Capítulo 1

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Mi vida se había detenido.

Mis padres habían muerto en un accidente de auto cuando yo acababa de cumplir 17 años, la tía Esme había tratado infructuosamente de hacerme la vida mucho más sencilla, permanecí con ella y ella se encargó de cuidar totalmente de mí.

Siempre fui una chica tranquila, me consideraba inteligente, muy buenas notas en el colegio, pero la muerte de mis padres devasto mi mundo.

Comencé a no tener intereses, a faltar a clases, a dejar a mis viejas amistades y a sumergirme en el alcohol. Solía vagar por las calles de Seattle en mi viejo Chevrolet del 53, sin importar a donde iba. Volvía a casa de madrugada sin tener explicación para Esme, ella pensaba que había perdido la razón y en realidad algo en mí se estaba perdiendo.

Una noche todo cambio.

Me acerque hasta una licorería (ya mis provisiones de alcohol se habían acabado, Esme se encargó de botar al fregadero hasta la última gota que consiguió en casa, utilizaba mi identificación falsa para conseguir más), debía continuar bebiendo sino quería recordar mi patética vida.

Compre el licor y al salir del local choque con un chico que entraba en la tienda, casi rompo las botellas que acababa de comprar, pero afortunadamente solo mi trasero recibió el peso de la caída, me levante adolorida, queriendo insultar al imbécil que me había tropezado y decirle en su cara las mil maldiciones que había aprendido en muy poco tiempo.

Pero mi gran sorpresa fue levantarme para ver al hombre con el rostro más perfecto que hubiera visto en mi vida, con un cuerpo "increíble" que era evidente debajo de su t-shirt y sus jeans ajustados, sus ojos color esmeralda me miraron con culpabilidad por su descuido al chocar conmigo, trague mis palabras sin saber más nada que decir.

—Lo siento, en serio lo siento —él no me miraba directamente, estaba atareado recogiendo mis paquetes—. No sé cómo pude ser tan torpe, Oh por Dios —sus últimas palabras salieron de su boca cuando me miro al fin por primera vez, sus ojos me escrutaban fijamente como si quisiera grabar en su mente cada parte de mí.

Cuando por fin pude reaccionar, tome los paquetes que él llevaba en sus manos y dije: —No te preocupes, no pasa nada.

Salí de allí casi a la carrera. Llegue a mi Chevy casi sin aliento, por Dios Bella que te pasa, que un desconocido pueda tener esa influencia sobre ti es absurdo, casi estaba hiperventilando, mi cuerpo temblaba, ni siquiera entendía que es lo que me estaba pasando.

Atine a encender el motor, el ruido estrepitoso me regreso a la realidad y comencé a conducir lo más rápido que podía, maneje durante varias horas, tratando de no pensar en nada, hasta que decidí estacionar en un Mirador donde podía observarse toda la ciudad.

Era mi lugar favorito.

Estacione en un puesto junto a un grupo grande de autos, busque la bebida y una vez más quise sumergirme en ella para olvidar. Curiosamente después de varios tragos, lo único que estaba en mi mente eran aquellos ojos verdes que había visto por primera vez aquella noche.

Cuando me di cuenta estaba casi sola en el Mirador, los autos habían ido partiendo sin que me percatara de ello, salí del auto un poco mareada para sentir el viento frío que llegaba a mi cara al acercarme a la muralla que nos separaba del resto de la ciudad.

Me sorprendí al escuchar una Vans que se detenía junto a mi auto y ver a alguien bajar de ella, tan o más mareado de lo que yo estaba, lo escuche gritar a su celular mientras trataba de caminar.

—No, no Emmett, no volveré allí y no, no llevare tu "máquina del amor" hacia allá —apago el móvil con un movimiento brusco y lo tiro por la ventana dentro de la Vans.

Se subió a la barda casi con un salto y luego se sentó allí, disfrutando del viento que atizaba su rostro, la luz de la luna hacia que su cabello brillara en reflejos color bronce, el viento lo desordenaba aún más si eso era posible.

Me quede mirándolo un largo rato sin siquiera darme cuenta y el noto mi presencia girando hacia mí, lo vi levantarse y caminar la barda hasta colocarse a mi lado, mientras se inclinaba y señalándome con un dedo dijo con una voz ronca y algo pastosa: —¿Tu? Eres tú, la chica de la tienda, ¿Me andas siguiendo?

