Disclaimer: Este capitulo ni los personajes me pertenesen, los personajes le pertenecen a Laura Gallego Garicia y el capitulo le pertenece a Pandora Lover



Prologo

Vamos, Do-Yin. Levántate, tienes que irte – susurraba una anciana visiblemente apurada.

¿Qué sucede?

Han venido, Do-Yin. Los Nuevos Dragones han venido…

¿¡Qué!?

Do-Yin saltó de la cama apurada.

¡No he hecho la maleta! – exclamó mientras se vestía.

Tranquila cariño, Inisha y yo la preparamos hace unas semanas, para estar previstas cuando llegara el momento.

La adolescente la sonrió con todo el cariño que le fue capaz en aquella situación de tensión. Cogió la maleta, besó a aquella anciana que tanto había hecho por ella y se marchó, sin darle tiempo a despedirse de los demás integrantes de la familia, sin tiempo para llorar por la posibilidad de no volverlos a ver.

Se sumergió en el bosque de Puerto Esmeralda cerca del río, esperó a oír los gruñidos de los dragones de madera que volaban sobre sus cabezas y los integrantes de los Nuevos Dragones que preferían caminar a pie.

¿Estás seguro de que es aquí? – preguntó un tipo con capucha roja a su compañero, ambos estaban frente a la casa de la que momentos antes Do-Yin había huido.

Sí, según nos han informado, ésta es la casa de los familiares de Salí Fesbak – repuso el otro.

Do-Yin no pudo más, en cuanto vio que los dos integrantes de los Nuevos Dragones tocaban la puerta de la casa de su familia, salió corriendo de allí, esperando con ansiedad que no la hubieran oído. Necesitaba un lugar tranquilo para poder poner en práctica lo que su difunto padre le había enseñado.

No podía evitar mostrarse nerviosa porque la encontraran… si lo hacían, todo habría terminado para ella. No, no debía pensar en aquello, debía concentrarse y encontrar un lugar calmado. Caminó por el fangoso bosque hasta que encontró un claro cubierto por árboles, de modo que los dragones de madera no la podrían ver a menos que se acercaran mucho.

Do-Yin cerró los ojos y dibujó un hexágono en el suelo de la forma en la que su padre le enseñó. Dejó la mente en blanco, poniendo todo su empeño en encontrar algo en algún rincón de su mente… y entonces dio con él. Entonces contacto con el Alma.

____

Jack se levantó del sofá sobresaltado. De pronto había sentido una extraña sensación, algo familiar que hacía años que no sentía, sintió la urgencia de ir a ver a Victoria. La encontró sentada en la cama sujetándose la cabeza con las manos.

¿Tú también lo has sentido? – preguntó Jack sentándose a su lado.

Sí.

¿Qué crees que es?

No lo sé, hacía tanto tiempo que no me invadía esta sensación…

Es como si nos estuvieran llamando…

Jack y Victoria se miraron por unos segundos con compresión.

El Alma – dijeron al unísono.

Salieron del dormitorio y buscaron a Kirtash en la cocina, el cual se encontraba con los brazos cruzados, observando sin ver la pared que tenía frente a él.

Cristian, ¿puedes quedarte con los niños? – preguntó Victoria.

Claro, ¿ocurre algo?

Tenemos que ir a Limbhad – informó Jack.

¿El Alma? – preguntó Kirtash.

Ajá.

Entiendo.

Sin perder tiempo, caminaron por la escalera del edificio hasta llegar al ático. Era el único lugar tranquilo y cercano que se les había ocurrido. Victoria trazó el tan conocido y a la vez olvidado hexágono de Idhún y formuló unas palabras en idhunaico arcano antes de dejar su mente en blanco para encontrar el Alma.

Cuando quisieron darse cuenta se encontraban en Limbhad. No pudieron evitar sonreír ante aquellos pasillos tan conocidos, aquellas habitaciones que antiguamente habían sido suyas, aquellas salas donde tantas horas habían pasado, donde se habían conocido. Jack cogió de la mano a Victoria y la besó en la frente con dulzura mientras ella se estremecía de gozo y felicidad.

Llegaron a la habitación donde se encontraba el Alma y se sorprendieron de ver allí a una desconocida sentada en una silla frente a la mesa redonda que sostenía el Alma. La muchacha se giró y pegó un respingo en cuanto vio a Jack y Victoria, sorprendida ella también por su presencia.

¿Quién eres? – preguntó Jack.

Do-Yin no entendió ni una palabra de lo que Jack le había preguntado, no obstante, trató de comunicarse con ellos preguntando cómo habían llegado hasta allí.

Espera – dijo Victoria, colocando la mano abierta frente a ella para que la desconocida entendiera.

Do-Yin asintió, comprendiendo.

Necesitamos el colgante de comunicación – le dijo a Jack -. Esta chica es idhunita.

Jack se introdujo por los pasillos de Limbhad mientras Victoria sonreía a la muchacha que tenía frente a ella. Era extraño porque le resultaba vagamente familiar a pesar de que no la hubiera visto antes… tal vez fuera esa forma de mirar, esos ojos oscuros, su piel bronceada, su cabello negro o tal vez esas ropas que le recordaban a Haai-Sil… antes de que Victoria pudiera seguir tratando de adivinar de qué le sonaba aquella muchacha, Jack apareció con el colgante.

Se acercó lentamente a Do-Yin, como pidiéndole permiso, tratando de no asustarla. La muchacha no se acobardó, cogió el colgante que Jack le ofrecía y se lo colocó con cuidado.

Hola – saludó, sorprendida por hablar un idioma que no era el suyo.

Hola – sonrieron Jack y Victoria -. ¿Quién eres?

Me llamo Do-Yin, vengo de Idhún. ¿Vosotros sois Jack y Victoria?

Sí – respondió Jack sorprendido.

Esto es para vosotros – dijo Do-Yin sacando de un bolsillo una carta arrugada.

Victoria se acercó y cogió la carta sin miedo. Jack permaneció tras ella mientras la suave voz de su mujer leía:

"Queridos Jack y Victoria.

Si estáis leyendo esto significa que tanto Zaisei como yo hemos fallecido. Sentimos mucho no haber podido ir a Limbhan a visitaros, ni ver el seguramente hermoso crecimiento tanto de Erik como de Eva… pero las cosas en Idhún se han complicado. Los Nuevos Dragones se han descontrolado. No creo que duremos mucho si esto sigue así.

Siento que después de tanto tiempo tengamos el valor y la osadía de pediros una cosa así pero, necesitamos que cuidéis de nuestra hija ya que en Idhún no está a salvo. Ella os explicará todo lo que ha sucedido y todo lo que yo en esta carta no puedo contaros.

Gracias por adelantado, sed felices.

Atentamente:

Shail"

Jack miró a Do-Yin con los ojos como platos mientras Victoria continuaba con la vista fija en la carta.

¿Shail y Zaisei… muertos? – murmuró el unicornio con lágrimas en los ojos.

Jack abrazó a su esposa con todo el amor que le fue capaz. El silencio se hizo en Limbhad con las lágrimas y tristeza de los presentes, que lloraban por la muerte de los seres queridos. De pronto, Jack cayó en la cuenta de que Do-Yin también lloraba de forma silenciosa, y aunque supo que la respuesta era más que obvia, no pudo evitar preguntar:

¿Tú eres su hija?

Sí.