Disclaimer: Los personajes aquí presentados, no me pertenecen, son propiedad de Nikelodeon y Craig Bartlett. Excepto claro, los creados por mí, para narrar la historia.

Bienvenidos a esta historia, es un poco diferente a lo que he escrito, espero que disfruten.

"Conociendo a Eleanor"

Capitulo 08: ¡Nunca mas te abandonare!

Helga esta con los ojos muy abiertos, mira todo lo que hay alrededor, trata de concentrarse en lo que hace pero, no puede, parece increíble que después de tantos años, aún siga pensando en lo mismo.

Una mujer se acerca y le pregunta algo, ella responde y teclea algunos números y después de cobrar, le da su cambio a esa persona.

– ¡Gracias por su compra! – Dice con una sonrisa fingida, después suspira y vuelve a sus pensamientos, esos que no la dejan ser feliz, a veces le gustaría volver a tener diez años y perder la memoria de quien es, para así encontrar el amor de su vida, pero eso ya es imposible.

Después de un día de trabajo, ella abandona la tienda de conveniencia donde labora diciéndole adiós, al empleado que se queda en el turno nocturno. Al día siguiente tiene que ir a la universidad temprano y decide solo ir directo a su departamento.

Cuando llega nota lo vacío que se siente, le gustaría que alguien la esperara, y le dijera "¡Cariño la cena esta lista!" Baja la mirada, sabe que no hay nadie ahí, el telefono suena , ella contesta poniendo el altavoz, para sacar las cosas que trae de la tienda.

– ¡Bueno, yo aquí, ¿quién allá?! – Dice bromista sabiendo de quien se trata.

– ¿Cómo quien, Helga no piensas venir a la fiesta? – Dice Phoebe del otro lado de la linea.

– ¡Nop! Tengo escuela mañana.

– ¡Ah no, me prometiste que vendrías, eres mi mejor amiga, no puedes faltar, ahora mismo mando a Arnold por ti!

– ¿Arnold, y porque a Arnold? – Dice asustada la rubia.

– ¡Porque es el único que vino solo y tiene auto, arreglate quieres! – Replica Phoebe colgando, antes que Helga pueda reaccionar.

– ¡Rayos! – Dice Helga apretando el botón de colgar del aparato. – ¿Porque precisamente Arnold?

Ella se dirige a su alcoba, se mete a bañar mientras recuerda, todo lo que le ha pasado a través del tiempo con ese chico, que ahora es su amigo, pero a quien ella aún ama tanto o mas que el día que lo conoció.

Recuerda… el día que él le pidió ser su novia, después de todo el asunto de Eleanor, y sonríe, luego su aventura en la selva, después de que ella ganara el viaje, para todo el curso de quinto grado, en un concurso de declamación, estuvieron a punto de morir y ella los salvo al final, encontraron a sus padres y le dio la felicidad que siempre quiso para él; ahí ella se pone triste, ese fue el comienzo del desastre.

Arnold y sus padres volvieron a Hillwood, si, pero sentía que había algo mal, ellos deseaban regresar a San Lorenzo y él quería ir con ellos, pero ella estaba en medio de esa decisión, así que rompió con él, para que no se sintiera dividido y después él se fue, así tan simple, se marchó con sus padres, abandonándola como prometió no hacerlo, se fue por tres años y a pesar de todas las cartas y las llamadas, pues aún seguían siendo amigos, ella no lo perdono y sin embargo Arnold trato de convencerla que aún la amaba, más cuando ella estaba a punto de aceptarlo, una chica se interpuso en sus camino, él duró con esa persona dos años, en los que ella se convirtió en su amiga incondicional, era su confidente, su paño de lágrimas, ya no había marcha atrás o ella solo aspiraba a ser su amiga o eran nada, así que prefirió su amistad.

Han pasado muchos años, están a punto de acabar la universidad ahora, ella y Phoebe siguen siendo las mejores amigas, Gerald y Phoebe están casados desde el año anterior, así que ademas de su amistad mutua, tienden a estar unidos por ellos.

– ¡Supongo que tengo que dejar de lado esta absurda depresión, que me agobia! – Dice sonriendo frente al espejo y mirando como ha quedado tras del arreglo. – ¡Después de todo, de alguna u otra forma él, siempre ha estado a mi lado! – El timbre de la puerta suena y ella corre a abrir, en su subconsciente esta feliz de verlo, después de todo, han pasado como tres meses desde la ultima vez.

