Mr. Misterious.


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Epílogo.


Con amor a Miss_Kath90.


Tres años después…

Edward POV.

Golpeé la puerta una vez y esperé una respuesta favorable para poder ingresar. Estaba impaciente por entrar pronto, pero sabía que por más que mi impaciencia consiguiera dominarme no debía irrumpir así en la habitación. La aprobación nunca llegó a pesar que volví a tocar suavemente la puerta, así que giré el pomo suavemente y asomé mi cabeza. Allí estaba Bella, de espaldas a mí, sentada en su silla frente a su escritorio, la luz que se colaba por el visillo que cubría la ventana caía suavemente sobre su rostro. No pude contener la sonrisa, aunque esa admiración pronto se transformó en preocupación. ¿Cuánto tiempo llevaría dormida? Me acerqué evitando hacer demasiado ruido con mis pies, entonces me di cuenta que Gretta, mi anciana Gretta había estado ya allí y había cubierto las piernas de Bella con una manta. Destapé un poco a Bella para saludar a mi barriguita que estaba creciendo cada día más, no pude evitar sentir deseos de poner mi oído sobre ella y pensar que quizá pudiese escuchar algo, sabía que medicamente era imposible escuchar algo que no sea el ruido acuoso del interior del vientre a menos que se posea algún ultrasonido o equipo de ese tipo, pero aún así no podía evitar maravillarme con la idea que mi barriguita estaba allí dentro.

—Hola—susurré—, papá llegó a casa, un poco tarde así que mamá se quedó dormida esperando. Debes dejar de moverte tanto por las noches para que mamá pueda dormir tranquila, barriguita.

Cuando nos enteramos que seríamos padres, Bella saltó de alegría en la consulta mientras que yo me quedé pegado al asiento siendo incapaz de moverme, fue Christine quién me sacó de ese ensimismamiento, estaba tan feliz que no sabía si correr por todo el hospital gritando que sería padre nuevamente. En las ecografías Bella me prohibía fijarme si sería niño o niña, quería que fuese una sorpresa, además de eso decidió también que no le buscaríamos nombre hasta verle, porque según ella hay niños que tienen cara de cierto nombre y cuando crecen les viven diciendo por cualquier nombre menos por el que los padres les pusieron. Me he reído tanto en estos meses sobre todo por las ocurrencias de Bella y he visto el crecimiento de nuestra barriguita, algo que con Christine no pude disfrutar tanto como quisiera. Aún recuerdo el día en que nuestra pequeña hija nos dijo tan tiernamente una noche antes de dormir «Papá ¿Qué comió mamá para que esté así de hinchada? Apuesto que comió muchos dulces y se quedaron pegados en la barriga. Hay que decirle a mamá que no coma más dulces porque hacen mal…»

—Tendrás una hermanita cuando salgas—susurré—, y un papá y una mamá que te aman mucho—en ese momento Bella se movió lentamente y no tardó en despertarse.

Sus grandes ojos aún somnolientos me observaron, frunció el ceño para luego alojar una gran sonrisa en su rostro. Se desperezó, mientras yo la observaba embobado.

—Llegas tarde—murmuró— ¿Qué estás haciendo?

—Hablaba con mi barriguita—reconocí. Bella se acarició su vientre abultado y le habló tiernamente.

—Tu papito ya llegó, cosita—su voz sonaba suave y melodiosa, como debe sonar la de una madre—, ha venido a decirte buenas noches aunque tú no te quieras dormir.

La dulzura de una madre era algo innato, no se aprendía ni se imitaba, era una herencia natural femenina, era como si viniese en el código genético femenino. Ser dulces y tiernas, ser delicadas y hermosas, son tan especiales las mujeres que podría estar viendo a Bella todo el día, ver como camina graciosamente por la casa intentando hacer equilibrio con su gran vientre, verla comiendo o simplemente verla acariciando a nuestra barriguita eran detalles que lamentaba perderme día a día.

—¿Cómo vas con eso?—dije mientras nuestras manos se acariciaban sobre su vientre.

—Más o menos—reconoció—. Le envié el escrito al editor, pero dice que hay aún más correcciones que debo hacer.

—Trata de no exigirte demasiado, por favor—le supliqué—. Sé lo importante que es para ti, pero por favor por barriguita y por ti, no te sobre exijas.

—Lo prometo—sonrió y depositó un tierno beso sobre mis labios.

