Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, los que aparecen que no son de la saga son creados por mí.

Gracias por los reviews, los alertas, los favoritos :D espero que les guste el capitulo.

Gracias a Larosaderosas y a su equipo de betas EleGL, Meelii21, AlePattz de http : / / www . betasfanfiction . com /


Tres meses después.

Edward entró a ese edificio puntual y respiró hondo, llevaba visitando el mismo sitio tres veces por semana durante casi tres meses y estaba mentalmente agotado. Nunca pensó que iba a hacer algo así, pero estaba desesperado, cuatro días después de llegar a Washington le recomendaron hacerlo y él estaba de acuerdo en utilizar cualquier medio para volver con ella.

Entró al lobby que ya había visitado con anterioridad, los muebles impersonales, las plantas verdes por todo el sitio y los militares de rango menor al suyo caminando por todas las salas, realizando el respectivo trabajo administrativo.

Subió al tercer piso y saludó cordialmente a la secretaria, como siempre hacía en esas ocasiones.

-Buenas tardes, señor Cullen – Edward asintió –. El mayor le atenderá en seguida.

Se sentó en el sillón verde que estaba en una esquina y esperó relajado a que lo llamaran. No sabía si lo que hacía allí era positivo o no, algunas veces cuando salía de allí pensaba que se encontraba peor a como había llegado.

La primera vez que entró por las puertas del consultorio se encontraba completamente a la defensiva. Nunca había hecho algo así, ni siquiera en los momentos de batallas más fuertes, las que no le permitían dormir de noche por las cantidad de muertes que presenció; siempre pensó que esas cosas se superaban por sí solas, que no tenía que contar sus cosas a terceros, tal como se lo había enseñado su padre… pero había ido allí porque estaba claro que eso lo superaba, que él solo no podía enfrentarlo, si hubiese sido así nunca se hubiese ido y la hubiese dejado.

Las primeras sesiones habían sido completamente inservibles, Edward no hablaba, no sabía que decir y Eleazar solo lo observaba, pero en la quinta visita ya estaba desesperado por la espera, por lo tardío de la situación y porque había visto a Bella y sentía ganas de acercarse a ella, abrazarla y amarla como nunca, así que decidió que si iba a hacer que las cosas funcionaran tenía que hacerlo bien… se lo había prometido.

Así que por primera vez en su vida contó todo, absolutamente todo, sus pecados, sus crímenes, la crueldad con que la trató, como la dañó, el mal que le hizo a Tanya y a Marie, se desahogó completamente y tenía que aceptar que se sintió como si le hubiesen quitado un peso de encima que llevaba muchos años cargando.

Tal vez hubiese sido mejor si Eleazar lo hubiese juzgado, acusado, recriminado de algo,… pero solo lo escuchó pacientemente, eso lo hizo sentir peor al principio, sabía lo que se merecía, pero poco a poco Eleazar fue ayudando a mitigar sus males, solamente que estaba tardando demasiado y sentía que no estaba llegando a nada.

Con mucho esfuerzo había conseguido entender que no fue el culpable de la muerte de Marie y Tanya, ya podía aceptar eso, fue su responsabilidad, ellas estaban a su cargo, era su deber protegerlas, pero nunca tuvo ninguna intención de matarlas, tal como se lo expuso un día el doctor y él tuvo que entender que tenía razón, ya que nunca jamás hubiese querido que eso sucediera, así que no era culpable de sus muertes, por lo menos no directamente.

Aceptó también que Bella lo amaba así como él la amaba a ella, y que no es lógico a quien se va a amar, y que ese amor no está condicionado a nada, porque si fuera así ella no lo haría, ya que se enamoró del monstruo que le hizo más daño en el mundo.

Querría poder regresar ya con ella, no entendía por qué no mejoraba, sentía que hablaba mucho pero que no llegaba a ninguna parte y era completamente frustrante ya que no quería hacerle más daño y al estar lejos sabía que se lo estaba haciendo.

-Ya puede pasar, señor Cullen – le indicó la secretaría e hizo que Edward despertara de su ensoñación. Se levantó del asiento y entró al despacho con el que también estaba completamente familiarizado por todas las veces que había estado en él, conocía el escritorio de roble, la silla de cuero y cada uno de los muebles, incluso había escogido el asiento que más le gustaba, el sofá gris que estaba en el lateral derecho, y se sentó en él sintiendo que aunque en la última sesión le habían dicho que estaba mejor, él se sentía completamente peor.

