Star Wars no me pertenece. Es propiedad de su genial creador George Lucas y de... ¿Disney?.


Quiero daros las gracias a todos por vuestros maravillosos reviews. Lo cierto es que no me esperaba y muchísimo menos merecia esta rápida respuesta de vuestra parte después del tiempo que os hago esperar generalmente, por eso quiero daros las gracias de corazón. Vuestros reviews son mi fuerza de voluntad y mi inspiración para escribir. Como agradecimiento, aquí os teneis un nuevo capítulo.


Capítulo 32

Dos sables laser emergieron de su empuñadora casi en el mismo instante; uno era rojo como la sangre de sus muchas víctimas, el otro de color celeste, azul como el amanecer del cielo libre de nubes. Ambas armas silbaron estremecedoramente a través del desierto corredor de la mansión.

Para ese momento los oficiales de seguridad eran ya conscientes de la presencia del intruso, pero ningún servidor del imperio se atrevería a interrumpir a Darth Vader en medio de su duelo contra un jedi, incluso si ignoraban que tras la identidad de ese jedi se ocultaba el enemigo más odiado por el Lord Sith, aquel había aguardado durante años en busca de venganza.

— Jamás has debido regresar, Obi-Wan —advirtió Vader, blindando la intensidad de sus emociones bajo una aparente y falsa calma—. Este será el último error que cometas.

El jedi no retrocedió, sino que alzó su sable en posición de defensa, dispuesto para el incipiente combate.

— Tú no tienes derecho sobre esos niños, Darth. No me quedaré quiero viendo como el lado oscuro los corrompe y aniquila del mismo modo que hizo con su padre.

— No sabes de lo que hablas, viejo…

Obi-Wan se mantuvo firme, sin tambalear por la amenaza.

— Te derroté una vez, y no voy a perder ahora. No permitiré que Luke y Leia sean usados como tus herramientas para conseguir más poder.

La mención del nombre de los gemelos rompió algo en el interior del Lord Sith.

— ¡Tú no tienes derecho a pronunciar sus nombres! —exclamó, perdiendo todo disimulo sobre sus emociones—. Ellos son mis hijos, ¡mios! Y tú me los arrebataste. ¡Me hiciste creer que todos estaban muertos! Y por fin hoy vas a pagar por esa mentira, Obi-Wan —sentención con odio e ira—. Hoy es tu final, mi viejo maestro.

Obi-Wan respiró con calma y replicó:

— Ya he escuchado eso antes.

Y eso fue todo. No había nada más que decir. Esas fueron las últimas palabras que los dos hombres, que una vez habían sido como viejos hermanos, intercambiaron; después, Vader atacó. Una estocada directa a cortar al jedi por la mitad que este repelió a duras penas.

El odio y la ira corrían por las del Lord Sith venas con una intensidad deslumbrante. Vader abrió su espíritu a la Fuerza como no lo había hecho desde que se reuniera con su familia. El Lado Oscuro lo acogió en su sombra y disipó cualquier rastro de dolor, de debilidad. Ya no le importaba que el Emperador pudiera percibir su presencia y detectarlo, ya no pensaba en el bienestar de su esposa, de sus hijos. Se había olvidado de ellos. Se había olvidado de todo excepto del hombre frente a sí. De que ésta era su oportunidad para tomar venganza.

Obi-Wan por su parte esquivaba y frenaba cada sablazo sin reflexionar, sin sentir temor ante la proximidad de la muerte. Él entregaba su espíritu a La Fuerza y se convertía en una herramienta de esta para hacer su voluntad. Ella le había entregado la victoria una vez, y ahora no tendría por qué ser diferente.

Los sables volvieron a refrenarse entre sí. Obi-Wan giró hacia su derecha y contraatacó por la izquierda en un movimiento necesario pero poco acertado, que permitió a Vader encajar una patada con precisión en su costado derecho que lo hizo gemir de dolor.

El sable rojo surcó un arco donde instantes antes se había hallado su cuerpo. El jedi se arrojó al suelo y realizó un giro abierto con sus piernas por tumbar a su enemigo golpeándolo en sus talones, pero Vader simplemente permitió que la fuerza lo alzara y aterrizo tras una voltereta tras la espalda de Obi-Wan. Lo golpeó con una patada trasera a la altura de su cintura, que lo hizo trastabillar. A continuación, empleó la Fuerza para lánzalo con energía contra el suelo de mármol.

