Capítulo 2.

"Vamos Emmett, tranquilízate un poco. Por más que lo desees, el tiempo no correrá más rápido" dijo Edward palmeando mi espalda.

No respondí, no tenía sentido hacerlo. No era él quien estaba desesperado por salir huyendo de la oficina y correr al museo. La primera vez que la vi, aún no daban las tres de la tarde, sin embargo ahora ya casi eran las cuatro y yo seguía aquí encerrado. Después de todo así era como tenía que ser. Se suponía que mi hora de salida eran las cuatro en punto y últimamente no estaba saliendo a la hora que debía, así que si quería conservar mi puesto, tenía que acatar las reglas.

Edward trabajaba en la empresa desde hace cinco años, era uno de mis mejores amigos y desde hace tres años se había convertido también en mi cuñado. Yo mismo se lo presenté a mi hermana menor, Bella, en una fiesta que me organizaron por mi cumpleaños. El flechazo fue instantáneo, por lo que a unos cuantos meses de conocerse, decidieron casarse. Edward era gran persona, lo quería mucho. Pero justo en este momento, me resultaba de lo más irritante con sus miradas y risas burlonas.

"Anda cuñado, ya puedes huir" me dijo después de algunos minutos. Voltee a ver la hora en el monitor y vi que ya eran las cuatro.

"Me voy. Saluda a las chicas de mi parte y dile a Bella que mañana la paso a ver" grité sobre mi hombro mientras salía a toda prisa de la oficina.

Hoy era el tercer día que iba al museo desde que la había visto, y esperaba encontrarla esta vez. Justo hasta ahora, el jefe oportunamente se daba cuenta de mis salidas a destiempo, por lo que temía que Rosalie hubiera ido al museo y no me hubiera encontrado. Ojalá fuera verdad eso de que "la tercera es la vencida".

***

"Buenas tardes, señor Cullen" saludó William.

"Hola, Will" respondí mientras pagaba por mi boleto. El que fuera el cliente más asiduo y el favorito, no significaba que pudiera entrar gratis.

Mis manos sudaban, estaba demasiado nervioso. No quería levantar la vista del suelo al caminar, tenía miedo de no ver a nadie en el museo, de no verla a ella. Sabía que pensaba mucho en ella para mi propio bien, no debería tener ni remotamente permitido el enamorarme después de todo el sufrimiento por el que pasé en mi antigua relación. Pero ella era especial. Sólo una vez la había visto, sólo una vez había hablado con ella, y ya no me la podía sacar de la cabeza. El sólo pensar en ella, hacía que mi corazón bombeara más de prisa. Esa mujer me había hechizado.

Iba caminando con la mirada en mis zapatos, dando pasos dudosos, cuando choqué con alguien. Levanté la vista apenado, dispuesto a pedir perdón, pero unos delgados brazos me rodearon.

"¡Emmett! Pensé que no te volvería a ver" dijo Rosalie. Yo estaba algo así como que en shock, yo también pensé que quizá nunca más la volvería a ver, y estaba aquí, abrazándome.

"Rosalie" la abracé también, inhalando el dulce aroma como a vainilla de su sedoso cabello. "A mi también me alegra verte de nuevo" nos separamos y me emocionó ver la alegría brillando en sus hermosos ojos. "¿Tienes hambre?" pregunté.

"Un poco" asintió, y un adorable sonrojo cubrió sus mejillas.

"Te llevaré a mi restaurant favorito" tomé su mano y la guié a la salida. Como el buen caballero que me enseñó a ser mi madre, le abrí la puerta del auto una vez que llegamos a este. Conduje con precaución, volteando a ver a Rosalie de vez en cuando. Siempre la sorprendía mirándome.

"Aquí es" dije al aparcar frente al Nascar. Rosalie observó curiosa el llamativo local una vez que le abrí de nuevo la puerta.

"¿Esto es un restaurant?" inquirió riendo.

"El mejor de auténtica comida americana" respondí con orgullo. En realidad era un restaurant bastante humilde, pero la comida sabía exquisita y el ambiente era de lo mejor. Dos paredes tenían murales de las pistas de carreras más famosas, decenas de fotos de autos clásicos adornaban la pared del fondo, había cuadros colgando que contaban la historia del Mascar y los meseros usaban uniformes muy parecidos a los trajes de los pilotos.

"Es increíble" comentó Rosalie con asombro. En seguida nos acomodaron en una mesa, y uno de los meseros se acercó a tomar la orden.

