Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^

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Notitas…

Buenooooo, no me lo puedo creer pero por fin y a pesar de los tropecientosmil inconvenientes, problemas y demás, he conseguido subir capitulo. Sé que disculparme no servirá de nada pero de verdad, lo siento, yo también soy humana jejeje.

En cuanto al capi, pues por fin se vislumbra el comienza de la acción, en el siguiente se desarrollará más, este es el entrante jeje.

Así que espero que no os hayáis olvidado de mí y os guste el capítulo.

A leer^^


LuKuran: Buenassss cuanto tiempo no? Ya lo siento me ha sido imposible actualizar, solo espero que no te hayas olvidado de mi jejej. Bueno en este capi dejamos las escenitas de amor a un lado para empezar a centrarme en la acción. De momento no pasa gran cosa pero tiempo al tiempo. Y creo que después de leer este capi odiarás más a Jared jejee. Espero que te guste. Un besazo!

Ariadna: Espero señorita que se haya releído la historia jeje.j, K noooo, k es broma, encima de que soy una tardona. Mil Perdones! Bueno al tema, no hay escena tórrida, no, no peeeero empiezo con la introducción a la acción. Lo sé soy muy lenta pero con tiempo habrá acción jeje. Y naa como siempre gracias por tu apoyo y espero que te guste el capi. Un Besote Wapa!

PearlSnorlax: Heeeyyy, perdón, perdón, perdón! Tarde un montón sip, pero aquí estoy. Como bien me decías en el anterior capi, querías acción y sangre jejeje (me encanta lo de la sangre) pues bueno, empieza algo, solo algo, la acción, para la sangre habrá que esperar jeje.Y naa solo espero que no te hayas olvidado de mi ni de mi historia y como siempre agradecerte tu apoyo. Espero que el capi te guste. Un Abrazooo^^

IProOmise: Si soy yo, me recuerda? Jejejej. Siento haber tardado una eternidad en subir capi espero que no te hayas olvidado. Bueno y como bien me decias quieres que empiecen a patar culos! Jejej pues bueno, en el capi hay un comienzo a ver que te parece. Espero que te guste ^^

Aedora:Hey! Tarde una aterrrnidad, posiblemente te hayas olvidado jejej aunque espero que no, claro. Bueno pues por fin empieza la acción, de momento pokito pero habrá mas, evidentemente. Asi que naa espero que te guste el capi Un Saludo^^

PauHardy: Holitassss, cuanto tiempo, sorry. Pero he vueltoooo. Bueno y como todas, pides acción y aquí esta, no demasiada aun, en el siguiente capi habrá más y mejor. He tenido que hacer un sobre esfuerzo para no escribir escenitas de amor jejeje. Así que espero que te guste el capi. Un Abrazo^^

Melyvitte: Bienvenidaaaaaaa, con retraso por mi parte jejeje. Lo primero darte las gracias por escribirme y también por tu apoyo. Me preguntabas cuanto tardo en subir cada capi, pues como puedes comprobar… mucho! Jejeje. Antes tardaba menos pero la imaginación se me agota. Asi que espero poder seguir escribiendo y que me sigas leyendo. Muchas gracias y un saludo^^


TREINTA Y OCHO

Deling, 19:30 h

Cuando Jared entró por la puerta de aquel bar algo oscuro y falto de gente, vio a Arzhul en una mesa del fondo, a su lado esa mujer que se había hecho pasar por enfermera en el Jardín de Balamb.

- Llegas tarde –dijo el hombre con voz ronca-.

- Lo sé –se limitó a contestar-.

- ¿Tienes algo?

- Jenna no me coge el teléfono, es imposible localizarla.

El silencio se hizo dueño del grupo.

- No creo que volvamos a verla –dijo el chico-.

- Lo sé

- Yo tampoco puedo volver allí, señor- habló por primera vez Aileen-. Esa mujer les habrá contado todo-.

- Eso también lo sé –dijo crispado Arzhul ante la obviedad-.

Jared la miró de reojo y un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza. La verdad es que eran muy pocas las veces que había coincidido con aquella mujer pero ahora que la tenía cerca, había algo en ella que le inquietaba enormemente.

- He estado en Balamb y el apartamento de ese comandante está protegido por soldados de Esthar y el jardín ahora es impenetrable. Creo que es imposible entrar –comentó Jared con seriedad-. ¿Qué se supone que vamos a hacer?

El corpulento hombre suspiró de manera cansada mientras cerraba los ojos.

- He ordenado a Ektrom que mande cerrar las instalaciones de Galbadia.

Los dos muchachos jóvenes se inquietaron en sus asientos.

- Esos laboratorios son nuestra tapadera –se apresuró a aclarar Jared-.

- Somos el centro de atención de los medios de comunicación, debemos desaparecer si queremos seguir con el proyecto Eden A pesar de que Esthar ha dicho que los ataques han sido producidos por una nueva especie de monstruo, seguimos estando en el punto de mira –explicó el hombre de manera seria-.

