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Todos los personajes son de Stephenie Meyer. Todos humanos.

CODICIA MARCADA


Epílogo


*Plenitud*


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-¡Edward! - Grité furiosa.

Se lo había dicho, se lo había advertido, pero a veces resultaba ser incluso peor que Ryan. Los dos hombres de la casa se habían puesto a jugar en el sofá del comedor de la casa de Isla Mauricio, ya le había advertido a Edward que tuviese cuidado, pero no me había hecho caso y el mantel que estaba puesto sobre la mesa de centro se había llevado consigo al suelo todos los objetos que tenía encima.

-¿Qué te he dicho? ¡A veces me da la impresión de que hablo con la nada! - Le reñí mientras recogía los objetos que se habían salvado y los trozos de cristales de uno que no había acabado con la misma suerte. Miré a Edward quien me miraba apenado.

-Lo siento… Tienes razón. - Se levantó para ayudarme.

-¡Lo sientes, lo sientes…! - Bufé de la rabia. - Ryan a dormir, ya es hora.

-Pero…

-A dormir. - Insistí mirándole seria.

-Mami… - Escuché la voz de Renesmee y me giré, estaba refregándose un ojo con su puñito.

-¿Qué haces aquí, cariño? Ya te había dejado dormida… - Después me giré hacia Edward con una mirada de reproche. Él suspiró.

-Ven aquí, princesa. - Dijo dirigiéndose a ella para cogerla en brazos. - Vamos, Ryan. - Le tendió la mano al mayor de mis hijos.

-Jo… yo quiero pelear. - Puse los ojos en blanco cuando vi como Ryan le daba puñetazos a las piernas de Edward. Nunca se cansaba.

-Tu madre tiene razón, es hora de dormir. - Repitió con voz solemne, ahí sí que Ryan no tenía opción.

No escuché nada más, solo los pasos de Ryan y de Edward alejarse, subiendo las escaleras hacia arriba. Cogí la escoba para asegurarme de que no quedaba ningún cristal y después también pasé la mopa, no quería dejar ningún cristal por muy pequeño que fuese, Ryan y Renesmee andaban todo el día descalzos, de arriba abajo y hacia la playa.

Sonreí al colocar mejor el marco con una foto de Renesmee. La habíamos llevado a un estudio para que le hicieran unas fotos cuando tenía dos años, igual que hicimos con Ryan. Renesmee había sido buscada al 100% cuando Ryan tenía dos años. Si Ryan era bastante más tranquilo con dos años que con cinco y medio que tenía ahora, Renesmee no paraba quieta y tampoco veía el peligro por ningún sitio con tres años y medio que tenía, era terrible, nos tenía a Edward y a mi todo el día de vigilantes.

¡Era una revolucionaria que había revolucionado a mi Ryan tranquilo! Mi pequeño príncipe en miniatura cada día se parecía más a su padre físicamente. Volví a reír un poco más, aunque seguía enfadada con Edward. Siempre me hacía lo mismo, es que no se tomaba nada en serio de lo que le decía cuando estaba con alguno de sus dos hijos. Y eso demostraba cuánto amor les tenía, se le caía la baba por los dos, y claro… yo siempre quedaba como la mala. Aunque tenía que admitir que cuando Edward se ponía serio con ellos era muy efectivo.

Cogí la escoba y la mopa y me encaminé a dejarlas en su lugar, viendo a lo lejos, en medio de la arena una toalla grande, la que utilizábamos todos cuando estábamos en la playa. La noche era tan cálida como cualquier otra y el cielo estaba despejado dejando ver todo el manto de estrellas que lo adornaban, era realmente una estampa preciosa.

Suspiré, escuchando las olas del mar romper en la orilla suavemente e intenté relajarme. No me gustaba discutir con Edward y tampoco estar enfadada con él, ¡pero es que…! Volví a suspirar intentando relajarme.

Sentía como a medida que pasaban los minutos mi cuerpo se iba relajando, gracias al olor marino que desprendía el agua, el susurro de los grillos en la noche, la arena pegada a mi espalda a través de la toalla… Escuché a Edward sentarse a mi lado, no podía ser nadie más. Me volví a tensar un poco.

-¿No vas a decirme nada?- Preguntó bajito. Me mantuve quieta.

