tengo muchos años y he visto demasiado en esta asquerosa vida como para no saber lo que te pasa; y déjame decirte que no vas por buen camino.

Los verdes ojos relampaguearon de furia.

-Pues, dígame, señor experto, ¿Qué estoy haciendo tan mal, según usted?

-Ignorar lo que sientes por él. Negarlo y tratar de engañar al pobre chico como haces contigo misma.

-¡Yo no estoy engañando a nadie y mucho menos a él! ¡Y sé muy bien lo que siento por Naruto! – Respondió arrancando el palo de las manos masculinas con un brutal tirón - ¡Es mi amigo y le quiero, y ni siquiera entiendo qué pretende diciéndome todo esto! – añadió empezando a barrer nuevamente con mayor brío que antes y dando la espalda al hombre. Este en un fiero gesto le arrebató la escoba y la arrojó lejos haciéndola dar un respingo sorprendida.

-Ya te dije antes que el muchacho me preocupa. Aunque no lo creas, le tengo aprecio y me duele verle sufrir, pero para ser tan amiga suya como dices, no parece que te importe demasiado desilusionarlo.

-¿Cómo se atreve?- gritó poniéndose en jarras. - No creo que le duela más que a mí. Naruto es mi amigo, corrijo, mi mejor amigo y la vida de mierda que lleva a aquí me hiere en lo más hondo. No hay nada en este mundo que desee más que ayudarle y sacarle del bache en el que se encuentra, así que no se atreva a insinuar que no me preocupa.

-Pues nadie lo diría, ya que no te privas de dar falsas esperanzas, para luego quitárselas de golpe.

La respuesta provocó un duro enfrentamiento de miradas entreambos.

-No sabe lo que dice. Si estoy aquí en este apestoso agujero es precisamente por él y para intentar convencerlo de llevarlo de vuelta a casa. Solo quiero que vuelva a ser todo como antes y lucho con todas mis fuerzas para ayudarle. Le cuido y le curo sus heridas. Trato de que coma, que deje la bebida, que se asee, que se cuide pero… ya ve, al final según usted, no hago nada a derechas.

-Todo eso lo sé, Sakura y no creas que te reprocho nada. Solo te digo que quizás estás fallando en otra cosa.

-¿Otra cosa? ¿Qué cosa? Casi no duermo por velarle cada vez que sale de esa maldita jaula cubierto de sangre y heridas. Cocino para él y estoy siempre pendiente de cualquier cosa que necesite. Parezco su madre y aunque a veces quizás no lo haga del todo bien, sepa que me esfuerzo todo lo que puedo. – añadió al final con un dejo de tristeza que no pudo ocultar.

El tabernero suspirando acercó una silla y se sentó pesadamente.

-A veces no es tan importante todo lo que haces, sino cómo lo haces. Naruto no creo que necesite una madre a estas alturas, Sakura. No precisa a alguien que cocine para él o que le regañe porque bebe o no se lava las orejas. Quizás lo que necesite simplemente es una razón por la que salir adelante y luchar.

-Pero yo…

-Mira Sakura, cuando Naruto llegó aquí tan destrozado y tan hundido, no conocía la razón de su dolor. Él nunca me contó nada y lo poco que pude averiguar durante sus eternas borracheras fue que la culpa y la sensación de fracaso lo está matando.

Los ojos de Sakura se humedecieron al oírle y con lentitud acercó otra silla para tomar asiento a su lado.

-¿Nun… nunca le contó nada?

-No, pero no hizo falta. Entre sus balbuceos de borracho le pude coger algunas cosas, frase inconclusas y casi sin sentido, pero uniendo de aquí y allá me hice una ligera idea.

- Y… ¿Qué sabe exactamente?

- Pues sé que se siente responsable por la muerte de un hermano y que sufre horriblemente por fracasar en cumplir una promesa a alguien muy importante para él. Alguien que imagino eres tú.

Sakura bajó la cabeza para ocultar las lágrimas que ya no pudo evitar. Dolorosamente callada, las sentía resbalar por sus mejillas y caer calientes sobre su regazo.

El hombre respetó su silencio y esperó varios minutos, finalmente adelantó su mano y la colocó con cariño sobre su rodilla.

