Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Suzanne Collins.

Este fanfic está situado antes del primer libro.

Plot: Peeta Mellark ha estado enamorado de Katniss Everdeen desde los cinco años de edad. Cuando llega del Capitolio un extraño proyecto escolar, ambos son colocados como pareja para elaborar el trabajo. Katniss comienza a tener sentimientos mezclados, y su amistad profunda con Gale solo sirve para aumentar más su confusión.

PG-13

CAPITULO UNO: EL PROYECTO

-Peeta POV-

Katniss.

Ese es mi primer pensamiento al despertar. Lo es, como lo ha sido durante los último once años, sin excepción.

Los ojos grises, el cabello negro. Todo con respecto a esa chica me parece intrigante, hermoso. Un dilema. ¿Qué ocultas detrás de ese semblante lúgubre, Katniss? Es obvio que sufres. Me lo dicen tus gestos, tus miradas. Gritas con desesperación por ayuda, sólo que no te das cuenta.

En el Colegio, te veo de lejos, como siempre. Me aparto mis mechones rubios de los ojos con torpeza, para verte mejor. Estás con Gale. Siempre estás con él. ¿Acaso lo amas? No, no lo creo. Lo miras como a un amigo, de la misma forma en la que miras a todos los demás. Pero es su mirada la que me preocupa. Gale te mira con protección y amor- no lo culpo, claro, pero no me agrada. Y no me agrada no porque crea que es un mal tipo, sino porque solamente el pensamiento de ustedes dos me destruye el alma.

Tu cabello ondula contra el viento, y éste te acaricia tus sonrojadas mejillas. Eres preciosa, Katniss. Cómo me gustaría poder decírtelo. Qué más da que no tengas padre, que seas pobre y agresiva, como me lo ha repetido mi madre incontables veces, para irritarme. Eso no me interesa. Me gustas, me gustas toda completa: cuando te enojas, te enciendes como una llama resplandeciente en medio de una noche negra. Cuando ríes, juro por Dios que los pájaros callan y escuchan, sin lograr distinguir la diferencia entre tus cantos y tus risas.

Incluso ahora, pensando todo esto, no me siento empalagoso o tonto, porque, por más cursi que suene, es verdad. Completamente verdad. Es lo que siento, y me encantaría gritarlo a los cuatro vientos si tuviera el coraje.

Pero, como siempre, me limito a suspirar sin remedio y mirar furtivamente como Gale hace como si nada y te pone un brazo detrás de la espalda. Me imagino lo que sería poder tocarte así, y parecer casual. No haces nada para alejarte, sólo sonríes y ríes de uno de sus chistes. Llevan tanto tiempo siendo mejores amigos que no te preocupas en pensar en que, tal vez, el pobre chico quiera algo más.

Ja. Yo sintiendo pena por tu mejor amigo, que tiene muchísimas más posibilidades que yo. Es más probable que te cases con una babosa que conmigo.

Suena el timbre. El receso ha terminado, la única hora gloriosa en la que puedo verte sin despertar sospechas, porque todo mundo está demasiado ocupado para prestarme atención, se ha ido nuevamente. Me levanto con sigilo de la banca donde me encuentro sentado, y me dirijo al aula 7, donde tomamos clases juntos. La expectación me come por dentro, me obligo a poner cara de sosiego para no parecer un loco.

El aula comienza a llenarse. Tomo mi asiento, unos cuatro bancos adelantes que el tuyo, y espero, como todos, a que el maestro llegue. No puedo evitar escuchar una conversación que está tomando lugar a menos de treinta centímetros de donde me encuentro.

- ¿Viste como la tomo de la cintura?

- ¿Estará saliendo con ella?

- ¡No! Él es tan guapo… que desperdicio.

Un grupo de chicas cotillean en voz baja y con gran velocidad. No es difícil averiguar el tema más jugoso del día de hoy: el brazo de Gale en la cintura de Katniss. Hurra.

- Yo soy mucho más bonita que ésa. – susurró una chica con tono despectivo. Me trago mis palabras: la pobre tiene la nariz más larga de lo normal, el cabello opaco y grasiento y una cara de asesina. Sin embargo, las que la rodean se apresuran a asentir con la cabeza para mostrar que se encuentran de acuerdo. Aún así, estoy muy seguro que, cuando la chica se de la vuelta, se burlarán de ella.

¿Quién entiende a las chicas?

El profesor, un anciano diminuto de aspecto cansado, llega al aula y el orden se establece con lentitud. Las chicas que habían estado cuchicheando toman asiento, y el viejo carraspea.