-¿Para qué? Si nunca me escuchas. - Escuché su suspiro arrepentido.

-Bella… - Aunque mantenía los ojos cerrados podía notar que se estaba tumbando, un dedo de su mano acaricio mi brazo sutilmente. - Perdóname, por favor…

Se quedó en silencio esperando a que yo dijera algo, pero yo estaba más firme que nadie. Como supuse comenzó a usar su táctica.

-Venga, amor… - Susurró comenzando a dar pequeños besos en mi hombro. - No ha sido para tanto… - Me mordí el labio cuando sus labios se deslizaron en dirección ascendente por mi cuello, ya me estaba empezando a estremecer y no era de frío. - ¿Me perdonas? Por favor… - Pidió otra vez.

Abrí los ojos y me encontré con su rostro sobre el mío, su mirada siempre ejercía el mismo poder sobre mi. ¡Qué difícil era no caer en sus encantos!

-¿Me perdonas?- Volvió a preguntar acariciando levemente sus labios con los míos.

-Ag. ¿Cómo no voy a perdonarte con esos ojitos de arrepentimiento? ¡Pero es que a veces me puedes!

-Lo siento. - Repitió. - Volveré a comprar otr…

-No, no me importa lo que se haya roto, tiene que ver más con mi preocupación porque quede algún cristal en el suelo y lo pisen alguno de los niños. - Me lleve las dos manos al rostro. - ¿Por qué nunca me escucharás cuando tienes que hacerlo? - Una de sus manos retiró las mías, dejando libre mi rostro y me dio un casto beso en los labios.

-Sabes que cuando estoy con ellos a veces…

-Sí, te vuelves un crío. - Edward me miró elevando una ceja. - Sí, un crío. Tienes que admitir que a veces eres peor que ellos. - Él suspiró y se tumbó a mi lado.

No pasó mucho tiempo hasta que echara de menos su contacto así que me acerqué un poco más a él, posé mi mano en su pecho, notando su dureza y suavidad y escondí un poco mi cabeza en su cuello, pero sin dejar de mirar las estrellas. En seguida su mano se posó sobre la mía, acariciando el dorso con el pulgar. Me encontraba perfectamente, bajo el manto de estrellas, con el sonido del agua del mar, con la mejor compañía a mi lado, en silencio…

-Creo que deberíamos subir… - Susurré en su oído besando después su mejilla.

-Cómo quieras.

Intenté incorporarme pero Edward con un suave empujón me dejó bajo su cuerpo. Lo miré confundida, pero él solo me volvió a besar los labios saboreándolos, dejándome como siempre, aturdida. Se separó de mi con una sonrisa y me levanté caminando hacia el interior de la casa.

Poco tuve que esperar para que sus brazos me rodeasen antes de entrar y me cogiera al estilo novia. Reí sin poder evitarlo.

-Ya estabas tardando.- Murmuré.

-Esperaba que tomaras tú la iniciativa. - Confesó besándome de nuevo. Era consciente de cómo caminaba por el salón, aunque no sabía bien cómo lo hacia. Separó su rostro del mío al llegar a las escaleras y comenzó a subir.

-Eres tú al que le interesa mi perdón. - Frunció el ceño sin dejar de mirar las escaleras.

-Pensaba que me habías perdonado ya.- Susurró llegando al primer piso, me acerqué a su oído.

-Me lo he pensado mejor. - Susurré. Aceleró el paso y me dejó sobre mis pies en cuanto llegamos a nuestra habitación, rodeándome con un brazo y cerrando el seguro de la puerta con el otro, mientras me seguía besando. - No cierres.

-No va a pasar nada. - Dijo volviéndome a besar.

-Los niños… - Edward acunó mi rostro y me miró clavando su mirada en la mía.

-No me iré a dormir sin verlos de nuevo, ahora déjame disfrutar un poquito de ti…

Se inclinó un poco solo para acariciar mi muslo hasta mi nalga dando un suave apretón y besándome de nuevo, fue todo lo que necesité. Yo también necesitaba momentos a solas con Edward, lo amaba locamente.