-Sakura, ¿qué pasa? ¿Por qué dos personas tan jóvenes como vosotros arrastráis tanto dolor? Sé que tú también sufres tanto o más que él, aunque lo canalices de otra forma diferente a como lo hace ese tonto. Pero dime…- le instó tomándola de la barbilla para poder verle el rostro. - ¿qué es eso tan horrible que os está destruyendo a ambos?

-Sr. Minamoto.- llamó sorbiéndose ruidosamente los mocos.

-¿Sí?

-¿Usted sabe lo que somos Naruto y yo?

El hombre se reclinó sobre el respaldo y le sonrió apenas, viéndola secarse las lágrimas con uno de los paños del polvo y como dejaba rastros de suciedad en su bonito rostro.

-No exactamente, pero si sé que nos sois normales. A ver… - se corrigió rápidamente viendo el congestionado rostro de la chica que amenazaba con una muerte dolorosa. – no pretendo decir que seáis algún tipo de monstruos ni nada parecido, pero la destreza en la lucha, la fortaleza y sobre todo, la inusual resistencia y capacidad de recuperación de Naruto no es algo que se vea todos los días; y con respecto a ti, pues… tampoco te quedas atrás. No es normal que una chica de tu delicada constitución pueda generar esa fuerza monstruosa que sacas de no sé donde, y de la cual, mi pobre mostrador da buena fe.

Ante sus palabras la joven no pudo reprimir una pequeña y triste sonrisa a su pesar. - Somos Shinobis. Sr. Minamoto – soltó de pronto ante la sorpresa del hombre que no se esperaba esa explicación. - y pertenecemos a una aldea que está a mucha distancia de aquí.

-¿Shinobis?

-Ninjas, si prefiere llamarnos así.

-Ninjas… - El tabernero la miró atónito. - He oído hablar de esas villas aunque nunca creí del todo en su existencia. Aldeas ocultas las llaman, ¿no?

- En efecto y nosotros, Naruto y yo, somos parte de sus efectivos.

-Ya veo. También he conocido alguno de vosotros con anterioridad, pero ninguno tan joven como el niñato o tú.

-Bueno somos entrenados desde niños, algunos desde edad muy temprana. Atendemos a nuestro adiestramiento en unas academias especiales donde nos enseñan a luchar y los jutsus necesarios para llevar a cabo nuestras misiones.

-Suena muy duro.

-Créame, lo es.

-Y… perdona que te pregunte, pero ¿tenéis que matar a… personas?

-Por desgracia cuando es necesario, sí. Procuramos evitarlo lo más posible y en mi caso, yo me dedico a salvar vidas más que a segarlas. Soy ninja médico.

-¿Y Naruto?

Sakura esbozó un pequeña sonrisa.- Él es el Shinobi más poderoso de nuestra aldea. El más fuerte, más valiente y mejor de todos nosotros.

-Veo que le admiras.

Sakura se secó las últimas lágrimas que resbalaban por su barbilla.

-Mas que a nadie, y le quiero muchísimo. Por eso estoy aquí.

-Eso ya lo has dicho, pero sigues sin aclararme el motivo de todo lo que ha provocado el hundimiento del chico.

Sakura bajó el rostro huyendo de la inquisitiva mirada de su jefe. El simple hecho de contarlo le dolía en el alma. Era como vivirlo de nuevo haciendo a la herida de su pecho sangrar a borbotones.

-El hermano del que habla – comenzó a contar - era Sasuke, nuestro antiguo compañero de equipo. Nos abandonó hace años, traicionando a la aldea, a sus amigos y dejándonos sin importarle ni un ápice nuestro dolor. Durante años lo buscamos incansablemente para hacerle volver con nosotros. – Al llegar a este punto, la chica elevó la cabeza y fijó sus llorosos ojos en el tabernero. – Yo le amaba más que a mi vida y loca de desesperación le arranqué a Naruto la promesa de que me lo traería de vuelta.

-Ya imagino que la promesa que Naruto no cumplió fue esa.

La chica se levantó y comenzó a caminar nerviosamente por la estancia.

-Fue el acto más egoísta y estúpido de toda mi vida. Debido a esa promesa, condené a mi mejor amigo a emprender una búsqueda suicida y amarga para satisfacer mi ridículo capricho, pero él no se quejó, al contrario, con una de sus idiotas sonrisas me juró que no descansaría hasta hacerle regresar.

Un suspiro salió de sus labios que se transformó después en un quedo sollozo.

