-Life is Like a Boat-

Capitulo IV.

Ayumi frotó una toalla sobre su cabello húmedo sentándose en su cama, dudando antes de tomar el celular que estaba sobre el escritorio. Después del accidente de Hagumi adquirió el teléfono pero lo cierto era que pocas veces lo usaba, estiró su mano y respiró hondo para decidirse a agarrarlo como si se tratara de un objeto por demás extraño.

-"Asegúrate de hacerlo"- Le había dicho Morita y durante gran parte del día había estado pensando que le diría si finalmente encontraba el valor para hacerlo. Nomiya le había dicho que podía hablarle para cualquier cosa, pero estaba segura que ese "cualquier cosa" no incluía que él fuese el objeto de dicha conversación.

Sus dedos temblorosos buscaron en el menú su nombre, recordando con cierta melancolía como fue el mismo Nomiya quien ingresara su número al teléfono. Él le había ayudado a escoger el modelo más adecuado y mientras ella lo sujetaba con ambas manos Nomiya se lo había quitado. No le dijo nada en ese entonces tan solo le sonrió mientras sus dedos se movían con habilidad en el teclado del móvil. Antes de devolvérselo había guardado su número en su propio teléfono.

-De esa forma podrás llamarme cuando lo necesites y yo acudiré a donde sea que estés.-

Las palabras de ese día se habían guardado en su memoria, sonriendo con cierta melancolía al recordar al joven arquitecto.

Dudo un momento para decidirse a marcar, incluso en esa situación la duda y una absurda timidez no le dejaba pensar en las palabras que emplearía si él contestaba su llamada. Aquel debate por decidirse a marcarle no duró lo suficiente porque escuchó como su madre la llamaba para cenar. Ayumi lo tomó como una llamada salvadora a sus mal infundados temores.

Al poco rato, y puesto que la cena incluía ayudar a terminar de acomodar los nuevos licores Yamada se dejó caer sobre su cama, dejando que la suavidad del colchón y frazadas aliviaran sus adoloridos músculos. Antes de quedarse dormida en la misma incómoda posición sostuvo entre sus manos el celular esperando que fuese él quien tomara la iniciativa.

Takumi Nomiya estuvo seguro que aquella había sido la peor noche que había pasado en toda su vida, estaba acostumbrado a vivir en su amplio y elegante departamento que había empezado rentando tan pronto su sueldo como arquitecto dentro de Fujiwara Designe se lo permitió.

Aquel lugar ubicado cerca de una de las mejores zonas de Tokyo le resultaba siempre confortable, aunque la única persona que ocupara ese amplio espacio fuese él. Porque incluso cuando sus amigos lo consideraban un hombre de varias conquistas hasta ese momento ninguna de aquellas mujeres había estado en ese lugar.

Y si nunca antes le había molestado el silencio que predominaba en el departamento esa tarde y noche comenzó a importarle, porque se volvía la clara referencia de la soledad. Tuvo la impresión de encontrarse más oscuro de lo normal y aún cuando quiso ignorar todas esas especulaciones le resultó imposible.

El recuerdo de aquella chiquilla complicada y sentimental acudía a sus recuerdos apenas cerraba los ojos, preguntándose si en verdad había llegado a su vida solo para hacerla sufrir, para poner de cabeza el mundo de una joven indecisa y temerosa, que a la par que se mostraba soñadora con la misma facilidad se ponía a llorar por un amor que nunca podría ser.

Trató de recordar cómo se veía él mismo a los veinticuatro, recordando si las mujeres de aquel entonces se comportaban como un barril lleno de pólvora que podría explotar a la menor provocación pero que a su vez resultaban tan frágiles, que indudablemente surgía la necesidad de protegerlas.

Su respuesta inmediata fue un claro no, nadie excepto por Yamada actuaba tan infantil a esa edad, y todo eso lo atribuía a que ella continuaba viviendo con su familia cuando la mayoría se independizaba apenas terminaba sus estudios, pero ella era diferente en muchos aspectos.