"Un Cadillac por favor" ordené instantáneamente, era lo que siempre pedía. Rosalie me miraba con la boca abierta sin entender nada de lo que decía.

"¿Soda normal o de dieta?" le pregunté.

"Normal"

"Entonces, creo que un Porsche esta bien para ella" ordené.

"¿Cadillac? ¿Porsche? ¿Esto es una concesionaria, o que?"

"Son los nombres de los platillos" respondí entre carcajadas. "Acabo de pedirnos hamburguesas. ¿Está bien?"

"Amo las hamburguesas"

"Mira, eso es un Maserati" señalé un platillo de cangrejos azules de Maryland. "A esos macarrones con queso aquí les llaman Corvette, los Mini Cooper son brownies*, si quieres un sloppy* pides un Subaru y si lo quieres de pavo tiene que ser un Subaru Justy. Nunca se te ocurra pedir para ti sóla un Hummer, al menos que tengas tanta hambre como para devorarte una vaca" ella rió.

"Gracias, lo tendré en cuenta"

"Y bien Rosalie..."

"Rose. Sólo Rose" me cortó.

"Ok, sólo Rose. ¿A que te dedicas?" cuestioné ansioso por saber más sobre ella.

"Ayudo en la inmobiliaria de la familia" contestó mecánicamente. "Con dos títulos universitarios y un empleo estable, ¿Cuántos años tienes? Te ves realmente joven para haber logrado tanto"

"De hecho, ya estoy algo viejo. Tengo treinta recién cumplidos el mes pasado. ¿Y que hay de ti? ¿Cuántos tienes?"

"Veinticuatro" dijo mordiéndose el labio.

"Aquí tienen su orden" irrumpió el mesero. "Si necesita algo más, lo que sea, no dude en pedírmelo" habló dirigiéndose exclusivamente a Rosalie con un tono muy vulgar.

"Si necesitamos algo, yo mismo se lo haré saber" gruñí tronándome los dedos. El chico se retiró asustado.

"Emmett, ¿Qué fue eso?"

"Oh, lo siento Rose. ¿Viste como se te insinuó? ¡Que falta de respeto!" dije molesto, agitando la cabeza. Ella me observaba y sonreía. "Disculpa, se que no tengo ningún derecho, pero no me gustó la forma en que te miraba" contesté apenado.

"Está bien, gracias. Nunca nadie me había defendido así"

"Oh vamos, una chica tan hermosa como tú, debe tener a cientos de hombres a sus pies, dispuestos a cualquier cosa por ganarse su corazón" comenté sincero. Creí que la haría sentir bien con el comentario, pero contrario de eso, noté una triste expresión cruzar su rostro. "¿Rose?"

"Come ya Emmett, las papitas se enfrían" respondió dándole un mordisco a su hamburguesa.

Comimos relativamente tranquilos, a excepción de uno que otro manotazo de su parte por intentar robarle de sus papas fritas. Ella me hizo todo un interrogatorio, preguntó cosas tan simples como mi color favorito, otras sobre mis opiniones políticas e incluso quiso saber sobre mi infancia con lo que la entretuve un buen rato hablándole de Charlie y Renée, y de las muchas travesuras que hacíamos Bella y yo.

"¿Y tu que tal pasaste tu niñez?"

"Mi hermano y yo tuvimos una linda niñez. Teníamos a nuestros padres juntos, y aunque tuvimos algunos problemas económicos cuando mi padre acababa de abrir la empresa, siempre trataron de darnos lo mejor. Fuimos a buenas escuelas, teníamos ropa de marca, recibíamos clases de arte, y nuestra madre se dedicaba únicamente a nosotros" suspiró y la voz le tembló ligeramente. Supuse que quizás pensar en su infancia le recordaba algo triste, así que no quise ahondar más en el tema. Quizás me contaría cuando confiara más en mí.

"Así que tienes un hermano. ¿Es mayor?"

"En realidad somos mellizos. Jasper es una gran persona y lo amo. Siempre ha estado ahí para mí"

"Yo también amo a Bella, mi hermana menor. Es una gran chica. Mira" saqué mi cartera y le mostré una foto de ella, Edward y Nessie. "Es ella con su esposo e hija"

"Eres tío" me sonrió.

"El mejor tío oso que cualquier niño pueda tener" se carcajeó ante el apodo que la misma Nessie me había puesto. "Me encantan los niños, y amo a mi pequeña sobrina como si fuera mía" dije con orgullo.

