Disclamer: Los personajes de Naruto no me pertenecen le pertenecen ha Masashi Kishimoto esta historia es sin fines comerciales solo para que pasen un agradable rato y salgan de la monotonia de sus sasukecubitodehielosexi-kun no dijo lo mismo ayer cuando salio por mi ventana y pasamos una de esas grandes y muy placenteras noches babas XD

El trama del ficc no me pertenece repito NO ME PERTENECE le pertenece ha AliShadow quien muy amablemente me permitio la adaptacion de este ficc.

Sipnosis: Sasuke, Itachi y Naruto son los integrantes de un famoso grupo de musica. Sin embargo, Sasuke tiene un problema: canta canciones de amor, pero nunca se ha enamorado. ¿Podra solucionar esto una chica de ojos color jades?

N/A: ¡Hello! ¡Konochiwa! ¡Hii! ¡Hola! Y todas las formas diferentes de saludar. Wow ha pasado literalmente siglos desde la ultima actualización de esta historia, gomenasai, espero y no me maten lamento con toda el alma el atraso pero bueno de que sirve disculparse, espero y les guste este capitulo. Quisiera preguntarles una cosa, ¿Que historia quieren que continué mas rápido? Por favor háganme saberlo con un RR. Sin nada mas que agregar me retiro. Este capitulo va dedicado ha Ao0i, Dayana-chan y Blackstones3.


Capitulo 4: Starbucks

POV Sasuke

El lunes por la mañana me levanté tarde. Era mi primer día de vacaciones como Dios mandaba, por lo que lo quise aprovecharlo al máximo.

Mi reto era quedarme durmiendo en la cama hasta bien pasadas las doce del mediodía, sin embargo, el sonido de mi móvil avisando que alguien me estaba llamando a las diez y media, cambió mis planes.

- ¿Sí? –pregunté al auricular, aún con voz somnolienta.

- ¡Sas! ¿Cómo estás?

Era Ayame, por lo que de inmediato me arrepentí de haber dejado mi móvil encendidota noche anterior. Estaba durmiendo felizmente hasta hace menos de un minuto.

- ¿Qué quieres Ayame? –le pregunté, lo más fríamente que pude.

- Lo siento, Sasu, pero no deberías ser tan dormilón –soltó una risita al otro lado de la línea, que me recordó bastante a una ardilla.

No me llames Sasu cuando no voy vestido como tal, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

¿Y con qué vas vestido ahora, entonces? –su voz intentó ser sensual, pero solo provocó que me entrarán nauseas.

- Ayame siempre creía que tenía confianzas conmigo, cosa que no era cierta, y aún menos, lo último que ella creía: que estaba empezando a fijarme en ella.

- Ayame, ¿Por qué me has llamado? -intenté mostrarme más cordial, a ver si lo soltaba de una vez y me dejaba en paz.

- Me preguntaba si te gustaría venir conmigo esta tarde al cine. Hacen una película muy bonita que me gustaría ver contigo…¡anda di que sí!

Pues yo tenía algo mucho mejor que hacer que ir a ver una película romanticota con ella. Iba a tomar un café con Sakura. Sonreí al pensar en el simple echo de que volvería a hablar con ella, a contemplar su sonrisa…¡Para, para!, me riñó mi mente.

- Lo siento Ayame, ya tengo planes para esta tarde.

- ¿Sí? ¿Y cuales són? ¿Puedo acompañarte?

- Ayame, durante los próximos dos meses puedo hacer lo que me venga en gana, ¿recuerdas? Estoy de vacaciones y no necesito una asistente personal.

- ¡No, te juro que nuestra vida profesional no se interpondrá en la privada…!

- No tenemos ninguna vida privada entre nosotros, Aya

- Por que no me das una oportunidad. Sabes que si por mi fuera…

- ¡Itachi me llama! Tengo que colgar, adiós Ayame.

Y sin dejar que dijese ni una palabra más colgué.¡¿Pero como podía existir alguien tan pesado como ella en el mundo? Llevaba tres largos años dándole largas y ella insistiendo hasta la saciedad.

La única opción que veía para que dejara de acosarme era decirle que era gay.

Intenté volverme a dormir, pero fue una tarea imposible. Me levanté y salí vestido tan solo con unos bóxers a la cocina a desayunar.

El piso que habíamos comprado entre los tres no era demasiado grande ni demasiado pequeño, era perfecto. Deduje que Itachi y Naruto aún estarían durmiendo, ya que las puertas de sus habitaciones estaban cerradas y tan solo se escuchaban los ronquidos de Itachi desde su habitación.

Después de comer mis cereales, me fui a dar una ducha. Cuando salí, ya vestido, Naruto ya se había levantado y estaba comiendo cereales con gesto cansado.