Me llevó caminando de espaldas hasta nuestra cama y se cernió sobre mí comenzando a dejar besos por mi cuello mientras yo no dejaba de acariciar su escultural torso, aquel que había tenido al descubierto desde todo el día. Su duro miembro se rozó contra mi, provocando que el calor se incrementase en aquel mismo instante de manera voraz, haciendo que pensara que en cualquier momento podría sufrir una combustión espontánea, llevándomelo todo conmigo.

-¡Mami, mami, mami!

Edward se separó de mi y puso los ojos en blanco, para después tumbarse de espaldas en el colchón, con las manos en el rostro. Me mordí el labio para no reírme y suspiré, intentando controlar la respiración.

-¿Mami? - Ahora tocó con sus puñitos la puerta.

-¡Ya voy, mi amor!

Quité rápidamente las manos de su rostro y le di un beso en los labios.

-Intenta relajarte, quizá solo quiere que me vaya con ella a dormir, volveré.- Aseguré guiñándole un ojo. Él solo se limitó a suspirar con la mandíbula tensa.

Me levanté y caminé hacia la puerta, quitando el seguro. Solo la abrí y Renesmee pasó rápidamente a la habitación con cara de horror.

-Mami, mami, mami. - Me puse de cuclillas observando sus ojos del mismo color que los míos.

-¿Qué pasa, cariño? - Ella me dio un abrazo y aproveché para cogerla en brazos.

-La bruja. - Pronunció con voz temblorosa a causa del temor.

-Tranquila Renesmee, las brujas no existen, solo las princesas tan guapas como tú. - Le dijo Edward quien se había levantado y ahora estaba a mi lado acariciando la cabeza de Renesmee.

-Sí existen. - Insistió ella.

-¿Quieres que vaya a dormir contigo? - Pregunté. Ella negó con la cabeza.

-Quiero dormir con papi. - Dijo estirando los brazos hacia su padre, Edward la cogió desconcertado y con la boca entreabierta. - Y con mami. - Dijo ella estirando su brazo para rodearme el cuello. Miré a Edward y me encogí de hombros.

-Está bien, pero no te acostumbres Renesmee. - La cogí en brazos y la llevé a la cama, mientras Edward se quitaba las bermudas y quedaba en boxers y yo me cambiaba la ropa por una camiseta y unos shorts fresquitos.

-Buenas noches papi. - Dijo dándole un beso en la frente a Edward.

-Buenas noches mami. - E hizo lo mismo conmigo.

Renesmee se acurrucó a mi lado, aunque estaba en medio de los dos, y cerró sus ojitos mucho más tranquila. Edward y yo nos quedamos mirando, una vez más su mandíbula estaba tensa y yo no podía casi aguantarme la risa. Ve al baño, articulé con los labios, para que él se pusiera aun más de morros.

Miré la cara de angelito de mi pequeña, y sin ser consciente comencé a quedarme dormida.

El sol resplandecía de la misma manera que lo hacía siempre en Isla Mauricio, pero el calor parecía ser mucho más llevadero, cálido, pero sin agobiar. Resnesmee y Ryan jugaban en la arena junto a la pequeña Rachel de cuatro años, hija de Alice y Jasper.

-¿Soñaste alguna vez con esto?- Escuché preguntar a mi incondicional amiga y cuñada. Suspiré mirando una vez más a mis hijos y girando mi cabeza hasta encontrar a Edward con Jasper en la orilla. Sonreí y negué con la cabeza.

-No te voy a negar que siempre soñé con tener un príncipe azul, supongo que como la mayoría de chicas, sin embargo Edward… es mucho mejor. - Alice rió y no pude evitar mirarla, fijándome en sus ojos color esmeralda, del mismo color que los de Edward.

-Supongo… que sé a lo que te refieres. - Confesó mirando a su esposo.

-Así que no te arrepientes de haberte casado. - Ella hizo una mueca de disgusto y volvió a mirarme.

-Cuñada… - Me llamó abriendo los ojos. - ¡Quizá me arrepiento de no haberme casado antes! - Reímos las dos.

-Me alegra saber que por fin has superado tus aversiones hacia el matrimonio. - Dije volviendo a reír.

Volví a mirar a mis hijos. Ryan caminaba junto con las pequeñas en medio, con cada una de una mano, dirigiéndose hacia Edward y Jasper. No pude evitar enfocar a mi perfecto marido, su perfecto rostro mientras sonreía y hablaba con esa línea de diversión y travesura tan característica de él.