- ¿Por qué Esthar haría algo así? –preguntó la joven-.

Arzhul la miró y sonrió de medio lado.

- Supongo que si nos delatan deberán entregar a su comandante por ser portador de un virus mortal.

- Su padre no permitirá tal cosa –añadió Jared con deje algo molesto-.

Hubo un momento de silencio en la mesa.

- ¿Y qué vamos a hacer con el sujeto del bosque? –volvió a preguntar la joven de aspecto acerado-.

- Ektrom ha ordenado poner vallas electrificadas alrededor del perímetro donde se le vio las últimas veces y ha apostado soldados con el chip que Jenna fabricó –explicó Arzhul-.

- Creía que ese chip acababa matándolos –dijo Jared-.

El hombre lo miró fijamente durante unos segundos.

- Bueno, luchan por un ideal –dijo de manera desinteresada-.

Realmente le importaba bien poco si esos hombres vivían o morían.

Aileen carraspeó algo nerviosa.

- Sé que mi trabajo era informar de todo lo que ocurriese en el jardín. Ahora que no puedo estar allí creo que podría ocuparme del trabajo de Jenna. Me apetece mucho trabajar directamente con esos sujetos –dijo haciendo una mueco que al parecer fue una sonrisa-.

Jared la volvió a mirar y después desvió los ojos hacia Arzhul.

- No sé si te has dado cuenta pero todos nuestros planes están fallando –comentó el muchacho con sarcasmo acusado-. Estoy empezando a cansarme…

- ¿Crees que todo esto es un juego? ¿Qué puedes irte cuando te dé la gana? Te aseguro que Jenna y Wexford pagarán por lo que han hecho y no creas que tú serás menos por ser quien eres. ¡Maldito chico!

El hombre se levantó malhumorado de su asiento mientras daba un golpe en la mesa.

Los dos muchachos le vieron alejarse no sin antes advertirles que los quería de vuelta en los laboratorios de inmediato.

Jared oyó suspirar a Aileen de manera molesta y rápidamente le dirigió una mirada fulminante.

- ¿Algún problema?

- Todo esto es por la bruja ¿verdad? No soportas que este en los brazos de Leonhart –comentó mientras soltaba una risa burlona-.

- ¡Cállate!

El joven se levantó malhumorado y abandonó el bar. La verdad que estaba empezando a perder la paciencia con todo aquello. Pero no pararía hasta ver a Rinoa rendida ante él, pidiéndole perdón y suplicando por su vida.

Nadie se reía de él.


Jardín de Balamb, 10:00 h

Cuando Jenna entró en lo que ahora era la consulta de Wexford, se encontró con Squall sentado en la camilla y Wexford oscultándole mientras monitorizaba sus pulsaciones.

El día anterior, tras instalarse en una de las habitaciones del jardín, había pasado el día con el científico. Estuvieron intercambiando conocimientos de su estancia en Lidecorp y creyeron que trabajando juntos, estaban mucho más cerca de acabar con ese virus.

La verdad que la idea de ayudar a Wexford aliviaba bastante la carga que Jenna venía sintiendo desde que todo esto había explotado en su cara.

Cuando cruzó la estancia y se volvió hacia los hombres no pudo evitar clavar sus ojos en el torso desnudo del Squall, aquello no iba a ser nada fácil.

- ¡Jenna, buenos días! -saludó de manera jovial el científico-.

La mujer sonrió de manera algo tímida, aun no se había acostumbrado al trato con Wexford.

- Tus pulsaciones son normales, nada de qué preocuparse. Jenna ¿puedes ir sacándole sangre, por favor? Tengo que consultar una cosa con Kadowaki, enseguida vuelvo.

Jenna no pudo rebatir al hombre porque ya había desaparecido por la puerta. Ésta suspiró y después de cruzar una mirada fugaz con Squall, se dispuso a coger lo necesario para la tarea.

- Una no es de piedra ¿sabes? –intentó bromear la mujer ante aquel torso desnudo que rozaba la perfección-.

- Si quieres puedo ponerme la camiseta –contestó muy serio-.

Ésta dejó escapar una risa seca.

- ¡Oh, no hace falta! Deja que disfrute –añadió guiñándole un ojo-.

Squall meneó la cabeza de forma negativa y dejó entrever una media sonrisa. La verdad que estaba más que acostumbrado a las entradas de aquella mujer y en cierto modo, le agradaba que las cosas no hubiesen cambiado.

Wexford no tardó demasiado en volver junto a los chicos y tras guardar el tubito con la sangre de Squall, se giró hacia él.

- Esta tarde tendré los resultados. Por lo demás ¿todo bien? –preguntó recostándose sobre su mesa de trabajo-.

Squall titubeó unos segundos.

