El hombre que Jazper me presentaba lucia casi exactamente como yo lo recordaba, seguía con su cabello bronce alborotado. Un bronce tan parecido al de Nessie. Sus ojos verdes me miraban abiertos como platos. Sabía que me había reconocido, tanto como lo estaba reconociendo yo. El silencio reino por un largo momento hasta que él extendió su brazo y dijo:

-Hola. Soy Edward Cullen.

No podía creer aun que él estuviera allí delante de mí, después de tantos años. Bella por Dios, contrólate ya no eres esa adolescente. Pero mi voz interior no dejaba de repetir "Oh por Dios, oh por Dios, oh por Dios".

-Bella, Bella Swan, es un placer – sentía que todos a nuestro alrededor nos miraban y mis nervios eran notables cuando mi rostro se ruborizo.

Rose paso a mi lado guiñándome un ojo. Comprendí entonces que todos pensaban que éramos la pareja ideal que querían formar y estaban convencidos de que el plan había funcionado.

Edward, mi Edward, "mi Coyote", el hombre con el que había soñado por años, no quitaba sus ojos de mi, me sentía al mismo tiempo intimidada y agradada, pero sin saber aun como reaccionar a todo.

-Oh bien, vamos por unos tragos, no Emmett – dijo Rose.

-Si, mi Rosie, es precisamente lo que necesitamos y que estos dos comiencen a conocerse "muy bien", Alice, Jasper, ¿vienen?

Los cuatro caminaron hasta la barra, buscando alejarse lo más posible para dejarnos a solas. Edward y yo seguimos guardando silencio.

Pensé por un minuto que mi primera impresión podía estar equivocada, que él talvez no me había reconocido como yo a él, total, una noche, de tantas que talvez él ya habría tenido con mil mujeres diferentes. Edward era la encarnación de un Dios griego, ninguna de mis memorias le había hecho justicia y recordarme por solo una noche pasajera era mucho pedir.

-¡Eres TU! – finalmente él rompió el silencio –desperté solo, te busque por todas partes. Dios no sabía ni donde podía encontrarte, regrese al mirador incontables noches a ver si estabas allí.

-No quise despertarte – fue lo que atine a decir –no estaba preparada para enfrentarte, no para lo que talvez estabas pensando de mi.

-No por favor, talvez estaba muy tomado aquella noche, pero hay detalles que no he olvidado – se acerco a mi más de lo que mi mente y mi cuerpo podían soportar sin perder el control, su aliento dulce estaba tan cerca de mi rostro que pensé que me desmayaría –yo supe esa noche que no eras de las que pasabas todas las noches de cama en cama, lo se, porque fue tu primera vez. Y te aseguro que si tu puedes recordar, yo puedo recordar muchos más detalles de los que piensas.

"Recordar muchos más detalles de los que pienso". Mi voz interior bullía, "Dios eso es imposible, no más que nosotras, no señor ".

Su aliento dulce como lo estaba sintiendo hoy, sus manos recorriendo mi cuerpo, como ahora la sentía en mi cintura, su voz en mi oído susurrando palabras que calentaron todo mi cuerpo. Oh no, él realmente no podía recordar tantos detalles como lo había hecho yo.

-Creerás que es una locura, después de tanto tiempo, pero de verdad no he podido olvidar nada de lo que paso aquella noche. – su voz lo llenaba todo.

-Han pasado muchas cosas desde entonces Edward…

-Dilo otra vez.

-¿Qué? ¿A que te refieres? – se junto aun más a mi.

-Dime mi nombre, por favor.

-Edward.

No fui conciente de lo que sucedía hasta que sucedió, sus manos pasaron de mi cintura a mi rostro velozmente, rozando mi costado y fueron colocadas a ambos lados de mi cara, para que no pudiera escapar. Al mismo tiempo, sus labios estaban contra los míos, demandando que devolviera su beso. Abrí mi boca para sacar mi lengua que estaba ansiosa por volverlo a saborear una vez más y su reacción fue devolverme el favor.

Su beso era desesperado, como si hubiera esperado por esto durante mucho tiempo, el mismo que yo había esperado, soñado, volver a verlo. Se separo de mis labios cuando ya no podía permanecer más tiempo sin respirar, pero su rostro permaneció junto al mío.