ObI-Wan detuvo el impulso por poco; sobre su ceja derecha había comenzar a gotear un pequeño riachuelo de sangre. Aun así y viéndose constantemente superado en el duelo, su espíritu permanecía en calma.

Por el contrario el Lord Sith era un remolino inagotable de ira y de odio, los cuales se convertían a un tiempo su fuente poder; un poder que le permitía continuar con su ataque implacable, sin resentir por el cansancio. Los sables resplandecieron una vez más, uno contra el otro, como venía sucediendo desde hacía minutos.

Entonces, repentinamente, Obi-Wan cometió un error; un error minúsculo fruto del cansancio, del desgaste que llevaba sufriendo por diez años habitando en medio del desierto. Obi-Wan fue medio segundo demasiado lento.

Medio segundo fue suficiente para que el Sith hiciera valer su talento, y sable rasgo el brazo derecho del jedi, chamuscando su piel, y a continuación su pierna izquierda, sobre el muslo, obligándolo a soltar su sable y caer de rodillas, sumiso ante su destino.

Obi-Wan parpadeo, procesando la realidad. Había fracasado; al final había sido derrotado por su viejo aprendiz. Pronto sería uno con la Fuerza.

El conocimiento vino hasta él con calma, y él lo acogió con tanta tranquilidad como hubiese sucedido con la victoria. Su destino no lo atormentaba. Pero los niños… Luke… Inocente y valiente Luke. Y Leia.

¿Cómo podrían sobrevivir intactos a merced de un Sith?

Por ellos intentó recomponerse. Llamó a su sable de luz con la Fuerza y trató atravesar con él el cuerpo de Vader, cuyas defensas se había relajado levemente mientras saboreaba el gusto de la victoria. Era un movimiento desesperado y suicida, pero a Obi-Wan no podía importarle menos. Si se lo llevaba, si Vader moría con él, su vida sería un precio que pagaría con dicha.

Fracasó.

Darth Vader no era ni tan impaciente ni tan seguro de sí mismo como hacía años lo había sido Anakin, y su guardia no se había deslizado tanto como había pensado Obi-Wan. El Sith frenó fácilmente el golpe con su propio sable, apoderándose de él, y pateó con saña el pecho de Obi-Wan, quien se retorció de dolor y tuvo que apoyar sus manos en el suelo para sostenerse.

Cuando volvió a alzar la vista para encarar al Darh, los dos sables, la hoja roja del Sith y la suya propia, se alzaban sobre su cuello. Obi-Wan no parpadeó, no era un final tan inesperado el morir en sus manos, sino que clavó sus ojos en la figura negra que era su verdugo tratando de ver, tratando de buscar cualquier señal del pequeño niño salido de Tatooine que él había criado y llegado a amar como un hermano.

Obi-Wan gastó sus últimos momentos de vida cuestionándose dónde se había equivocado, cómo había obrado tan mal para no verlo, por qué después de salvar a millones de seres desconocidos a través de la galaxia, no había sido capaz de salvarlo a él, al único que de verdad había amado.

Después cerró los ojos y se entregó a su destino.

Darth Vader llevaba esperando este momento durante diez años, diez tormentosos años donde cada día y cada movimiento de su gastado cuerpo era un suplicio, diez años en sólo el odio por este hombre, la oportunidad de tomar venganza, le entregaba la energía suficiente para recomponerse y sobrevivir un día más, una semana más.

Ahora que por fin la venganza era suya se sentía casi insatisfecho. Había sido demasiado fácil. Cómo esta excusa patética de jedi había sido capaz de vencerlo cuando él aún conservaba toda la destreza de su cuerpo intacto era un completo misterio, una derrota más achacable a sus propios errores y arrogancia que al hombre ahora hundido frente a él. No importaba. El conocimiento no haría menos dulce su muerte.

El Lord Sith alzó el sable sobre su cabeza y, por un segundo, la hoja carmesí resplandeció como una pronunció del color de la sangre. Después, lo dejo caer.

— ¡Anakin, NO!

La estocada frenó en seco en el último segundo.

Entre las profundidades de su alma herida Darth Vader reconoció esa voz lo suficiente para retrasar el asalto. La ira no retrocedió.