Esa noche fuimos a la habitación de Christine, estaba durmiendo hacía rato, Gretta era la única capaz de hacerla dormir, las niñeras eran incapaz de conseguirlo con la imaginación tan activa de mi hija. A veces cuando Bella se sentía bien dejaba que Christine se fuese a dormir con nosotros, otras yo me venía a dormir con ella a medianoche.

—Papá—me dijo un día Christine—, ¿Por qué las fotos de mi hermanitoa —así le decía al no saber si era niño o niña—, están tan oscuras? Siempre las fotos salen negras. ¿Hay luz donde está mi hermanitoa? A lo mejor le tiene miedo a la oscuridad y por eso se mueve para que le prendan la luz.

—No, pequeña—sonreí—, tu hermanitoa está en la barriguita de tu mamita por eso está oscuro, pero está muy bien allí.

—Yo creo que tiene miedo—dijo muy segura—, ¿Y si le decimos a la mamá que se trague una luz de esas?—apuntó la lámpara—, así a mi hermanitoa no le da susto, papito.

Por las noches, después de besar a Christine, me iba a dormir con Bella en nuestra habitación. Desde que le costaba tanto dormir, había comprado una cama más amplia y ella usaba un cojín para embarazadas. A veces cuando sentía que no le molestaba ponía mi mano sobre la barriguita y la acariciaba. Esa noche pintaba para una buena noche y entre las sábanas abracé a mis amores. Mi esposa suspiró y continuó durmiendo plácidamente, podía decir incluso que sonreía. Ni siquiera fui consciente de cuando cayó el sueño sobre mí y no tardé en quedarme dormido.

Cuando me moví sentí el vacío de la cama, tanteé con los ojos cerrados y sentí la cama fría. Abrí los ojos preocupado. Aún somnoliento vislumbré que Bella no estaba allí. Había salido otra vez. Durante su embarazo pasaba noches enteras en su escritorio, otras veces dormía plácidamente y otras miraba el techo o se revolvía en la cama.

Me levanté y me puse la bata, busqué mis pantuflas y salí de mi habitación. Me fui secretamente a la cocina, no quería que Gretta me escuchase, aunque era difícil pasar desapercibido cuando su habitación quedaba de camino a la cocina. Esta vez lo logré con éxito. Puse a calentar agua y saqué el chocolate dulce que tanto le gustaba a Bella, dos cucharas de chocolate, dos cucharas de azúcar y luego de revolver le tenía que echar media cucharada de chocolate más y que esta quedase en el fondo para que Bella se la comiera hecha grumos.

Cuando llegué a su escritorio ella estaba muy concentrada, tenía el ceño fruncido, sus dedos jugaban con un cordón de su ropa, parecía preocupada y algo nerviosa. Se volteó y sonrió al verme.

—¿Qué haces aquí?—murmuró extendiendo sus brazos para recibir su chocolate.

—Vengo a regalonear a mis amores—la besé—. ¿Por qué no vuelves a la cama?

—Esto—apuntó su escritorio—, esto no me deja dormir.

Su editor había estado rechazando las reformas que había hecho Bella. Luego del éxito de "los cuentos secretos del huérfano" un cuento para niños con anécdotas graciosas, la casa editorial le había pedido que adaptase su diario personal y narrase anécdotas más serias para un público más adulto respecto a sus vivencias como huérfana. Fue así como mi amada esposa comenzó a trabajar en esto, pasó y pasó el tiempo y entre cada edición salían nuevos requerimientos, inconformidades por parte de su editor así como de ella misma. Esta noche al parecer era algo complejo.

—¿Qué ocurre? Quizá pueda ayudarte—sonreí sentándome a su lado.

—No, no te preocupes, vete a dormir mañana tienes que ir a trabajar—sonrió tiernamente.

—No, dime, de verdad puedo ver si soy capaz de ayudarte—insistí—, anda, confía en mí.

—Bueno es que…—pareció dudar—, es que mi editor insiste en que le falta emoción al momento en que me entero quién es Mr. Misterious, dice que al parecer no me noto tan afectada y que faltan emociones en esa parte de la historia, que sería la parte central y la verdad no sé cómo reaccionar. ¿Está bien que diga la verdad o sobre exagere para complacer a mi editor?

—Entiendo… quizá tus recuerdos no son suficientes, ¿Por qué no les preguntas a Rose y Alice?, de seguro ellas podrían ayudarte a recordar con más exactitud—sonreí.