- Si, supongo. La verdad que las ampollas que me dio para controlar los ataques han ido bastante bien. Es como si fuese más consciente de las cosas. Cuando estoy con Rinoa no siento que pierdo el control.

- ¿Te refieres a cuando mantienes relaciones?

El chico asintió con rotundidad mientras Wexford se rascaba la barbilla de manera pensativa.

- Bueno, en principio el compuesto que te di era para controlar los ataques, no se…

Jenna los interrumpió en ese instante.

- Es posible que el virus se esté adaptando en tu organismo.

Ambos hombres clavaron su mirada en ella.

- El virus se manifiesta cuando hay una subida de adrenalina, como bien sabes no siempre tiene porque ser por situaciones en las que estas en peligro, también puede ocurrir por un entrenamiento excesivo, el ejercicio o el sexo. Creo que el virus está empezando a distinguir cada situación, es decir, sabe que no siempre que tu cuerpo libera adrenalina es por una situación de peligro. Y supongo que mantener relaciones con Rinoa no lo es ¿no? –sonrió mientras le daba una palmadita en la espalda-, por eso no siente la necesidad de manifestarse.

- ¿Quieres decir que lo estoy empezando a controlar? –preguntó Squall mientras se bajaba de la camilla y cogía su camiseta-.

- Más bien es el virus el que controla tu cuerpo. Tú no eres consciente de ello.

- ¡Genial! –dijo con sarcasmo-.

- Bueno creo que son buenas noticias –añadió Wexford mientras sonreía al chico-.

- Si, pero aun así, quiero que tengas cuidado. Esos ataques que te dan de repente, cuando supuestamente estás relajado, no sabemos a qué pueden ser debidos –añadió Jenna con ademán preocupado-.

El chico asintió de manera seria.

- A la tarde pásate y te damos los resultados de los análisis.

Éste volvió a asentir y abandonó el lugar. Quería contárselo a Rinoa cuanto antes.


El Crush, 21:15 h

Rinoa miró la pantalla de su móvil por enésima vez mientras suspiraba algo nerviosa. En ese momento Quistis se sentó a su lado y dejó sobre la mesa un par de cervezas que acababa de pedir en la barra. Ambas chicas observaron desde su sitio de siempre, como el bar se iba llenando poco a poco. No tardaron demasiado en divisar por la puerta de entrada al vaquero que llegaba junto a Zell y Selphie. Las dos instructoras suspiraron a la vez.

- ¿Dónde demonios se han metido? –dijo Quistis revisando su móvil-.

- No lo sé, imagino que aún están en esa reunión ¿no?. Aunque se está alargando demasiado –protestó la pelinegra-. Además, Squall me ha dicho que quería contarme algo muy importante

- ¿Si? ¿El qué?

Rinoa desvió la mirada de la pantalla de su móvil y mirando a Quistis, levantó los hombros a modo de duda. La verdad es que no tenía ni idea de que era eso tan importante que le tenía que contar, pero a juzgar por la voz del chico cuando la había llamado por la mañana, parecía una buena noticia.

Selphie llegó de un salto a la mesa donde se encontraban las jóvenes y antes de que Irvine y Zell tomaran asiento, la bruja se levantó y decidió salir fuera a llamar a Squall.

- Ahora vengo –dijo agitando el móvil frente a ellos-.

Cuando la bruja salió fuera una brisa fresa golpeó su rostro. Esquivó con maestría a un grupo de chicos que entraban en ese momento armando algo de jaleo y se hizo la despistada cuando la piropearon de manera algo burda al pasar por su lado.

Se apoyó contra la pared de fuera mientras pulsaba el botón de rellamada en su teléfono. Escuchó un pitido, luego otro y otro más, suspiró nerviosa y colgó al no encontrar respuesta.

De nuevo, otro grupo de amigos, pasó por su lado y se introdujeron en el bar.

Decidió volver a intentar llamar a Squall pero esta vez se movió a un sitio más tranquilo, tras el Crush, un pequeño callejón donde el bar tenía una de las puertas de emergencia.

Con calma se sentó en un escalón y de nuevo marcó. Tras el segundo pitido por fin reconoció la voz de Squall al otro lado de la línea.

- ¿Rin? Lo siento, acabamos de salir de la reunión. Vamos para allí enseguida.

- Vale, vale, los demás están aquí ya. No tardéis.

- Tranquila

La voz levemente nasal del chico y ese tono sereno, la hizo sonreír. Como siempre, se moría de ganas de estar con él.

Echó una última mirada a la hora en el móvil y se levantó de un salto, pero antes de que emprendiese un solo paso, percibió algo que la hizo detenerse.

Sintió un ligero mareo, creyó que tal vez se había levantado demasiado rápido y de ahí su mareo pero tan solo le hicieron falta un par de segundos más para darse cuenta que nada tenía que ver con esa sensación.