-Hola Edward, ¿cómo has estado? – le saludó Eleazar y él levantó la mirada para encontrarse con la suya, estaba tan ensimismado que por un segundo olvidó que no estaba solo, el doctor siempre lo saludaba afectivamente, y era completamente genuino su afecto ya que tenían una especie de relación de tres meses de duración y podía confesar que él lo conocía más que cualquier otra persona... lo cual de por sí era muy difícil.

-Hola, mayor Denali.

-Solo Eleazar, ya te lo he dicho, tú eres mi superior y no te llamo general, ¿o sí?

Edward rió y asintió levantándose del sofá y caminando hacia la ventana, ubicada detrás del escritorio de roble, por primera vez desde que pisó ese cuarto observó algo más que esas cuatro paredes, inmediatamente pensó que la vista era perfecta para el ala en que se encontraba el edificio.

-No muy bien - contestó al fin…

-¿Qué ocurrió, por qué te sientes así? - Edward suspiró y se pasó la mano por su cabello.

-Que no se ha donde lleva hablar tanto si siento que nada ha cambiado.

-Edward, hemos hablado antes de esto, las cosas no van a cambiar de un día para otro, recuerda que yo estoy aquí para ayudarte, pero necesito que me abras el camino para hacerlo.

Edward asintió y se dejó caer en la pared.

-Ayer la vi, fue el bautizo de Charlotte, me sentí como un idiota evitándola a la vez que lo que quería era estar a su lado y abrazarla. Sabía que se preguntaba por qué no me acercaba y por qué la evitaba pero lo único que pude hacer fue estar con todos los demás y disimular mis ansias por ella, únicamente observándola toda la tarde.

Era lo peor de esa separación, por lo menos cuando la dejó al principio sabía que no podía estar con ella, cortó todo de raíz y se alejó, pero ahora… ahora existía el ansia de ambos por estar juntos, existía la esperanza que de alguna forma él encontraría la manera de volver a ella.

Le era más fácil no acercarse, verla en la distancia, así se lo había dicho a ella, que volverían a hablar cuando estuviera bien… Dios sabía cuánto faltaba para eso… pero tenerla tan cerca, saber que ella lo estaba esperando,… era completamente desesperante y lo sería más si se acercara, si hablara con ella como si nada pasara,… sería imposible, por eso se mantenía alejado, limitándose a saludarla y a preguntarle a su hijo o a quien quiera que tuviese contacto con ella cómo estaba, cómo se encontraba, si era feliz, si estaba bien. Su lado egoísta se alegraba un poco cuando le decían que no estaba bien, no porque lo deseara, solo Dios sabía que él quería que ella estuviese contenta, pero se regocijaba al saber que no lo había olvidado, que no había perdido la esperanza, aunque la suya ya estuviera al límite.

-Y si te sentías así, ¿por qué no te acercaste a ella?

-Porque dijimos que regresaría cuando resolviera mi problema – dijo en tono cansino -. Quiero hablar con ella y que estemos por fin juntos cuando ya esté completamente bien, cuando sienta que puedo tenerla y que me la merezco. Además no es justo atormentarla cuando no puedo darle lo que quiere y lo que me pidió siempre… que regrese a casa.

-Entiendo a que te refieres, ya lo hemos hablado antes… - Edward asintió, sabía que lo había dicho antes y sabía que el doctor le había respondido, que tenía que acercarse a ella, decirle que estaba bien, que pensara que se podía preocupar por él, lo sabía, y también sabía que Bella era terca y tal vez no entendiera sus razones, pero no podía acercarse, tenía que cumplir su promesa, tenía que regresar cuando estuviera bien, ese era un punto controvertido entre el psicólogo y él, y no valía la pena seguir discutiéndolo. Observó a Eleazar apoyarse en la silla para mirarlo fijamente -. Pasando a otro punto, Edward – continuó - en la sesión anterior me comentaste que después de lo que pasó con tu esposa tú te condenaste a vivir una vida de odio, culpabilidad, vergüenza y decepción hacia ti mismo, ya que no pagaste tu error legalmente.

Edward arrugó la cara y se sentó en el sofá, se le había escapado en la sesión anterior, no quería decirlo todo tampoco, esa era su pena por lo que hizo, no había nada que pudiera hacer para quitarla.