—Gracias—sonrió—, eso haré mañana cuando las chicas lleguen.

Rose estaba saliendo con Emmett desde hacía ya tiempo y hace solo unas semanas había decidido irse a vivir con él, así que cuando dejó nuestra casa para Bella fue difícil, lo comprendió, pero aún le cuesta adaptarse a este cambio. En cambio Alice había decidido seguir estudiando, por lo que viajaba de una ciudad a otra y cuando tenía vacaciones solía pasarla con nosotros. Este fin de semana llegaban ambas de visita y de seguro a Bella le podría servir la ocasión para hablar de ese delicado tema.

Todas las tardes llegaba ansioso de verla, muchas la encontraba durmiendo, otras estaba jugando con Christine, la tarde en que las chicas llegaron lo supe por el alboroto en el comedor. Estaban todas riendo cuando entré, Bella se sorprendió de verme llegar un poco más temprano, mientras que Christine corrió a abrazarse a mis piernas.

—Papi—sonrió y me mostró los dientes llenos de chocolate—, ¿cierto que me veo linda?

—Hermostra*—le dije y la alcé en mis brazos.

Alice nos habló de su último semestre en la Universidad, planeaba trabajar allí mismo como profesora por un tiempo hasta que hubiese algo mejor que le gustase más, pero la verdad es que si la veía como una profesora. Rose estaba encargada del área administrativa de una empresa y vivía contabilizando números de un lado a otro, cuando podía se escapaba a visitar a Bella.

—Lau me llamó ayer—sonrió Bella —, dijo que a penas pudiera vendría a vernos porque el frío de Canadá la está matando.

—Yo en la Universidad vi a Jess, al parecer quieren entrar a hacer unos cursos, andaba por admisión, dijo que cuando pudiéramos fuéramos a verla o que podríamos irnos un fin de semana a la casa de sus padres—añadió Alice.

Hablaron de sus vidas, se actualizaron de todo aquello que no se habían contado, supuse que mi presencia coartaba el hecho de querer hablar más íntimamente, así que tomé a Christine y les anuncié que me retiraría con la pequeña.

—No te vayas—puso su mano en mi antebrazo—, quédate amor.

—No es problema—sonreí—, quiero ir a jugar con Christine un momento, ya luego nos vemos—besé su frente.

Mi hija había crecido tanto que cada vez que la cargaba parecía pesar más y cuando iba de compras para ella me daba cuenta que las tallas de ropa del mes anterior le iban quedando pequeñas, que el número de calzado aumentaba y que era inevitable que lo hiciera. Quería que Christine siempre fuera esa tierna niña de mirada dulce y de preguntas tiernamente bobas, pero no podía congelarla y dejarla así para siempre, lo quisiera o no ella crecería y tenía que disfrutarla ahora, siempre ahora, porque ya mañana me perdería algo de ella que no volvería a ver.

—Papá quiero baño—sonrió mi pequeña.

Hacía unos días que ella ya iba al baño sin necesidad de entrar con ella, lo hacía sola, había que esperarla fuera en caso que fuera necesario limpiarla, ella avisaba y como una señorita esperaba sentada en el retrete a que fuéramos a socorrerla. La dejé en él y le dije que cualquier cosa me avisara. No sé si como padre a veces siento que el tiempo pasa muy lento o es la preocupación natural, pero cuando sentí que Christine tosía abrí la puerta en un dos por tres y casi me da un infarto al ver que mi hija estaba arriba del retrete, había abierto la llave del lavamanos y había puesto el tapón para que el agua que salía de la llave no se fuera del lavamanos. Dentro había sumergido su cabeza, ahora estaba toda mojada, tosiendo asustada y tendiéndome sus manos.

—¡Christine!—corrí a ella, le limpié la cara y la nariz. Estaba tan asustado que no supe que más hacer, le golpeaba despacio el pecho para que tosiera más—. ¿Qué estabas haciendo? ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¡No lo hagas nunca más!—la abracé.

La pequeña no me respondió, estiró sus manitos para que la tomase en brazos y las enlazó detrás de mi cuello.

—Papá no diga a mamá nada—sollozó y puso su carita en mi hombro.

—¿Qué quería hacer?—le pregunté más calmado al ver que había dejado de toser.

