BPOV

La gran cantidad de árboles pasaba con rapidad frente a mis ojos. Tan rápido que era incapaz de contarlos. Odiaba este lugar, Forks, un pueblucho en la península olimpic el cual siempre estaba nublado o llovía. No podía aceptar simplemente que tendría que pasar mi verano en ese lugar.

-Mamá, todavía no entiendo por qué no nos podemos quedar solos en casa.- le dije a mi madre, Renne por cuarta vez en el trayecto.

-No queremos que se queden solos en casa Cielo, todavía no sabemos cuando regresaremos.- Dijo mi padre, Charlie tratando de calmarme mientras manejaba su mercedez- Se quedaran en casa de tu tía Esme, pensé que te llevabas bien con tus primos Rose, Jasper y Edward.- Y si me llevaba bien, los extrañaba horrores, ya que nosotros vivíamos en Arizona y no los veía desde hacia tres años.- no rezongues mas Bella, Alice y Emmett no han puesto ningún inconveniente.-

Alice y Emmett eran mis hermanos. Emmett era alto, musculoso, morocho y con rizos. Era mi hermano mayor de diesiocho años, pero a veces se comportaba con un niño. Y alice era menor, tenia diesiseis, era pequeña y grasil como una bailarina, con su melena azabache con las puntas hacia cualquier parte y sus hermosos ojos verdes.

¿Y quien soy yo? Me llamo Bella, soy de estatura mediana, un cuerpo agraciado según decían los chicos, blanca, de cabello color caoba, ojos chocolate y diesisiete años de edad.

-Bien chicos, ya llegamos- dijo mi madre antes de bajar del auto.

Bajamos del auto y Rose, Jasper, Esme y Carlisle nos recibieron con un abrazo.

-¿Y Edward?. Pregunte al notar su ausencia.

-Salio con sus amigos James y Jacob- respondió Rose.

Nuestros padres se quedaron charlando un momento y luego partieron hacia el aeropuerto, donde tomarían un avion hacia las Bahamas.

Lo se, injusto. Ellos en las calidas playas y yo en el pueblo aburrido.

Rose, Alice y yo subimos al cuarto de la primera y pasamos horas hablando.

A eso de las nueve la tía Esme nos llamo a comer y al bajar nos encontramos con Edward en el comedor hablando con Jasper y Emmett.

Sin esperar a que el se diera cuenta de nuestra presencia Salí corriendo y lo abrace por la espalda.

-Bella- dije el riendo. Ya conocía de memoria mis abrazos.

Siempre tuve una conexión especial con el. Edward se giro y me abrazo haciéndonos girar mientras reíamos. Me bajo y me dio un beso en la mejilla.

Luego de ese encuentro nos sentamos todos a cenar entre chistes y risas. Al terminar fuimos todos a acostarnos.

Mi cuarto quedaba en la tercera planta de la casa justo en frente del de Edward. Eran las dos únicas habitaciones además de los dos baños y el cuarto de música en la planta.

Después de haber guardado toda mi ropa y mis pertenencias en su lugar, decidí darme un baño e irme a acostar.

Luego de salir de la ducha, tome mi pijama que consistía en un diminuto short negro y una remera de tirantes pegada al cuerpo del mismo color y me metí a la cama.

Pase alrededor de una hora girando en la cama ya que no podía dormirme, cuando sentí abrirse la puerta. Allí se encontraba asomada la cabeza de Edward.

-No puedo dormir y por lo que veo tú tampoco, ¿molesto?- preguntó con una hermosa sonrisa de lado. A lo cual yo solo atiné a sonreír. Esperen, ¿pensé que su sonrisa era hermosa? Bueno, era solo la verdad, pero no podía permitirme pensar en eso, el era mi primo, no un chico cualquiera.

-Pasa, estoy aburrida.-le dije.

Estuvimos un par de hora hablando y mientras mas tiempo pasaba con el, mas atraída me sentía. Estos tres años que no lo había visto había cambiado bastante. No era el mismo quinceañero tímido y flacucho con el cual yo me pasaba todo el verano. Sus dieciocho años le habían sentado de maravilla, era todo un dios griego. El mismísimo adonis debía de sentir envidia de el.

Su cabello alborotado color cobrizo, su voz, su sonrisa, su cuerpo. Debía parar de pensar en eso ya que estaba absolutamente mal.

Tenía que frenar mis pensamientos de alguna manera, ya que nos encontrábamos acostados en mi cama a solo unos centímetros de distancia e iba a cometer una imprudencia si no me controlaba.

EPOV

Desde el primer momento en el que vi a Bella supe que ya no la veía solamente como una prima.

Ella era realmente hermosa y no podía controlarme. La deseaba, la quería sentir mía. Quería probar esos carnosos labios y tocar su suave piel.

¡Pero NO! Eso estaba mal, era incestuoso y en este momento eso lamentablemente no me importaba.

Ya no había vuelta atrás con mis sentimientos. Lo que estaba bien o mal había dejado de importarme en el momento que entre a su cuarto sabiendo que no debía y la vi sentada en su cama con sus diminutos shorts y remera.