Era difícil no quedarse mirando a un ser cómo él.

-Amor… - Me llamó elevando una mano.

-Vamos, Alice. - Dije levantándome de la arena, pero cuando volví a mirarlo, él tenía rodeada por la cintura a Lauren y seguía hablando como si nada… Sentí como me quebraba.

-Amor…

El tacto blandito del colchón y la tenue luz del sol que comenzaba a inundar la habitación, me indicó que únicamente era un sueño, solo un sueño… intenté abrir los ojos y me encontré con el rostro de Edward a escasos centímetros del mío, sonriéndome con ternura. Su cabello, como cada mañana, lucía más despeinado de lo habitual, haciéndolo casi irresistible.

-Vas a despertar a Renesmee. - Susurró. Giré un poco mi cabeza. Ahí seguía mi pequeña, acurrucada junto a mi, con su mano aferrada a mi brazo.

-¿Por qué? - Pregunté susurrando de nuevo. Sonrió divertido y paseó, en pequeños pasos, sus dedos índice y corazón por uno de mis brazos.

-No parabas de llamarme. - Se inclinó para darme un pequeño beso en los labios y se separó, cogiendo con cuidado a Renesmee en brazos y saliendo de nuestra habitación.

Era consciente del día de hoy, también había notado en la mirada de Edward el significado que él le otorgaba al mismo día de cada año, era esa la razón por la que habíamos viajado a Isla Mauricio, como cada año. Era difícil, a veces, hacerme a la idea de que mi matrimonio seguía intacto, sabiendo que estaba con un hombre tan sumamente apuesto y que con el paso de los años ganaba en atractivo. Aun no podía comprender como ninguna de esas guapas modelos, que pasaban con más frecuencia de la que tocaba por la empresa, no había conseguido robármelo.

Sonreí de nuevo cómplicemente sobre la almohada. Sí, lo sabía perfectamente, porque no había mujer que pudiese competir conmigo, porque yo para Edward, junto con nuestros dos hijos, lo éramos todo para él, porque él sería incapaz de abandonarnos, porque siempre seríamos parte de él y eso no iba a cambiar nunca.

Aun debía admitir, por muy estúpida que sonara, mi miedo por perderlo a causa de otra mujer. No había olvidado a Lauren, aun no había olvidado el momento que presencié, cuando creí que él me engañaba con ella. Afortunadamente solo había sido un mal entendido y supe que él no había dejado de quererme y desearme, pero había sentido el dolor, en aquel momento lo había sentido, y había dolido tanto, que estaba segura de que sería incapaz de volver a vivirlo y que esa vez fuese verdad. Pero no, no iba a pasar, estaba totalmente segura de ello.

-Ryan está igual de dormido que Renesmee. - Dijo acomodándose en la cama rodeando mi cintura con su brazo y acercándome a él.

-Ah, ¿sí? - Pregunté mientras dejaba pequeños besos en sus mejillas, bajando hasta llegar a sus labios.

-Mmm, señora Cullen. - Murmuró profundizando nuestro beso, haciéndome llegar a las estrellas con la simple caricia sensual y placentera que su lengua le otorgaba a la mía.

Comencé a acariciar su pecho cálido, notando como comenzaba a humedecerse a causa de la excitación, que estaba segura, comenzaba a sentir, o si no, ¿Qué debía ser el bulto que presionaba contra uno de mis muslos? Mordí su labio inferior dejando escapar nuestro suspiro conjunto, mientras sus manos se alojaban en cada uno de mis pechos, sus labios descendieron por mi cuello dejando húmedos besos a su paso, hasta que llegó a mi canalillo, más pronunciado que habitualmente, gracias a que sus manos habían presionado mis pechos. Me mordí el labio cuando su lengua y sus dientes se hicieron más presentes en aquel lugar.

-No sabes la adoración que siento por esta parte de tu cuerpo. - Su tono ronco me hizo reír, pero en seguida se separó, haciendo que borrara cualquier indicio de felicidad en mi cara.

Se levantó con una sonrisa traviesa, dejándome en la cama, dirigiéndose hacia el cuarto de baño de la habitación, dejando los boxers por el camino. Fruncí los labios, evitando reír, miré su redondo y fuerte trasero antes de que desapareciera tras la puerta y comenzara a escuchar el chorro de agua caer sobre la bañera.

