XIV.

El misterio del ÁURYN

Nunca un fantasio, vivo o muerto, podría haber soñado con contemplar lo que en ese momento sucedía ante los ojos de los habitantes de Ginnuga. Una chica de cabellera azabache y ligeramente ensortijada bailaba al ritmo que marcaban las melodías de su flauta, sus pies descalzos se deslizaban sobre la suave hierba verde salpicada de flores blancas mientras que su cuerpo giraba con cada nueva canción que surgía. En verdad era triste, muy triste, la música que creaba.

Aquello que les parecía extraño en verdad, irreal e inimaginable, era el pájaro de brillante plumaje amarillo y naranja con largo pico que volaba cerca de ella sin batir las alas. Los ojos del ave eran oscuros y profundos, pareciendo entender las palabras dichas, los pensamientos ocultos de los fantasios cercanos. Y esos rasgos en él sólo indicaban una cosa: se trataba de un ifrit.

Ginnuga era una región inhóspita que tenía eternamente dos colores en sus inmediaciones: blanco y negro. Los habitantes de dicho sitio tomaban su nombre de la misma región, eran seres alargados de dos metros, parecían cargar con una capa negra que se difuminaba al llegar al suelo, no apreciándose pies algunos que les condujeran, sus cabezas eran círculos blancos con dos agujeros negros allí donde debían estar los ojos y una mueca que parecía pintada en lugar de una boca, pudiendo cambiarla de acuerdo a sus estados de ánimo pero siempre dando la impresión de que se trataba de una máscara; sus brazos eran delgados y alargados, terminando en manos huesudas del mismo color de la pez.

Las únicas aves del sitio en realidad parecían pequeños hombres con alas de murciélago, sin cabeza, de miembros raquíticos y cuyo tamaño no era mayor a los 15 centímetros. Algunas esferas oscuras rodaban por las hierbas, produciendo ruidos extraños, como de estática constante y alguno que otro chillido, mostrando siempre unos ojos enfadados.

Allí era noche siempre, la luna lucía más grande que en el resto de Fantasia, por lo cual parecía estar a sólo unos metros de distancia de cualquier habitante, si estirabas la mano incluso podías creer que la tocabas. Sin embargo, no se distinguía estrella alguna por más que se contemplara el cielo.

Y eso era lo que les daba miedo, una chica que había traído color a su pequeño poblado: el verde de la hierba donde bailaba, el ave amarilla y naranja, el vestido color verdemar que portaba, y sus ojos color chocolate que nunca ninguno de ellos había visto. Ojos que deseaban coleccionar, arrancar de sus cuencas y contemplar eternamente, sólo para ellos. Sin embargo, no habíanse podido acercar porque el pájaro inmediatamente volaba alrededor de la desconocida, protegiéndola, diciendo siempre la misma frase que retumbaba en sus cabezas, en el viento por unos instantes.

Váyanse.

Así que ella volvía a tocar, a bailar como una ninfa, un hada efímera que se burlaba por no poder ser alcanzada por ninguno de ellos. Y la hierba verde se extendía allí donde ella pisaba, el viejo árbol que todos creían muerto desde siempre dio flores rosadas esa noche eterna, el suave aroma extendiéndose en todas direcciones, llegando hasta ellos sólo para corroborar que ella era más irreal que nunca.

Una humana, dijeron mientras se relamían los labios.

Una humana y un ifrit.

La más extraña combinación que jamás podría contemplar ningún fantasio, vivo o muerto. Todo el mundo sabía que los ifrit odiaban a los humanos, que los consideraban sus enemigos por excelencia, que les traicionarían ante la menor oportunidad que se les presentara y sólo después de haber ganado su más completa confianza, haciendo que la puñalada fuera peor. La corroboración de ello eran las letras tatuadas en la mitad izquierda del ave: la maldición de Salomón.

¿Y por qué estaba ella allí? ¿Por qué se había colocado en ese pasaje a las afueras de su poblado, donde era contemplada por todos? Cuando no tocaba se sentaba en la hierba y murmuraba una tonada al ave posada en su mano, la cual repetía las frases una y otra vez tras ella, creando un coro suave que se elevaba alrededor de los dos.

