Disclaimer: Los personajes son de Cassandra Clare.

Claim: Jace/Clary.

Summary: Sin embargo, tienes la osadía de querer hacerlo. Y conservas esa sensación en todo tu cuerpo.

Dedicado a: Dessie y Mel :D


This is how it feels.

Te preguntas qué tanto pueden estar haciendo allá arriba, y luego recuerdas que se trata de Isabelle arreglándose para una fiesta. Ya soportar a Simon se vuelve un fastidio, es tan común que te enferma. Te preguntas cómo es que Clary es su amiga, siendo que ella es mucho más interesante.

Alec murmura algo sobre no poder soportar más al mundano justo antes de que sientan el repiqueteo de los tacones contra la escalera. Ves la manera brusca en que el mundano levanta la vista, quizás esperando encontrar una pelinegra en ropa interior. Isabelle camina con seguridad, con pasión en cada movimiento, su sonrisa es casa felina, su mirada podría atrapar a cualquiera. No a ti, la verdad.

Pero justo detrás está Clary, la dulce, terca, curiosa, infantil…Clary. Y te sorprendes al notar que no piensas en lo infantil que es, no puedes pensarlo cuando está vestida de esa manera y el cuerpo parece arderte de esa forma.
Su cabello está recogido desordenadamente, y sus ojos brillan, tiene un vestido negro, corto, ajustado, condenadamente sensual, y una medias de rejilla que, más que hacerla parecer puta, la hacen lucir como el mejor de tus sueños eróticos.

Si tan sólo pudieras alejarla de Simon (no sabes qué está diciendo, pero sus labios te gritan bésame ya) y estamparla contra la pared, rasgarle el vestido, desordenarle el cabello y hacerla tuya, una, dos, tres veces. O más.

Te acercas, la piel parece hormiguearte en todos lados, los labios se te abren por reflejo, quieres besarla, joder, muchas veces.

—Me gusta ese vestido —dices. Oh, pero sabes bien que te gusta el vestido en ella, que si lo usara otra no sería lo mismo. Te acercas más, cerca e insoportablemente lejos, y captas su aroma, quieres cerrar los ojos y deslizar tus dedos por su cintura y más abajo.

Luego le das ese cuchillo, y casi te arrepientes cuando notas lo (aún más) condenadamente sexy que luce con el arma entre sus finos dedos de niña. Isabelle le ofrece una funda para muslo, y la imagen mental te puede demasiado. Casi puedes sentirte en llamas.

—No soy, realmente, el tipo de chicas que lleva un cuchillo en el muslo —afirma. Quieres agradecer a alguien el que no te lance la tentación de que lo que imaginaste se vuelva cierto.

Te acercas, tu barbilla cerca de sus labios. Y se siente bien. Muy bien.

—Sólo una cosa más —murmuras, casi suspirando. Tus manos sueltan los broches y ves como unos cabellos sueltos tocan su rostro. Casi sientes que estás abusando cuando, aprovechando la situación, le besas las mejillas, son besos de mariposa, tan leves y suaves que apenas se sienten (no quieres que ella los note). Ella se estremece ligeramente y, aunque quieres, no puedes esbozar tu sonrisa presumida, no cuando tú mismo te sientes quemar por su cercanía.

—Mucho mejor —la voz te tiembla, te sale en un tono de nerviosismo tan notable que casi te sonrojas, pero intentas evitarlo porque sería ser aún más obvio.

Quieres besarla en ese momento, quieres hacer más que eso, pero algo (quizás sea tu sentido común o, aunque te de rabia decirlo, miedo) evita que cedas al impulso.

Sin embargo, te quedas con la sensación de saber que así es como se siente cuando estás realmente atraído hacia alguien en más maneras de las que puedas imaginar.