Ella abre la puerta y le sonríe. – ¡Hola cabezón! – Le dice en son de broma, mientras lo mira bien vestido de saco y pantalón color gris, con una camisa azul y corbata en un tono mas oscuro de azul.

El la mira sonriente, se ve muy bella con un vestido azul con flores rosas, el cabello recogido en una coleta y aretes largos. – ¡Hola orejona! – Le dice en respuesta.

– Espera un minuto solo me pongo las zapatillas y ya, nos vamos. – Dice Helga sentándose en una silla y atando las zapatillas de satín, con tacón de aguja que se puso.

– ¿No crees que son muy altas esas zapatillas? – Dice él preocupado.

– ¿Que eres mi papá? – Reclama sin levantar la vista.

Él la mira un momento, después revisa con la vista el pequeño departamento, donde vive su amiga. – ¡Cuando te caigas yo no te levanto! – Bromea de nuevo, Helga solo saca la lengua y le hace una trompetilla, como solía hacerlo cuando niños, él ríe.

La fiesta es en honor al primer aniversario de casados de Gerald y Phoebe, ambos se ven muy felices, el pronto va a terminar su licenciatura en administración y trabaja para la compañía Pataki, Phoebe termino un año antes su carrera en química y trabaja para una empresa textil, muy importante, tienen una buena vida.

Helga decidió trabajar y estudiar al mismo tiempo para no depender de su padre. Aunque este y su madre, siempre le piden que regrese a casa, después de todo tienen una buena relación, pero ella prefiere ser independiente, estudia Literatura, por su lado Arnold también hizo lo mismo, el trabaja y estudia al mismo tiempo, se decidió a estudiar arte, así que no hay mucho donde buscar, y por ahora trabaja como vendedor en una tienda departamental.

Sus vidas han ido despacio, Helga ha tenido algunos novios y Arnold algunas novias, pero nunca nada serio, Helga aún guarda una pequeña esperanza en su corazón, aunque no quiera admitirlo y él desearía que ella le diera una oportunidad pero, cree que ella aún no lo perdona por haberla abandonado.

– ¿Helga? ¡Llegas tarde! Phoebe está molesta. – Exclama Lila, que en algún punto en la secundaria, se volvió muy buena amiga de la rubia, incluso llegando a ser su segundo cómplice en muchas aventuras.

– ¡Ya señorita perfecta, seguro tú llegaste primera, como te casaste con un millonario tienes el tiempo en tus manos, pero yo tengo que trabajar! ¡Hola Brian!

– Hola, Helga – La saluda el marido de Lila, Brian, antes mejor conocido como Brainy, quién gracias a su fama como músico ha acumulado bastante dinero. – Linda noche.

– Esta bien no te enojes, la única enojada es Phoebe, ya está que no puede ni con su alma.

– ¡Helga! – Se escucha una molesta voz tras ellos.

– ¡Uy, ya me vio, mejor voy con ella! – Dice Helga yendo hacia su mejor amiga, mientras Lila, Brian y Arnold la miran divertidos.

Helga ha debido disculparse una y otra vez con su mejor amiga, a quien los cinco meses de embarazo, han vuelto muy sensible.

La fiesta sigue un rato, Helga y Arnold casi no están juntos, se dividen a platicar con la gente que conocen, ella platica animadamente con los chicos, él la mira de lejos y aún siente celos si la ve coquetear con alguien más. Ella con el tiempo aprendió a moderar sus sentimientos, así que cuando ve a Arnold hablar con una chica o sonreírle, ya no se incomoda o al menos ya no se nota exteriormente.

Pasadas algunas horas el cansancio comienza a evidenciarse en Helga, Arnold que no ha dejado de observarla lo nota y llega junto a ella.

– ¿Quieres que te vaya a dejar a tu departamento? – Le dice acuclillándose junto a ella, que está sentada en un sofá.

– ¡Eso estaría bien, ya tengo mucho sueño! – Dice ella sonriente.

Se despiden de sus amigos y salen a la calle, una suave llovizna cae sobre Hillwood, Arnold tiene una pregunta en los labios, pero sigue teniendo miedo de hacerla, han pasado tantos años. Helga solo mira las luces de la ciudad a través de la ventana, con una opresión en el corazón.

– ¿Y entonces? – Dice Arnold rompiendo el silencio, mientras vira el volante del automóvil en una esquina.