Yo te di mi corazón y ahora tú me lo das vacío

Como el ave que una vez contemplamos al atardecer,

¿Volverás a volar, rumbo al oscuro mar de ayer?

¿Me tomarás entre tus alas, cobijándome del frío?

Ellos quedaban mudos, deseando tanto acercarse, tomar sus ojos, su corazón. Seres de oscuridad, identificaban rápido a los humanos y deseando devorarlos, tomar su alma. Seres repudiados del país de Gentuza por ser considerado demasiado peligrosos para el resto de ellos. Seres amargados que anhelaban sentir la calidez de esos sueños y esperanzas ajenas. Seres que quedan hechizados con las palabras, que enmudecen y escuchan atentamente mientras el ifrit las repite.

Si como el ave pudiera volar, si pudiera escapar…

No me sueltes, te seguiré, allí donde llevaste tu corazón ayer.

Si como el ave pudiera volar hasta el eterno atardecer,

Sé que jamás te dejaré, ni nos podrán separar.

La música se repite, ellos callan. Y esperan. Esperan pacientemente el menor descuido para hacerse con el corazón prohibido, para saborearlo, para degustarlo. Todo el tiempo rodeándola, deseando el mínimo descuido para llegar hasta ella. Los días pasan y ella no se mueve, a la expectativa de algo que ellos no saben qué es. ¿Qué hace aquí? ¿Qué busca en sitio tan remoto? ¿Por qué camina directo al peligro? ¿Por qué se acerca tanto, retándoles, probándoles?

Y finalmente un día uno de ellos se acerca lo suficiente para ver al ave marcharse de su lado y posarse en una rama mientras limpia su plumaje, sin que pronuncie palabra alguna todos lo comprenden en el acto: se las está entregando. Caen sobre ella, deseando que la maldición sea lo suficientemente fuerte para dejarle clavado allí, para no acudir en su auxilio aunque ella grite su nombre una y mil veces, aunque llore esperando que él la rescate, aunque él se haya encariñado con su nueva ama…

Uno a uno todos se lanzan sobre su presa. Y ella comprende, ve en sus rostros, que no se detendrán, que realmente la presa se ha roto y el agua inunda el valle como hace tanto deseaba. Cierra los ojos, espera por lo que sea que se avecina, sabiendo que se juega todo a una sola carta, que únicamente Eblís puede salvarle en ese sitio… y que no lo hará… que la maldición es más fuerte que nada.

Sintió las manos de los ginnuga, heladas y toscas, recorrer su rostro, tratando de memorizar cada centímetro del mismo. La calidez que emanaba, el aroma dulzón que despedía, todo lo que le hacía verse y sentirse viva, todo lo que ellos anhelaban para sí. Poco a poco el frío fue invadiéndole, entrando cada vez más profundo en su cuerpo, haciéndole sentir pequeña, débil, confundida… el sopor se adueñaba de sí. Sus fuerzas comenzaron a mermar, ella misma dejó de presentar resistencia, abandonándose cada vez más.

Si como el ave pudiera volar, si pudiera escapar…

–¡Resiste!

Un haz de luz golpeó el sitio donde ella se hundió, los seres de las sombras se apartaron ligeramente para contemplar mejor lo que ocurría. Todos los ojos se centraron en el hermoso y perlado dragón que descendía del cielo, sobre su lomo un chico de piel verde oliva y manto purpúreo al viento alargó el brazo, tomando a la chica casi inconsciente de la masa negra que ya eran los ginnuga.

No me sueltes, te seguiré, allí a donde enterraste tu corazón ayer…

Con gran rapidez de su parte le elevó por encima de los rostros confundidos de los fantasios, colocándola delante de él, en el lomo de su montura, sabiendo que finalmente estaban juntos, como en tantos sueños atrás.

Cuando Atreyu descendió en el pequeño claro donde Ja Kuti y el resto se estaban quedando, no fueron él ni Fújur lo que llamó la atención de todos. Si bien esperaban que el encuentro con la humana se produjera tarde o temprano, debían admitir que jamás podrían haberse imaginado su llegada en compañía de un ifrit. El dragón hubiese preferido dejar abandonado al pájaro en el país monócromo, su enojo estaba en gran parte justificado debido al desapego del mismo cuando la chica se encontró en peligro de muerte, algo que él jamás pensaría siquiera respecto a su pequeño Señor.

