Disclaimer: para mi eterno desconsuelo, nada de esto es mío.

Notas: ¿secuela de ¡Oh, la Navidad!? ¿En serio existe eso? Bueno, pues esto, si no lo es, es lo más parecido que vais a encontrar; obviamente, no es necesario leer la otra historia, pero resultaría curioso. Más aún si dejáis rr, que le hacen falta.



Switch

James Potter estaba, indudablemente, preparado para cualquier cosa imaginable.

Lo que vio no lo era.

Incrédulo, se acercó a Lily Evans, su Lily, y le apartó el pelo de la cara. Ella respondió con un manotazo.

Este simple hecho, de haber sucedido antes de Navidades, no le habría sorprendido. Todo lo contrario, en realidad. Pero es que llevaban ya tres meses saliendo, y hacía una semana que James no la cagaba, y, en serio, ¿a qué venía ese golpe?

-¿Lily? –Preguntó, inseguro- ¿Qué es lo que…?

-No soy Lily –contestó la pelirroja, con un bufido. James estuvo a punto de dudarlo, pero el bofetón aún estaba fresco en su memoria, así que se conformó con poner cara de póquer. Así a lo mejor salía ileso de esta-. Soy Remus.

En fin. Como muchos sabrán, ser un mago tiene estas cosas. Cosas como varitas mágicas y pociones, y cambios de look inexplicables y definitivamente poco favorecedores (al menos, para la mejilla de James Potter, que empezaba a ponerse roja).

Después de esta declaración, hecha en la habitación de los chicos de séptimo en la torre de Gryffindor, todos parecieron congelarse. Bueno, todos excepto el otro Remus, el que sí que se parecía a Remus y que había entrado justo detrás de la pelirroja (ahora Remus) en la susodicha habitación.

-Bueno, Potter, ¿no vas a decir nada? –si lo de antes le había asustado, por supuesto, ahora James estaba aterrado. Porque ese tono (condescendiente y medio cariñoso, y nada, nada masculino) acababa de salir de la boca de uno de sus mejores amigos.

No podría volver a mirar a Remus de la misma forma, desde luego.

-¿Cómo lo habéis hecho? –por lo visto, el de reacción más rápida aquí era Peter. Normalmente, claro está, no lo habría sido (por lo general James y Sirius eran los inteligentes, o los que intentaban parecerlo), pero la situación lo requería. Con las bocas abiertas como las tenían, sus amigos habrían tardado medio siglo en conseguir articular algo.

-Una poción… -empezó Remus (en el cuerpo de Lily, obvio). Peter enarcó una ceja, confuso, en un gesto que recordaba mucho a Severus Snape. Excepto por la confusión, claro.

-¿Una poción? Se supone que Lily es experta en Pociones, es imposible que… -antes de terminar la frase, por supuesto, se dio cuenta de lo que estaba diciendo. Lily era fabulosa con las Pociones, claro, de eso no había duda; no había más que ver cómo la trataba Slughorn.

Pero Remus era otro caso.

De vez en cuando, Peter se preguntaba cómo es que Slughorn había dejado a Remus Lupin hacer Pociones en sexto y séptimo. Oh, había pasado los exámenes, por supuesto, pero únicamente porque eran teóricos. La parte práctica no era lo suyo; Peter recordaba perfectamente el miedo en los ojos del viejo Horace cuando leía su nombre en la lista, al empezar cada curso. Al principio lo había achacado a la licantropía, por supuesto. Luego había visto a Remus en acción.

-¡Fue culpa suya! –se quejó Lily, en ese momento. Con la voz y el cuerpo de Moony, por supuesto, lo que lo hacía todo rarísimo- Remus insistió en que le ayudara, y estaba haciéndolo todo bien, pero entonces…

-¿Qué ha dicho Slughorn? –inquirió James, ya salido de su trance- ¿Ha encontrado un… antídoto?

La cabeza pelirroja de Lily Evans negó.

-Ni siquiera se ha dado cuenta –suspiró. James, extrañamente, encontró este suspiro de lo más sexy. Bueno, sexy antes de darse cuenta de que, técnicamente, era Remus Lupin el que lo había emitido.

-No sé qué es lo que ha salido mal –murmuró la voz de Remus, en un tono totalmente Lily. Prácticamente sincronizados, ambas víctimas se dejaron caer en la cama más cercana, derrotados.

James sintió el impulso de abrazar entonces a su pelirroja favorita. Y lo hizo.

Ese gesto le ganó dos miradas asesinas.

-¡James! –protestó Remus. En el cuerpo de Lily- ¡Lils es ella, no yo! –y señaló a su propio cuerpo. La situación empezaba a ser realmente grotesca, en serio. Sólo faltaba que Sirius Black…

¡THUD!

… se desmayara.

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-Muy bien –empezó James-, este es el plan: mientras Sirius –y golpeó cariñosamente en el hombro a su mejor amigo, que, extremadamente pálido, estuvo a punto de perder el equilibrio y caerse-, Peter y yo buscamos la solución, vosotros os concentraréis en actuar como si no pasara nada, ¿vale?