—Papá—dijo poniendo sus manitas en mi cara—. Mi mamá dice que mi hermanitoa está dentro de su barriguita creciendo—sonrió nerviosa—, y que ella tiene agua dentro para que no se pegue a la guatita. Eso está mal—tosió—, se puede ahogar como yo, hay que sacarlo de la barriguita, papi. Hay que decirle a mami.

Hubiera reído de no ser por la preocupación que provocaban las ideas locas que tenía en la cabeza mi hija. La llevé a su habitación a cambiarse de ropa y le prometí no decirle nada a mamá. Aún así sabía que tenía que decirle a Bella que no deberíamos explicarle todas las cosas a nuestra hija, que era mejor desviarle algunos temas de conversación, porque sino algún día de estos nos llevaríamos un susto peor del que ya me di hoy.

Luego de la cena, Alice le preguntó a Bella que tal iba su libro, así fue como inició la conversación que tanto había planeado mi esposa. Estaba ansiosa podía notarlo, no sabía cómo empezar, también me di cuenta de ello, podría haberla ayudado cuando me miró con cara de suplica, pero preferí que ella se enfrentara a aquello, ya que no sería la primera vez.

—Bueno, en eso estoy—sonrió—, la obra está lista, solo que mi editor no la aprueba completamente.

—¿Por qué?—interrumpió Rose.

—Dice que el clímax de la historia es cuando conocemos a Mr. Misterious, no cuando Edward se declara, entonces no sé qué hacer, dice que debo darle más profundidad a ese momento y no soy capaz de lograrlo, es por eso que necesito que lo lean y vean qué es lo que falta o lo que olvidé—Bella tendió una copia de esa escena a cada una.

—Yo las dejo—intervine—, quizá puedan recordar más cosas juntas y discutirlas.

—No—me interrumpió Bella—, no te vayas, no es necesario, quédate esta vez, también necesito tu opinión—me entregó una copia.

Era la primera vez que Bella me entregaba algo de sus escritos para que lo leyera. Todo este tiempo cada vez que ella escribía le daba su espacio y no interrumpía su labor creativa, sabía que necesitaba intimidad para poder trabajar adecuadamente, además podía cortarle la inspiración si comenzaba a atosigarla con mi presencia. Jamás había leído su escrito, por lo que una sensación de nerviosismo y alegría recorrió mi cuerpo.

Finalmente me quedé, por ella y por su confianza. Leí las hojas que me pasó y comprendí a qué se refería el editor. En la escena no había tensión, no había sorpresa ni tampoco rechazo, simplemente había una aceptación que no concordaba con todo lo que ella había hecho por saber quién era Mr. Misterious, era extraño, se leía extraño.

—Está tal cual como fue—dijo Alice rompiendo el silencio.

—Exacto, fue así, no fue la gran sorpresa, aunque en realidad si nos sorprendimos pero no fuimos muy efusivas con ello, creo que era más divertido cuando no sabíamos quién era—añadió Rose.

—Creo que está muy bien redactado, pero aún así le falta tensión, algo más de emoción—añadí.

—Lo he intentado todo—reconoció Bella— y por más que intento agregarle más cosas me es imposible, ni siquiera soy capaz de dormir decentemente, es ¡horrible!, la sensación de necesidad de hacerlo bien me tiene impaciente y…—soltó un quejido.

—¿Qué pasa?—me levanté de mi silla y me acerqué a ella. Su mano estaba en su vientre.

—No es nada, barriguita me ha dado una patada en las costillas—gimió.

—No te exaltes, no le hace bien al bebé—insistí.

Conversamos más despacio del tema. Rose y Alice estaban tratando de calmar a Bella con sus comentarios, le dieron diversas opciones, entre esas que exagerara la realidad, pero Bella rechazó esa última, quería que fuese lo más real posible y que solo había cambiado los nombres originales para respetar la privacidad de cada uno, pero que no quería cambiar la verdadera esencia de la historia.

Esa tarde Bella se fue a dormir muy entrada la madrugada. Se movió durante horas en la cama, no estaba cómoda en ninguna posición. Se sentó en la cama intentando pararse, pero le fue imposible.

—¿Qué pasa?—murmuré adormilado.

—Nada, solo duerme—susurró.

Me levanté y la ayudé a pararse, me miró y noté que en sus ojos había un brillo especial, que no había estado antes, cuando prendí la luz de la habitación me di cuenta que había estado llorando.

—¿Qué pasa?—sequé una de sus lágrimas.

—No sé qué más hacer—sollozó—, he hecho todo y nada funciona, si no consigo una buena edición nunca esto saldrá a la luz.