-Pobre iluso… Sasuke no quería volver e intentó matarnos en más de una ocasión pero ni aun así cejó en su empeño. Lo siguió intentando hasta que estalló la guerra.

- ¿Una guerra? ¿De qué guerra hablas? - El hombre la miró sorprendido. Que él supiera su país no entraba en una guerra desde… bueno, desde hacía muchos años.

-La última guerra. – respondió con dolor y obviando el hecho de que la contienda no era conocida fuera de las naciones ninjas. – Sufrimos una amenaza externa que desencadenó en una guerra sin precedentes. Nuestros enemigos eran muy poderosos y hubo muchas bajas. Pero lo peor fue que Sasuke se alió con ellos y acabó enfrentándose a Naruto.

En ese momento, la joven no pudo más y rompió en un llanto amargo, cobijando su rostro en sus manos mientras su cuerpo se convulsionaba por espasmódicos temblores.

El tabernero preocupado se levantó de la silla y se acercó a la desconsolada chica.

-Sakura… - la llamó acariciando con dulzura su hombro. Ella levantó la cara y lo miró.

-¡Fue horrible! Ellos luchaban y yo no podía hacer nada. ¡Nadie podía hacer nada! – casi gritó en medio de un sollozo. – no podíamos acercarnos a ellos. El poder que emanaban era inmenso. Ambos eran tremendamente fuertes y luchaban con todo lo que tenían. Yo sabía que si seguían así uno o incluso ambos acabarían muertos, pero…

- Pero ¿qué?

-No se detuvieron. – añadió con voz apagada. – Siguieron luchando sin importarles nada. Al final, todo acabó. Sasuke estaba en el suelo, sin vida y Naruto más muerto que vivo, apenas se mantenía en pie.

Las lágrimas de la chica seguían bajando de sus enrojecidos ojos sin parar como pequeños y transparentes ríos.

-Yo me acerqué a ellos y vi el rostro de Sasuke. Su hermoso rostro sin vida y me sentí morir. No podía creerlo pero era verdad, él nunca regresaría.

-Lo siento mucho, pequeña. – La manaza del hombre le acarició con dulzura el rostro, llevándose algunas de las cristalinas gotas.- Tuvo que ser muy doloroso para ti.

- Lo fue... Yo también estaba bastante mal herida y además había agotado casi todo mi chacra curando heridos hasta el límite de mis fuerzas, así que cuando llegué hasta él, me desplomé a su lado y grité desgarrando mi garganta y lloré hasta que no me quedaron lágrimas. Intenté desesperadamente revivirlo y me desmallé por el sobreesfuerzo. Recobré la consciencia un par de días después en el hospital, pero no pude salir hasta tres semanas más tarde. Para entonces Naruto ya se había ido de la aldea. Mi maestra me había mantenido fuertemente sedada todo ese tiempo para que me recuperara y sobre todo, para que me fuera más fácil ir haciéndome a la idea de la pérdida de Sasuke.

- ¿Y lo has conseguido? ¿Has superado el dolor?

Ella sacudió la cabeza en negación.

El hombre la observó conmovido. Le daba mucha pena verla en ese estado, pero aun le quedaba varias preguntas que hacer si quería llegar al fondo de la verdad.

-Déjame que te haga una pregunta, pequeña. – le dijo volviendo a tomar asiento.

Ella lo miró con sus verdes ojos muy abiertos.

-¿Culpas a Naruto por lo que pasó? ¿Le haces responsable de la muerte de ese joven?

-¡No! ¡Por supuesto que no! – respondió con vehemencia. - Naruto no quiso matarlo. Él trató de evitarlo. ¡Yo sé que lo intentó y no le culpo! Pero…

-Ya, pero desearías que fuese él quien hubiese muerto en lugar del otro ¿no?

En ese momento Sakura lo miró casi aterrada. ¿Cómo podía insinuar eso? Durante varios segundos no fue capaz de responder y se dedicó a lanzarle una furibunda mirada. Los dos habían estado tan mentidos en la conversación que no se percataron de la figura que desde las sombras les había estado escuchando hasta que el silencio de la chica ante la última pregunta del Sr. Minamoto fue respuesta más que suficiente para él. Con el corazón destrozado, salió huyendo de allí dispuesto a buscar el consuelo que solo una botella de alcohol podía brindarle en la oscura y silenciosa soledad de su cuarto.

…/….

-¡¿Cómo se atreve a decir eso?

