Disclaimer. Los personajes son de Meyer, la canción de Bunbury y la idea totalmente mía.

Admito que, más que un regalo, fue un reto. Sil me dijo que si había escuchado a Bunbury y, sinceramente, le dije que no, pero que me habían dicho que sus canciones eran buenas. Me dijo que si le hacía un regalo con una de sus canciones y acepté. Me puse a investigar la discografía de éste hombre hasta que encontré una canción que tuviera potencial para una historia (?).

Cariño, espero que te guste mi regalito, hecho con todo el amor de mi corazón :D


Sabes que pienso
Que una retirada a tiempo
Es siempre una derrota.

(Lo que más te gustó de mí – Enrique Bunbury)

Te muerdes fuertemente el labio para no llorar. Él no debe ver esa lágrima rodar por tu mejilla, así que desvías tu mirada hacia otro punto. Ya ha sido suficiente para ti y quieres conservar, al menos, ese privilegio de llorar en silencio y sola.

Sus palabras hacen eco en tu cabeza. Todas sus disculpas se fijan en tu mente y la realidad te golpea. Él no te ama; él ama a alguien más. Sientes que las lágrimas están a punto de desbordarse, y sabes que no puedes quedarte más tiempo ahí.

¿Por qué? ¿Por qué ella? ¿Por qué carajo tenía que venir Emily a arruinarlo todo?

–Es algo que no puedo decirte –repite–. Créeme que, si pudiera, te lo diría, Leah, pero no puedo… no debo.

–¿Y qué pretendes que haga, Sam? –siseas– ¿Acaso quieres que me quede aquí, viendo cómo te desvives por ella? ¿Viendo que le das todo lo que a mí me has quitado?

Ingenuamente, esperas que él recapacite de su decisión; que se dé cuenta que lo que está haciendo está mal y que tú eres mejor para él que ella. Quieres que, con tus palabras, vea su error y todo vuelva a ser como antes. Pero sabes que no va a pasar.

–No –responde, finalmente, mientras toma una de tus manos–. Por favor, Leah, perdóname. No fue algo que planeara, y lo sabes. No pude controlarlo.

Sueltas una risa sarcástica. ¿No pudo controlarlo? Todo este tiempo, tirado a la basura. ¿Acaso no te había jurado amor eterno? ¿Todas esas palabras bonitas eran vil mentira? Él te había jurado que eras su otra mitad y que lo complementabas. Ahora, te daba la respuesta más patética que te había dicho en toda la conversación.

–¿Es que acaso Emily es mejor que yo? ¿Hay algo en ella que te gustaría que yo tuviera? ¿Qué tengo que cambiar para que me ames de nuevo, Sam? ¿Qué hice mal?

–Tú eres perfecta Leah –susurra–. No tienes que cambiar en nada. Cualquier hombre se sentiría dichoso de estar a tu lado.

–¡No quiero a otro hombre! –gritas–. ¡Te quiero a ti!

–De verdad, Lee-lee, esperaba que de toda la gente al menos tú lo comprendieras –dice, antes de besar tu frente y dar media vuelta.

Dicho esto, te das cuenta que la conversación ha llegado a su fin. Sientes la humedad en tus mejillas y te avergüenzas al saber que has perdido. No sólo ella ha ganado el amor de tu Sam, sino que ni siquiera pudiste hacer una retirada digna. No tiene caso pelear por alguien que sabes que ya no es tuyo.

Llegan a tu mente todas las conversaciones que tuvieron en el pasado. Él, recorriendo tu cabello con sus dedos, diciéndote lo perfecta que eres; todos los besos y caricias y todas las promesas que te hizo. ¿Qué pasó? ¿En qué momento se acabó el amor?

Contemplas cómo él se retira de tu casa, dejándote sola; te dejas caer de rodillas, y dejas que las lágrimas fluyan libres por tu cara, tratando de desahogar un poco tu dolor.