Ja Kuti corrió inmediatamente en su ayuda al verle desmayada, aplicando unas gotas del frasquito que llevaba siempre consigo. La humana tosió suavemente antes de recuperar un poco de color y despertar sólo para verse rodeada de un curioso y diverso grupo. De una u otra forma sabía que estaba en el sitio correcto, que ahora todo estaría bien. El silencio cayó sobre todos ellos, aunque deseaban conocerla, ninguno sabía qué hacer a partir de ese momento. Zenpu fue el primero en tomar el control de la situación, tan diplomáticamente como era característico en él.

–Saludos, humana –hizo una reverencia–; hemos estado buscándola por todos los países de Fantasia, nos complace finalmente conocerla.

–Saludos, guerrero –hizo una inclinación de cabeza, sonriendo–. Si fueran tan gentiles de decirme sus nombres, no tendré que referirme a ustedes de una manera tan impersonal.

–Soy Zenpu, caballero al servicio de la corona de Hyat –se explicó.

–Ja Kuti, heredera al trono de Hyat –fue el turno de la fantasia.

–Wik –saltó el pequeño fantasma, encantado con el encuentro–. Soy… un fantasma…

La humana rió ante la presentación tan curiosa del pequeño ser.

–Mi nombre no es algo que diga a cualquiera –fue el turno de Morok, cruzándose de brazos ante ella– y si no fuera por mi amo, ya estaría jugando contigo.

–Tan encantador como siempre –Ja Kuti entornó los ojos ante ello.

–No es necesario que lo digas –fue el turno de la chica–, creo que puedo adivinarlo por mí misma. Pero hay dos de ustedes que no necesitan presentación alguna.

Clavó sus ojos almendrados en Fújur y Atreyu, quienes no dijeran nada y se limitaran a observarla en silencio, tratando de entender cómo y por qué estaba ella allí, que realmente habían podido encontrarla después de tantos rodeos dados y preguntándose si acaso ella querría volver a su mundo o permanecer en Fantasia, en dado caso, sería su deber explicarle por qué no podía hacerlo. Sin embargo, lo primero que había llamado la atención de Atreyu fue el repentino ataque de los ginnuga, a pesar de lo peligrosos que resultasen para el resto de los seres, ellos también estaban bajo el gobierno de la Emperatriz Infantil y debían respetar el ÁURYN… fue entonces que reparó en la ausencia de la Alhaja, el símbolo de la Señora de los Deseos no estaba en ningún sitio.

–Debo decir que es realmente extraño verles parados frente a mí… –la voz de la humana le sacó de sus cavilaciones– He soñado con ustedes tantas veces antes que me he imaginado este encuentro de mil y un maneras diferentes y… ahora que pasa… se me figura demasiado irreal… Es demasiado extraño estar aquí, en Fantasia, contemplar a todas las criaturas, los seres, con los cuales el hombre se ha atrevido a soñar y verlos más vívidos que nunca. Hay cosas que los libros, las letras, simplemente no pueden transmitir.

–Para mí también es extraño… –comenzó Atreyu– He soñado contigo antes, aun cuando no te conociera… ¿cómo es ello posible?

–Quiero creer que hemos abierto una brecha entre los sueños –se puso de pie–. Yo misma no sé la respuesta… Es una más de las extrañas reglas entre su mundo y el mío.

–Y sin embargo nos conocías, ¿cómo es entonces que no te has presentado ante nosotros antes? –le estudió con cuidado– Me dijeron que temes el poder del Pentáculo y que nunca antes has visto a la Emperatriz Infantil.

–Al menos no frente a frente –habló sinceramente–. Ella a veces aparece en mis sueños, pero siempre detrás de una niebla… es como si estuviera allí pero realmente no me dejase contemplarla, ¿entiendes lo que te digo? Y sin embargo dijo: Ve allí, ve allí donde el sueño no acaba, busca el final del mismo.