-Bella – dijo –dame una excusa para seguir en este lugar, dame una excusa para no alejarte de todo esto y permanecer así cerca de ti.

-Dilo, otra vez.

Sus ojos me miraron por un instante y luego la comprensión se mostró en ellos.

-Bella.

Su voz sonaba a campanas.

-No hay excusas, solo salgamos de aquí. – dije.

Mi voz en off gritaba histérica "SI, SI, SI".

Salimos de la fiesta tomados de la mano y el ballet trajo de inmediato el auto de Edward, cuando vi su Volvo plateado no pude evitar preguntar en medio de risas:

-¿Qué paso con la "Maquina del Amor"?

-Los tiempos cambian Correcaminos – dijo recordando nuestro pequeño juego – la verdad, creo que Emmett la conservo hasta que conoció a Rosalie – dijo también entre risas.

-¿Dónde te quedas Coyote? – pregunte.

-Estoy con Jazz desde que regrese a la ciudad – me miro largamente y después pregunto -¿te parece si vamos allí?

Sabia que la casa de Jasper estaba en las afueras, a más de media hora del centro, me preguntaba si podría aguantar ese tiempo sin quitarle a Edward su camisa negra de seda.

-Mejor mi casa, esta más cerca.

Condujo a casa tan rápido que la velocidad de Rose quedo en pañales. Cuando pude parpadear, me encontraba a las puertas de mi habitación y tocaba una vez más el maravilloso pecho de Edward, él volvió a besarme con la misma desesperación y yo respondí de la misma forma.

-Dime que esto es real. – dijo él.

-¿Real? Bueno no se, pero si es un sueño realmente no quiero despertar.

Sus manos volvieron a estar en cada una de mis mejillas y sus labios se unieron a los míos, mis manos se internaron en sus cabellos y desee realmente que nadie viniera por mí a despertarme.

Cuando me di cuenta estaba al borde la cama, Edward acariciaba mi cuerpo por encima de mi vestido y ágilmente sus manos llegaron a mi espalda bajando la cremallera, luego fue deslizándolo a través de todo mi cuerpo, él se aparto un minuto para observarme. Un "WOW" salió de sus labios haciéndome sonrojar, Edward se pego a mi de tal manera que cuando fui consciente de que ya no tenia nada sobre mi a excepción de mi pantys pensaba que hasta esta sobraba. El también fue quitando sus ropas se manera apresurada, su camisa de seda voló a través de la habitación y sus pantalones quedaron tirados a los pies de la cama. Mi voz interior estaba totalmente complacida de verlo de esa manera "Santo Dios Bendito" atino a decir. Me levanto y me coloco justo en el centro de cama y él sobre mí, apoyando su cuerpo en uno de sus brazos para que yo no soportara su peso y pensé que para nada había cambiado su estilo. Comenzó a besarme en la frente, en los ojos, en los pómulos y luego bajo hasta mi cuello y luego a mis pechos, saboreo mis pezones como recordaba que lo había hecho hace tanto tiempo y yo me estremecí así como lo había hecho la primera vez, entre sus besos escuchaba en susurros su voz repitiendo mi nombre una y otra vez, no pensé que mi nombre sonara tan bien hasta que lo había escuchado de sus labios. Estaba totalmente excitada, Edward besaba mis pezones, primero el derecho, después el izquierdo, los mordisqueo mientras recorría con sus manos mi cuerpo, fue bajando despacio saboreando cada rincón hasta llegar al ombligo. Mientras lo hacia sus dedos rozaron mi intimidad, estaba muy húmeda, su dedo entro con gran facilidad. Y yo gemí sin control por su intromisión. Edward bajo lentamente desde mi ombligo hasta mis pantys y se coloco entre mis piernas metiendo sus lengua dentro de mi, esto era algo que no había hecho antes y estaba totalmente agradecida de que lo hiciera esta vez. Pensé que no podía soportar esto por mucho tiempo, me moría de placer, gemía sin poderme detener y mientras su lengua se desplazaba hasta mi clítoris, yo me estremecía y suspiraba, como suspiraba. Me beso despacito, con ternura; me lamió, en definitiva, me estaba enloqueciendo.