—Tranquila—susurré abrazándola—, sé que podrás hacerlo, pero si te presionas no saldrá el resultado que esperas…

—Ya no sé qué hacer—siguió sollozando.

—Quizá lo sabrás mañana luego de un sueño reponedor…—sonreí.

Esa noche el que no pudo dormir cuidado el sueño a su esposa fui yo. Me di vueltas dos o tres veces en la cama incapaz de conciliar el anhelado sueño. Esa mañana en el trabajo todos lo notaron, incluso mis ojeras dieron paso a las bromas de Jasper.

—Veo que ya no es tan maravilloso tener a tu esposa embarazada—sonrió en la puerta de mi oficina—. Tus ojeras son horrendas.

—No es por el embarazo, es por su maldito editor que estruja sus neuronas sacando algo mejor de su historia. ¡La agota!—me descontrolé—. Lo siento, Jasper, sé que no es tu culpa.

—Tranquilo—se sentó en la orilla de mi escritorio—. Quizá necesite ayuda de más personas. ¿Ha probado con sus amigos?—asentí—. Pues quizá debería intentar con alguien más…

—Ya la he ayudado lo que he podido—reconocí.

—Por lo que Bella me contó de su historia, lo más importante es su tutor, quizá necesite ayuda de Jacob—murmuró antes de salir de mi oficina.

Me quedé largo rato pensando en aquello, sabía de Jacob de vez en cuando, cuando ambos andábamos de ánimo para reencontrarnos, solía venir a ver a Bella, pero aún así le costaba ver a Christine, comprendía el por qué, aunque la pequeña no tenía culpa; es tan parecida a Sussan que sé que el dolor de recordarla le asechaba. Hace poco me llamó para cenar, esa noche me presentó a su novia, una agradable joven llamada Ana, era risueña y muy simpática, pero luego de eso no habíamos hablado más. Quizá Jasper tenía razón y Bella necesitaba a Mr. Smith.

Esa tarde Bella se adelantó a lo que iba a decirle…

—¡He invitado a Jacob esta noche a casa!—sonrió colgándose de mi cuello—. Has tenido razón, lo que me faltaba era dormir para poder sacar mis ideas en limpio. Le he llamado y le conté que le necesitaba para escribir la escena y él dijo que encantado vendría, que se haría un tiempo.

—¿Vendrá?—dije sorprendido.

—¿Qué te sorprende?—besó mi nariz—, es mi tutor, siempre lo será.

Esa noche Jacob llamó para avisarnos que su novia estaba muy enferma y que no podría asistir. Me pidió recomendación para lo que aparentemente era una gastroenteritis y le aconsejé vía teléfono. Vi como los ojos de Bella se entristecieron al escuchar mi conversación con Jacob, sabía lo importante que era para ella que él estuviese aquí, que su tutor, su Mr. Misterious le ayudase.

Por la mañana del sábado, estuvimos ocupados con compras para la llegada de nuestra barriguita. Christine estaba feliz en la sección de juguetes cuando sonó el teléfono de Bella.

—No te preocupes, Gretta, le avisaré a Edward y ya vemos como compaginamos, gracias por avisarme. Nos vemos—cortó.

—¿Qué pasa?—fruncí el ceño.

—Gretta dice que ha sonado tu bipper toda la mañana y que Jasper te llamó porque te necesitan urgente en el hospital y además en dos horas más viene Jacob para hablar de mi escrito ya que el otro día no pudo venir y le dijo a Gretta que nos veíamos en una cafetería ya que está de paso por la ciudad—me explicó sonriente—. Dejaré a Christine con Gretta e iré a ver a Jacob, tú ve al hospital cuanto antes.

—Te dejo el automóvil—la besé en la frente—, me iré en taxi al hospital, a penas esté listo me reuniré con ustedes en casa—besé a Christine y me marché.

Tomé el primer taxi que pillé y por primera vez encontré que el camino que ya sabía de memoria se hacía eterno, supuse que se debía a que el trabajo del taxista era pasearme lo más que pudiese para cobrarme más al finalizar mi trayecto. Agradecí que fuese uno de los pocos taxistas que no habla mientras conduce. Cuando señalé mi paradero vi a Jasper allí. Agradecía mi amigo por estar esperándome.

—¿Cómo va todo?—dije esperando que me diese una buena explicación de lo que ocurría.

—Ya sabes…—respondió.