- Tengo sueño –bostezó.

- Pues vuelve a dormir.

Negó con la cabeza y siguió comiendo. Reí y fui a sentarme al sofá, donde enchufé la televisión, pasando canales sin ver realmente nada.

La pasada noche nos la habíamos pasado jugando a videojuegos y a cartas y nos fuimos a dormir a las cuatro y media de la madrugada. Le conté a Naruto la llamada de Ayame, lo que hizo que empezase a reírse a carcajadas.

- ¡Esa tía está loca! –dijo entre risas- ¿le has dicho que has quedado con Sakura?

- ¿Quieres que Sakura muera? –le pregunté, levantando las cejas.

Eso hizo que aún riera más.

La mañana pasó relativamente lenta. Mi vista se centraba en el reloj varias veces, deseando que por fin fueran las cuatro.

- Itachi –quién se levantó a la una y media- y Naruto, reían al ver mi impaciencia.

Yo intentaba excusarme alegando que estaba muy aburrido, pero bien sabía que a ellos no podía engañarles. Solo esperaba que no le dijesen nada de aquello a Sakura.

Cuando por fin la manilla del reloj se puso en las tres y media, salté del sofá, y cogiendo el móvil, dinero y llaves, salí de casa, poniendo rumbo hacia el Starbucks, donde me esperaba una alegre tarde con Sakura.

Llegué con diez minutos de adelanto al Starbucks, que no estaba para nada lleno. Ocupé uno de los sillones que estaba contra la ventana, después de pedir mi café. Me acomodé en el sillón de cuero rojo comodísimo y empecé a mirar por la ventana, viendo quién pasaba.

Pensé en mis próximos dos meses de vacaciones y del duro trabajo que nos esperaba después. Íbamos a ir de gira por Europa, y después regresaríamos a Japón a grabar nuestro próximo disco. Tenía que aprovechar bien mis vacaciones, porque luego carecería de ellas durante una larga temporada.

- ¿Puedo tomar este asiento? –preguntó una voz terriblemente familiar.

Levanté la mirada con una sonrisa, para encontrarme con aquellos ojos color esmeralda que con tanta impaciencia había estado esperando ver durante todo el día.

- No veo porque no –le respondí, aún sonriendo.

Sakura se sentó con su café en el sillón situado delante de mí.

- ¿Has tenido que esperar mucho? –preguntó, con algo de preocupación- lo siento, es que el profesor que tengo a última hora se enrolla como las persianas –bufó.

Yo me limité a reír, ante su frustración.

- Tranquila, solo llevo aquí –miré mi reloj que descansaba en mi muñeca y añadí- cinco minutos –solté otra risita, antes de añadir- Sakua, habíamos quedado a las cuatro. Los dos nos hemos adelantado, no debes disculparte.

Ella rió, algo nerviosamente.

- Tienes razón. Es una buena señal, supongo.

Asentí, esperanzado en que aquello significase que quería volver a quedar conmigo.

¡Pero si ni siquiera has empezado esta "cita"!, me recordó mi mente.

Esto ya empezaba a ser obsesivo…

- ¿Qué tal el día? –me preguntó Sakura, mientras sorbía un poco su café.

- Bastante aburrido –y lento, añadí para mí mismo. Si le decía lo impaciente que había estado por estar allí, con ella, posiblemente me tomaría por loco- ¿y el tuyo?

- No me puedo quejar –se encogió de hombros, y añadió, frunciendo el ceño- aunque Hinata e Ino han estado bastante pesadas.

- ¿Qué ha hecho la pequeña esta vez? –reí entre dientes.

Estar acosándome todo el santo día. ¡Quería que me vistiera de gala para venir aquí! Menos mal que Ino le ha recordado que venía a un Starbucks…

No pude aguantarme más y estallé en una carcajada. Mi pequeña casi-hermana podía ser muy irritante a veces, y seguro que Sakura también lo sabía tan bien como yo.

Entonces, no deberemos decirle que quedamos, para que no te veas sometida a su tortura –le sonreí torcidamente, esperando que aceptase mi pequeña broma.

En verdad, aquello lo había dicho para asegurarme el volver a quedar con Sakura.

Me sentía demasiado a gusto en su compañía. Posiblemente, porque no se pasaba hablando el día de mí, literalmente.

Todas las chicas con las que me había atrevido a salir en los últimos años solo hablaban de lo mismo: de mi grupo de música. En un principio resultaba divertido, ya que ellas no sabían que yo era el misterioso Sasu, el cantante de los Sharingan Caps, pero con el paso del tiempo, tener que escuchar dia sí, día también lo guapo que eres, lo bien que cantas y lo que darían muchas por poder al menos pasar una velada conmigo, era algo exasperante.