Aun con mi camiseta, mis shorts para dormir y un moño improvisado, caminé de puntillas hasta la puerta de nuestro baño asomándome por la puerta. Aun la bañera se estaba llenando de agua, pero Edward estaba dentro, con sus brazos apoyados en el borde de la misma y la cabeza apoyada hacia atrás, con los ojos cerrados. Vi como una pequeña sonrisa se instaló en su rostro y decidí pasar al interior sigilosamente, tapándole los ojos con mis manos y acercando mis labios a su oído.

-Feliz aniversario, señor Cullen. - Murmuré sin poder retrasarlo más, antes de que él llevara sus manos a las mías para retirarlas, no sin antes besar detenidamente cada una de ellas.

Caminé rodeando la bañera y me senté en el filo, mirándolo de frente y cerrando el grifo. Suspiré fuerte cuando sin poder evitarlo miré su enorme y por consiguiente, evidente erección.

-¿En qué estabas pensando? Te he visto sonreír. - Pregunté mordiéndome el labio mientras me acercaba más a su rostro. Edward rió entre dientes antes de acercarse a mi rostro y besarme. Sus manos acunaron mi rostro y me miró intensamente.

-En la primera vez que hicimos el amor en la playa. - Abrí los ojos más, sintiendo como su mano se deslizaba por mi vientre y me acercaba al interior de la bañera.

-Me estoy mojando la ropa… - Susurré contra sus labios.

-No importa. - Musitó logrando su cometido.

Comencé a quitarme la ropa empapada de agua disfrutando de como las manos de Edward no paraban de acariciar cada centímetro de mi piel que quedaba al descubierto, pero en cuanto tuve las manos libres al fin, me acerqué más a él, rodeando con mis piernas su cuerpo y quedando muy aferrados.

Mis labios se deslizaron por su cuello acompañando a mi lengua, la cual saboreaba hasta la saciedad su dulce aroma, tan varonil, tan Edward… Sentí como mi centro palpitaba ansiosamente y no pude evitar morder su hombro cuando sentí los dedos de Edward en mi intimidad, consiguiendo que ronroneara en su oído y me presionara más contra su cuerpo.

Sus dedos desaparecieron de aquel recóndito lugar, solo para empujarme y lograr que quedara con la espalda apoyada en la bañera, entonces comenzó a besarme el cuello, bajando hasta mis pechos, los cuales a pesar de estar mojados no estaban cubiertos por el agua. Me mordí el labio, intentando no hacer ruido, pero los jadeos eran incesantes. Pasó su lengua por toda la extensión de uno de ellos y presionó delicadamente uno de mis pezones entre sus dientes, mientras una de sus manos acariciaba mi intimidad, esto era el cielo.

Me mordí el labio con más fuerza, cuando uno de sus dedos comenzó a moverse más rápidamente en la zona más erógena de mi cuerpo y su boca no dejaba de succionar y besar mis pechos. ¿Por qué Edward era tan bueno en todo? Estiré de su cabello desesperada por no gemir y le besé fieramente mientras llegaba a mi orgasmo. La respiración de Edward era irregular y aquello me estaba matando.

-Cada día te deseo más. - Murmuró volviéndome a besar, cuando mi mano se alojó en su miembro y lo rodeó.

-¿Eso es mucho? - Pregunté sobre sus labios.

-No puedes hacerte una mínima idea.

Seguí masajeando su virilidad, notándola más y más dura, viendo como Edward tenía los labios entreabiertos, respiraba con dificultad, como yo, y no dejaba de mirarme, con los ojos entrecerrados.

Pasé mis manos por su cuello y me senté a horcajadas sobre él sintiendo casi al mismo tiempo como se deslizaba dentro de mi y lograba, como siempre, que me tensara ante su encantadora y placentera invasión.

-Quiero estar así contigo para siempre. - Murmuró entrecortadamente mientras acariciaba mi espalda y me presionaba más contra su cuerpo, mientras yo me movía.

