Disclaimer: Todo lo que reconozcan, no es mío.

Cap 10: Epilogo.

Edward´s PoV:

—¡No me vas a tocar nunca más en lo que te queda de vida maldito!—Me tiré del cabello con intenciones de arrancármelo de raíz, mientras que mi esposa gritaba como posesa tumbada en la camilla rodante del hospital—¡Me duele! ¡Sédenme o golpéenme hasta que me desmaye pero por dios hagan algo!—Bella seguía gritando, atrayendo con sus retahílas de maldiciones, a la gente que había en el hospital.

Emmet detrás de mi escondió su rostro en el cuello de Rose para amortiguar las carcajadas. Más los sentidos de Bella parecían haber agudizado frente a las contracciones previas al parto.

—¡¿Te ríes de mi?!—Em no aguantó más y se largó a reír como un demente. Tentativamente di un paso al frente y traté de tomar la mano de mi sudorosa mujer. Pero el gesto furioso de Bella me paralizó, clavó sus hermosos ojos en Emmet y lo señaló con su delgado dedo—¡Cuando salga de esta camilla patearé tu trasero!—Amenazó. Rose tuvo que sacar a su marido de escena ya que Bella estaba a punto de saltar sobre él.

Entramos en la habitación blanca con olor a lejía del hospital, Bella seguía despotricando contra diestro y siniestro. Una enfermera con cara de mal genio se acercó a ella y le puso el termómetro.

—Veamos qué tal va la dilatación—Me giré hacía la ventana mientras la enfermera hacía su trabajo. Escuchaba los sollozos de mi esposa y las palabras cortantes de la señora mayor—No estás lista aún, te queda un rato—Soltó la enfermera antes de levantarse y quitarse el guante de látex que había usado. Mala idea, en ese momento la cara de Bella se contrajo de dolor. En una perfecta imitación de la niña del exorcista clavó sus ojos en la profesional que la atendía y comenzó a gritarle:

—¡¿Cómo que no estoy lista?! ¡Me voy a morir de dolor ¿Y tú dices que no estoy lista?!—La enfermera chasqueó la lengua e hizo oídos sordos a mi energúmena esposa. La verdad es que estaba asustado, jamás había visto a Bella en tal estado. Y para colmo, mis padres aún no llegaban. Me apreté con fuerza el puente de la nariz mientras que, disimuladamente, me acercaba a la camilla.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, Bella se desplomó sobre el colchón y sollozó de nuevo. Esa era mi oportunidad de abrazarla, al menos hasta que llegara la próxima contracción y el demonio la poseyera.

Tomé su mano entre las mías y besé sus nudillos tratando de reconfortarla. Acerqué mis labios hasta su frente y aspiré su exquisito y tranquilizante aroma. Bella seguía retorciéndose nerviosamente sobre la cama. Su prominente vientre tapado por la delgada tela del camisón verde-hospital.

—Edward quiero que me seden—Rogó con lágrimas en los ojos. Al principio de las contracciones pensé que estaba siendo exagerada, pero cuando la vi retorcerse y gritar de esa forma me di cuenta de que en verdad, el parto, era algo muy doloroso para una mujer. Y me alegré de ser hombre. Al ser primeriza, le estaba costando bastante llegar a la dilatación adecuada por lo que ya llevábamos casi ocho horas en espera.

El doctor había dicho que la anestesióloga estaba por llegar, así que no nos quedaba de otra que esperar.

Bella sollozó un poco más y se aferró a mi camisa arrugándola más aún de lo que ya estaba. Acuné su espalda entre mis brazos tratando de calmarla. Entonces ella se tensó y yo supe lo que se venía. Todo su cuerpo comenzó a agitarse y los sollozos de Bella aumentaron de intensidad. Comenzó a gritar y retorcerse a la vez que me apretaba el cuello, tan fuerte, que me costaba respirar. Abrió los ojos y me fulminó con la mirada.

—¡Todo esto es tu culpa! ¡Te juro que te voy a dejar estéril después de esto!—Rodé los ojos, sus amenazas estaban perdiendo originalidad.

Trataba de zafarme cuando la puerta de la habitación se abrió y el huracán de pelo negro que teníamos por amiga se abalanzó hacía Bella.

—¡Bella! ¡Estoy aquí amiga, respira profundo! ¡Inhala, exhala, exhala, exhala! ¡Muy bien Bells!—Alice comenzó a corear la respiración de mi esposa como si fuera una animadora y estuviera en medio de un partido. Sólo le faltaban los pompones. En la puerta, Jazz miraba con los ojos llenos de ternura la actuación de su pequeña e hiperactiva esposa.

—¿Cómo va todo?—Preguntó cuando estuve cerca de él. Pude ver a Rose y Emmet sentados fuera en el pasillo.

—Bueno tenemos quince amenazas contra mi masculinidad, doce contra mi vida…—Conté con los dedos y Jasper soltó una risita, aunque yo estaba hablando muy enserio—Además juró que no volvería a dejar que la tocara—Susurré lo último mientras pasaba la mano por mi rostro, me sentía muy frustrado e impotente por no poder aliviar algo del dolor de mi mujer.