—¿Yo? Estás loco —respondí algo enojada y descubriendo también lo pastoso en el tono de mi voz—. Yo ya estaba aquí. ¿Quién sigue a quién? No serás tú el Coyote que sigue al Correcaminos —le dije con una risa fácil, recordando mis cómics favoritos cuando era niña.

El pareció tambalearse y me asuste pensando que podía caer en el risco, pero en vez de hacerlo de ese lado, cayó tambaleando en el estacionamiento y aun me señalaba con su dedo.

—Y entonces. ¿Cómo estás aquí? —rodé mis ojos ante esa pregunta tonta y le dije también señalándolo.

—Existe algo llamado "casualidad".

—No, no, la casualidad no existe —me dijo él sin dejar de señalarme—. Solo existe la "causalidad", todo lo que nos pasa es porque tiene que pasar, porque cada una de nuestras acciones tienen consecuencias en el futuro o en todo caso —lo dijo acercándose a mí, ya sin señalarme—. Es porque hemos deseado tanto algo o alguien que por fin se tropieza en nuestras vidas.

Su explicación filosófica me dejo sin palabras por un instante, pero al final dije: —Demonios… entonces me disculpo porque no se en que momento desee encontrar a un Coyote borracho en un mirador.

Ambos nos miramos por un momento y luego soltamos las risas que estábamos conteniendo.

—Bueno, bueno, bueno —dijo al fin él—. Yo también me disculpo, tampoco te recuerdo en mis deseos Correcaminos.

Nos dirigimos a la barda sin decir nada, el viento golpeaba nuestros rostros dejándonos una sensación de frescura. Sentía que tenía que decir algo para no parecer tonta o para romper el momento tenso que se estaba formando.

—Oye Coyote. ¿Con quién hablabas por teléfono?

—Aaaa, mi amigo quería de vuelta su "máquina del amor".

—¿"Maquina del Amor"? —pregunte.

—Sí, ha acondicionado su Vans para que sus conquistas se sientan cómodas, ¿quieres verlo? —tomo mi mano antes de que yo contestara y caminamos (aun mareados) hasta la puerta corrediza de la Vans, cuando la abrió y pude mirar dentro encontré que el piso estaba adornado con una esterilla acolchada que permitía estar recostados, mientras un gran stereo se levantaba pegado a uno de los extremos—. Muy de los 70, pero él dice que no hay que perder el tiempo, si las ganas llegan —dijo lo último curvando la comisura de los labios y esbozando una sonrisa—. ¿Quieres probar? —brindándome la mano para ayudarme a subir a la camioneta.

La colcha era muy suave al tacto, podía entender a qué se refería su amigo cuando decía que era para sentirse cómodo, pues fue lo que sentí al estar en ella. Él subió detrás de mí y busco el stereo, para colocar algo de música. Una canción ya empezada comenzó a sonar en el aparato:

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All day long, wearing a mask of false bravado

Trying to keep up the smile that hides a tear

But as the sun goes down

I get that empty feeling again

How I wish to God that you were here

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Baby come back, any kind of fool could see

There was something in everything about you

Baby come back, you can blame it all on me

I was wrong, and I just can't live without you

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Nuestros ojos se abrieron como platos antes de soltar las carcajadas.

—Coyote, ese amigo tuyo sí que sabe lo que hace —solté con ironía, él también sonrío conmigo entendiendo el tono que colocaba a mis palabras.

—Bueno, yo prefiero otra música, más aburrida si se quiere.

—¿Qué otra música?

Se dirigió a la parte delantera de la Vans buscando un CD que coloco en el stereo, los tonos de una balada comenzaron a sonar, mi mente aun abrumada conocía la melodía.

—¿Claro de Luna?

—Ufss te gustan los clásicos, vaya que casualidad.

—Le gustaban a mi madre —un nudo se hizo en mi garganta y creo que él lo noto al instante, no quería hablar de eso, así que espete, apuntándole con mi dedo—. Eh sabes que un chico muy sabio me dijo que las casualidades no existen —hundí mi dedo en su pecho y sentí cuan duro estaba a mi tacto, él en cambio arreglo uno de mis mechones de cabello, que se pegaba a mi mejilla y que coloco suavemente detrás de mí oreja. Sin darme cuenta ya no era mi dedo solamente que lo tocaba, toda mi mano estaba apoyada en su pecho.

Una extraña sensación se apodero de mí, era como si su cuerpo me atrajera como un imán, Bella por Dios aléjate, me decía la parte logia en mi mente, mientras que otra voz, lujuriosa, me rogaba "sigue tocando, sigue".