La respuesta no llegó precisamente rápida.

-¿Y para dormir?

Bueno, esa era, ciertamente, una gran pregunta. Curiosa. Pero James Potter estaba preparado para todo.

-Los dos aquí. Nosotros ya lo sabemos –se explicó, ante la mirada asesina que le lanzó Lily. No le gustó ni un pelo; le quedaba mucho mejor cuando tenía los ojos verdes-, y de todas formas, Lils, no creo que…

-Remus –la (anteriormente) pelirroja se volvió hacia su cuerpo, amenazante-, como no vayas a dormir a mi habitación –y algo en su tono hizo estremecerse al resto de presentes- te aseguro que lo lamentarás. Y mucho.

Para cuando terminó la frase, obviamente, Remus Lupin (en el cuerpo de Lily Evans) estaba temblando, y sólo acertó a decir, con una voz pequeñita y tímida:

-Va… vale.

Y es que debe de ser una experiencia traumática, eso de que tu propio cuerpo te amenace.

-¡Ey, Evans, nada de chantaje! –por suerte, esto pareció devolver la vida a Sirius Black, que se apresuró a saltar en defensa de su… amigo con derecho a roce.

El término novio era demasiado fuerte, al parecer. Incluso para tipos que no se separaban ni para ir al baño.

-¡Déjala, Sirius! –protestó James, poniéndose delante de la pelirroja. Pelirroja que, como ya hemos dicho, no era ni más ni menos que un licántropo adolescente.

El empujón llevó a James Potter al otro lado de la habitación.

-¡Basta! –la voz de Peter sonó extrañamente imponente, en ese instante. Probablemente sería un efecto del momento; al fin y al cabo, era el único que había logrado mantener la calma- Remus, Lily tiene razón; lo mejor será que nadie sospeche nada. Tendréis que hacer vida normal… Bueno, la vida normal del otro… hasta que averigüemos cómo deshacer este lío, ¿bien?

Los cuatro asintieron.

-Pues nada. Ahora sólo queda empezar.

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La siguiente semana transcurrió más o menos normalmente. Es decir, todo lo normalmente que se podía, teniendo en cuenta que estaban en un castillo lleno de magos cotillas. Y puede que la situación en que se encontraban no ayudase mucho tampoco al concepto de normalidad.

El… "accidente" había ocurrido un miércoles por la tarde; para el viernes, medio Hogwarts se había dado cuenta de que sucedía algo extraño con los chicos y chicas Gryffindor.

Estaba, por ejemplo, la escenita de la misma noche del miércoles, cuando, para sorpresa de las chicas de séptimo de Gryffindor, Remus Lupin intentó colarse en su habitación. Por suerte, una de ellas actuó rápido; de alguna manera, consiguió encantar las escaleras para que se convirtieran en tobogán cuando algún chaval intentaba subir. Después de esto, claro, el tal Lupin se ganó algunas miradas rencorosas por parte del resto de chicos, pero nada de lo que preocuparse.

Y, si eso parece extraño, peor aún fue la imagen en el cuarto de los chicos, cuando Lily Evans, descarada y haciéndose la tonta, entró en la habitación de los chicos de séptimo y empezó a desvestirse delante de ellos. A James Potter hubo que llevarle a la enfermería (un casi-ataque al corazón), pero Peter Pettigrew encontró esto de lo más interesante.

Luego, por supuesto, las clases. ¿Remus Lupin sin responder en Defensa? ¿Lily Evans haciendo explotar los calderos en Pociones? La verdad, esto empezaba a oler un poco a quemado, especialmente por culpa del resto de Merodeadores, que se tomaban estos pequeños cambios como si fuera algo corriente, como si no se dieran cuenta.

A Severus Snape esa actitud le resultaba más que sospechosa.

Fue por eso por lo que empezó a seguirles. Bueno, por eso y porque iban a la misma clase, pero básicamente da igual. El mismo viernes por la mañana, de camino a Transformaciones, decidió que tenía que averiguar qué pasaba.

Severus siempre había sido un chico hábil, para algunas cosas. No llamar la atención, por ejemplo, y espiar, aunque no tenía intenciones de utilizar estas habilidades en el futuro. Ninguna de las dos.

Así que le resultó relativamente fácil seguir a los Gryffindor, que, como siempre, se desviaron del camino normal y decidieron buscar atajos (atajos que, por cierto, les harían llegar tarde, pero, ¿quién era él para entender las absurdas mentes de los Gryffies?) prácticamente desiertos.

Una vez en uno de los pasillos, sin embargo, Lily Evans dejó de andar.

-¿Qué pasa? –para sorpresa de Severus, no fue el pegajoso de Potter el que preguntó esto, sino el igualmente pegajoso Black. Extraño, teniendo en cuenta que Evans era la novia del primero (por desgracia).