- Hecho –me sonrió Sakura, con complicidad.

Le guiñé un ojo, feliz porque hubiese aceptado mi pequeño trato. Al menos me había asegurado el volverla a ver.

Las mejillas de Sakura adquirieron un precioso tono rojizo cuando le guiñé. Sentí un nudo en estómago y desvié la mirada, pero sin quitar la sonrisa de mi rostro ni por un momento.

- Ayer no te lo pregunté…¿Cómo fue el concierto del sábado?

- Ya sabes lo poco que me gusta ese grupo…aunque…fue divertido –se encogió de hombros y volvió a sorber su café.

- ¿Divertido?

- Sí…¡un momento! –exclamó, sobresaltándome.

Me miró con el ceño fruncido, como si estuviese recordando algo de vital importancia. Yo me limité a esperar, con las cejas alzadas.

- ¿Qué hacías aquí el sábado? –preguntó al fin.

- ¿A qué te refieres? –respondí con otra pregunta, sin entender.

Hinata me dijo que llegabais ayer de Europa, pero tú el sábado ya estabas aquí.

- ¡Ya podría Hinata haberse inventado otra excusa! Pero mi mente fue igualmente rápida:

- Yo regresé antes. A Itachi y a Naruto aún les quedaban un par de clases el viernes, pero yo terminé el jueves, así que regresé el viernes.

- ¿No les esperaste?

- No, así podía ir ordenando el piso que tenemos aquí –le sonreí, como si fuese obvio, y rezando para que creyese mi pequeña mentira.

Al parecer, así fue.

Hablamos de cosas banales durante la siguiente media hora, aunque descubrí detalles de la vida de Sakura que me parecieron bastante curiosos; le encantaba leer, y salía de fiesta muy de vez en cuando, estudiaba periodismo, odiaba las sorpresas, su color favorito era el rojo, entre otras cosas. Yo también el conté algunos detalles de mi vida, y cuando me preguntó por lo que estaba estudiando, le respondí que quería ser compositor.

Eso pareció gustarle mucho, y cuando descubrió que tocaba el piano, me hizo prometerle que algún día tocaría para ella.

Y así, poco a poco, fuimos llegando a uno de los temas que más me interesaba: sus novios.

- No he tenido novio desde la secundaria –respondió, ruborizada, y clavando su mirada en la mesa.

Intenté con todas mis fuerzas no reír, al verla tan turbada. Sin embargo, no pude evitar sonreír. Por lo visto, en aquellos instantes no tenía novio. Era una buena noticia.

- ¿Y tú qué, eh? –inquirió, al ver mi expresión- ¿a cuantas europeas has encandilado?

Lo dijo con tal retintín que me quitó la sonrisa de golpe.

- No he encandilado a ninguna europea –respondí seriamente.

- No me lo creo –insistió, con una sonrisita socarrona.

- Créetelo, pues. Además, actualmente, solo me llama la atención una chica.

- ¿Ah sí?

Asentí y fui a responder, cuando mi móvil sonó, interrumpiéndome.

Fruncí el ceño al ver que se trataba de Ayame, de nuevo.

- ¿Qué quieres? –le pregunté, posiblemente de forma bastante cortante.

- ¡¿Tus planes eran quedar con otra?

- ¿Se puede saber que dices? –pregunté confundido.

Sakura me hizo un gesto, avisándome de que iba al baño.

Asentí y me quedé con la vista fija en ella, hasta que desapareció por la puerta de los servicios.

- ¡Sasu! –insistió la voz enfadada de Ayame.

Miré de forma cansada hacia la ventana, y vi que ella estaba al otro lado de la carretera, mirando fijamente en mi dirección.

- Ayame, yo quedo con a quién a mí me dé la real gana, ¿te queda claro?

- Pero…

- Y ahora, si me disculpas, voy a terminarme mi café. ¡Ah! Y recuerda que me llamo Sasuke, no Sasu.

Corté la llamada y le hice un gesto de despedida con la mano.

Ella solo se limitó a dar media vuelta y desaparecer por una esquina, notablemente enfadada.

Suspiré y me recosté sobre mi sillón, cogiéndome el puente de la nariz con el dedo índice y el pulgar. ¿Por qué no podía tener una representante normal y corriente?

Sakura regresó al cabo de cinco minutos.

Decidí posponer aquella conversación que Ayame había interrumpido, ya que no quería parecer demasiado desesperado.

Estuvimos media hora más en la cafetería, hasta que Sakura se fijó en la hora que era:

¡Oh, debo regresar de inmediato! ¡Había prometido a Hinata que la ayudaría con un trabajo! ¿No te importa, verdad? –parecía que quisiera quedarse, pero bien sabía que el simple pensamiento de Hinata la hacía echarse atrás.