– ¿Qué? – Responde Helga atontada.

– ¿Cómo viste a los festejados?

– Ah, eso… pues se veían felices. – Dice sonriendo y volteando a ver nuevamente, por la ventana.

Arnold la mira un instante, y luego voltea a mirar al frente, sigue su camino, hasta llegar al departamento de Helga, detiene el auto.

– ¡Gracias por la llevada y la traída cabeza de balón! – Dice ella con la misma confianza, con que le habla siempre, saliendo del auto.

Arnold sale del auto y se dispone a llevarla hasta la puerta. Ella nota la acción y voltea a verlo extrañada. – ¿Pasa algo?

Arnold respira profundo y exhala un suspiro. – Necesito preguntarte algo.

– Dime. – Responde ella buscando sus llaves.

– ¿Tú me odias?

Ella levanta la vista para mirarlo extrañada. – ¿Qué? Claro que no Arnoldo, ¿porque te odiaría?

El baja la mirada. – No se, quizá… porque te abandone.

Ella sonríe y le toma la barbilla como a un niño. – ¡Arnold tu eres mi amigo, no podría odiarte y menos por eso que paso hace años!

– ¡Ese es el problema Helga, tu eres mi amiga, y casi no nos vemos, casi no nos llamamos, y la verdad…

–¿La verdad que? – Dice ella intrigada.

– Yo me odio a mi mismo, porque te hice una promesa y no la cumplí.

Eso le duele mas a Helga, que si le hubiera dicho que la odiaba. – ¿Eso es lo que te preocupa? ¿El hecho de no haber cumplido tu promesa?

– No no he querido decir eso… yo…

– ¡Eres un torpe Arnold, eso a mi no me importo jamas, que me abandonaras como dices, yo te quiero!

– Pero dejaste de amarme…

– ¿Dejar de amarte? ¿Que rayos significa eso? Arnold tú y yo siempre hemos sido buenos amigos y eso es todo.

– No Helga, yo te amo… aún te amo, mas que antes incluso.

– ¿Como puedes decir eso después de todo, lo que ha pasado en nuestras vidas? Tu me quieres, soy tu amiga pero no me amas. Ya deja eso, y buenas noches. – Dice caminando apresurada hacia su puerta.

– ¡Helga! – Exclama Arnold, al verla deslizarse, gracias al tacón de sus zapatillas y el piso mojado, para caer sobre el borde de la escalera, con la cabeza.

– ¡Ayayay, que dolor! – Dice Helga levantándose, mientras se soba el chichón que se hizo.

– ¡Rayos, quieres aprender a no aterrizar con la cabeza! Imagina si te vuelve a dar amnesia. – Dice él ayudándola a ponerse de pie.

– ¿Que es amnesia Arnold? – Dice ella con una mueca de dolor.

– Ja ja que graciosa, como si fuera a caer en eso. – Replica él, abriendo la puerta del departamento, con las llaves de ella.

– ¿Caer en que? – Pregunta Helga con extrañeza. – ¿Y que es este lugar? – Entrando.

Arnold frunce el ceño, la mira a los ojos. – ¿Helga?

Ella lo mira con la boca fruncida. – No tonto, Eleanor, ¿Y por cierto cuando creciste, ayer yo era mas alta que tú?

Arnold la mira incrédulo, no puede ser, no otra vez.

– El doctor no ve nada fuera de lo común, solo el pequeño chichón que tiene en la cabeza. – Explica Arnold a Gerald y Phoebe a través del teléfono acerca de Helga.

– ¡Pobre Helga, parece que siempre le va a pasar algo así, mañana iremos a verla! – Dice Phoebe del otro lado de la linea.

– ¡Ok, Bay!

– ¡Hasta mañana! – Dicen al unísono sus amigos.

Helga yace dormida en su cama, el doctor vino y la reviso, no tiene nada, así que le dijo a Arnold, que tal vez solo necesitaba dormir.

Arnold se sube a la cama junto a Helga, la mira dormir y sonríe, la verdad es que esto le agrada, puede estar junto a ella sin que lo deteste, por haberla abandonado. Acaricia su cabello y pronto el sueño lo vence, y sueña que ella, lo abraza como cuando eran novios, y le dice cuanto lo ama.

Helga mira a Arnold mientras duerme, sonríe y luego le toma la nariz con los dedos evitándole que respire.

El se levanta como resorte. – ¡Que, Helga déjame! – Dice apartando la mano de ella.