El furioso golpe partió la mesa en dos mitades que desgajándose con un sonoro chasquido, se separaron cayendo a ambos lados de la joven.

-¡Jamás! ¿Me oye? ¡Jamás ha pasado semejante cosa por mi cabeza! La muerte de Sasuke me dolió muchísimo, pero igual hubiera sido en el caso de Naruto. Si ese tonto me faltase, yo…

La chica casi se ahoga por la congoja y el hombre se levantó de la silla y se le acercó pasando un brazo por sus hombros.

-Calma, te entiendo y sé lo importante que el mocoso es para ti, pero ¿lo sabe él? Creo que estamos llegando el meollo del asunto. Y si eres tan inteligente como creo que eres, llegarás a la misma conclusión que yo.

-Claro que lo sabe, sino, ¿por qué iba yo a venir hasta aquí buscándole? ¿Y por qué iba a cuidarle como una madre?

-Ya te dije antes que estabas equivocando los conceptos. Naruto no precisa una madre sino una razón que le devuelva la ilusión por vivir y creo que tú a veces le das esa razón, pero otras muchas se la quitas.

Sakura entrecerró los ojos. - ¿qué intenta decirme?

-Ya lo sabes.

-No, no lo sé.

-Sí que lo sabes. – replicó el hombre con una media sonrisa. Ella intentó replicar y él le cortó con un gesto. – No, no intentes negarlo más, y dejemos el tema por ahora. Mejor recoge ese estropicio y prepara el desayuno para el chico y para ti. Luego puedes irte a descansar hasta la noche.

Moviendo su enorme corpachón, se encaminó hacia la salida, pero antes de desaparecer, se giró de nuevo y le lanzó un guiño.

-Y piensa bien en lo que te he dicho, Sakura chan.

…/…

La joven lo vio salir del salón y suspirando se sentó en una de las sillas. Paseó la vista por la estancia y se fijó en los restos de la mesa que había destrozado minutos antes. Tenía que darle la razón a Ino puerca, se volvía muy violenta cuando se frustraba. Y así era como se sentía en estos momentos, aunque tenía que reconocer que la charla con su jefe le había ayudado a sacar algo del dolor que se arremolinaba en su interior. A veces hablar ayudaba, aunque casi nunca lo había puesto en práctica. Era muy reservada y poco dada a expresar sus sentimientos, sobre todo en los últimos tiempos pero a veces era tanto lo que se guardaba dentro que había que dejarlo salir de alguna forma o acabaría ahogándonos.

¿Se sentiría Naruto así? No pudo dejar de preguntarse. Él siempre fue mucho más expresivo que ella, o al menos eso pensaba antes, porque conociendo la capacidad que tuvo durante años para esconder lo mucho que sufrió en su niñez, lo ponía en duda. Pero seguramente ahora si necesitaría hablar de lo que supuso para él la muerte de Sasuke. Quizás necesitara sacarlo fuera, desahogarse y expresar su sentir pero, ¿sería capaz de confiarse a ella? Y sobre todo, ¿estaría ella preparada para oírle hablar sobre ese tema que tan doloroso resultó para ambos? Seguramente no, pero si verdaderamente quería ayudarle debía empezar por ahí. Necesitaban hablar, desahogarse y seguir retrasándolo no era el camino más acertado. El momento de poner las cartas bocarriba había llegado y reuniría todo su valor para hacerlo.

Con un nuevo suspiro recogió los trozos de la mesa rota y los amontonó en la basura, después terminó lentamente de barrer y preparó un desayuno ligero para ambos, compuesto por unas tostadas con mermelada, huevos revueltos, zumo, galletas y café. Lo colocó todo en una bandeja grande y lo subió hasta la habitación de Naruto.

Antes de tocar en la puerta, aspiró para darse ánimos. Cuando escuchó al joven dándole permiso, abrió la puerta y entró.

Naruto se encontraba tirado de cualquier manera sobre su cama y apenas levantó la vista para verla entrar con una gran fuente llena de comida. El olor era delicioso pero no sentía hambre. La media botella de licor que le llenaba el estómago había desterrado el apetito de su cuerpo.

-Traigo el desayuno para los dos, espero que no te importe que tome el mío aquí contigo, aunque te aviso que esta vez no he puesto demasiada comida. – dijo Sakura mientras dejaba la bandeja sobre la mesa con cuidado.