Estábamos a unos centímetros de distancia y mis pensamientos ya no eran nada coherentes. Me di cuenta de eso cuando sin pensarlo y al segundo de haberlo dicho me había arrepentido, le dije:

-No sabes cuantas ganas tengo de besarte.- maldita sea yo y mi bocota.

-Yo me siento igual Edward- me susurro tan jodídamente sensual. Eso fue lo único que necesité para cerrar el espacio que había entre nosotros y besarla.

Era algo extraño y placentero a la vez. Ella era mi prima, pero era como si ninguna parte de mi registrara ese importante detalle. Ella era lo que deseaba y en este jodido instante lo tenía, ya nada importaba.

El beso era apasionado y me hacía desear cada vez más y más.

Deslicé mis manos por sus caderas, dejando suaves caricias mientras metía mi mano bajo su remera y sentí a Bella temblar bajo mío.

-Esto esta mal, somos primos hermanos- susurró en mi oído

-Lo se. Lo siento- le susurré en respuesta mientras la miraba a los ojos.

-No lo sientas, yo también lo deseo, aunque no sea correcto.

-Ya sabes lo que dicen, lo prohibido se vuelve tentador.- le dije

-lo se- y nos echamos a reír.

Nos miramos un tiempo y no pudimos aguantarlo más. Volvimos a besarnos de manera desenfrenada. Casi salvajemente. Ahora Bella se hallaba a horcadas de mi mientras yo estaba sentado, tocándola y respondiendo a su beso.

-Edward- suspiró Bella- te quiero.

Me congelé por un momento mientras asimilaba sus palabras y comprendí que me sentía igual.

-Yo también te quiero Bella.

-Te deseo Edward, te necesito ahora.- decía mientras quitaba ágilmente mi remera. Yo quité la suya mientras tocaba su espalda. Dejé besos en todo su cuello y me dí cuenta que eso le dejaría marcas. Sonreí contra su cuello al pensamiento de que la dejaría marcada como mía.

Seguimos besándonos hasta quitarnos cada estorbosa prenda. Ahora solo éramos piel contra piel.

-Va a ser mi primera vez- me dijo Bella mientras se sonrojaba notablemente, mas de lo que antes lo estaba.

-¿Quieres que paremos?- le pregunte mientras acariciaba su mejilla. Quería que estuviera completamente segura y luego no se arrepintiera.

-No, te deseo Edward. Quiero que seas el primero.- y me beso fervientemente.

Me ubique en su entrada y la miré a los ojos. Le sonreí y me fui adentrando lentamente en ella hasta que tope con su barrera y la rompí lo mas delicadamente posible.

Ella soltó un pequeño quejido de dolor y yo aguarde hasta que ella se acostumbrara a tenerme dentro mientras la besaba y le decía que la quería al oído.

Después de unos minutos, la sentí removerse bajo mío que me dio a entender que siga.

Me moví lentamente dentro y fuera de ella. Sus gemidos y jadeos no se hicieron esperar, al igual que los míos.

-Edward, oh Edward- gemía Bella, lo que hacía excitarme mas de lo que ya estaba- mas rápido Ed, dame mas-

Aumenté mis embestidas y bella gemía cada vez mas alto.

-Shh, no escucharan- le dije riendo

-Lo siento- me respondió jadeando- diablo, esto-ahh- se siente taaaan ha

-¿Cómo se siente Bella? Dime como- le dije casi gruñendo del placer que sentía.

-Tan bieen, dios Edward-

La bese con pasión y aumente mis embestidas, besé sus duros pezones y ella cerró sus piernas a mi alrededor.

La sentía tan cerca, estaba a punto de venirse, lo sabía.

-Vamos, córrete para mi bebe- le dije mientras seguía embistiéndola casi con salvajismo.

Su cuerpo reaccionó como si de una orden se tratase. Sentí sus paredes cerrarse alrededor mío y a los dos segundos me vine con ella gimiendo su nombre al igual que ella el mío.

Ese había sido el mejor orgasmo de toda mi vida.

-eso ha sido…- le dije.

-perfecto.-terminó ella mi frase.

-perfecto es poco- le dije mientras salía de ella y la besaba.

Bella se acurrucó al lado mío y apoyaba su cabeza en mi pecho. Nos tapé con la sabana y la abracé.

Luego recordé que la puerta estaba sin seguro, por lo que me levante y la cerré. Volví a la cama junto a ella, besé su frente, luego sus mejillas y luego sus labios.

Al separarme, ella me sonrió cansada y se abrazó nuevamente a mi. A los pocos segundos Bella ya se encontraba en la inconciencia por lo que yo sonreí.

-Edward, te quiero. No te vayas.- murmuró en sueños.

-nunca.- le respondí y ella suspiró satisfecha.

No sabía como reaccionarían los demás pero de algo si estaba muy seguro. Jamás podría separarme de ella. La amaba y la quería por siempre a mi lada. Dijera lo que dijera cualquier persona.