—Tranquilo hermano—Jasper pasó una mano por mis hombros y caminamos acercándonos a la camilla—Bella está pasando por un momento muy difícil de tensión y dolor. En realidad no siente lo que dice, las emociones la superan y…—Jasper no pudo seguir con su psicoanálisis.

—¡No te atrevas a psicoanalizarme doctorcito de pacotilla! ¡Si no traes un chute de somníferos contigo, entonces no eres bien recibido! ¡Fuera!—Bramó encolerizada, sentí a Jazz encogerse a mí lado. Lo miré con una sonrisita cargada de sorna y burla, él tragó saliva y corrió de la habitación murmurando algo como "Ir a buscar un cura".

Rodé los ojos y volví a acercarme a la camilla. La contracción ya había pasado. Aproveché los instantes de tranquilidad y deposité besitos por todo el rostro de mi hermosa esposa. Aunque su cabello estaba enmarañado, su rostro perlado en sudor y su cuerpo débil por el dolor, ella seguía siendo, para mí, la más bella de las mujeres.

—Te amo cielo—Susurré en su oído, Bella sonrió suavemente y acarició mi rostro con la yema de sus temblorosos dedos. Alice al otro lado de la camilla me guiñó un ojo. La puerta de la habitación volvió a abrirse y mis padres, junto con un preocupado Charlie Swan, hicieron acto de presencia.

Esme-ignorando las advertencias de un muy cohibido Jasper-se acercó con decisión a Bella y la abrazó rápidamente.

Mi esposa comenzó a apretar la sabana, otra contracción estaba llegando. Más mi madre no se apartó.

—Mi pequeña niña, yo sé que duele tesoro—Le canturreaba al oído mientras la acunaba en un maternal abrazo. Desde que Esme y Carlisle habían conocido a Bella, la habían adoptado como la hija prodiga, relegándome a mí al maldito esposo embarazador de chicas inocentes. El embarazo de Bella, desde el principio, fue dificultoso. Los nueve meses fueron de reposo casi absoluto, por lo que Esme pasó cada segundo que pudo cuidando de mi esposa, al igual que Charlie, Carlisle, Alice, Rosalie y un largo etc.

—¡Esme te quiero mucho y todo eso pero si no me anestesian ya te dejaré sin hijo!—Bramó Bella sujetando su prominente vientre.

Estaba tan nervioso que terminé por perder los estribos y la poca paciencia que me quedaba.

—¡No te quejaste cuando hicimos a ese bebe!—Le chillé al borde del llanto. ¡No quería llorar como niñita, pero simplemente estaba al borde de un colapso nervioso! Me froté las sienes y me giré hacía el pasillo, Bella seguía insultándome y mi madre-haciendo complot con mi esposa poseída-comenzó a regañarme ácidamente.

—Edward—Reprochó mi padre con el ceño fruncido. Y por la forma en que Charlie tenía sus ojos clavados en mí, supe que estaba imaginando mil formas posibles de acabar con mi existencia en el planeta tierra. Pero no fueron sus miradas y reproches los que me hicieron sentir el peor hombre del mundo. Fueron los pequeños sollozos que salían de la garganta de mi esposa. Sintiéndome culpable por mi arranque de furia me arrodillé a un lado de su camilla y besé sus nudillos con ahínco.

—Perdona pequeña, te amo, te amo, te amo, te amo—Repetí incansable mientras acariciaba, con mis labios, su mano y brazo.

—¿La señora Isabella Cullen?—Una doctora de avanzada edad entró en la habitación. Paseó sus ojos por todos nosotros y chaqueó la lengua con reprobación, mi madre le reveló que estaba en el lugar correcto—No pueden estar todos aquí—La doctora indicó que sólo una persona podía estar con Bella, pensé que ella preferiría a su padre o incluso a mi madre, pero cuando empezó a chillar para que me quedara me relajé completamente y me senté a su lado.

La anestesióloga inyectó la anestesia epidural en la columna de mi pequeña Bella. Después salió de la habitación avisando que en media hora la llevarían a la sala de partos.

Al cabo de unos quince minutos Bella se tranquilizó y cabeceaba casi dormida. Me tumbé junto a ella y canté una de sus canciones favoritas sólo para su deleite, mientras acariciaba su vientre y sentía a nuestro hijo moverse y dar pataditas. Sonreí al notar un movimiento bastante brusco del bebé. Me agaché hasta quedar a su altura y besé por encima del ombligo.

—Hola bebé—Susurré. Aún no sabíamos el sexo, no quisimos estropear la sorpresa. Aunque secretamente esperaba una pequeña niña igual a su madre—Te estamos esperando bebé—Volví a susurrar, entonces nuestro hijo o hija, volvió a patear más fuerte, despertando a Bella. En ese momento entró la enfermera de mal genio, junto con el ginecólogo que atendió todo el embarazo de mi esposa.