"¿Podemos pedir ya el postre?" preguntó cambiando de tema drásticamente. Quizá creía que iba muy rápido hablando de niños.

Pedimos una rebanada grande de Daytona que era la especialidad de la casa, (o como se llamaría comúnmente, tarta de manzana) la cual compartimos cómodamente. Cada quién tenía su cuchara, pero de vez en cuando uno le daba un trozo de pastel en la boca del otro. Esto se sentía de lo más normal, cómo si fuera lo más natural del mundo estar juntos. A decir verdad, nunca pude sentirme de esta forma con Jane.

"Me gustas mucho ¿sabes?" confesó Rosalie saboreando la tarta y con sus ojos clavados en los míos.

"¿Me hablas a mí, o a la tarta?" ella rió ante mi tonta pregunta.

"Te hablo a ti Emmett. Aunque apenas si nos conocemos me ha encantado estar así contigo. Me gustas demasiado"

"Siento exactamente lo mismo" dije. "Y estaría encantado si volvemos a salir"

"Tenemos que volver a vernos" contestó con seguridad.

"Lo haremos. Pero mientras, mmm" me metí otro bocado de tarta "Sin duda esta Daytona es la más rica que he comido"

***

"¿Segura que no quieres que te lleve a tu casa?" le pregunté por enésima vez mientras esperábamos a que abordara el taxi. Después de comer, habíamos salido a dar un paseo y tan a gusto la estábamos pasando que ni nos percatamos de todas las horas que habían pasado ya.

"Gracias, pero estoy muy segura de ello" confirmó. Quizás había olvidado que tenía algo que hacer pues se veía sumamente preocupada y no había aceptado ir por un café.

"Entonces, hasta el lunes próximo"

"A las cinco en el museo" me recordó.

"Ahí estaré, esperándote"

"Gracias de nuevo Emmett, me la pasé fantástico, ha sido un día maravilloso"

"Gracias a ti hermosa" susurré acariciando su tersa mejilla.

"Señorita, ¿va a subir o no?" insistió el amargado chofer. Rose me mostró una sonrisa de disculpa y subió al auto.

"Hasta el lunes" dije cuando estuvo dentro.

"¿Emmett?" llamó asomándose por la ventanilla mientras el coche arrancaba.

"¿Si?" grité mientras comenzaba a alejarse.

"Te quiero" respondió.

RPOV

"¿Mami?" murmuró Henry frotándose sus ojitos.

"¿Si cariño?"

"¿Eres tú?" preguntó observándome detenidamente.

"¿Qué otra mami podría ser?" le sonreí.

"Es que te ves diferente cuando estás feliz" dijo colocando sus pequeñas manitas sobre mi rostro.

"¿Por qué dices eso cielo?"

"Estás sonriendo mucho, así lo hacen las personas de las películas cuando están felices. Y tu casi nunca sonríes" sabía que su comentario era inocente, pero aún así me dolió un poco darme cuenta de que a pesar de su corta edad, se daba cuenta perfectamente de las cosas que sucedían a su alrededor.

"Claro que sí sonrío. Tú eres mi motivo para hacerlo" contesté besando sus dorados risos. "Ahora duerme ya, que mañana hay que ir al colegio" hiso una graciosa mueca de disgusto y se acomodó en la camita abrazando su peluche favorito.

"Te amo mami" susurró con sus ojitos ya cerrados.

"Y yo a ti mi amor"

"¿Se puede saber en donde estuviste todo el día, estúpida?" me gritó Royce al entrar a nuestra habitación.

"Royce yo…" la fuerte cachetada me impidió seguir hablando.


Brownies* Vamos! Todo mundo sabe que son los brownies no? Ok, si alguien no, son unos pequeños panecillos de chocolate. Se ven como cuadritos compactos x3

Sloppy* Es un platillo típico de USA, es como un sándwich de carne. Si es de res(?) se llama Sloppy Joe, y si es de pavo es Sloppy Tom :)


Hola gente! Lamento la demora, no tengo ni una sola excusa aceptable, pero espero que les haya gustado el segundo capítulo.

¿Cómo ven la situación? :S ¿Se ve dura no? x) Bueno, espero que me dejen más reviews de los que dejaron en el primero pues fue una cantidad miserable de ellos, y si no comentan pues yo no puedo seguir escribiendo xq no sé si lo están leyendo u.u

Besos a todos! :)

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