–¿Qué significa eso? –Atreyu no entendía nada de esas palabras– ¿A qué te refieres con eso? ¿Cómo puedes escuchar lo que te pide y sin embargo no portas su signo?

Todos los ojos se centraron en el pecho de la humana. Era cierto: ÁURYN no estaba. Suavemente sacó de debajo del vestido la cadena que portaba al pecho y el grito colectivo no se hizo esperar, incluso Morok estaba impresionado con ello.

–Cuando llegué a Fantasia, ya estaba así… desde entonces me he ocultado del resto y me ha dado miedo desear, el Esplendor protege a quien lo porta y le enseña el camino que debe recorrer, yo sin embargo, apenas he podido sentir una verdadera guía o apoyo en él… pero es obvio si sólo tengo la mitad del mismo –contempló a la serpiente negra que colgaba de la cadena, la otra no estaba, el círculo estaba roto.

–Fújur, ¿alguna vez has escuchado sobre eso? –le miró intrigado el Piel Verde.

–Nunca… jamás… jamás ha pasado algo así… incluso cuando los viajes de los humanos a nuestro mundo eran más comunes, no hubo registro alguno de que esto ocurriera –trató de recordar algo, pero su mente estaba en blanco.

–¿Dice que el Pentáculo simplemente se… apareció ante usted… así? –Zenpu estaba en un estado de estopor.

–Sí –lo guardó nuevamente bajo el vestido–, ¿qué debía entonces decirle a los fantasios? Yo misma no lo entiendo.

–Y sin embargo la Emperatriz Infantil le envió a ese sitio tan peligroso –se rió Morok.

–¿Ha ido allí sin protección? –Zenpu no entendía cómo podía alguien meterse en peligro tan grande sin tener una idea de aquello a lo que se enfrentaba.

–Eblís estaba conmigo –dijo como si fuera lo más obvio.

El ave graznó suavemente y voló posándose en su hombro, adquiriendo un porte majestuoso que no por ello dejaba de ser irritante para el resto. Únicamente Morok pareció aceptar dicha conducta, él sabía lo que era estar bajo el vasallaje de otro.

–¿Qué hace usted con un ifrit? –el caballero parecía cada vez más confundido– Su raza odia a los humanos, les traicionan sólo después de ganarse su más completa confianza. En Hyat su presencia está prohibida, rompen con los ideales que tenemos del servicio.

–Lo sé bien… –acarició su plumaje– Sé que él se rige por leyes dadas a su especie, justo como todos ustedes… no puede ir en contra de ellas aunque lo desee. Sin embargo, él ha venido a mí y yo supe que su presencia me era buena… no sé cómo explicar ello…

–No puedo cambiar quién soy –dijo el ave sin abrir el pico, su voz era suave pero profunda–. A pesar de todo este tiempo juntos, tú sabes que te traicionaré algún día, la maldición en mi rostro lo confirma.

–Soy consciente de ello… –fue toda su respuesta.

–Aun no nos has dicho tu nombre –le miró Atreyu.

–Eso no es importante… digamos que por el momento no deben saberlo… –le miró fijamente a los ojos– Tampoco creo que pueda acostumbrarme a que me digan "humana", pero por el momento, Zameerah bastará.

–¿Podemos saber el por qué de tu decisión? –Ja Kuti le miró molesta– ¿O es ello también un secreto?

–Atreyu entenderá –fue su respuesta.

El Hombre de Hierba asintió suavemente, haciéndole sentir mejor por ocultar información tan importante, pidió le acompañara a dar una vuelta, necesitaba hablar con ella en privado. Incluso si no todos tomaron esa decisión con agrado, los dos chicos se alejaron del resto, comenzando a caminar tranquilamente entre los árboles cercanos al campamento sin temor a ser escuchados.

–Te he visto en mis sueños… y siempre despierto antes de que pueda escuchar cómo te llamas –se sinceró el chico–. Te he visto riendo, te he visto llorando… y nunca he entendido por qué soñaba contigo.