-Sí, es cierto, yo sabía que no iba a ser juzgado ni castigado por lo que hice, y aunque ella me perdonó, yo no puedo vivir sabiendo el dolor le causé una y otra vez, no solo por abusar de ella, sino también por cambiarle la vida obligándola a casarse conmigo cuando no quería y era evidente que había logrado ser feliz, siento pena de mí mismo, me doy asco por mis acciones, no merezco que ella me quiera y no entiendo como puede querer a un ser tan miserable como yo, no me lo merezco – dijo desesperado, todo eso era inútil…

-¿Y será por eso que continuamente huyes de ella, buscando inconscientemente su desprecio y así lograr que deje de amarte?

Edward lo miró y frunció el ceño.

-Pero… ¿cómo puede amarme? ¿Cómo se puede amar a un monstruo, a un demonio? ¿Cómo puede perdonar todo el daño que le hice si no logro siquiera verla a la cara sin recordar su mirada, su dolor, cuando ella me gritaba que no lo hiciera? No lo entiendo, doctor, de verdad que no… yo no merezco su amor, su cariño, su comprensión… no merezco nada de eso… - dijo sintiéndose frustrado y con la sensación de que su corazón se había partido.

-Tú no entiendes su perdón porque tú no te has perdonado a ti mismo por lo que hiciste…

-¿Y cree qué no lo intente?, ¿qué no traté de callar esa voz en mi cabeza que me repetía una y otra vez que tenía que alejarme de ella?, ¿qué no traté de hacerla feliz buscando con eso algún tipo de reivindicación?, ¡pero esa maldita voz no se calla y no se aleja! – Se levantó del sofá y se volteó un momento, si tan solo pudiera hacerlo…

-Edward… imaginemos que estamos otra vez en guerra, y a ti te corresponde liderar un batallón ante las puertas de campos enemigos, después de una gran y tortuosa batalla, tu batallón pierde, muriendo todas las personas que estaban a tu cargo y responsabilidad, y tú, el único superviviente, eres llevado ante el general enemigo a fin de evaluar tu futuro, si vas a ser asesinado, convertido en preso militar o dejado en libertad. ¿Qué crees que mereces?

Edward lo miró un segundo, ¿la guerra? ¿Por qué sacaba el tema de su carrera en su parte personal?

-La muerte, junto a mi batallón, porque yo los lideraba y los llevé a ese destino.

-Todos pasaron por lo mismo que tú, tenían tus mismas capacidades, y tú corriste con la suerte de quedar vivo – dijo a la vez que doblaba sus brazos.

-Cierto – respondió Edward. Estratégicamente cada militar cuenta con las mismas habilidades que el general, y ciertamente las mismas oportunidades, aunque el batallón era su responsabilidad, también era cierto que en esos casos se trata más de la suerte o el destino lo que hace que haya un solo superviviente o algunos en una batalla -. Pero igual estoy en campos enemigos, y el general enemigo me tiene que matar, no pueden quedar supervivientes.

-Y en el supuesto caso que el general enemigo, esquivando todas las normas militares, te otorgase la libertad ¿qué harías? – Edward se quedó callado impactado sin saber qué responder –. ¿Te quedarías en el campo pidiendo tu muerte o serías libre?

Edward pensó por largo tiempo, pero después suspiró cansadamente, nadie pediría que lo mataran cuando hay posibilidades de sobrevivir para seguir peleando, y él tenía que aceptar que haría lo que fuera por ser libre, querría volver a Bella y a Charlie.

-Aceptaría mi libertad – declaró al fin.

-Relaciona tu vida con lo que acabamos de imaginar.

-No entiendo cómo se aplicaría en mi vida – dijo completamente confundido, una cosa no tenía nada que ver con la otra…

-Isabella es el general enemigo que tiene la oportunidad de decidir entre denunciarte, perdonarte y olvidarse de lo que ocurrió o perdonarte y recibirte en su vida… ¿Cuál fue su decisión?

Él abrió los ojos desmesuradamente entendiendo a donde se dirigía el doctor, claro, era Bella la que en ese momento, y siempre tenía que admitir, tenía potestad de decidir qué hacer con su vida, y ella tomó una decisión por él.

-Perdonarme y recibirme en su vida – dijo, al final fue lo que ella hizo, se lo había repetido muchas veces como para que él entendiera que no le guarda rencor por lo que hizo.

-Exacto, y si tú decidiste la libertad en mi caso hipotético, aceptando tu responsabilidad por las muertes ocurridas pero decidiendo que tu vida era más importante, ¿por qué no puedes elegir la libertad de nuevo y decidir que tu vida junto a ella es más importante?

-No es lo mismo, doctor.

-Cuéntame la diferencia entre ambos casos.