A la par de esa conclusión llegaba a su mente las palabras de Yamazaki. Su compañero y amigo le había dicho lo que él trataba de evadir. Ayumi Yamada no era ninguna niña y no se comportaba como tal, ella era toda una mujer y en muchos casos resultaba ser más madura que la mayoría de las mujeres a su edad.

El hecho que la joven pudiera expresar y llorar por confesarle a alguien sus sentimientos y ser rechazada requería un clase de valor que solo la madurez trae consigo, porque entonces te obliga a ser más fuerte, a no quedarse de pie sin hacer nada después de recibir una mala noticia. Si ese era el caso; entonces no se podía lastimar tan fácilmente a esa persona por amarla.

¿Cómo el amor puede significar lastimar a alguien que quieres?- Había sido la pregunta que le hiciera Yamazaki aquella vez en la playa de Tottori, y esa tarde Nomiya creyó haber encontrado la respuesta. Pero mientras contemplaba la sobriedad de su cuarto se percató que no lo sabía del todo.

-Si amas a alguien quieres asegurarte que no saldrá lastimada, quieres protegerla. Es así para la mayoría de las personas.-

Cerró los ojos aun con las palabras de su amigo rezumbando en su mente. Hasta que sus parpados se sintieron tan pesados que no hizo el menor esfuerzo por mantenerse despierto.

Aquel sonido le llegó de un lugar tan lejano que no logró asociarlo a nada material. Lo escuchó al menos tres veces antes de que sus sentidos empezaran a coordinar. Entonces aquel lejano timbrar se volvió más cercano hasta saber que era su teléfono quien emitía aquel sonido.

Levantó el aparato y aún con los sentidos adormecidos articulo un escueto –Hola-. Al otro lado de la línea la molesta voz de uno de sus jefes ya aclamaba su presencia en la oficina, y aquella voz molesta logro despertarlo. Sentándose en el borde de la cama y poniendo el cuerpo firme como si ya estuviera frente del hombre.

Cuando la llamada se cortó, se apresuró a tomar un baño y tomar sus llaves y celular, sin percatarse que la pila de éste estaba vacía.

Menos de quince minutos se encontraba frente a un molesto Luigi. El hombre mantenía los brazos cruzados sobre su pecho que se dejaba ver a través de la fina camisa de seda blanca, Nomiya notó como agitaba impaciente su pie derecho, mientras lo miraba con aquel rostro que sobre su acostumbrada amabilidad trataba lucir molesto. El joven arquitecto consideró que en otras condiciones aquella estampa resultaría cómica, pero prefirió guardarse cualquier comentario pues ya anticipaba el motivo de ese enojo.

-"Ahora tengo que desarrollar habilidades psíquicas, debo pensar que mis próximas vacaciones tendrán que ser en la India y entrenarme con algún gurú"- Habló el hombre, y Nomiya vio que esa extrema manera de iniciar la conversación era tan propia de él. -"O dime Nomiya-san, de que otro modo pretendes que conozca lo que sucede en mi compañía"-

-"Luigi puedo explicar lo que pasó"- Su voz sonó calmada incluso cuando quería imponerse a la cada vez más elevada voz del excéntrico hombre.

-"Desde luego que tendrás que explicarlo, al menos que quieras que sea ahora yo quien le marque al cliente y le pida me explique las razones por las que mi mejor hombre rechazó un proyecto tan importante sin antes consultármelo"-

-"No pretendía pasar sobre tu autoridad. Si hable primero con él fue porque el plazo para darle una respuesta vencía ayer"- Comenzó a explicarse tratando que el movimiento impaciente de manos de Luigi no lo distrajera.

-"Luigi sé de la magnitud del proyecto, con este contrato Fujiwara Desing se estaría colocando como una de las empresas más serias e importantes en el ramo. Pero también supe ayer que no lo podía aceptar.

Te aseguro que el cliente quedo satisfecho con las opciones que le di. Él las aceptó, así que no hemos perdido el contrato"-

Nomiya vio como Luigi cambia de expresión a una más relajada e interesada por escuchar su explicación.

-"Y ¿quieres decirme cual fue el arreglo al que llegaron sin mi consentimiento?"- Pidió.