Su mente comenzó a desvanecerse y notó como su cuerpo perdía fuerza poco a poco, sintiendo la necesidad de sentarse de nuevo.

Aquello no podía estar sucediendo ¿o sí?. Miró hacia un lado y hacia otro pero no vio a nadie. La falta de aire en sus pulmones no tardó demasiado en llegar y acto seguido, su respiración comenzó a ser irregular. El miedo se apodero de ella, conocía esos síntomas a la perfección y sabía de sobra quien se los producía.

Como pudo cogió el móvil y pulsó el botón de rellamada.


Jardín de Balamb, 21:15 h

Seifer cruzó la puerta del despacho de Squall justo en el momento que el comandante acababa de hablar por el móvil.

- ¿Era Rinoa?

- Si

Squall lo oyó reír a su lado

- Quistis me ha quemado el móvil a llamados.

Antes de que Squall pudiese decir nada el móvil en su mano, volvió a sonar. Sorprendido, miró la pantalla y comprobó que era de nuevo Rinoa. Con media sonrisa descolgó y contestó.

- ¿Si?

No escuchó nada.

- ¿Rin? ¿me oyes?

Esta vez pudo distinguir una especie de respiración.

- ¿Rinoa? ¿estás ahí? Rinoa…

De pronto distinguió algo, un susurro, un hilo de voz que le hizo estremecerse.

- Ja…red…

Tras aquella palabra entrecortada escuchó un grito ahogado y seguido un ruido sordo.

El muchacho volvió a gritar el nombre de la joven pero la comunicación ya se había cortado. Seifer se sobresaltó y cogiéndole del hombro, lo obligó a mirarlo.

- ¿Qué ocurre?

Silencio

- Squall…

Éste levantó la mirada hasta el Seed rubio.

- Creo que a Rinoa le ha pasado algo.


Crush, 21:45h

Quistis dio el último trago a su cerveza y de reojo, miró la de Rinoa. Ahí estaba, entera y posiblemente caliente. ¿Dónde demonios se había metido? Resopló mientras se recostaba hacia atrás.

- Oye ¿Rin no está tardando mucho? hace más de veinte minutos que salió a llamar a Squall.

- Seguirá hablando con el ¿no? –contestó Selphie sin ningún asomo de preocupación-.

- ¿Con Squall? ¿más de veinte minutos? ¿y por teléfono? –preguntó la instructora con ironía-.

Selphie entrecerró levemente los ojos y asintió con energía.

- Tienes razón, imposible.

De pronto el teléfono de Quistis vibró encima de la mesa. Con rapidez descolgó y contestó. Sabía que era Seifer pero entre el ruido del bar y que el chico le hablaba con nerviosismo acusado, le estaba siendo imposible entenderle.

- Seifer no te oigo –repitió mientras se levantaba de la mesa-.

La chica caminó entre la gente intentando entender al muchacho rubio. Se acercó hasta la salido y la conversación fue aclarándose.

- … Rinoa… esta… algo…

- ¿Qué? Espera estoy saliendo fuera

- Donde… Rinoa… contigo…

- Ahora te escucho Seifer –dijo por fin la mujer mientras se recostaba en la pared de fuera del bar-.

La voz de Seifer resonó muy nerviosa al otro lado de la línea.

- ¿¡Que si Rinoa está contigo!?

- ¿Rinoa?... no. Salió a hablar con Squall pero aún no ha vuelto.

- Mierda…

- ¿Qué ocurre Seifer?

De pronto escuchó un ruido sordo y la voz de Squall sustituyó a la de Seifer.

- Escúchame Quistis, hace un rato me ha llamado Rinoa. Creo que la ha pasado algo, he escuchado unos ruidos y me ha aparecido entenderla que decía el nombre de Jared.

Quistis se estremeció de pies a cabeza y por un momento, se quedó sin palabras.

- Pero, pero eso no puede ser –dijo con voz entrecortada-.

- Vamos hacia allí, no os mováis.

La comunicación se cortó y Quistis se quedó mirando la pantalla del móvil como si el secreto del universo estuviese escrito en ella.


Squall y Seifer no tardaron demasiado en llegar al Crush. Entraron dentro y sin vacilar, se dirigieron a la mesa de siempre. Allí estaba todos y sus caras no auguraban nada bueno.

- ¿Sabéis algo? –se apresuró a decir Squall-.

- Encontramos su móvil en el callejón de atrás –dijo Irvine apretando el hombro del comandante-.

Éste suspiró sonoramente y con desgana, se dejó caer sobre el sofá. De pronto llegó hasta la mesa Asha.

- Chicos, los camareros no saben nada. Uno de ellos la vio salir, pero nada más.

- Jared se la ha llevado

La voz de Squall sonó levemente rasgada y un gran desconcierto podía leerse en su rostro.

- Debo volver al jardín e informar a Kramer y Laguna. Tenemos que encontrarla ¡ya!