- Bueno, bueno. Hoy tenemos un proyecto… - tose repetidamente. Una chica que está enfrente de mi se hace para atrás, asqueada. – Un proyecto muy importante. – el profesor se limpia con un pañuelo los restos de saliva, que son muchos. Un sonido de asco general se escucha en el salón, pero el anciano, o no los oye, o decide ignorarlos. – que ha llegado directamente del capitolio.

Al escuchar lo último, un silencio mortal llena al aula. Todos se callan y ponen mucha atención: un chico que había estado mirando por la ventana a un pajarito silvestre se sobresalta y se le caen los libros del pupitre. Todos estamos tan inmersos que no nos reímos.

El capitolio. ¿Un proyecto escolar? Eso no suena nada bien. En general, el capitolio se dedica con gran ardor a promocionar el brillante trabajo que hacen como gobierno, aunque lo único que soy consciente que hacen, son los juegos del hambre, unos terribles juegos sádicos que por pura suerte he librado muchas veces.

Al capitolio no le interesamos nosotros, a menos que estemos preparando una rebelión. Y como ese no es el caso, la idea del proyecto resulta muy intrigante.

- Tienen que redactar… si, Minsk, redactar. – el anciano alza una ceja ante el rostro de fastidio de un chico corpulento, que siempre reprueba por sus pésimos trabajos de literatura. – un ensayo acerca de la vida en la Veta. Están obligados a escoger un tema en particular, y a partir de allí, crear todo un ensayo de diez hojas mínimo.

Hubo gritos de protesta y exclamaciones ahogadas. Lo máximo que hemos escrito en la clase de literatura han sido tres hojas, y eso que una era la portada del trabajo.

- El trabajo… - continúa el profesor. – será en equipos de dos personas. Yo los asignaré.

Más gritos de protesta. El viejo vuelve a ignorarlos, con mucha paciencia. Cómo lo admiro.

El profesor saca una lista de su escritorio y comienza a leer nombres con lentitud:

- Greenpeace, Horner. Smithson, Creeker. Minsknome, Watsonhally. Everdeen, Mellark.

Uh, oh. ¿Qué acaba de decir?

Giro la cabeza hacia atrás y observo con incredulidad a Katniss saludándome con una sonrisa forzada. Siento como me empiezo a poner colorado. Me giro nuevamente en el acto, empecinado a no quedar como un tonto frente a ella.

¿Es en serio? ¿Katniss y yo, trabajando juntos por al menos cuatro semanas?

No me lo creo. En los seis años que la conozco, solamente le he hablado una vez, y esa vez ni siquiera había abierto la boca, sino que le había pegado con un pan en la cabeza. Claro, ella estaba hambrienta, así que supongo que cuenta como algo.

¿Qué le diría? ¿Se acordaría del pan?

Mi cabeza empieza a dar vueltas y tengo que apretar los dientes con fiereza para no ponerme verde del nerviosismo.

- Comenzarán mañana. No será en horario de clases, tendrán que encontrarse fuera del Colegio.

Suena el timbre de salida.

- Eso es todo.

Todos comienzan a salir en tropel, acelerados por llegar primero a la puerta. Yo espero un poco, consciente de que Katniss no se ha movido. Cuando me levanto a guardar mis libros, ella está cerrando el cierre de su mochila y estamos solos.

Meto todo apresuradamente, y cuando me coloco la mochila, ella pasa frente a mí. Se detiene y me mira un poco antes de hablar.

- Peeta. Peeta Mellark.

Asiento estúpidamente. Espero de todo corazón que no me esté poniendo colorado.

- Yo soy…

- Katniss Everdeen. Lo sé. – la interrumpo. Katniss me mira con sus grandes ojos grises. Por un momento, tengo la extraña sensación de que me quiere decir algo, algo importante. Espero a que suceda, pero…

- ¿Lista, Catnip?

Los dos nos giramos a la puerta. Gale está afuera, observándonos con curiosidad.

- Ya voy, Gale. – Katniss parece un poco sonrojada cuando se gira hacia mí nuevamente. – No vemos mañana en la salida, Peeta. Y trae una pluma. – me sonríe, y antes de que pueda responderle, estoy solo en el aula.

Solamente me acompaña el débil perfume de Katniss, que no es para nada artificial: Hojas de menta del bosque, y la madera de un carcaj. Distraídamente, me dedico a pensar en cómo será el próximo mes. Quién sabe… quizá hasta logre hacer el mal humor de mi madre soportable.

Una sonrisa se empieza a esparcir por mi cara.

Fin del primer capítulo. Los reviews son felizmente aceptados.