Bella tenía una tonta sonrisa en la cara. Jasper y Emmet-alentados por el mejorado humor de la ex poseída Bella-se acercaron y le desearon lo mejor en el parto. Alice corría por todos lados tratando de buscar algo en lo que entretenerse, mientras que Esme y Rose lloraban a moco tendido. Charlie estaba rojo, con el ceño fruncido y la frente perlada de sudor, Carlisle trataba de tranquilizarlo. Y yo tenía ganas de tirarme por la ventana y permanecer inconciente hasta que todo terminara.

Me hicieron vestirme con una bata de papel verde, junto con mascarilla y gorro, antes de dejarme entrar a la sala de parto.

Bella-aunque estaba tranquila-sollozaba angustiada mientras seguía las instrucciones de la comadrona.

Me quedé a su lado en todo momento. Después de un rato Bella comenzó a gritar de nuevo. Fruncí el ceño extrañado y me tiré del cabello mientras controlaba mi respiración.

—¿Por qué le duele? ¿No funcionó la anestesia? ¿Qué está pasando?—Bombeé de preguntas al doctor mientras la enfermera secaba el sudor de su frente.

—Tranquilícese señor Cullen, la anestesia funcionó. Todo va bien, un parto siempre duele—Me informó con voz cortante. La enfermera me fulminó con la mirada mientras me pedía que dejara de poner nerviosa a Bella. ¡Lo que me faltaba! ¡Todos contra mí!

Limpié la frente sudorosa de mi mujer a la vez que ella pujaba con todas sus fuerzas, sujeté su mano-a riesgo de que me provocara una rotura de muñeca-y la tranquilicé lo mejor que pude. Pero al escuchar el llanto de los fuertes pulmones de mi bebe, mis piernas dejaron de sujetarme. Mis oídos empezaron a pitar y lo último que escuché-antes de desmayarme-fue al medico gritar "Es un niño".

—¿Edward?—Escuchaba como me llamaban, más no quería despertar. Me sentía muy cómodo—¡Edward!—Fruncí el ceño cuando alguien me agitó por los hombros. Abrí los ojos despacio, intentando acostumbrarme a la brillante luz. Entonces todo llegó a mi mente en tropel. Me levanté de un salto.

—¿Dónde está Bella? ¿Y mi bebé? ¿Fue un niño o lo soñé? ¿Qué me pasó?—Alice sonrió indulgente y comenzó a dar saltitos.

—¡Bella aún está con el doctor, a tu bebé lo están bañando, sí es un niño y te desmayaste!—Contestó a todas mis preguntas entre saltitos y grititos de euforia.

Alice me guió hacía la sala de enfermeras, donde estaban alistando a mi pequeño hijo. Lo miré a través del cristal en su cunita blanca. Sus mejillas estaban sonrojadas y su pequeña cabecita redonda estaba llena de cabello suave del mismo color que el mío. Tenía las pestañas más grandes y espesas que había visto en mi vida y sus pequeños labios rosas eran carnosos como los de Bella. Mi pecho se llenó de una sensación calida y reconfortante. Sentí la mano de mi padre en mi espalda.

—Felicidades papá—Me dijo, para después abrazarme y quedarse mirando a mi hijo embelesado. Charlie tenía los ojos rojos y una gran sonrisa en la cara. La doctora nos avisó de que podíamos entrar-de uno en uno-a ver a Bella.

Bella descansaba en la cama cuando entré. Tenía los ojos cerrados y el rostro llenó de paz y serenidad. Me acerqué y me senté a su lado, besé su frente y ella se abrazó a mí.

—¿Viste a nuestro hijo? Es tan hermoso—Suspiró perdida en sus recuerdos del perfecto bebé que habíamos tenido. En ese momento entró la enfermera con un pequeño bulto entre los brazos. Tuve miedo de cargarlo, era tan pequeño…Pero la sonrisa de Bella me dio la fuerza que necesitaba. Acuné al nuevo miembro de la familia Cullen entre mis brazos.

—Bienvenido al mundo Anthony—Suspiré besando su pequeña frente. Bella recargó su cabeza en mi hombro y acarició las suaves mejillas de nuestro hijo.

Después de un rato, en el que todos nuestros amigos y familiares vieron al bebé, la enfermera se lo llevó para cambiarlo. Bella y yo nos quedamos a solas. Me recosté a su lado y la abracé suavemente. Con un suspiro satisfecho cerré los ojos y dejé que la felicidad que sentía en esos momentos, me embargara.

—Te amo Bella—Susurré con una suave sonrisa en mis labios. Bella soltó una carcajada y besó mi mejilla.

—Yo también te amo Edward—Enterré mi cara en su cuello y aspiré su dulce aroma—Ahora si podemos decir "Y fueron felices por siempre"—Susurró antes de que ambos nos quedáramos dormidos.

Fin

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N/A: Pues este sí, es el final. ¿Qué les pareció? Bueno la verdad a mí me encantó escribirlo. Un besito para todos/as, muchas gracias por sus comentarios. ¡Me hicieron feliz!

Volveré pronto con otra de mis ideas-tengo demasiadas ideas pero aún no me decido por ninguna-así que espero encontrarlas de nuevo cuando vuelva con otra historia.

Mil gracias para todos, les mando un beso grande. ¡Las doro!