No podía hablar o perdería el ritmo. Rodeé con más fuerza su cuello con mis brazos y me impulsé con mayor facilidad, dejando húmedos besos en su cuello, en su mandíbula, en sus mejillas y en sus labios. Él era el único hombre que podía hacerme sentir tan viva como en ese preciso momento, era el único, y eso no iba a cambiar jamás.

-Feliz aniversario. - Me dijo cuando me giré, apoyando mi espalda desnuda en su pecho. Reí quedamente y giré mi rostro para mirarlo.

-Hasta que al fin lo dices. - Dejé un beso en su mandíbula, mientras él acariciaba mi vientre.

-Sé que ya no te lo digo tan a menudo, pero te amo. - Entrelacé una de sus manos con la mía y la elevé para besarla.

-Yo también te amo.

-Sería buena idea que te alejaras un poco de mi, aun siento el fuego y puedo volver a atacarte. - Hizo el pequeño intento de un rugido y mordió mi cuello provocando que riera y me separara de él, quedando al otro lado de la bañera.

-¿Qué hora debe ser? - Pregunté estirando el brazo para coger el champú y comenzar a enjabonarme el pelo.

-Aun no se despertarán. - Contestó cogiendo el bote para imitarme.

Estar con él era divertido en cierto punto, no tenía que pensar en qué hacer para sorprenderle, porque él siempre lo hacía conmigo o porque simplemente las sorpresas surgían sin pensarlo en un determinado momento. Tenía que admitir que Edward había cambiado algo, sobretodo en el plano romántico, aunque también me había fijado que su faceta ególatra seguía ahí por mucho que intentara esconderla y eso… eso me fascinaba, no podía negarlo. Era un narcisista en toda regla, pero lo bastante humilde cómo para no resultar repelente.

-¿En qué piensas? - Le pregunté a Edward en la cama.

Acabábamos de bañarnos, peinarnos y vestirnos, esperando a que pasaran unos minutos más antes de despertar a los niños o que simplemente alguno de ellos dos se levantaran hasta nuestra habitación.

Estaba tumbada de lado, acariciándole el pelo a Edward mientras observaba sus facciones. Él se había dedicado también a quedarse mirando mi rostro y a acariciar una de mis manos, hasta que la bajo hasta mi vientre y se quedó extrañamente pensativo mientras lo observaba. Sonrió ante mi pregunta y volvió a mirarme.

-Pues, en que Renesmee ya tiene tres añitos… y que bueno, no sé, pero me gust…

-Ah, no, no, no. - Lo corté posando sobre sus labios la mano que antes acariciaba su cabello. - Ya sé por donde vas a salir. ¿Quieres tener otro bebé cuando todavía no podemos respirar tranquilos con Renesmee? ¡Sería un suicidio! - Edward rió y yo solo fruncí el ceño. - En serio Edward, aun no. - Él acarició mi mejilla con una de sus manos y me sonrió.

-Está bien, como tú quieras. - Después la bajó una vez más hasta mi vientre.

-Además, no sabes lo que me ha costado volver a estar así. - Levanté un poco mi camiseta haciendo evidente a lo que me refería.

-Créeme que me puedo llegar a hacer una idea. ¿Cómo es posible que te levantaras tan temprano para hacer gimnasia? ¡No había salido ni el sol! Y yo te echaba tanto de menos en la cama… - Hizo un puchero que me hizo carcajearme y lo abracé.

-Sí, pero no puedes negar que estás encantado con el resultado.

-No niego que me guste, parece que no has sido madre dos veces, pero te vuelvo a repetir que el problema únicamente era tuyo, yo siempre te he aceptado tal y cómo eres. - Le sonreí tiernamente.

-Lo sé. - Acepté antes de besarle.

-Aunque admito que tampoco estás igual que cuando te conocí… estás incluso mejor… - Sus caricias en mi vientre y ahora en mi cintura se estaban volviendo cada vez más insinuantes.

-Edward… por favor…

-De verdad, Bella, tus pechos casi me matan de placer cuando me fijé en ellos la primera vez, pero ahora…

-¿Fue la vez que te pillé? - Pregunté cortando su frase. Él rió y yo lo hice con él.

-No, fue antes, la primera vez que te vi. Aunque no te creas que me he olvidado del bofetón que me diste aquel día, todavía duele ¿eh?

-Te lo tenías merecido, por mirar dónde no debías.