Los demás lo vieron caminar hasta la salida sin reparar en la gente del bar. Sin pensarlo siguieron sus pasos. No le dejarían solo.


Jardín de Balamb, 22:30 h

El comandante cruzó la puerta de entrada al jardín con paso ligero, los demás caminaban tras él. Ninguno dijo nada, sus mentes estaban divagando entre las múltiples posibilidades de como estaría Rinoa en aquellos momentos.

De pronto apareció Jenna frente al muchacho y detuvo sus pasos en seco.

- Te estaba buscando, pensé que te habrías marchado ya…

- Ahora no Jenna

La mujer no pudo decir nada más ya que Squall la cortó en seco y pasó de largo de ella en dirección al despacho. Jenna, ante la creciente confusión por la respuesta del comandante, vio pasar a toda la tropa tras él, todos ellos con caras preocupadas.

- ¿Se puede saber que ha pasado? –preguntó a quien quisiera contestarla-.

Fue Selphie quien se paró frente a ella.

- Jared se ha llevado a Rinoa

Los ojos de Jenna se abrieron de par en par ante la noticia.

- ¡Maldito chico desquiciado! –masculló entre dientes-.

Laguna vio entrar a su hijo con una cara que jamás había visto en él. Su preocupación era más que evidente pero lo que más le llamó la atención fue el miedo en sus ojos. Estaba aterrado ante la idea de perder a Rinoa. El, mejor que nadie, sabía lo que era perder a la persona que más querías en este mundo.

Antes de que pudiese decir nada el hombre se acercó hasta él y lo estrechó entre sus brazo. Squall se quedó rígido ante la repentina muestra de cariño por parte del que era su padre.

- No vamos a dejar que la pase nada ¿me oyes? Vamos a traer de vuelta a Rinoa, además sin ella eres insoportable- bromeó al final Laguna-.

El hombre le habló en tono bajo pero muy confiado mientras lo apretaba entre sus brazos. Squall no pudo contenerse y rodeó a Laguna con sus brazos con tal fuerza que el hombre pudo sentir los dedos de su hijo clavándose en su espalda.

- No puedo perderla, Laguna

- Lo sé…

De pronto entró por la puerta una Jenna algo exaltada, parecía que había llegado corriendo.

- ¿Estáis seguros de que la tiene Jared?

Todos la miraron expectante.

Cuando vio los ojos de Squall clavarse en los suyos, supo la respuesta.

- Esta en Deling –dijo intentando recuperar el aliento-.

- ¿Porque estas tan segura? –preguntó Qusitis con desconfianza-.

- La última vez que hable con Jared, tras el ataque al jardín y el último incidente en los laboratorios, llevaba un tiempo escondiéndose en Deling, debía pasar desapercibido y esa ciudad es perfecta para eso.

- Deling es enorme –apuntó Irvine-.

- Creo que está en un hotel y por lo que me contó creo que es bastante pequeño y con poca clientela.

Eso reducía bastante la búsqueda ya que los hoteles en esa ciudad solían ser grandes y ostentosos, eran pocos los que pasaban desapercibidos.

Squall hizo un recorrido visual entre sus compañeros.

- Nos vamos a Deling.


En algún lugar de Deling, 01:00 h

Rinoa escuchó una voz de hombre lejana, como si tan solo estuviese en su mente. Le pareció reconocerla pero no sabía muy bien de que, desde luego aquel hombre que hablaba no era Squall. De pronto abrió los ojos sobresaltada e inhaló una gran bocanada de aire, como si sus pulmones llevasen horas pidiendo oxígeno. Tosió un par de veces y como pudo, se incorporó en una cama completamente desconocida.

Entonces lo recordó todo, aquella sensación de debilidad la había asaltado de repente y como pudo había intentado pedir ayuda a Squall pero ya era demasiado tarde, aquel hombre, Jared, se la había llevado.

- Jared… -pronunció como pudo mientras un dolor de cabeza insoportable la hizo esconder la cara entre sus manos-.

- Vaya, ya estás despierta –dijo Jared mientras se acercaba a ella de manera cauta-.

La pelinegra levantó la cabeza y pegó sus piernas contra el pecho mientras las rodeaba con sus brazos de manera auto protectora. Con recelo, clavó la mirada en el chico y a su mente llegaron las palabras de Jenna, "…puede anular tu magia… un brazalete que lleva en la muñeca izquierda…". Rinoa recorrió de arriba a abajo la figura del muchacho hasta que dio con aquella pulsera, era plateada y muy fina, casi imperceptible. Cualquiera diría que ese objeto podía anular la magia de una bruja.

- ¿Buscas esto? –dijo de pronto el muchacho levantando su brazo izquierdo-.

Rinoa se echó más hacia atrás en la cama a medida que él se acercaba.

- Eres un cobarde. ¿Tanto miedo me tienes que debes llevar esa cosa contigo? –susurró con orgullo-.