Sentía que la electricidad recorría mis dedos hasta invadir todo mi cuerpo y sentía o creía sentir como él también temblaba bajo mi mano. Un segundo después su rostro estaba tan cerca del mío que no hubiera podido detener lo que él intentaba hacer y la voz lujuriosa dentro de mi gritaba "si lo detienes, nos suicidamos, te juro que nos suicidamos" y decidí hacerle caso, estaba borracha pero no era tonta para perder la vida así.

Él me saco de mis ensoñaciones pegando sus labios a los míos. Era mi primer beso. Se sentía tan bien, mordía lentamente mi labio inferior y su lengua lo recorría invitando a que yo también hiciera lo mismo. Cuando mi lengua se enredó con la suya la electricidad comenzó a convertirse en una llama de calor que no sabía que alguien, y menos yo, pudiera sentir. Una de mis manos estaba encima de su pecho y la otra fue a parar a su nuca para acercar aún más su cuerpo con el mío, quería decirle con mi gesto que aceptaba su beso y que deseaba más, la voz en off dentro de mi seguía diciendo "eso es Bella, lo haces bien, lo haces bien".

Sentía sus manos alrededor de mi cintura acariciando debajo del borde de mi blusa, movía sus dedos con cuidado, tal vez con miedo a que yo lo rechazara, yo solo recosté mi cuerpo sobre la colcha, arrastrándolo conmigo en la acción, su cuerpo quedo levemente suspendido, una de sus manos evitaba que todo su peso cayera sobre mí. Yo ya había encontrado los botones de su camina y empezaba a desabrocharlos uno a uno. En un momento sus labios ya no estaban en los míos y sus ojos me miraban como platos, lo mire y llegue a pensar que todo se detendría en ese instante, curvo una comisura de su boca y esbozo una sonrisa pícara que me gusto, eso me excito aún más, si eso era posible y mordí mi labio inferior nerviosa.

Lo siguiente que sentí fueron sus labios besando mi cuello y sus manos debajo de mi blusa, recorriendo el camino hasta colocarlas encima de mi brasier "Quítatelo, quítatelo" gritaba mi voz interior y deje escapar lo que estaba pensando.

—Cállate.

—¿Qué? —él se detuvo extrañado y acerco su rostro al mío, tal vez pensando que yo me estaba arrepintiendo.

Solo atine a besarlo una vez más. Rodé mis manos dentro de su camisa sacándola a través de sus hombros. Cuando mis manos volvieron a su cuerpo no podía creer lo que estaba tocando. O Dios. La fotografía de este chico debía estar colocada al lado de la palabra "perfección" en los diccionarios, sus pectorales estaban genialmente esculpidos y sus abdominales estaban excelentemente marcados.

Él también quiso seguir el ritmo de mis caricias y saco mi blusa a través de mi cabeza. Mi mente reacciono al instante y trate de recordar que me había puesto de ropa interior, "que no sean mis brasier viejos, por favor, por favor", baje mi vista y comprobé lo que había olvidado, llevaba puesto el conjunto Victoria's Secret azul celeste con lazos rojos en los bordes que mis amigas Alice y Rose me habían regalado para mi último cumpleaños.

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Te quedaran perfectos —había dicho Alice.

Uno siempre debe estar preparado para cualquier ocasión, Bella —había dicho Rose, guiñándome un ojo.

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Él acaricio los bordes del brasier haciéndome temblar y luego llevo sus manos a través de mi espalda y desato el sujetador, se quedó mirando mis pechos sin hacer nada más y yo no dejaba de pensar que delante de él, mi simpleza debía resultarle aburrida y nada sexy.

Hermosa, Oh Dios, eres tan bella —y sus palabras disolvieron todos mis temores.

Él acerco su rostro a mis pechos y sus labios atraparon uno de mis pechos, recorrió con su lengua mi pezón mientras su mano se posaba sobre mi otro pecho amoldándose a la perfección.

Intercalaba sus besos entre mis pechos, mientras mi mente trataba de formar palabras coherentes que describieran mis sensaciones, en su lugar, escuche a alguien gimiendo sin saber quién era y un segundo después descubrí que era yo la que los expresaba. Mis manos estaban colocadas en sus cabellos, eran tan suaves al tacto, no dejaba de acariciarlos mostrando de esa manera mi aprobación a todo cuanto él estaba haciendo, él siguió besándome bajando a través de mi vientre hasta llegar a la liga de mi panty. Sus dedos recorrieron la liga muy lentamente, parecía que su deseo era torturarme pues su roce solo incrementaba mi deseo por él, deslizo uno de sus dedos por encima de la panty que a estas alturas estaba muy mojada y yo volví a temblar con su roce.