Él se quedó fuera, mientras yo pasaba entre las mesas del lugar para posicionarme al final de todo el salón. Habían dejado para la ocasión un privado. Cerré la puerta y me senté de frente a ella. Solo restaba esperar. Esta vez la espera fue más larga de lo que creí ¿Qué parte de urgente no se había comprendido? Comencé a jugar con una servilleta, para luego comenzar a mover mis piernas nerviosamente, no hubo caso, nada podía controlar mi nerviosismo. Aún me preguntaba si estaba bien lo que estaba haciendo, si realmente esto era lo mejor, quizá no lo fuera, quizá era mejor no hacerlo. Cuando estaba dudando, se giró el pomo de la puerta y vi sus ojos mirarme directamente.

—¿Qué haces aquí?—sonrió—, se supone que me encontraría con Jacob.

—Él no debía venir—respondí nervioso—, siempre debí ser yo.

—No entiendo—murmuró aún de pie en el umbral sin cerrar la puerta.

—Soy yo, Bella, amor—mi voz tembló—, fui siempre yo. Mr. Smith, Mr. Misterious, el odioso señor calvo y gordo con mucho dinero, el señor multimillonario que no sabía querer a nadie y que creía hacerle un bien a las personas enviándoles dinero como si el cariño se pudiese comprar. Recuerdo cada una de tus cartas, Bella y las llevo guardadas en mi automóvil, siempre que quiero las leo una y otra vez.

Ella no respondió, se puso pálida y se sentó frente a mí. Vi en su rostro como procesaba todo, como quería buscar las palabras precisas para criticarme y también vi que se controlaba por nuestro bebé. No había querido decírselo, no quería decírselo, sabía que podría afectar su salud, que podría hacerle daño y que todo esto podría rompernos, pero nunca quise mentirle, realmente no quería, pero lo hice.

—¿Tú?—frunció el ceño—. Me has mentido, Edward. Todo este tiempo…—controló su rabia e inspiró—. ¿Por qué?

—En un inicio por egoísmo, no quería que nadie supiera que era yo, luego, cuando te conocí fue por miedo. Me encantabas Bella, tu aire rebelde, tus ansias de hacerlo todo y sin darte cuenta eras tan buena con los niños, quise ayudarte, quise ser parte de tu vida, pero siempre el hecho del dinero estuvo entremedio. He tenido novias, no muchas pero he tenido y me he dado cuenta que hubo veces que no era yo a quién querían, sino a mi dinero. Lo contrario a ti, yo sabía que si tú te enterabas que era Mr. Smith jamás te fijarías en mí, te empeñarías en devolverme cada céntimo y por supuesto jamás tendría oportunidad en tu corazón. A penas lo logré siendo yo mismo, mucho menos lo lograría si tú sabías quién era.

Ella no respondió, no habló ni me miró su vista estuvo fija en todo momento a su vientre, cuando alzó sus ojos vi que estaban llorando.

—Bella…—el dolor me embargó y me sentí estúpido, estúpido por no haberle dicho antes, estúpido por haberle mentido y egoísta por haberlo hecho ahora.

—Todo…—se calló—, todo este tiempo… todos estos años y me lo dices ahora—su voz se quebró.

—Tenía miedo, miedo que te enfadaras conmigo, miedo que terminases esto, sé que estuvo mal mentirte, pero quería que me vieras más allá del dinero, que vieras quién soy. Tú, tú mejor que nadie deberías saber cómo pesan los prejuicios de la gente, tú también tuviste miedo de decir que eras huérfana, pues yo tenía miedo de que si te decía que era Mr. Misterious me juzgases y me alejases de ti—el nudo en mi garganta me impidió continuar. Estiré mi mano para alcanzar la suya, pero ella la retiró, el dolor punzante que eso provocó consiguió sacarme lágrimas.

—Aún no entiendo ¿por qué? Sé que era una inmadura, quizá tengas razón y nunca te habría mirado más allá de mi tutor, pero me siento una marioneta, siento que todo este tiempo dormí contigo y con tu gran secreto de por medio. Sé que quizá ya no es tan grave, pero no puedo evitar sentirme confundida—murmuró llevándose sus manos a la cara y soltando sus lágrimas.