–¡ Jajaja, es que te estoy despertando desde hace como media hora y no respondes, y ademas soy Eleanor! – Dice ella arrodillada en la cama y haciendo puchero.– ¡Tengo hambre, hazme algo de desayunar, si! – Dice ella con cara tierna.

El la mira intrigado, esta actuando exactamente como cuando era una niña. – Esta bien… – dice él caminando a la cocina. – ¿No tenias que ir a la universidad hoy?

– ¿Que es universidad? – Dice Helga sentándose en la barra de la cocina.

El sonríe, parece que en verdad ella no finge. – ¡Nada… unos días no harán diferencia, creo! – Exclama asomándose al refrigerador. – ¡Parece que no te alimentas bien, tienes puras porquerías en el frigorífico! – Reclama sacando unos huevos y un poco de queso.

Ella se alza de hombros y recuesta la cabeza en la mesa. – ¿Esta es mi casa?

– Si, vives sola aquí.

Ella se baja de la silla y recorre la salita que está bien arreglada y llena de libros. Mira unas fotos de su graduación, y de algunas fiestas, eso la hace sonreír.

– ¿Y la abuela Arnold? – Pregunta de pronto por la anciana mujer que la cuido, cuando estuvo con amnesia y de quien sostiene una foto, donde esta con el abuelo.

Eso termina de convencer a Arnold de que ella no recuerda nada. – Ella… ella murió hace dos años. – Responde con dolor. – Igual que el abuelo. – En tanto mira los huevos cocerse en el sartén.

Helga hace una mueca de tristeza y se deja caer en un pequeño sillón. – Oh, entiendo. – Dice tenuemente, dejando salir dos lagrimas de sus ojos.

Arnold recuerda, jamas había visto mas triste a Helga, que el día que tuvo que decir adiós a su amiga, esa mujer que tanto la quiso y que siempre la cuido, y de igual forma fue con el abuelo, que solo le sobrevivió a su esposa una semana.

– ¡Ya esta listo tu desayuno! – Le dice cortando el dolor con una mueca de alegría, lo cual parece funcionar pues, Eleanor - Helga, se levanta del sillón corriendo para sentarse a comer.

– ¿Me peinas? – Le pregunta la "niña" mirándolo con afecto, después de vestirse.

– ¡Claro! – Contesta él.

– Solo… no me hagas trenzas… – Dice en un tono raro.

El la mira con amor. – No claro que no.

Un rato después. – Llévame a algún lado, quiero salir a divertirme, me siento como si hubiera estado dormida por mucho tiempo. – Le pide, jalándolo de la camisa, y yendo hacia la calle.

El decide que no hay nada que perder. – ¡Esta bien vamos! – Dice; ya en el auto llama a sus mejores amigos, para que no los busquen en el departamento de Helga.

La lleva a la feria que hay en la ciudad, se suben a varios juegos y ella ríe feliz, como si en verdad hubiera estado atrapada en alguna parte y de pronto hubiera logrado escapar.

– ¡Yupi! – Exclama Helga saltando en un trampolín. Arnold sonríe mirándola, seguramente si Helga estuviera en sus cinco sentidos, no haría algo tan loco.

– ¿Eleanor, sabes cuantos años tienes?– Le pregunta después de un rato, que han estado sentados en una banca.

Ella voltea, lo observa un momento, mientras come una manzana cubierta. – A juzgar por tu cara y por estas. – Señalando sus senos. – Debo tener entre veinte y treinta años.

– ¡Si así es, tienes 24 años, y yo también! – Dice un poco sonrojado. – ¿Que es lo ultimo que recuerdas, antes de anoche?

Ella se queda mirando al infinito mientras recuerda. – ¡A ti, diciéndome que no me abandonaras nunca! – Dice sonriente.

Eso le duele un poco a él. – Vaya… – Exhala, mirando el atardecer.

– ¿Pero lo hiciste verdad?– Replica ella, observando el cielo.

– ¿Que?

– Ese lugar donde vivo, se ve que vivo sola, no hay nadie mas a mi lado, lo que quiere decir que tú me abandonaste… al final. – La voz se le quiebra.

El siente un dolor muy grande en el pecho y las lagrimas vienen, a pesar de ser un adulto. – ¡Perdóname Helga… – Dice sin poder terminar.

– ¡Esta bien, ella esta a salvo dentro, ya no va a sufrir! – Dice Eleanor mirándolo con dolor.