-Porque en uno estamos hablando de un caso de trabajo, militar y en el otro estamos hablando de la mujer que amo y a la que dañé sin causa justa.

-Edward… ¿y no te parece que alejándote le estás haciendo más daño?

-Lo sé, es por eso que estoy aquí, porque le estoy haciendo daño y porque quiero estar con ella más que nada en este mundo aunque no la merezca.

-El hecho es que ella te ama, así tú creas no merecerlo y cuando huyes le sigues haciendo daño, como bien has dicho, dime… si llega a resolverse todo y estáis juntos ¿vas a seguir huyendo?

-No, no voy a huir más si resuelvo eso. Doctor, entiéndame, yo la amo y quiero estar con ella, es solo que no es justo que lo esté después de todo lo que hice.

-Edward cambiemos el escenario, dejemos al general enemigo a un lado por ahora y concentrémonos en ti. Según todo lo que he escuchado tú estás en una cárcel, condenado por ti mismo. ¿Cuántos años has cumplido de condena?

-Once años, seis meses, dos días, cinco horas, veinticinco minutos – declaró rápidamente.

-¿Cuánto piensas que debería durar tu condena?

-Para siempre – contestó rápidamente.

-¿Y no te parece un poco excesiva para lo que hiciste? No le estoy quitando peso a tus acciones, pero según mi opinión es demasiado.

-No creo…

-En todo el mundo se sabe y se practica la libertad condicional en las condenas ¿sabes a lo que me refiero? – le interrumpió.

-Claro, es cuando se suspende una ejecución de una pena y la persona sale en libertad cumpliendo ciertas condiciones que nombra el tribunal. – Fue jefe de una cárcel, sabía exactamente a que se referían en esos casos.

-Y presumiendo que Isabella sea tu tribunal. ¿Qué condiciones te aplicaría en tu caso para conseguir la libertad?

-No sé…

-¿Estás seguro? – Preguntó Eleazar mirándolo fijamente, frunciendo un poco el ceño.

- Tal vez… - respondió analizando esa pregunta y después de recordar todo lo que ella le repetía desde el principio - que esté con ella, que la ame, que no huya, que la haga feliz y la proteja. – Sí eso es exactamente lo que le pediría.

-¿Y si creamos ese mecanismo de libertad condicional a tu condena personal con esas circunstancias?, no quiero que me contestes en este momento, más bien piénsalo y hablamos de tus conclusiones en otra sesión. Piensa: ¿cómo sería tu vida si fueras libre pero cumpliendo las condiciones de tu esposa?

-Está bien – asintió rápidamente.

-Bueno, Edward, creo que esta sesión ha arrojado resultados muy fructíferos, espero que nos veamos a finales de esta semana para que me des tus conclusiones.

Él se despidió aunque no entendía lo fructífera había sido la consulta. Salió del edificio, miró su vehículo y la calle, le apetecía más caminar que manejar a su trabajo o a la casa de Seth, a estar completamente solo.

Caminó sin rumbo con un solo pensamiento en su cabeza. Bella. Ese era su tormento constante, la violación fue su culpa, eso no lo podía cambiar nadie, una parte de él había deseado que pasara si no, no lo hubiese hecho, y ese era su gran crimen, aunque tenía que aceptar que de lo demás estaba redimido, tenía que aprender a escucharla, ella no habría sido feliz en Forks, y él no la había forzado a nada después de casarse, esa ya no era una de sus culpas.

Tal vez lo que dijo el doctor era cierto ¿podría regresar a ella y reivindicarla con su vida y protección por todo lo que le hizo?... dejó de divagar y se quedó paralizado al ver donde se encontraba.

Había pensado ir allá durante mucho tiempo, y en esos últimos días con todo lo que había hablado con Eleazar y lo que había entendido estaba decidido a hacerlo, solo que no lo había hecho todavía pero al parecer sus piernas se movieron en ese camino y llegaron a su destino sin siquiera proponérselo.

Miró el letrero con el ánimo sombrío y triste que imaginaba que iba a poseer cuando visitara a ese sitio alguna vez.

El CementerioSaint Mary's Catholic.

Sabía la ubicación exacta de ellas gracias a su padre y que se encontraban bien cuidadas por su madre, que las visitaba dos veces al mes. Rosalie le contó una vez que las lápidas eran blancas y encima de la de su hija habían colocado un pequeño ángel, pero nunca había pisado ese sitio ni una sola vez desde que los cuerpos de su antigua vida fueran colocados en él.