- Oh, Edward. O por Dios. - Solo eran susurros, no podía responder con firmeza, mi excitación era enorme.

Se detuvo súbitamente y tanto yo como mi voz interior nos preguntábamos "porque no continua, ¿Por qué?". Deslizo su mejilla por mi vientre y subió hasta que sus ojos se encontraron con los míos.

-Extrañaba tus ojos, nunca volví a verme tan claro a mi mismo desde que deje de reflejarme en ellos. Extrañaba tu piel – y acaricio mi vientre –mucho más suave que la seda, extrañaba escuchar tus gemidos, Dios si supieras cuanto y extrañaba estar dentro de ti, nada se ha comparado con eso.

Me beso con suavidad al principio y luego sentí como su boca deseaba devorar la mía, su miembro estaba en mi entrada, podía sentirlo rozando mis labios interiores, lo dirigió con una de sus manos y entro en mí muy lentamente, sin acelerarse. Una vez dentro, bien adentro, comenzó a bombear, mientras me seguía besando.

-Bella, cuanto te extrañe.

-Yo también te he extrañado, no imaginas cuanto, sigue por favor, te necesito, te necesito.

No paraba de besarme, mientras seguía bombeando, metiendo y sacando su miembro despacito, luego bajo y comenzó a chupar mis pechos que estaban duros, mis pezones oscuros, muy duros. Cuando estábamos a punto de corrernos saco su miembro, él quería que este momento durase y yo también.

-Solo quiero mirarte cuando termines– fue lo que dijo.

Me senté encima de él, metí su miembro dentro de mí y empecé a moverme, cada vez más bruscamente, mis pechos saltaban. Quería correrme y él agarro con una mano uno de mis pechos y con la otra mis nalgas con fuerza, me los apretó; percibía mi excitación, estaba llegando el momento. Yo gritaba, respiraba fuerte.

-¡Ya, ya! ¡Que llego! ¡Me gusta!

Y así llegue al orgasmo. Lance un gemido, y él al notar como explotaba de placer se corrió también. Sentí como se corría dentro de mi, inundándolo todo, mientras sus manos aun seguían apretando. Nos quedamos inmóviles, uno encima del otro. Luego el miro mis ojos una vez más y solo dijo.

-Bella, te amo.

Mi voz en off estaba en shock y mantuvo silencio, ¡donde demonios estaba cuando más la necesitaba!

-Yo también te amo Edward - las palabras salieron sin que las pensara, estaban atrapadas en mi garganta desde hace tanto tiempo.

Ese realmente era un momento inolvidable.

Me desperté, con la luz del sol entrando por mi ventana, no quería abrir los ojos, si lo de anoche fue un sueño, no lo podría soportar, seria demasiado para mi salud mental. Sin embargo, unos brazos rodeaban mi cuerpo y tuve conciencia de que nada tan espectacular podía simplemente haberlo soñado. Me gire con lentitud y abrí los ojos, me tope con él, plácidamente dormido, sus ojos cerrado, su hermoso cabello enmarañado, sus labios carnosos, ¿Cómo un hombre puede ser tan perfecto? Lo contemple largo rato, hasta que decidí ir al baño y arreglar el desorden que suponía era yo misma. Salí de la ducha y él aun dormía, me dirigí a la cocina a preparar algo de café y escuche el tono de mensajes de voz en mi celular, no tenia que ser muy inteligente para saber quienes eran.

-BELLA, SOMOS NOSOTRAS – escuche ambas voces al otro lado de la línea.

-Debería estar disgustada por que saliste de mi fiesta sin siquiera despedirte, pero… – dijo Rose en medio de risitas –ya que te fuiste tan bien acompañada, pues te perdono.

-Bueno – intervino Alice – ya que saltaban chispas por todos lados anoche, espero que hayas cumplido tu sueño de no dormir en toda la noche y por sobre todo eso de "cero charlas", ¿verdad Bella? – más risitas. Estas chicas eran de temer. –Oh Bella es fantástico, ¿es otro Dios griego o no? Notaste que su cabello es igual al de Nessie.

-Bien, bien, ya no más… – volvió a hablar Rose –Sin embargo, no te escaparas de tu castigo nena. Este es el trato, no habrá torturas, no habrá llamadas, no habrá interrupción alguna. ¡Ninguna interrupción! Nos encargaremos Alice y yo de Nessie y tú quedaras libre de culpa.