- ¡CALLATE!

De pronto el chico pegó aquel grito mientras la distancia que lo separaba de Rinoa se reducía a cero. La cara de aquel hombre se quedó a escasos milímetro de la de ella, sus ojos llenos de rabia y sus mandíbulas apretadas, la hicieron temblar levemente.

- ¿Qué es lo que quieres Jared? –consiguió decir mientras sentía su debilidad-.

El muchacho se apartó de ella y comenzó a caminar por la habitación.

- Acabar con todo esto, solo eso. Y si para ello tengo que acabar contigo no lo dudes que lo haré-.

Rinoa sintió la rabia en aquellas palabras y enseguida supo que hablaba en serio. No pudo evitar acurrucarse más y en su mente tan solo apareció la cara de Squall ¿Dónde estaba?


Deling, 01:30 h

Quistis suspiró y se recostó contra la pared cerca de un centro comercial. Observó a la gente ir y venir. Intentó divisar una melena morena entre la multitud o algo que simplemente, les diese una pista, pero le resultó imposible.

Cuando llegaron a Deling habían decidido separarse. Preguntarían en hoteles, posadas, restaurantes, bares, cualquier lugar que le pareciese apropiado. Pero hasta el momento, no habían conseguido nada.

La joven rubia esperó paciente cerca del aquel centro comercial, hacia una media hora que se había separado de Seifer y debían encontrarse en aquel lugar para seguir buscando juntos.

De pronto, la multitud que pasaba frente a ella pareció ralentizarse y entre tantas caras, divisó algo que llamó su atención. Era un hombre alto y corpulento, de constitución atlética. Se alejó unos pasos del centro comercial y se mezcló entre la gente sin apartar la vista del hombre. Éste estaba tan solo a unos pasos de ella y parecía demasiado concentrado en su móvil.

Quistis echó la vista hacia atrás esperando encontrarse con Seifer pero no fue así. Cuando sus ojos volvieron a aquella persona, vio como emprendía sus pasos. La instructora vaciló unos instantes antes de comenzar a seguirle. Llamaría a Seifer y le avisaría de donde se encontraba. Algo le decía que ese tipo era sospechoso.

Aceleró el paso tras él, siempre a una distancia prudencial aunque con tanto barullo, sería difícil que notase que alguien lo seguía. Torció en una esquina y luego en otra, parece que sus pasos se aceleraron y por un momento, creyó perderlo de vista, pero al salir a una nueva calle, volvió a dar con él. La mujer esquivó a varios transeúntes y después a un grupo de jóvenes que discutían acaloradamente cerca de un banco.

La calle por la que caminaba era recta y bastante ancha por lo que decidió no pegarse demasiado a él, si se giraba no tendría donde esconderse de la vista del desconocido.

En ese instante, decidió llamar a Seifer para comunicarle su situación.

- ¿Se puede saber dónde estás?- preguntó el chico nada más descolgar-.

- Escucha, he visto a un hombre que me ha parecido sospechoso, no sé, tengo una intuición.

- Una intuición…

La voz de Seifer se escuchó malhumorada.

- Le estoy siguiendo.

- ¿¡QUE!? Maldita sea.

Quistis apartó momentáneamente el móvil de su oreja a causa del grito del muchacho.

- ¿Quieres calmarte?, esto está lleno de gente

- Está bien, activa el GPS para saber dónde estás y ten cuidado, por favor.

- No te preocupes.

Quistis colgó el teléfono y toda su atención volvió a centrarse en el misterioso hombre. Avanzaron por la avenida durante un largo rato, dejando siempre una distancia prudencial entre ella y el hombre.

Quistis se preguntó cuánto más duraría aquel paseo y si su intuición había fallado. Entonces lo vio de nuevo meterse en una de las calles que cruzaba a su lado derecho.

Avanzó entre el gentío y cuando dio la curva se sorprendió de no ver a nadie. El tipo había desaparecido y la calle era una especia de callejón lleno de basura y suciedad. Maldijo para sus adentros y cuando fue a salir de allí, aquel hombre apareció de la nada frente a ella. Ésta se sorprendió y caminó varios pasos hacia atrás.

- ¿Por qué me estas siguiendo? –dijo el hombre-.

Quistis por fin pudo ver su cara. Tenía una cicatriz que cruzaba su pómulo izquierdo y unas ojeras bastante pronunciadas, adornaban la parte baja de sus ojos. Era como si hiciese días que aquel hombre no descansaba.

- Creí que eras otra persona –carraspeó nerviosa-. Debo irme.

Quistis intentó marcharse de allí enseguida pero en cuanto pasó por el lado del hombre, éste la cogió del brazo y la empotró contra la pared.

La instructora se sobresaltó y un grito ahogado salió de su garganta. El hombre le sacaba algo más de una cabeza y la intensidad de su mirada le creo un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza.