Después del accidente, sí, ahora lo podía llamar así, él estuvo hospitalizado durante dos semanas y no se podía esperar tanto tiempo para darle santa sepultura a su esposa e hija, por lo que él le pidió a sus padres que hicieran los preparativos, sin importar que no fuera a su entierro. En parte lo agradeció, no tenía fuerzas para estar allí y ver lo que había hecho.

Cuando por fin le dieron de alta su madre lo llevó al cementerio a fin que se despidiera, pero él no pudo moverse del sitio donde se encontraba en ese momento, no logró pasar la entrada. Su madre le había repetido que era lo que tenía que hacer para sentirse mejor y superar todo lo que había sucedido, pero al oír eso él dio un paso atrás y se volvió al carro para ir a casa, no había querido superar ni olvidar lo que pasó, él había sido el culpable de esas muertes, él fue el causante de ese mal, era justo que eso lo acompañara por siempre.

Ahora, casi cinco años después, volvía a estar frente a esas mismas puertas, dispuesto a hacer lo que debió hacer en un principio... dejarlas descansar en paz, a ellas y a él mismo.

-Ya era hora... - susurró antes de adentrarse en el cementerio.

Caminó veinte metros y pasando el árbol que su padre le señaló en una oportunidad, observó el pequeño querubín y las lapidas blancas. Ese es el sitio, pensó mientras se acercaba a ellas y se ponía al frente de dos lápidas, una más pequeña, con un arreglo floral en frente de cada una de ellas.

Su madre había estado hace poco tiempo allí, las flores todavía estaban vivas y las lápidas se encontraban limpias. Respiró hondo y levantó la mirada para observar lo que en ellas había escrito.

Tanya Cullen

1926 -1949

Querida esposa, madre y amiga.

Que Dios te tenga en su santa gloria.

En la de al lado, más pequeña y con el querubín con los brazos abiertos como si estuviera rezando se encontraba su hija.

Marie Isabella Cullen

1947 -1949

Hoy nos abandonó un pequeño ángel ya que Dios lo pidió a su lado de nuevo, vuela alto mi ángel e ilumina el cielo, que aquí en la tierra te veremos en forma de estrella y nos alegraremos, porque volviste donde perteneces.

Edward leyó su epitafio y sin poder evitarlo cayó de rodillas respirando entrecortadamente, empezó a llorar sin querer hacer nada para detenerse, encerrando su cara con sus manos… Lloró por las vidas perdidas, por su hija y por Tanya, ya que no se merecían lo que pasó.

Media hora después se sentó entre ambas lápidas y colocó sus codos en sus rodillas.

-Lo siento... - dijo finalmente respirando hondo -. Siento haberte hecho daño Tanya, no darte lo que necesitabas y querías, haberme casado contigo sin sentir lo que te merecías, debí haberme dado cuenta que estaba equivocado, que debía dejarte ir.

Se apoyó en las lápidas y tocó la grama que estaba al lado, como si la estuviese tocando a ella.

-Fuiste una mujer excepcional, trataste de darme lo que necesitaba y que me enamorara de ti, pero no fui sincero contigo, no te dije que no podía hacerlo porque ya estaba enamorado de otra persona, querías algo que no era mío para entregarte, había otorgado mi corazón muchos años antes, cuando la vi por primera vez, y nunca me fue devuelto.

Sintió una brisa y cerró los ojos, sintiéndose aliviado por primera vez en mucho tiempo.

-Perdóname por hacerte tan infeliz, por no entenderte...

Apoyó su mano en la otra parte, como si estuviese tocando a Marie.

-Hija... - Edward sonrió levemente -, ¿sabes lo que sentí cuando tu madre me dijo que te estaba esperando?... fue una dicha tan grande, la cual solo se hizo más profunda cuando te tomé en brazos la primera vez, eras tan pequeñita, tan hermosa, y eras mía, algo que creé y que me pertenecía. Te amo, pequeña, amaba olerte, acariciarte, jugar contigo, cuando me decías papá, tus travesuras, debí decírtelo más seguido, debí asegurarme que sabias que lo hacia...

Sonrió recordando a su bebé de rulos rubios rojizos y ojos verdes, como cada vez que lo veía alzaba las manos para que la cargara, como su nariz se enrojecía cuando lloraba y sus ojos brillaban cada vez que él entraba a un cuarto donde ella se encontraba. Si alguna vez fue un héroe para alguien fue para ella, o por lo menos su hija así lo creía, por la forma en como lo miraba o lo que le decía.