-"Una de las personas que ayudaron en el diseño será mi remplazó, de los cinco que ayudamos él tomó la decisión basándose en sus anteriores trabajos y esperando tu aceptación. También yo iré a Kyoto al menos una o dos veces al mes para supervisar el trabajo"- Explicó esperando con eso apaciguar a su jefe.

-"Ishikawa Kudo me habló por la mañana para decirme eso mismo"- Dijo haciéndole ver que ya conocía ese acuerdo.

Dejó que el silencio atravesara al hombre mientras él lo estudiaba desde su lugar. Notando como el arquitecto trataba de ocultar un problema mayor al que se encontraba.

Nomiya hizo un gesto con los labios que Luigi interpretó como impaciencia, y que le decía que no estaba muy seguro de cómo reaccionaría él. Buscó su mirada tanto para torturarlo un poco más por haber rechazado aquel contrato, así como para indagar un poco más en él y mientras lo hacía repasando todo el tiempo que llevaba trabajando para él y Mario. Sonrió internamente cuando una única posibilidad cruzó por su mente.

"Amor", su joven Nomiya se había enamorado. Era más que obvió y se lamentó no haberse dado cuenta de eso antes, porque había recordado al hombre que arrojaba sin mucho interés un celular al agua repleto de números de chicas, era el hombre que podía renunciar a una cita junto a una despampanante rubia o una sexy morena solo para quedarse hasta tarde y terminar el trabajo.

En resumen Takumi Nomiya formaba parte de aquel extraño grupo de hombres afortunados donde las más bellas mujeres se presentaban hasta él con la esperanza que el hombre las eligiera entre su trabajo. Luigi sabía que muchas habían salido avante de esa lucha pero también sabía que esa relación no rebasaba el mes.

No era necesario preguntárselo o esconderse detrás de la puerta con la esperanzan de escuchar cuando le contara a sus compañeros, a él le bastaba con verlo a la cara para reconocer cuando se apasionaba por algo o por el contrario se aburría. Mientras fingía seguir molestó con él, supo que esa era la primera vez que veía esa mirada en el sex-simbol de su empresa, sospechó que la culpa de ese cambio se lo debía a cierta artesana que solía frecuentarlos con entregas de piezas por demás exquisitas.

-"Tendrás que explicárselo a Tanaka, sabes que no será fácil pues está casado"- Habló por fin, aunque su voz sonó mas calmada su rostro no cambio de expresión.

Nomiya asintió ante la orden de su jefe, puesto que no agregó nada más se limitó a hacer una breve reverencia antes de darse media vuelta. Pensando desde ese momento que le diría a su amigo respecto a su próximo traslado.

-"Nomiya"- Lo llamó, esperó que el hombre lo encarara de nuevo para seguir. –"Después de hablar con Tanaka, puedes tomarte una semana libre"-

Luigi no se sorprendió por la expresión del hombre, seguro que Nomiya no había notado el cambio de su voz o su rostro. Lo supo porque el arquitecto lo miraba como si esa semana significara una suspensión de sus labores por lo que había hecho. Interrumpió la segura protesta que iba a brotar de sus labios con un simple movimiento de su mano.

-"Creo que te vendrá bien una semana. Es tiempo suficiente para que pongas en orden lo más importarte"- Y puesto que Nomiya seguía mirándolo como si hablara otro idioma aclaró. –"Tus sentimientos Nomiya-san, que otra cosa puede ser más importante que el amor"- Y ya para ese entonces el asombro del hombre pasó a resignarse al ver la manera dramática en que su jefe comenzaba a hablar y moverse.

-"Luigi"- Trató de regresarlo a la tierra.

-"La próxima vez que vengas por aquí espero que esa mirada continúe. Así que asegúrate de hacer bien las cosas con esa joven afortunada"-

Antes de que dejara la sala sonrió ante la forma tan irreverente en que Luigi le había dado ánimos para hablar con Yamada.

つづく...


Pues a disfrutar de la lectura como yo disfruto escribiendo. Gracias por leer.

-Sherrice_Adjani-