-Si, si, tienes 48 horas Bella Bells – dijo Alice -para hacer todo lo que te plazca, espero que sepas aprovechar cada minuto – y las risas se volvieron carcajadas.

-48 horas Bella, a partir del momento en que saliste de la fiesta – retomo Rose – luego de eso… - la pausa era de temer.

-INTERROGATORIO – gritaron las dos al unísono cortando luego la comunicación.

Definitivamente, eran unas brujas. Pero no sabían el inmenso regalo que me habían otorgado la noche anterior, mucho mejor de lo que podían imaginar.

Escuche pies que se arrastraban de una lado a otro y un agitado Edward salió del cuarto apresuradamente, me abrazo con fuerza, su cuerpo temblaba.

-Nunca vuelvas a hacerme eso.

-¿A que te refieres? – pregunte.

-Nunca mas vuelvas a dejarme solo al despertar, no permitiré que vuelvas a separarte de mí.

Recordé entonces las palabras de Alice en el mirador poco tiempo antes de que Nessie naciera "si el vuelve a verte, no querrá jamás volver a separarse de ti". Nota mental, jamás apostar contra Alice.

Mis 48 horas, transcurrían mucho mas rápido de lo que hubiera deseado, Edward quería saber todo sobre mi y yo todo sobre él, no perdía oportunidad para abrazarme y besarme y decirme lo mucho que me amaba, me contó que se había marchado de Seattle un año después de nuestro encuentro, Emmett y Jasper le habían aconsejado que buscara nuevos aires. Contó como había regresado al mirador cada noche a ver si me encontraba, pero sus esfuerzos fueron en vano. Se mudo a Los Angeles para terminar la universidad y vivió por algún tiempo en Nueva York. Su profesión de Médico le permitió encontrar un excelente puesto en el Seattle Grace Hospital que lo enorgullecía. Pero no había dejado de pensar en mí durante todos estos años. Deseaba con todas mis fuerzas que lo que decía fuera verdad, lo creía muy dentro de mi, no solo porque dijo todo esto con una voz y una actitud absolutamente transparentes, sino porque yo también al igual que él, no había dejado de pensarlo. Al medio día de nuestro segundo día juntos, después de saborear una de mis comidas y la alabara sin cesar (Esme se había esmerado en enseñarme bien), lanzo una pregunta al aire.

-Entonces están las chicas, tu tía Esme, tu nuevo tío Carlisle, tienes una familia muy interesante… - su voz cambio, de repente mostrándose nervio – ¿hay alguien más que se incluya en tu vida? – "Ufss" dijo la voz en mi interior, allí estaba la pregunta que había estado evadiendo, ¿como habría de explicarle todo para que él pudiera entender?

Recogí la mesa lo más rápido que pude y me dirigí a la cocina, él me siguió y se quedo parado en el umbral de la puerta. Lucia solamente un pantalón de piyama que me quedaba extremadamente grande, solo mirarlo me hacia pensar que el cielo y el infierno existían y que un ángel malvado debía lucir exactamente tan tentador como él.

-Edward, quiero que me prometas algo – atine a decir.

-Lo que quieras – fue su respuesta.

-Prométeme que me acompañaras a un lugar y que no harás preguntas. Cuando lleguemos allá, responderé lo que quieras.

Se abalanzo sobre mi y me abrazo fuertemente, beso mi frente y me respondió. -¿Cuando quieres que vayamos?

-En cuanto estés listo.

Mientras Edward se duchaba, tome mi celular y marque el número de Rose.

-Bella, aun no terminan tus 48 horas. – dijo Rose pícaramente.

-Lo se Rose, lo se, dime algo, esta Nessie con Uds.

-Si, por supuesto, la rescatamos de casa de Esme ayer como te dijimos y ha estado hoy tratando de enseñarle a Emmett a jugar al ajedrez, lo ha machacado ya 6 veces – dijo entre risas.

-Bien, Rose, ¿podrían llevarla con ustedes a mi sitio favorito?

-Por supuesto Bella, como quieras, pero Bella, ¿esta todo bien?

-Si, todo esta bien, por lo menos hasta ahora.- lo último lo dije como un susurro.