-¿Recuerdas ese día...? - Edward cerró los ojos recordando el día que todo cambió, que su luz se apagó completamente dejándolo con un sentimiento de vacío que nunca iba a ser llenado ni iba a desaparecer -. Tu madre me reclamaba por atención, con toda razón, y tú me llamaste para que dejáramos de pelear alzando tus manos y lo hicimos... nos detuvimos y te observamos por un segundo, tú nos regalaste la sonrisa más hermosa que había visto en mi vida como si nos agradecieras por dejar de pelear y nos dijeras que nos amabas.

Él bajó la mirada y apretó su puño contra la hierba.

-Te veías tan hermosa - continuó - con tus ojos brillantes y tus pequeños dientes, por un segundo todo estuvo bien, todo fue perfecto, y después todo desapareció, no me di cuenta de que había llovido, que el cemento estaba mojado, perdí el control y ese maldito árbol apareció de la nada, y todo estuvo mal, te alejaron de mi vida, ya no estás aquí…

Respiró hondo tranquilizándose y arrancando un poco de grama del suelo.

-Pero ese segundo en que todo estuvo bien… en que tú sonreíste y me miraste con todo el amor que sentías por mí… recordaré ese segundo toda mi vida… lo llevaré siempre conmigo… - se detuvo y sintió como el dolor y la pena remitían un poco al recordar la sonrisa de su hija
-. Perdonadme por no venir a despedirme antes yo... no podía admitirlo, no quería aceptar que no había podido hacer nada para evitarlo, quería pensar que era mi culpa, que yo causé esto. Ahora sé que no fue así y sé que he desperdiciado muchos momentos con ustedes, y no les he permitido descansar en paz...

Miró fijamente a la lápida de su antigua esposa.

-Te quiero Tanya, me diste lo que siempre quise, una hija hermosa que amo y amaré por siempre. – Giró la cabeza hacia la otra lapida -. Te amo. Sé feliz mi amor donde estés… sean felices las dos que yo hoy las dejo ser libres...

Cerró los ojos sintiendo por fin una tranquilidad que hacia muchos años que no experimentaba y supo que había hecho lo correcto al fin en dejarlas ir, se sintió libre.

-Tanya... voy a tratar de hacer lo que siempre me pediste que hiciera, voy a tratar de ser feliz, te lo prometo. Me casé con la mujer que siempre supiste que existía aunque nunca te lo confirmé, y la voy a hacer feliz, voy a luchar para hacerlo, tal como tuve que haberlo hecho contigo, aunque nunca lo hice.

Giró su cabeza hacia la lapida de su hija.

-Marie - dijo como si estuviese conversando con ellas y las estuviese informando de todo lo que ha pasado hasta ese momento -, tienes un hermano, ojalá estuvieras aquí para que lo conocieras. - Edward sonrió recordando a Charlie -. Estoy seguro que una vez juntos os habríais inseparables y él sería tu más fiel protector, es un gran chico, os querríais mucho, lamento que no os hayáis podido conocer, lamento que no estés aquí…

Pasó varias horas sentado entre su pasado hablando y contando todo lo que había hecho y después solo se quedó callado junto a ellas, pensando en cómo Dios le dio una nueva oportunidad que él no se había ganado, pero que por respeto a ellas tenía que aprovechar.

Tal vez ser feliz o tener la posibilidad de conseguir las cosas buenas en la vida no era algo que se ganase, sino una posibilidad que existe si uno lucha para serlo, y él tenía que batallar para conseguirlo ya que tenía la oportunidad para hacerlo. Esa tarde había dejado atrás una parte de su sufrimiento, de su pasado, nunca lo olvidaría, siempre las recordaría como algo importante, pero viviría sin más recriminaciones por ellas, se los debía a sus memorias. Se levantó al fin cuando el sol empezó a ocultarse.

-Les prometo que volveré pronto – les dijo a la vez que hacía una pequeña reverencia y se alejaba.

Tal vez lo que decía Eleazar tenía sentido, podía prometerse hacer feliz a Bella y a Charlie y con eso reivindicar todo el daño que hizo, y él sería feliz en el proceso ya que tendría una familia y estaría con quien siempre quiso estar y que por alguna voluntad divina o vueltas del destino, se le había dado una nueva oportunidad para hacerlo, y algún día, cuando ya fuese viejo o ya hubiera pasado la prueba impuesta por Bella, al protegerla y hacerla completamente feliz, él podrá perdonarse completamente por fin.


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