— Regresa a las cámaras, Padmé —ordenó secamente, sin girarse a mirarla—.

— ¡No! —se negó ella avanzando hasta colocarse frente a él, de tal manera que él no tenía más opción que enfrentarla—. No lo hagas. No lo mates.

— No sabes lo que me estás pidiendo —la voz barítona y amorfa que acompañaba el respirador no se relacionaba en nada con la voz suave, tierna y cargada de emoción que había susurrado palabras de amor en su oído apenas unos momentos antes—.

— Por favor —suplicó ella de nuevo—.

— No. Él debe morir —sentenció, y era inapelable. La promesa de su muerte había sido lo único que me le había sostenido durante años. Su respeto y su amor por su esposa eran sin embargo suficientes para intentar que entendiera—. Tú no estabas allí, Padmé. Su recuerdo allí, en la cima de aquella montaña de arena, contemplando impasible como yo trataba de alejarme de la lava, como las llamas se cernían sobre mí y me apresaban. ¡Él nunca hizo nada! Ni siquiera tuvo la compasión suficiente para acabar con mi tormento mientras el fuego me consumía en una eternidad de sufrimiento. ¡Sólo miró y exclamó que me amaba! ¡Ahora pagará por eso!

Las lágrimas se deslizaban por el rostro de Padmé al visualizar esa escena. Las palabras de Anakin y las que una vez compartió con ella Luke, tras sus pesadillas, le permitieron imaginarlo casi con tanta claridad como si de verdad ella hubiera estado allí. Casi podía palmar el sufrimiento inimaginable de su esposo.

Si quedaba cualquier bien dentro de Anakin cuando comenzó la pelea, tras semejante traición esté quedó enterrado tan profundo como las cicatrices que había causado en su cuerpo la lava. Ni siquiera Darth Vader eran tan sumamente cruel para impartir ese tipo muerte a sus enemigos, ni siquiera a los jedi a quienes odiaba más que cualquier otro. Sus ejecuciones eran siempre rápidas y relativamente indoloras.

Cómo Obi-Wan había sido capaz de permanecer allí inmóvil, contemplativo, impasible ante los gritos de agonía y socorro del quien había sido su hermano era algo que Padmé no conseguía entender. Como amigo su deber habría sido auxiliarlo y más tarde ayudarlo a volver al lado bueno, y como jedi hubiera debido acabar con su sufrimiento a través de una muerte rápida. Pero Obi-Wan había sido incapaz de llevar a cabo ninguno de los dos, y la galaxia había pagado el precio de esa indecisión durante diez años.

Padmé no guardaba muchos restos de cariño hacia Obi-Wan. Había sido él también quien en un holograma le informara de la muerte de sus hijos, engañándola para hacerla creer que habían muerto, separando a Luke y a Leia y organizando para ellos un destino que tarde o temprano los llevaría a enfrentar y destruir a su padre o morir bajo su mando. Ella no sabía si algún día podría perdonarle por eso.

Pero cuando suplicaba por su vida, Padmé no estaba pensando en el bienestar de Obi-Wan. Lo único que tenía ella en mente era el bienestar de Anakin. Su presencia débil y tentativa había comenzado a despuntar bajo la armadura de Vader desde hacía semanas, y esa misma mañana había dado un gran paso hacia su victoria.

¿Cómo afectaría al espíritu de su esposo matar a quien en días había sido su maestro? A quien había amado como a un padre, como a un hermano.

— No lo mates —repitió más como un ruego que como una orden—. Enciérralo, mantenlo prisionero el resto de su vida.

Vader sacudió su casco con disconformidad.

— Eso no será suficiente. Su muerte me pertenece por justicia.

— Pero yo estoy suplicándote que le perdones la vida. Por favor, Anakin. Si es cierto que todavía sientes amor hacia mí, si no mientes cuando dices que aún me amas, si lo que ocurrió antes entre nosotros significó algo para ti… Entonces perdónale.

No era una petición justa y ella lo sabía, pero estaba desesperada. El pensamiento de más sangre inocente derramada por las manos de su esposo la aterraba. ¿Y si Vader llegaba demasiado lejos y Anakin se perdía en su odio para siempre?

— ¿Lo eliges a él sobre mí? —la mecánica voz de Vader nunca había sonado tan fría—.