-No importa, no tengo hambre.

Si la respuesta le sorprendió, el tono rasposo de su voz y el olor a alcohol que impregnaba la habitación le confirmó lo que ya se temía. Lentamente se volvió y lo miró con tristeza.

-¿Has bebido otra vez Naruto?

Él se limitó a subir el brazo mostrándole la botella con poco menos de la mitad de líquido.

Ella cerró los ojos como queriendo borrar la imagen.

-¿Por qué? – preguntó dolida. – Pensé que ya lo habías dejado.

-Pues pensaste mal… - le respondió dando un nuevo trago.

De pronto un fuerte manotazo le arrebató la botella lanzándola lejos y estrellándola contra la pared. Naruto se incorporó de golpe mirando alternativamente a la iracunda chica y a los restos de cristal y bebida que manchaban el suelo.

-¿Por qué has hecho eso? Ahora tendré que bajar a por otra nueva.

-¡Tú no irás a ninguna parte! Te quedarás aquí y te tomarás el desayuno que te he preparado. No voy a consentir que sigas tragando esa mierda.

La joven temblaba por la rabia y apretaba los puños hasta clavarse las uñas en sus propias palmas. La furia la consumía y la sensación de fracaso era insoportable. Tenía unas ganas enormes de cogerlo por el cuello y zarandarlo hasta hacerle vomitar todo el licor que había tragado.

-Ya te he dicho que no quiero comer, así que déjame en paz Sakura chan. No tienes por qué molestarte conmigo, no lo necesito. Lo único que me hace falta es otra botella. – replicó haciendo el ademán de levantarse para ir a buscar su preciado licor, pero no contaba con que la chica se interpusiera en su camino, bloqueándole el paso.

-Como traigas otra botella de esa mierda, te la voy a meter por el culo de una patada, ¿me oyes idiota?

Naruto se rio sin humor y dando un paso hacia un lado, la sorteó para salir de la habitación. Rápidamente la joven lo tomó de un brazo y con un fuerte giro lo lanzó de vuelta sobre la cama. Sus ojos se abrieron como platos cuando al chocar contra el colchón explotó en una pequeña nube de humo.

-Un clon... – apenas le dio tiempo a decir antes de sentirse apresada desde atrás por unos fuertes brazos.

-Eres rápida, Sakura chan, pero no lo suficiente. – susurró junto a su oído. Ella apartó el rostro con una mueca de asco.

-Apestas a borracho.

Él apretó su agarre haciéndola gemir de dolor.

-Es lógico, a fin de cuentas es lo que soy. Un sucio borracho.

La joven se quedó momentáneamente inmóvil procesando sus palabras.

-¿Qué te ocurre, Naruto? – preguntó al fin. - ¿Por qué has vuelto a beber? Creía que habíamos superado ya esa fase.

-¿Habíamos? ¿Por qué hablas en plural? Aquí el borracho soy solo yo…

-Pero estamos juntos en esto. Yo estoy aquí para ayudarte. – le contestó con toda la dulzura que pudo. Intentaba llegar a su corazoncito y conmoverle de alguna forma. Hacerle reaccionar y que volviera al estado anterior tan diferente a este oscuro frio que ahora tenia, pero no lo consiguió y fue plenamente consciente de su fracaso, cuando oyó la risa masculina sonar amarga y seca.

-Claro, Sakura la bondadosa. La buena samaritana. El ángel que viene a socorrer a los pobres desgraciados como yo. Pues entiende esto, mi querida y tierna Sakura. – dijo pegando su cuerpo al de la chica de tal forma que no quedaba ni un resquicio entre ellos. - Ni quiero ni preciso tu compasión. – Susurró junto a su lóbulo, antes de rozar su nariz por la curva de su blanco cuello aspirando profundamente su aroma. - Ve a dar las migajas de tu caridad a quien las quiera. – terminó apartándola rudamente.

Sakura trastabilló ante la fuerza de su empuje y se sujetó de la silla para no caer. No comprendía su brutal cambio de actitud. Abajo antes de que llegara el tabernero habían tenido un momento de cordial camaradería como antaño, incluso habían llegado a compartir un beso. Cierto era que después la cosa se enfrió bastante e incluso se había negado a salir con él, pero no creía que esa fuese razón suficiente como para desplegar esa rudeza con ella. Otras muchas veces le habían negado una cita y no había llegado a esos extremos tan bordes, pero claro, el Naruto de ahora distaba mucho de ser el mismo chico de antes.