-Supongo que sí, pero ahora todo esto… es mío, solo mío. - Pasó sus manos por mi trasero, presionándolo levemente.

-Edward… - Le avisé de nuevo a regañadientes, pero sin desenredar mis dedos de su cabello, mientras él seguía su camino por mi baja espalda hacia mi vientre, subiendo hasta mis pechos hasta presionarlos. - Por favor… - Pedí retirando sus manos de aquel lugar y alejándome un poco de él, no podíamos seguir, los niños no tardarían en despertarse.

-Vale, está bien, pero no te vayas. - Murmuró acercándome de nuevo a su cuerpo y rodeándome con sus brazos en, esta vez, un cálido abrazo, sin ningún tipo de segundas intenciones, pero haciéndome estremecer cada vez que su respiración golpeaba mi cuello.

-Papá… - Nos deshicimos de nuestro abrazo en cuanto escuchamos a Ryan y lo miramos. - Renesmee no me deja dormir.- Se quejó intentando retirar las manos de su hermana, las cuales se habían aferrado con fuerza a su brazo. Ella tenía una sonrisa tremendamente traviesa, tan parecida a la de Edward…

-¿Aun quieres dormir más? Son cerca de las 10, ¿no querías navegar en velero? - Le recordó Edward.

-¿El velero? - Preguntó Renesmee, abriendo sus ojitos y mirando a su padre hipnóticamente.

-¿Tú también quieres venir, princesa?

-¡Sííí! - Exclamó corriendo hasta llegar a la cama para que Edward la cogiera en brazos, este último le dio un beso en la mejilla mientras Ryan se subía en la cama y se sentaba entre mis piernas, apoyándose en mi pecho. Rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos. Edward se giró para mirarme.

-Tú también vienes ¿no?- Reí sin poder evitarlo.

-¿Cómo sería capaz el señor Cullen de sobrevivir a estos dos terremotos? - Pregunté provocando que nos riéramos.

-Ryan te vas a caer. - Escuché a Edward. Tenía los ojos cerrados, sintiendo el sol calentar mi piel en el velerito. - No, no, no Renesmee, no cojas el anzuelo, puedes hacerte daño… Ryan, no te lo volveré a repetir. - Abrí los ojos y me quité las gafas de sol.

-Pero es que ¿has visto el color del agua en esta parte? - Preguntó mi hijo.

-Sí, es muy bonita, pero hazle caso a tu padre.

-¡A ver, a ver! - Exclamó Renesmee queriendo acudir al lugar donde estaba su hermano.

-No, no, ven aquí. - Edward la cogió en brazos y la llevó hasta donde se encontraba Ryan con cuidado, sosteniendo a mi hijo con el otro brazo. No pude evitar acercarme a ellos y apoyar mi barbilla en el hombro libre de Edward quien se giró para mirarme y sonreírme.

-Mami, ¿nos podemos bañar? - Preguntó Renesmee. Suspiré.

-Claro.

-¡Yo también, yo también! - Dijo Ryan. Besé la mejilla de Edward, me quité el short y cogí a mi hija en brazos, poniéndole los manguitos, mientras Edward hacía lo mismo con Ryan. - Mamá, yo contigo. - Murmuró mi niño.

-No, mami es mía. - Abrí los ojos por el tono de voz autoritario de la pequeña de mi familia.

-¡No! - Exclamó Ryan aferrándose a mi cuerpo.

-¿Es que a mi no me quiere nadie? - Preguntó Edward. Renesmee se apartó solo un poco de mi rostro para observar a su padre y empezó a morderse el labio.

-Yo te quiero, papi. - Edward rió y estiró los brazos para cogerla.

-Y yo a ti princesa. - Y comenzó a hacerle cosquillas.

Ayudé a Ryan a bajar al agua y luego bajé yo con él, al menos estaba más tranquila sabiendo que tenía los manguitos puestos y con el agua tan tranquila había muy pocas probabilidades de que le pasara algo malo. Sentí el brazo de Edward en mi espalda baja cuando vi como Renesmee chapoteaba acercándose a su hermano.

-¡No me mojes! - Exclamó él enfadado. Negué con la cabeza y creí hundirme un poco en el agua, pero Edward me sostuvo.

-¿Cansada?- Preguntó.

-No, aun puedo aguantar, pero gracias.