—Lo siento—susurré, me levanté de mi silla y me acerqué a ella—, realmente lo siento, pero si te lo cuento ahora es porque lo necesitas, lo hice por ti, solo por ti. Necesitas mejorar tu historia, sé lo importante que es para ti que este libro salga a la luz y no quería que lo hiciera sin que supieses toda la verdad. Te amo tanto Bella, tanto que sabiendo que esto podría romper lo hermoso que tenemos, he decidido arriesgarlo por ti, para ti. Usa esto para ser mejor escritora y solo quiero que sepas que si te mentí solo fue en que era Mr. Smith, porque siempre he sido el mismo, siempre he sido yo y eso no ha cambiado en absoluto, soy exactamente el mismo hombre que conoces y que conociste por primera vez en el orfanato, no he cambiado más que en una sola cosa y esa es en que te amo—suspiré al finalizar la frase.

El silencio que se apoderó de nosotros era como un gran cubo de hielo en la habitación, mientras que yo rogaba porque este cubo no fuese lo suficientemente grueso y que mi amor por ella pudiese derretirlo, ella pensaba, analizaba y sufría. Me sentí mísero durante esos minutos de silencio, me sentí un idiota, pero ya lo había hecho, por ella, por mí y por su libro, lo había hecho y no había vuelta atrás.

—Fue tonto—sollozó rompiendo el silencio—, fue tonto lo que hiciste—sonrió y se iluminó mi corazón de esperanza—, no sé por qué, pero siempre tuve esa certeza en mí que eras tú—reí nervioso y ella posó su mano en mi rostro—. Siempre fuiste tú.

—Siempre—susurré y la besé en la frente.

A Bella le costó aceptarlo, ese día salimos abrazados del privado del café, ella sonreía y sostenía su vientre, lo acariciaba y de vez en cuando me sonreía, pero sabía por sus ojos que aún estaba dolida por todo el tiempo que se lo oculté. Me comprendió, comprendió mis motivos del por qué, pero quizá todavía no lo perdonaba del todo.

A la semana después del encuentro que tuvimos en ese café, ella me llamó para hablarme de las noticias de su editor.

—¡Lo ha aceptado!—me abrazó y me llenó de besos—. ¡Lo ha aceptado! Ha dicho que es mucho mejor de lo que esperaba, que está grandioso y que ya podría comenzar a trabajar en su publicación ¡Dijo que estaba maravilloso! ¡Incluso no quiso corregir el nombre, será tal cual!

—¿Mr. Misterious? Sin la "Y"—ella asintió—. ¡Me alegra, amor!—la abracé con cuidado de no aplastar a barriguita.

—Gracias—murmuró mientras depositaba su cabeza en mi pecho—, gracias por ser siempre tú.

El día en que se publicó finalmente el libro no cabía más orgullo en mi corazón, ella se veía tan dichosa, estaba toda la gente que siempre la había apoyado, estaba incluso el brujo de su editor sonriente por el resultado. El lanzamiento fue todo un éxito, fue el primer libro de ventas durante su primera semana, pero ese éxito no fue el que más me llenó el corazón, sé que a Bella tampoco, el mayor éxito era verla de antes a como era ahora. Una mujer llena, feliz, exitosa. Era mi mujer y me sentía orgulloso de ella. Más cuando abrí la primera hoja y leí la dedicación del libro.

"Podría haber sido cualquier otro que se cruzara en mi camino, pero si no hubieses sido tú aún sería una huérfana y estaría buscando mi hogar hasta que te encontrase. Porque siempre eres tú y siempre has sido tú. Mi amor; el único"

Bella.


*Hermostra: Edward hace la mezcla de hermosa y monstrua.


Hola a todos.

Bueno lo prometido es deuda. Sé que muchas de ustedes decían que podía ser Edward, Emma, Jacob o tantos otros, algunos decían que Mr. Smith eran todos, los tres, pues bien, siempre fue Edward. Él le pidió a Jacob que lo hiciera por él y bueno, ahora lo saben.

Quiero agradecer a Miss_Kathy90 por siempre estar para mí, por ser una gran amiga y por apoyarme en cada paso que doy. De seguro no habría estado aquí en fanfiction de no ser por ella. Y para quienes la leían ¡Ha vuelto a fanfiction con historias buenísimas, algunas antiguas otras nuevas, pasen por su profile!

Agradezco una vez más a todos quienes han seguido esta historia por tanto tiempo y las invito a estar pendiente de las nuevas cosas que habrán por aquí, una de esas será mi fic de despedida. Hiding my heart away. Por favor pasen por él cuando esté publicado.

Manne Van Necker.