-Naruto, no digas tonterías. – le contestó y se giró para verlo sorprendiéndose por el duro gesto de su rostro. - No se trata de compasión. – añadió de forma conciliadora. - verdaderamente me preocupas y el beber no te hace bien. Debes dejarlo ya o de lo contrario…

-¡Cállate y no me sermonees más! – el repentino grito la interrumpió dejándola perpleja. - ¡Yo sé bien lo que tengo o no tengo que hacer y estoy hasta los huevos de que andes siempre regañándome o golpeándome como si fueras un jodido sargento! ¡Déjame de una puta vez, Sakura! ¡Déjame en paz!

Medio tambaleándose salió por la puerta hecho una furia. Sakura, tras los segundos necesarios para asimilar el estallido de su compañero, salió tras él dispuesta a darle pelea. No iba a consentir que la dejara de esa forma ni que echara por tierra lo poco que tanto le había costado conseguir.

-¡Párate ahí, idiota!- gritó corriendo tras él por las empinadas escaleras, pero el chico era rápido y no consiguió darle alcance hasta que llegó a la vieja cocina. - ¡Para y escúchame, Naruto! – volvió a gritarle viéndolo desaparecer por el hueco de la despensa.

-No. – respondió simplemente mientras husmeaba por los diferentes estantes buscando las reservas de licor que el dueño de la taberna guardaba celosamente. Con un suspiro aliviado apartó una pesada caja y encontró lo que tanto buscaba. El último envío de Sake de calidad.

- Por favor, tenemos que hablar. – escuchó rogar a Sakura justo detrás de su espalda. Ignorándola, apuró un gran trago de una de las dos botellas que acababa de coger dejándola en menos de la mitad en un momento.

-Naruto, por favor…

-No. No hay nada más que decir. Te he dicho que me dejes o es que no comprendes lo que se te dice.

-¿Pero qué cojones te pasa? – estalló al final perdida la poca paciencia que le quedaba. - ¿estás enfadado porque no he querido salir hoy? ¿Es eso? La verdad no te entiendo. Ya te he dado las razones por las que creo que deberíamos quedarnos aquí. Solo estoy pensando en tu bienestar.

Naruto apuró un nuevo y aun más largo trago hasta finalizar la botella. El licor le resbalaba por la barbilla y mojaba la vieja camiseta. El estado del chico era deplorable con la ropa sucia y el pelo despeinado, pero lo que más impresionaba no era su descuidado aspecto sino la angustia y el profundo dolor que empañaban sus azules ojos. Sakura conmovida en lo más hondo colocó una suave mano sobre su brazo.

-¿Naruto? Te he hecho una pregunta. ¿Qué tienes?

La miró intensamente y dejó caer con descuido la botella vacía. Ella lo vio avanzar hasta quedarse a escasos centímetros de distancia mirándola con ojos vacios.

-Contéstame tú a mí – ordenó de pronto tomando su mano con fuerza y atrayéndola hacia él. - Dime, Sakura… ¿es cierto? ¿De verdad preferirías que yo hubiese muerto en su lugar? Dime que no deseas en el fondo de tu corazón que hubiera sido yo quien no se levantase del suelo aquel día en lugar de Sasuke.

Fin del capítulo.

/….

Hola a todos. Sé que ha sido un tiempo muy largo, pero para compensar aquí os dejo un capítulo algo más extenso de los que suelo hacer.

La cosa está un poco chunga entre los dos y parece que los avances de Sakura para sacar a Naruto del bache no están resultando tan productivos como debieran, pero claro la primera que debe aclararse es la propia chica, aunque parece que la charla con el tabernero ha hecho mella en ella. En fin, ya veremos como sigue avanzando esto, ni yo misma lo sé. Nah, es broma… de hecho tengo escrito el final del fic desde hace mucho, así que no puedo desviarme mucho de la trama.

Y ahora volviendo a lo importante quiero agradecer como siempre de todo corazón a aquellos que me habéis dejado todos esos comentarios. Sois un cielo y me motiváis un montón para continuar con mis historias a pesar de lo difícil y duro que se me hace a veces. Pero por vosotros merece la pena hacerlo.

Un besote muy grande y hasta la próxima.

Agadea.

La próxima vez intentaré contestar a los reviews directamente.