-Renesmee se está volviendo un torbellino, pronto va a acabar con nosotros. - Reí mientras observaba a mis niños jugar con el agua y seguía moviendo los brazos para no hundirme.

-¿Y pensabas en traer otro ya? - Reímos los dos.

-No, la verdad, es que no es una buena idea… además he decidido que quiero seguir disfrutando de ti. - Susurró en mi oído mordiéndome el lóbulo y provocando que la piel se me erizara.

-Cariño, por favor. - Le pedí, él dibujó una sonrisa divertida, separándose un poco más de mi.

-Sube, yo me quedo con ellos, no quiero que te canses, esta noche no te escaparás de mi.

-¿Y cómo lo sabes? - Hizo un gesto con la cabeza señalando a los niños.

-Caerán rendidos.

-Y tú también, como les sigas el ritmo. - Negó con la cabeza.

-En absoluto… para ti nunca estaré cansado, y lo sabes. - Aseguró elevando una ceja seductora. Besé sus labios antes de subir al velero, la verdad es que necesitaba dejar de moverme en el agua y podría vigilar mejor a los niños desde arriba.

No podía negarlo, era feliz, aunque no sabía si era la palabra adecuada para describir el estado en el que solía encontrarme frecuentemente. Alguna vez pensé que había alcanzado la felicidad, confundiéndola con la estabilidad: era exitosa, había tenido un par de novios los cuales mi padre consideraba unos buenos partidos pero incluso me había alejado del terreno sentimental por superarme en mi trabajo, pensaba tener las ideas claras y que ya nada podría cambiarlas.

Pero… apareció él y lo cambió todo, el hombre que encendió en mi todo lo que alguna vez pensé tener en off por tiempo indefinido, aquel hombre provocador y creído que aunque por más que quería repelerlo me era inútil porque cada vez me sentía más atraída por él, el hombre que conquistó mi corazón sin proponérselo en un principio y que después luchó por él con todas sus ganas y fuerzas, el hombre que jamás perdió la batalla por mi porque yo era lo que realmente él quería. Siempre él, Edward Cullen.


Pues con todo el dolor de mi corazón, tengo que decir: se acabó lo que se daba. Me da tanta pena acabar con esta historia... es una de las historias con las que más he disfrutado escribiendo, y tengo que admitir que son uno de mis Bella/Edward preferidos, sin querer ser vanidosa...

Espero que vosotras hayais disfrutado leyendo esta historia igual que yo la he disfrutado mientras la escribía y mientras me venían todas las ideas a mi cabeza... jajaj. Como dije en el capítulo anterior, dejé unas imágenes que pertenecían al epílogo, lo vuelvo a repetir por si a alguien se le escapó y quiere verlas :)

Ahora tengo pensado descansar un poco en cuanto acabe de escribir mis otras dos restantes historias incompletas aun... pero seguramente volveré con nuevas historias cuando comience la universidad en octubre, después de volver de Londres... por supuesto no tendré el gusto de encontrarme a Robert Pattinson por la calle... pero bueno podría ser jajajaja, volvería con muchísima inspiración...

En fin solo me queda agradeceros a todas y cada una de vosotras los alentadores comentarios que habeis dejado... sois estupendas, creo que ya lo he repetido en más de una ocasión, pero es la verdad! jajaja

Chapis Cullen, Jessica, Jbpattinson, Laliita, Paolastef, Coona, loveja92, joli cullen, Paaameeelaaa, Ally Masen, E. Cullen Vigo, Fran Cullen Masen, V, Marylouu, bellaliz, yolabertay, yiyielo, Jos WeasleyC, Carmen Cullen-.i love fic, Laura-cullen-swan, clau5, majin soljam, Isabella Marie Cullen-1989, chels, roscidius cullen, vickycn, Lynn, Danika20, :)

saraes, siendo sincera... Como voy a echar de menos tus largos comentarios, casi ni pestañeo cuando los leo.. :P pero espero verlos en alguna que otra historia... :) se nota muchisimo que se te cae la baba con tu marido y tus niñas... :) eres un amor!

Ely Cullen M, creo que te has confundido... :) "A centímetros de tu piel, a metros de tu corazon" no una historia mía! asi que siento no poder responderte a eso... jajaja