–Pero el sueño nunca termina, ¿cierto? –le miró, contemplando cómo asentía con la cabeza– Siempre se detiene a la mitad, antes de que podamos comprender realmente qué pasa… He venido a descubrir el final del mismo, Atreyu. No sé bien cómo ni por qué, pero entiendo que eso es lo que la Señora de los Deseos quiere.

–Fantasia es el reino construido sobre los sueños humanos… –meditó.

–Lo sé… Aquí ellos se hacen realidad… –agachó el rostro– Pero lo que nadie nos dice… es que las pesadillas también son sueños…

–¿Y aun así quieres ir tras él? –le miró el Piel Verde– Es insensato de tu parte.

–No puedo hacerlo sola, Atreyu… Te necesito para saber cuál es el final del mismo, sé que es importante, de otro modo no se nos pediría que lo termináramos. Además, creo que eso está relacionado de una u otra manera con el misterio del Esplendor… No es normal que sólo tenga la mitad del mismo.

–Técnicamente me dices que nos enfrentemos a un peligro desconocido sin protección alguna sólo porque crees que debemos hacerlo –se llevó la mano al puente de la nariz.

–¿No crees lo mismo? ¿No crees que debíamos encontrarnos? –se paró frente a él, mirándole a los ojos– Yo he tenido el mismo presentimiento al verte que el que tuve con Eblís: simplemente es así. ¿Tú no? ¿No has sentido nada al verme?

Atreyu quedó en silencio.

–Estoy en Fantasia –trató de hacerle ver–. Cuando un humano llega es para un cambio mayor, tanto de tu mundo como el mío, quiero saber qué es eso, por qué estoy aquí, qué debo hacer… Y sólo sé que tú debes venir conmigo.

–Me pidieron que te escoltara a la Torre de Marfil, eso es lo que haré, fueron órdenes de la Señora de los Deseos –comunicó seriamente.

–Nunca te dijeron cuándo –intentó convencerle–. Además, ¿qué le diré cuando vea que sólo llevo la mitad de la Alhaja? ¿Qué le diré cuando pregunte por qué no hice lo que ella me pedía?

Atreyu meditó un poco al respecto, nuevamente estaba ante una encrucijada, ¿qué camino debía tomar en ese caso? ¿Cómo saber cuál era la mejor decisión? Debía llevarla sana y salva, no arrojarla al peligro; y si la Emperatriz Infantil realmente quería que fuera con ella, ¿por qué no le comunicó nada con Hýnreck el Héroe? ¿Podían correr detrás de una ilusión?

–¿Qué esperas encontrar allí? –recordó algunas escenas de ese sueño– Sólo está esa mansión, el largo pasillo, las escaleras, las ramas… Nada de ello tiene sentido…

–Dime, Atreyu, ¿cuántos fantasios han compartido alguna vez un sueño con un humano? –logró captar su atención– ¿Sabes realmente quién eres? En mi mundo, tú has trascendido las hojas de papel, te has liberado de las letras. Eres un mensaje, un pensamiento, una idea. Estás en la vida de los hombres, dentro de ella, a su alrededor… Y el ÁURYN también… vale la pena arriesgarse.

El chico recordó las palabras del cuidador del mapa. Si todo ello era cierto, aquellos que roban la vida a los hombres no querían simplemente eliminarlo, sino borrar todas las cosas que hacía que los humanos todavía soñaran, incluso si se tratase de pesadillas. Allí estaba, ante él, la humana. Una humana especial… una humana diferente…

Una humana que no necesitaba un libro para viajar entre los mundos, sólo el deseo de hacerlo.

Esa humana les era peligrosa.

Y él… el motivo que la había llamado… ¿qué podían hacer juntos? ¿Realmente su misión era tan grande que hacía a otros sentirse amenazados?

–Iremos –comunicó.

Zameerah le abrazó debido a la emoción experimentada ante sus palabras. Por su parte, Atreyu tenía muchas cosas en qué pensar, sabía que ir a la pesadilla era desencadenar misterios y peligros que escapaban a su comprensión, que a pesar de todo tomaba el riesgo de hacerlo, pero algo en su interior le decía que todavía algo no estaba bien con la humana. Ella no era como la recordaba.