- Así que otra persona –habló muy cerca de su boca-.

Quistis notó la pesadez de su aliento chocar contra su cara e intentó huir de nuevo.

- ¡Tú no te mueves de aquí. Sé que eres uno de esos malditos Seeds de Balamb!

Los ojos de la muchacha se abrieron de par en par. Entonces no se había equivocado, aquel hombre era de Lidecorp.

- ¿Sorprendida? Bueno estábamos apostando a ver cuánto tardabais en venir a rescatar a la bruja –rio de manera descontrolada-.

- ¿Dónde la tenéis? –gritó Quistis empujando al hombre y apartándolo de ella levemente-.

- ¡CALLATE!

Fue entonces cuando la enorme mano del aquel tipo la rodeó por el cuello empotrándola de nuevo contra la pared y dejándola sin respiración. Quistis intentó zafarse de él pero le resultó imposible. Sintió un leve mareo ante la falta de aire y cuando creyó que acabaría con su vida, algo hizo que la soltara. Cayó al suelo mientras tosía intentando recuperar el aliento y fue entonces cuando unas manos rodearon su cara con cariño.

- ¿Estás bien? –preguntó mientras se arrodillaba frente a Quistis-.

Cuando la instructora vio a Seifer sus ojos se llenaron de lágrimas sin remedio.

- ¡Cuidado! –gritó Quistis antes de poder responder al muchacho-.

Seifer se giró con rapidez y pudo frenar el ataque del soldado. Lo cogió de la muñeca y aprovechando el gesto, se levantó del suelo propinándole un par de puñetazos que lo desequilibraron. Observó como el tipo se limpiaba el primer hilo de sangre que manaba de su boca.

- ¿Eso es todo? –le provocó Seifer-.

El soldado entrecerró los ojos de manera recelosa y con rabia se lanzó de nuevo al ataque. Seifer, al verle cegado por la rabia, no le fue difícil predecir sus movimientos, así que esquivando uno tras otro, consiguió contraatacar y en pocos segundos, dejó a aquel hombre K.O

Quistis se levantó del suelo y con rapidez se acercó a Seifer.

- Seifer… -susurró la mujer mientras se enroscaba en su cuello-.

- ¿Te ha hecho algo? –preguntó mientras la rodeaba con sus brazo-.

La sintió negar con la cabeza.

- Te dije que tuvieras cuidado –dijo Seifer en tono serio mientras la apartaba de él-.

- Lo sé… pero es un soldado de Lidecorp y sabe dónde tienen a Rinoa.

Seifer se giró con rapidez en dirección al cuerpo inconsciente y tras unos segundos, se agachó frente a él y rebuscó en sus bolsillos hasta que dio con el móvil.

- Tal vez descubramos algo.

El chico se guardó el teléfono en el bolsillo del pantalón y cogiendo a Quistis de la mano, se alejaron de allí para mezclarse de nuevo entre toda esa gente, donde seguro, pasarían desapercibidos.


Irvine caminaba al lado de Squall en completo silencio. Llevaban un buen rato dando vueltas y aún, no habían encontrado nada ni nadie que les hiciese pensar que Rinoa se encontraba en Deling. La verdad que la idea de raptarla y llevarla a su ciudad natal donde además, su padre era el general, era una idea bastante descabellada. El vaquero se preguntó si Jared tenía alguna idea de todo eso.

- Esto me trae recuerdos ¿sabes? –habló Irvine metiendo las manos en los bolsillos del pantalón-.

Silencio.

- Ya sabes, cuando nos conocimos –volvió a hablar intentando captar algún gesto de su comandante-.

- Como olvidarlo, me dijeron que eras el mejor francotirador de Galbadia –dijo Squall acompañando sus palabras de una leve risa-.

- Un mal día, ya sabes… –bromeó recordando como el miedo lo paralizó ante Edea aquel día-. Por cierto, ¿qué hay del General Calway?

Irvine oyó suspirar a Squall.

- Le he pedido a Laguna que por favor le mantenga al margen, creo que ya me odia bastante como para que se entere de esto. Pero si no damos con ella, es posible que necesitemos su ayuda.

El vaquero oyó como esas últimas palabras se convertían en un hilo de voz.

- ¡Oye, la vamos a encontrar! –exclamó cogiendo a Squall del hombro y deteniendo sus pasos-.

Antes de que el castaño pudiese decir nada, su teléfono vibró en el bolsillo del pantalón.

- ¿Seifer?... ¿Cómo dices?

Irvine observó la cara de su comandante y como hacia un rápido recorrido visual a su alrededor. De pronto un brillo, que Irvine identificó como esperanza, apareció en los ojos de Squall.

- Estamos justo enfrente… No hay tiempo… entraremos nosotros.

A Irvine le pareció oír gritar a Seifer al otro lado del teléfono pero no supo que decía. Posiblemente estaría diciéndole que la idea de Squall era una locura.