El voltea a observarla, y la toma de los hombros. – ¡Devuélvemela por favor! – Implora.

– ¿Para que la quieres, no eres mas feliz sin ella?

El niega con la cabeza, y la mira con impotencia. – ¡Yo la amo Eleanor, siempre la he amado y cometí errores, ella ha sufrido por culpa mía una y otra vez, pero la amo y quiero que vuelva a mi lado!

– ¡¿Estas seguro que es porque la amas, y no porque te sientes culpable, de no haber cumplido tu promesa de nunca abandonarla?!

– ¡Claro que no es culpa, yo la amo! – Dice Abrazándola con fuerza. – ¡La extraño cada día que no la veo, la añoro cuando no escucho su voz, se que la he abandonado una y otra vez, por mis torpezas pero ya no lo haré mas, he entendido que ella es la mujer de mi vida y la amo mas que nunca!

– ¡Eres un torpe, cabeza de balón, definitivamente! – Dice Helga respondiendo al abrazo.

– ¡Perdóname Helga! – Dice mirándola a los ojos y notando que quien lo mira es Helga y no una niña pequeña. – ¡Lamentare toda la vida, haberte abandonado tantas veces, pero ahora quiero estar a tu lado, despertar contigo cada mañana, prepararte la cena y el desayuno, y compartir contigo mi vida!

Las lagrimas recorren el rostro de Helga, quien ha despertado en medio de semejante discusión. – Yo también te amo Arnold, y de verdad yo, nunca sentí que me abandonaras, creo que mas bien sentí que yo no debí dejarte partir, pero era necesario, debías estar con tus padres y ser muy feliz, aunque no fuera a mi lado.

– Helga, tu me has dado mas felicidad de la que yo podía aspirar a tener. Por eso te amo y siento que he perdido mucho tiempo, buscando en otros brazos lo que debí, seguir luchando por tener contigo.

Ella sonríe ligeramente. – ¡Eleanor dice que eres un torpe! Y yo estoy de acuerdo con ella.

El la mira emocionado, y la besa de la misma forma en que lo hizo la primera vez, con ternura y sin apresurarse, ella responde a la caricia , rodeándolo con su brazos alrededor de su cuello. El la ha alcanzado por fin y ella ha bajado por fin sus barreras.

– ¡Nunca mas te abandonare Helga!

– Lo sé Arnold, lo sé. – Abrazándose mas a él.

Helga entra altiva a la iglesia del brazo de su padre, que la mira orgulloso. Su vestido blanco, parece haber sido hecho para una princesa.

– ¿Quien entrega a esta mujer? – Pregunta el padre, cuando llegan frente al altar.

– ¡Su madre y yo lo hacemos! – Exclama Bob dandole un beso en la frente a su hija y una mirada de afecto a su futuro yerno.

Arnold, vestido de tuxedo, mira con amor a su novia y toma su mano, y juntos se paran frente a el altar.

Phoebe es su dama de honor, mientras del lado de Arnold, su padrino es Gerald, ambos se miran tiernamente, están felices de que por fin sus amigos estén juntos y tan enamorados.

Miles y Stella, miran a su hijo por fin unirse a la mujer que ha amado desde niño.

Olga llora en el hombro de su marido, más de emoción que de otra cosa, mientras sus padres se toman de la mano ilusionados de ver a su hija menor casarse.

Una sortija se desliza en la mano de Helga y sonríe, mientras Arnold siente que un sentimiento lo quema en el corazón.

La bendición, un tierno beso en los labios y la salida de la iglesia marcan el inicio de una vida en común, ahora sí, ni Helga ni Arnold estarán solos nunca, pues siempre se tendrán el uno al otro, y a Eleanor que siempre vivirá en sus corazones.

Y serán felices por siempre, mientras estén unidos, en las buenas y las malas.

Fin.

Espero que les guste, me pareció adecuado irme a su etapa adulta, a mi gusto este capítulo me quedo muy lindo, a ver que dicen ustedes.

Puse la boda al final porque hacía mucho que no terminaba con una, y creo que en esta historia era un final adecuado, gracias por leerme y yo sé que prometí actualizar los demás fics pero, quería terminar Eleanor, con un final grandioso, espero de verdad que les haya gustado mi pequeña historia, ahora si adiós y seguimos leyéndonos en los demás fics. Los quiero.

Rei Hikaru Chiba. Love Love Arnold x Helga.