-Cuando quieres que la lleve –pregunto mientras que veía a Edward salir de la habitación ya arreglado –cuanto antes. - Mi voz en off me animo "vamos Bella, podemos con esto".

Edward y yo llegamos al mirador en 10 minutos, nos salimos del auto y contemplamos la ciudad, tal como lo habíamos hecho tantos años atrás. Edward me tomo por la cintura desde atrás y me susurro al oído.

-¿Me trajiste aquí para recordar?, te dije que recordaba todo de esa noche, a pesar de los tragos.

-Si, te traje aquí para recordar y para algo mucho más importante, y te ruego que mantengas tu mente abierta para todo lo que tengo que decirte, necesito que comprendas – tomo mi mano y se recostó del Volvo, me voltio para que lo mirara y me sostuvo de la cintura.

-Bella, no he sido un santo durante todo este tiempo, no espero que tú lo hayas sido, si existe un tercero en discordia lo entenderé. Pero escúchame bien. No me importa si hay un tercero, no me importa si tienes un amigo, un esposo, un amante, no me importa, no te he encontrado de nuevo solo para perderte otra vez. No habrá nada ni nadie sobre la tierra que impida que yo este contigo. Quiero que eso quede claro en tu cabeza.

Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar lo que decía, mientras escuche el zumbido de un auto que se estacionaba muy cerca de nosotros. El auto de Rose ahora manejado por Emmett se detuvo a varios metros de nosotros, mientras cinco figuras descendían de el. La ultima en hacerlo fue mi Nessie, y al verme corrió hasta mi. Mientras todos la seguían de cerca.

-Mami, mami.

Acorte la distancia que había entre ambas y me arrodille para abrazarla fuerte, mire de reojo a Edward que había escuchado los gritos de Nessie y que la miraba con ojos como platos.

-Hola Correcaminos, ¿me extrañaste? – le pregunte besando sus mejillas.

El rostro de Edward iba cambiando a medida que dentro de su cabeza se creaba la luz del entendimiento. No solo estaba comprendiendo que la niña era mi hija, sino que notaba el extraordinario parecido que ella tenía con el reflejo que todos los días le brindaba el espejo. Llevo sus manos hasta su cabello y pude escuchar que decía.

-O Dios, O Dios, O Dios.

Fue en ese momento que Nessie noto su presencia, se voltio a mirarlo y sus ojos chocolate quedaron fijos en él por largo rato. Luego su cara se lleno de luz y su sonrisa apareció más radiante que nunca cuando volteo a mirarme.

-¿Es él verdad? ¿Es él?

Mis ojos dejaron resbalar una lágrima y no tuve sino que contestar.

-Si, es él.

Nessie se separo de mi y se dirigió a Edward, sus miradas se cruzaron sin que ninguno supieran que hacer, hasta que Nessie corrió una vez más y Edward la recibió en sus brazos. El la abrazo muy fuerte y acariciaba su cabello con inmensa ternura, mientras que ambos lloraban en silencio. Edward la alejo de su hombro sin dejar de sostenerla y le pregunto.

-¿Correcaminos?

-Si –respondió ella, con una sonrisa.

-Supongo que podré tomar el empleo de Coyote si tú me lo permites.

-Tu siempre puedes ser "mi Coyote", cuando quieras.

La beso en las mejillas y ella volvió a hundir su carita en el hombro de él.

Edward me miraba, mientras yo seguía llorando.

-Es nuestra, ¿no es cierto? – me pregunto Edward. Y yo solamente asentí.

Los chicos estaban totalmente perdidos en medio de los acontecimientos y Alice y Rose no salían de su sorpresa al comprender quien en realidad era Edward.

El estiro su brazo hacia mí y yo tome su mano.

-Si tengo que ser el tercero en discordia, también aceptare el puesto con inmenso placer. – Lo dijo llorando, pero sus ojos mostraban la inmensa alegría que ninguno de los dos podíamos describir.

Me acerco un poco mas a él, y su frente se poso en la mía, mientras decía.

-¿Te he dicho hoy cuanto te amo?

-No en los últimos minutos.

-Entonces, Te Amo, ¿me permitirás que te lo diga siempre?

-No pido nada más.

-Entonces… Te Amo… Siempre.