- ¿Y bien? –dijo el vaquero algo nervioso-.

- Es una larga historia pero Seifer cree que Rinoa podría estar ahí enfrente.

Irvine se giró en la dirección que apuntaba el dedo de Squall y vio que ante ellos, se alzaba la fachada de un edificio de color gris oscuro.

En lo que parecía la entrada, se podía leer un rótulo que decía: Hotel DarkNight aunque su aspecto algo descuidado y pasado de moda, le hacía pasar totalmente desapercibido. Aquel lugar encajaba con lo que Jenna les había comentado. Un sitio poco frecuentado, pequeño y pasado de moda.

- ¿Cuál es el plan? –intervino Irvine mientras cruzaban la calle en dirección al hotel-.

- Improvisaremos –habló Squall -.

- Vaya, pues ya me quedo más tranquilo –contestó con sarcasmo mientras seguía los pasos de Squall-.

Ambos muchacho llegaron hasta la entrada del edificio y se pararon justo enfrente. Alzaron la mirada y comprobaron que tan solo disponía de tres planta, más la planta baja.

En su interior, algo oscuro, observaron que apenas había movimiento de gente. Un par de personas salieron del hotel y alguna que otra, se paseaba por el hall.

Antes de que Squall se colase dentro de la recepción, el vaquero lo detuvo del brazo.

- Squall ¿estás seguro?

- Ayer mismo le juré que Jared no volvería a tocarla, que la protegería y…

- Está bien –interrumpió Irvine-. ¡Vamos!

Esta vez fue el vaquero quien arrastró a Squall hasta dentro. No le hacía falta escuchar más, si Rinoa estaba en aquel lugar, sin duda, se la llevarían de vuelta a Balamb.

Sin vacilar se plantó frente a la recepción y llamó la atención de un joven de aspecto dejado y no muy pulcro.

- Queremos una habitación.

El tipo los miró fijamente como si quisiese leer sus mentes y sin decir una palabra, se giró y cogió una llave con el número 152. Cuando los muchachos pagaron el precio de una noche, el hombre les entregó las llaves y les indicó que debían ir a la última planta.

Los chicos se dirigieron al ascensor y al entrar, ambos suspiraron aliviados.

- Crees que ha sido demasiado fácil ¿no? –dijo Irvine mirando a Squall de reojo-.

- Eso creo –dijo con un deje de preocupación-.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron salieron rápidamente en busca de su habitación. En ese instante un hombre de mediana edad se acercaba a ellos por el pasillo de la izquierda. Squall le dio un toque a Irvine y ambos se apresuraron. Caminaron por el largo pasillo, fijándose en los números de cada habitación y sin perder de vista al tipo que iba tras ellos. Cada vez estaba más cerca y esa maldito habitación no aparecía nunca. Justo cuando ese tipo pisaba sus talones, Squall encontró el número correspondiente e introduciendo la llave rápidamente, abrió la puerta. Antes de que cerrasen la puerta, pudieron fijarse como el hombre les echaba una mirada heladora.

- Ha sido mi imaginación o ese tipo tenía toda la pinta de hacernos picadillo –dijo el vaquero apoyando su espalda en la puerta ya cerrada-.

- No lo sé, la verdad que parecía sospechoso –contestó Squall sentándose en la cama algo más calmado-.

De pronto el móvil de este sonó en el bolsillo de su pantalón. Miró la pantalla de su teléfono y descolgó cuando leyó el nombre de Zell. Le explicó en pocas palabras cual era la situación y que tal vez, sería buena idea conseguir un par de vehículos para cuando saliesen de ese hotel.

Antes de que pudiese despedirse de Zell, alguien llamando a la puerta interrumpió su conversación. Irvine cruzó una mirada de inquietud con el comandante y escuchó como pedía a Zell que esperase un momento.

Los nudillos en la madera de la puerta volvieron a resonar. De nuevo un cruce de miradas nerviosas.

- Servicio de habitaciones.

Squall e Irvine soltaron todo el aire que habían retenido en sus pulmones ante la tensión y sonrieron de manera nerviosa.

- ¡Un momento!

Fue el vaquero quien se acercó a la puerta con Squall tras el, pero justo en el momento de abrirla, el comandante sintió una especie de escalofrío recorrer su espalda. En ese mismo instante supo que algo no iba bien y que tras esa puerta nada bueno les esperaba.

Intentó avisar a Irvine, detenerle para que no abriese la puerta pero fue demasiado tarde. Sin saber que ocurría, sintió un fuerte golpe y todo se volvió negro.


Bueno pues finito. Pensaba que no lo acababa, madre mía. Bueno me disculpo de nuevo por la espera y espero que os haya gustado. Dejadme algún review po favooooo (súplica indecente) jejej

Hasta la próxima ^^


Ilustraciones: riny-san(punto)deviantart(punto)com