-Nada –murmuró Lily, con voz extrañamente queda y pensativa-. Creí que había oído algo –oh, oh-, pero me lo habré imaginado.

Severus casi dejó escapar un suspiro. Por qué poco. ¿Quién imaginaba que Evans iba a tener tan buen oído?

-Estás un poco paranoico, en serio –y Severus Snape parpadeó cinco, seis, diez veces después de esto, porque Sirius Black estaba besando a Lily Evans. En la boca. Sin recato alguno, y la pelirroja le devolvía el beso, y esto era demasiado extraño incluso para los Gryffindor.

Aunque no tanto como el hecho de que, a pesar de la evidente incomodidad de Potter, nadie dijera una palabra para evitarlo.

Desde luego, pensó Severus, mientras se alejaba corriendo de allí, los Gryffindor eran una especie aparte.

&&&&&&&

Sirius lo estaba disfrutando.

Bueno, no es que le hiciese mucha gracia, en realidad, todo este asunto de los cambios de cuerpo y tal, pero el hecho era que Remus seguía siendo su Remus, tuviese el aspecto que tuviese, y la ventaja de besar al cuerpo de Evans radicaba en poder ver la cara de James, después. Así que sí, Sirius estaba disfrutando de todo esto.

Al cabo de un par de (decenas de) minutos, sin embargo, y justo cuando empezaba a rozar con los labios una parte de Moony que antes no tenía, Evans se hartó. Había estado con los otros dos hasta entonces, jugando una partidita rápida de snap explosivo mientras hacían tiempo para llegar tarde a Transformaciones (tradición; mejor no preguntar) y escandalizar debidamente a McGonnagall, pero al parecer la partida había terminado.

-¡Black! ¡Sigue siendo mi cuerpo! –protestó. Bueno, no es que fuese una protesta realmente convincente, claro, pero era un intento- Vale que os beséis, pero. quita. los. labios. de. ahí –y prácticamente le arrancó su preciosa melena, del tirón.

Remus abrió los ojos, y gimió un poco, en protesta.

-¡Lils! –murmuró, exasperado.

-Remus… -y, en serio, la mirada marca Evans en unos ojos como los de Remus Lupin debería estar prohibida. Al menos, eso pensaba Sirius, que no sabía si encontrarlo adorable o escalofriante.

-Vamos, en serio. Tú podrías hacer lo mismo con James, ¿sabes? –y, antes de que nadie se fijara en lo bizarro de la propuesta y de la situación en general, volvió a besar a Sirius.

James estaba hasta las narices.

-Vale ya los dos, ¿no? –por supuesto, su legítima propuesta fue ignorada a favor de más besuqueo y, ¿era eso Sirius metiéndole mano a Lil… a Remus?- ¡Basta!

Los separó como buenamente pudo, sonrojado y un poco… excitado. Más que nada porque la camisa de Remus estaba ligeramente abierta, y, aunque estuviese hablando de su amigo, el cuerpo seguía siendo el de Lily.

-James, en serio, si sigues así de aburrido te saldrán arrugas –comentó Sirius. Remus se lo tomó algo más en serio.

-Prongs, no soy Lily, ¿vale? Déjanos en paz –lo dijo casi con un gruñido, aunque un gruñido muy sexy en boca de la pelirroja-. Y, si tanto te molesta, haz tú lo mismo –y señaló a la misma Lily, que se había apoyado en la pared y procuraba fijar la atención en cualquier cosa que no fuese su cuerpo y la forma en que Black lo manoseaba.

Por supuesto, incluso James podía ver la lógica en eso. Es decir, la poca lógica que había.

Con un suspiro, se acercó a Lily-Remus, y le pasó una mano por los hombros. No era, ni mucho menos, la misma sensación que hacerlo con el cuerpo de ella; para empezar, Remus era más alto. Para seguir, era un tío. Y, para terminar, lo que estaba a punto de hacer era casi como… incesto. Sí, algo así.

-Lily…

Vamos, James. Si aguantaste un morreo de Sirius, puedes hacerlo. Vamos. Vamos. Vaaaamos.

-Lils… -y ella le miró, y, por un instante, a James no le importó del todo que no fuese el cuerpo adecuado. Y la besó.

Cerraron los ojos, se exploraron.

El beso en sí fue maravilloso. Diferente, por supuesto, pero fantástico. Electrizante, casi; los labios no eran tan suaves como tendrían que haber sido, y quizás el conjunto raspaba un poco, pero era Lily, Lily a pesar de todo, y James se olvidó de lo demás y se rindió a la sensación, se dejó llevar. Labios y saliva, tanteos tímidos al principio, más seguros después, y el aire ya no parecía necesario, y entonces…

Entonces Peter empezó a aplaudir.

-En serio, fabuloso –dijo, poniendo los ojos en blanco-. Me alegro por vosotros y tal, pero me temo que McGonnagall nos espera.


En serio, ¿reviews?

Danny