— ¡No! No, Anakin, ¡no! No se trata de eso —nuevas lágrimas se deslizaban por el rostro de Padmé quien contemplaba desesperada como la situación se escapaba de su control—.

— Pero todavía pretendes valerte de mi amor por ti como un arma para salvarle la vida al jedi.

El silencio que siguió a esa declaración fue tan esclarecedor como cualquier respuesta.

— Que así sea entonces —Vader accedió finalmente, y sus palabras nunca había sonado tan próximas a una declaración de muerte—. Le perdonó la vida. ¡Guardias!

Padmé ni siquiera tuvo tiempo de agradecérselo cuando un pequeño ejército de soldados irrumpió en el pasillo. Habían estado siguiendo el combate a través de las cámaras siempre atentos a cualquier señal de intervención.

— Encerrad al prisionero a la celda de máxima seguridad —ordenó el Lord Sith—. Sin tratamiento para sus heridas y sometido al régimen de severidad. Quiero inhibidores de la fuerza en sus muñecas y alrededor de la zona en todo momento, ¿está claro?

— Si, Lord Vader.

— Bien. ¡Lleváoslo!

Dos soldados se adelantaron a los otros y se apresuraron a cumplir con sus órdenes.

— Llevad también al teniente Solo a la enfermería, y aseguraos que recibir la atención apropiada para sus heridas —añadió el Lord Sith, señalando a la inconsciente figura del hombre unos metros más adelante en el corredor. El jedi lo había golpeado con severidad y todavía no despertaba.

Padmé esperó paciente mientras los soldados cumplían con sus órdenes antes de avanzar tentativamente hacia su esposo.

— Anakin, gracias —susurró, luchando por sobreponerse al mal presentimiento que sentía—.

Pero cuando el Lord Sith se dio la vuelta para enfrentarse a ella, Padmé comprendió que pese a lo ocurrido, pese que él había cedido a sus suplicas y perdonado la vida a Obi-Wan, el resultado final distaba mucho de ser una victoria.

— Jamás volverás a dirigirte a mí bajo ese hombre —ordenó la desconocida figura junto a ella con voz carente de cualquier emoción—. Yo soy Lord Vader, señor de los Sith. Y a partir de este momento tú eres solo la madre de mis hijos. Cualquier relación anterior que hubiese podido mantener es ahora pasada. Mantenlo en mente y sobrevivirás mucho tiempo.

— No… —Padmé vocalizó con horror—. ¡Anakin no! No hagas esto. No me alejes de mí. ¡Te quiero!

Él ya había comenzado a alejarse.

— No te vayas. Annie, por favor…

— El imperio tiene urgente asuntos que atender, y yo los he pospuesto ya demasiado tiempo —fue todo lo que él dijo—. Informa a Luke y a Leia que me pondré en contacto con ellos por el comunicador en cuanto me sea posible.

— No… —suplicó ella cayendo sobre sus rodillas—.

Pero ya era tarde. Anakin se había ido y esta vez, temió Padmé, sería para siempre.


Nuevo capi! Y sólo os hecho esperar una semana. Es un poquito más breve que el anterior, pero espero que lo hayais disfrtado igualmente. Como hemos visto la visita sorpresa de Obi-Wan no ha hecho sino causar problemas en el paraiso. Anakin siempre fue celoso de la relacion de Padme y Obi (creo que de relación de Padme y cualqueir hombre, y con eso de que ellos debían esconder que estaban juntos pues aun peor), y Vader parece haber interpretado la situación como que Padmé lo elige a él por encima del jedi, lo que de verdad lo ha enfurecido y empujado a abandonar a su esposa y marhcarse.

¿Pero de verdad podrá el Lord Sith olvidar todo lo ocurrido entre ellos? ¿Quñe hará Padmé? ¿Y qué pensarán Luke y Leia cuando descubran que su padre se ha ido? ¡Lo veremos en el próximo capi! Intentaré tenerlo dentro de dos semanas a tardar mucho, palabra, pero como son fiestas de Pascua a lo mejor me extendió a tres. Si me paso de ese plazo os doy permiso a enviarme un Lord Sirh a mi puerta para que me de un bun tiron de orejas.

Mientras tanto un abrazo y que la fuerza os acompañe a todos.

Kheyra Amidala Skywalker.