Montana

Estaba segura de que mis ojos estaban cerrados, aun así, la intensa luz era casi insoportable. No dolía, de hecho ya nada dolía aquí. Estaba muerta, lo sabía, pero ¿en dónde estaba exactamente? Tenía que ser un lugar soleado, pues era la única respuesta lógica que se me ocurría ante yanta luz. También debía estar nevando, o ser un lugar simplemente frio porque así lo sentía mi cuerpo, a decir vedad, era agradable. Oía el trinar de las aves en los arboles, las ramas meciéndose y las hojas cayendo al césped cada vez que pasaban las suaves corrientes de aire. A lo lejos creí escuchar murmullos y risas, si, había gente riendo con alegría.

También sentía un exquisito aroma penetrando mis fosas nasales libremente, sin tubos que lo impidieran, se sentía como el olor a las galletas de mama recién salidas del horno, aunque también podía sentir el dulce perfume de la tía Kelly mezclado con el delicioso aroma a fresas del shampoo de Anna. Y si prestaba un poco más de atención, incluso podía distinguir el olor propio de Jesse cuando acababa de bañarse y el aroma de las camisas de papá cuando me abrazaba.

Apreté mas los ojos, quería recordar con exactitud a mi familia; quizá no los vería pronto, pero sabía que estarían bien, todos estaríamos bien. Oí claramente el aleteo de los pájaros que pasaron a mi lado, y quise poder ver en donde me encontraba, como era ese lugar y quienes más estaban allí. Quizá Anna tenía razón, quizá estaba en un lugar desconocido, con personas totalmente extrañas, posiblemente nadie me esperaba, aunque no sabía cómo funcionaba esto yo me aseguraría de esperar cuando alguien de mi familia viniera a mi encuentro.

No tenía miedo, pero si me estaba empezando a asustar, hasta que escuché el crujir de la tierra y el pasto bajo las pisadas de alguien que se acercaba despacio. Se colocó delante de mí y una sombra cubrió mi rostro, poco a poco fui capaz de ir abriendo los ojos, y lo vi.

Era él, tan diferente pero igual que siempre. Llevaba vaqueros azules desgastados, camisa blanca, su inseparable chaqueta negra de cuero y andaba descalzo. Seguía tanto o aún más guapo que desde la última vez que lo vi, sin ojeras, ni tubos en el pecho y con abundante cabellos negro. Era él, Taylor.

Me extendió una mano y la tomé sin pensarlo, inmediatamente nos fundimos en un maravilloso y cálido abrazo. De nuevo me sentía feliz. Fue entonces cuando vi por encima de su hombro como era el lugar en el que me hallaba. Un gran lago azul oscuro en el centro, demasiados arboles altos, frondosos y verdes alrededor y a lo lejos elevadas montañas emblanquecidas por la nieve. El acomodó mi cabello –que ahora era tan largo como el que llevé en la fiesta- tras mi oreja, y con su grave y aterciopelada voz me susurró.

"Kate, bienvenida a Montana"

En ese momento supe que estaba en el lugar correcto, con la persona correcta, que ya nunca más habría dolor, que aquí todo sería alegría. Que mi familia y yo siempre estaríamos unidos y que desde aquí yo los protegería, hasta que de nuevo estuviéramos todos juntos. Supe que todo estaba perfecto, pues yo ya había llegado al paraíso.


Bueno gente, espero que les haya gustado. Esto algo asi del como yo me imagino que es cuando alguien muere. Que el lugar al que llegas te encuentras con todo lo que amas de alguna manera, pero bueh, esto solo es mi opinion en un rato en el que mi mente anda divagando xD Me encantaría saber que piensan ustedes al respecto, so... dejaran reviews ¿verdad? *puppy eyes* :D Kisses!