- Sin problemas –le sonreí torcidamente y me fijé en que se ruborizó un poco.

Aquella tonalidad de rojo era precioso.

- Entonces…¿Cuándo volvemos a vernos? –preguntó, sonriente.

- ¿Mañana? –aventuré.

Su sonrisa se amplió, mientras asentía.

- Mañana a la misma hora aquí, pues.

Y con un gesto de despedida con la mano, salió del Starbucks.

Me quedé allí sentado, con una sonrisa tonta en el rostro, repasando mentalmente las conversaciones que habíamos tenido durante aquella estupenda hora.

No se como bajé de mi nube, y levantándome, emprendí el camino hacia el apartamento.

Naruto e Itachi habían salido cuando llegué, ya que el piso estaba vacío.

En parte me alegre, ya que me apetecía estar un rato solo.

Me encerré en mi habitación y empecé a escuchar un poco de música. Aún no me había dado tiempo a relajarme, cuando mi móvil empezó a sonar. Recé para que no fuese Ayame, y mis súplicas fueron escuchadas.

Itachi me había enviado un mensaje diciendo que habían salido a cenar y que llegarían tarde.

¡Perfecto!, pensé.

Primero pensé en coger algo del frigorífico…y eso tenía en mente, hasta que descubrí que alguien –y cuando decía alguien, me refería a Itachi- se había terminado las pocas reservas de comida que allí había. Así que decidí llamar y encargar una pizza.

El resto de la noche me lo pasé en el sofá, primero comiendo mi pizza y después viendo varias películas hasta que me quedé dormido.

Sin embargo, no seguí ninguna de las películas, ni siquiera me di cuenta de cuales puse.

Mi mente estuvo en todo momento divagando en otro sitio, en concreto, en mi tarde en el Starbucks y en mi tarde del día siguiente.

Debí de quedarme dormido en el sofá, ya que cuando un estruendo me hizo abrir los ojos yo aún estaba allí. Itachi y Naruto habían regresado. Como no, quién me había despertado era Itachi, con su risa.

- ¡El pequeño Sasukito despertó! –rió.

Le miré con los ojos entrecerrados, haciendo que él aún riese más fuerte.

- Ita, si continuas así vas a despertar a todo el vecindario –le avisó Naruto, mientras iba al frigorífico- ¡¿Quién carajo se ha terminado la lasaña que me había guardado?

- Culpable –sonrió nuestro gran amigo, orgulloso.

- ¡Ita, había media pizza y mi lasaña! ¿Te lo has zampado todo tú?

- ¡Tenía hambre! –se excusó Itachi, con las manos en alto.

- ¡¿Pero no viste mi nombre en el papel que envolvía la lasaña?

- ¡Naru, ¿pusiste tu nombre en la lasaña? –Itachi y yo reímos al imaginarnos la lasaña con aquel papelito.

- Quería evitar que cierto personaje la tocase –suspiró, mientras se sentaba en uno de los sillones de cuero- ya veo que no ha servido de nada.

- Conmigo en casa, no te molestes en poner etiquetas en la comida –continuó sonriendo Itachi.

- Lo tendré en cuenta.

Después de ver el espectáculo que terminaban de montar mis amigos, fui a levantarme para ir a dormir a mi habitación. Sin embargo, Itachi me cogió de la camisa y me hizo volver a sentarme en el sofá.

- Ah, no, Sasukito, tú nos cuentas como te ha ido la tarde con la entrevistadora –levantó las cejas, posiblemente esperando que le contase que nos lo habíamos montado en la cafetería del Starbucks.

- Hemos hablado durante una hora y luego ella ha regresado a casa porque tenía que ayudar a Hinata con un trabajo –les expliqué rápidamente.

- ¿Solo?

- ¿Qué más esperabas? –le preguntó Naruto, divertido.

Itachi bufó.

- ¡Ni siquiera un pico! –exclamó, frustrado.

Naruto y yo reímos fuertemente.

Itachi murmuró algo por lo bajo y se repantigó aún más en el sofá.

Después de un rato más de cháchara, donde les conté la segunda llamada de Ayame, lo cual sirvió para que volviesen a reírse fuertemente a mi costa. Pero a mi me daba igual. Mientras no llevasen de nuevo el tema hacia Sakura, por mi bien.

Desde nuestro pacto aquella tarde, concebía nuestra relación como un secreto.

Algo solo entre ella y yo. Sonreí de nuevo, al pensar en nuestros próximos encuentros, y gracias al cielo, ninguno de mis amigos se dio cuenta de ello, o bien sabía que habría nuevas risas.

Continuara..


¿Reviews? ¿ Pensáis que los merezco? Véanlo a sí es una forma de pago hacia nosotras que nos caemos del sueño para traerles un capitulo.