Retiro parte de la panty introduciendo suavemente uno de sus dedos en mi interior, mientras su otra mano se posaba en mis pechos y los pellizcaba suavemente, la sensación me estaba volviendo loca, no podía creer lo bien que lo estaba pasando. Las sensaciones se incrementaban, si eso era posible, ya no era uno de sus dedos los que estaban dentro de mí, ahora eran dos, los deslizaba suavemente y luego presionaba mi clítoris, suave y punzante a la vez, él sabía lo que hacía (gracias a Dios por los chicos experimentados).

—Me estas matando —las palabras salieron de mi boca sin darme cuenta, reemplazando a mis gemidos que pensé que eran inagotables.

—Tranquila, ya falta poco —su voz sonaba ronca, sus ojos verdes me miraban con deseo, se veía tan sexy y mi cabeza en medio de la bruma no atinaba a pensar como termine dentro de una Vans con un increíble Dios griego entre mis piernas.

Mi cuerpo tembló sin control una vez más, mis piernas se sentían como gelatina y una ola de sensaciones nuevas exploto dentro de mí, sabía que había llegado entonces a mi primer orgasmo.

Sus dedos salieron de mí y un "Oh, no" como protesta salió de mi boca. Un "Shsss" salió de la suya y me brindo de nuevo su sonrisa pícara. "Dios no puede ser tan hermoso" pensé. Sus manos deslizaron mi panty a través de mis piernas y rápidamente él se quitó sus jeans y boxer con un solo movimiento, me sorprendió verlo desnudo ante mí y mis ojos fueron directamente a su miembro, "¿de verdad todo eso podía caber dentro de mí?"

Me saco de mis pensamientos cuando sus manos recorrieron mis costados y sus labios se hundieron en mi cuello, luego una de sus manos se deslizo por mi entrepierna, haciéndome sentir mucho más mojada que antes.

—Por favor —atine a decir.

Él separo sus labios de mi cuello y dijo: —Dime lo que quieres.

—A ti —su rostro se pegó al mío y su lengua recorría mis labios.

—Dime lo que quieres.

—A ti… dentro de mí.

No tuve que decir nada más. Sus labios se apoderaron de mi boca, fuerte, sensual, nuestras lenguas mantenían una batalla campal, mientras que sentía como su miembro se introducía dentro de mí, su embestida no fue fuerte, pero sentí un dolor agudo que se producía dentro de mí y mordí mi lengua para reprimir un quejido, sus ojos me miraron como platos, mientras trataba de descifrar no sé qué en los míos, se quedó sin moverse por un rato y yo agradecí eso. Un rato después lo sentí moverse dentro de mí, muy suavemente, entraba y salía de forma lenta, suave. Arquee mi espalda y deje caer mi cabeza hacia atrás, mis gemidos no paraban, aun me miraba mientras sus embestidas se hacían más rápidas. Dios, me estaba volviendo loca.

—Más, más, por favor.

—Sí, increíble, increíble, sí — susurraba en mi oído, mientras sus manos no dejaban de recorrer todo mi cuerpo.

Sabía que estaba cerca una vez más de explotar, un hormigueo recorrió todo mi cuerpo, sentía como él se estaba tensando dentro de mi cuerpo y yo no pude más, termine con un agudo grito que lleno toda la Vans y es que ambos habíamos gritado al mismo tiempo, pues él había acabado llenando todo dentro de mí.

El silencio, entonces, lo lleno todo, mientras solo escuchaba los susurros que él pronunciaba sin cesar.

—Maravilloso, maravilloso.

Nos quedamos dormidos solo unos minutos después.

~0~

Cuando desperté, su cuerpo se había deslizado a mi lado, pero sus brazos descansaban alrededor de mi cintura. La lucidez se introdujo en mi cabeza como un relámpago. Dios que había hecho, una Vans, sexo con un desconocido, en qué clase de persona me había convertido, mi cabeza punzaba sin cesar. Silenciosamente busque mis ropas y me vestí, pensé que el ruido de la puerta lo despertaría, pero solo dio media vuelta y se acurruco de nuevo. Lo mire por última vez antes de cerrarla, fui hasta mi Chevy, encendí el motor y partí de allí, lo más rápido que pude. El dolor dentro de mi cabeza me atormentaba, pero nada se compraba con el inmenso vacío que sentía crecer en mi pecho.

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