Ningún personaje me pertenece. Todos son Stephenie Meyer. Uno que otro saldrá siendo mío, pero ninguno importante. ¡Ah! Y la trama… Esa si es ¡mía! (Eso es TODO)

Este bueno… Si (:

Este es un One-Shot que no tengo idea de donde salió. Lo encontré perdido por aquí en los archivos de mi compu. Leí unas líneas y me acorde… me parece bastante lindo. Me pasó algo parecido solo que yo me negué rotundamente. Tal vez no debí haberlo hecho.

Espero les guste…


"De la Boca de un Extraño"

Bella POV

Genial-mascullé molesta.

El día no podía ser más estupendo, claro, de modo sarcástico.

Despedida.

Ese era el primer adjetivo calificativo que podía usar en mí. Mike estaba harto de que lo ignorara y ambos sabíamos que solo me habían dado el trabajo en la compañía de su padre porque le parecía atractiva, tenían empleados de sobra. Una vez que entendió mis indirectas y mis muy directas palabras, cuando sus acciones pasaron la raya, decidió acabar con toda la farsa. Me dejo sin trabajo. Vaya desgraciado, pensé agriamente. Mi madre me lo advirtió, me contó mucho antes como sería el mundo al que me enfrentaría.

"No me pienses anticuada, Bella. No Te voy a decir que todos los hombres buscan una sola cosa, no todos pueden ser como tu padre por más que él lo afirme, sin embargo mi niña el mundo exterior te comerá viva si no estás preparada. Cuídate, no será toda la población masculina pero si una gran porción. Solo piensa que tú vales más que eso. No todo en la vida será dinero"

De todo modo posible, mi experiencia referente a ello solo me ha hecho ser ferviente creyente de mí alguna vez sabio padre. Todos los hombres han buscado eso de mí. TODOS.

Suspire frustrada apretándome un poco más el saco, estaba helando.

Segundo adjetivo, Pobre.

Mi departamento necesita reparaciones en extremo caras. Ángela, mi mejor amiga desde la secundaria, lo compartía conmigo pero ambas teníamos un trabajo promedio y no podíamos darnos el lujo de pagar lo que ocupábamos. Necesitábamos remplazar los focos de la cocina, baño y comedor, la pared que daba al pequeño comedor por que la humedad la había aniquilado, y los seguros de todas y cada una de las puertas. Del baño, de mi cuarto, adaptado e improvisado cabe aclarar, de su cuarto y de la entrada. Teníamos para los focos y eso si pedíamos prestado.

Tercero, dolida.

Había gastado mis últimos seis meses de vida con un bastardo. Jacob, mi supuesto amor eterno, mi príncipe azul en corcel, mi salvador y alma gemela me había engañado con su prima. Si de por si era suficientemente doloroso encontrar que te eran infiel, era todavía un golpe más duro que fuera con la propia familia. Al parecer ambos no sabían que era el incesto. Leah, la chica exquisita de piel morena y cabello oscuro, había decidido pasar los últimos tres meses revolcándose con MI novio y SU primo. Vaya zorra. Inclusive llego a felicitarme por ser parte de la familia en uno que otro encuentro en fiestas… Me daba asco recordar cómo me había abrazado, sus ojos felices al hablar de su primo, sus palabras de aliento para organizar una boda que nunca se cumpliría. Si, estaba comprometida con el supuesto bastardo. Pero todo era tiempo pasado.

Si preguntan, ¿dónde quedo el supuesto anillo? Simple, se lo regalé a un indigente para que lo vendiera y tuviera algo que comer. Varias horas después Ben, me reprendió por no haberlo vendido YO, y haber usado el dinero YO. No lo vi ni como posibilidad, me repugnaría seguir teniendo contacto alguno con la mínima cosa relacionada a ese perro.

Tenía suficiente por el día de hoy y debía apresurarme a llegar al departamento. Ángela debería estar preocupada, ¿y quién no lo estaría? Estaba en Seattle, una enorme ciudad, en una calle desierta, de noche y con recientes noticias sobre disturbios causados por varias bandas asesinas.

Mi menté se expresó amargamente. "Bueno, Bella. Te vendría bien la muerte, no más necesidad de preocuparse".

Solté una risa psicótica. ¿Y seguir a Charlie en su acto de cobardía? Por supuesto que no. René había muerto dignamente y yo no gastaría mi vida de un modo tan inútil.

Un dolor de cabeza me empezó a atosigar a los pocos minutos de mí andar solitario, ¿es que acaso no podía estar en paz?

De pronto, frené en seco al escuchar unos pasos detrás de mí. Esto no estaba nada bien. Esperé a que volvieran a emitir un solo ruido, a que se delataran. Pero nada pasó. Con miedo, tome mi bolso y lo pegué a mi pecho. Me aseguré de la calle en la que estaba y respire profundo. Faltaba poco para una llegar a una zona conocida. La Bella Italia estaba tan sólo pasando la esquina y había gente que podía presenciar si es que me llegaban a atacar. Venia de ropa formal, si era necesario entraría al restaurante. No comería nada pero me refugiaría platicando con Jessica, una chica poco agradable con la que tome clases y era mesera ahí. Un poco más tranquila avance hacia el restaurante.

De la nada apareció un hombre enfundado en una larga gabardina negra y la cabeza agachada, mirando hacia el suelo. Tenía paso fluido y rápido, como de felino. Avanzaba determinado hacia donde yo estaba, hacia donde me había congelado. ¿Qué querría? No podía conseguir nada bueno de mí. En mi bolsa solo cargaba con mi móvil y la agenda del trabajo. Cosas sin verdadero valor, nada a lo que le pudiera sacar provecho.

Y si tan solo… pensó ahora un subconsciente asustado… ¿No quiere tus cosas? ¿Qué tal si va en busca de tu…? Un escalofrió me recorrió al pensar la última palabra – Cuerpo- susurré muerta de miedo.

El hombre se detuvo de golpe.

De entre todas las personas tenía que ser yo. La que tenia peor suerte, la más torpe, la idiota, la inocente, la desempleada, la pobre… ¡la virgen! Apreté mis ojos con fuerza y comencé a rezar por mi vida. Podía usarme y desecharme como a un pañuelo. Podía matarme y eliminar toda evidencia. Me reprendí en silencio por darme tanto apoyo, atraería solo peor suerte a la que ya estaba destinada. Esperé quieta a sentir un golpe, un toque brusco, tal vez su aliento ebrio pero no llego, nunca. Nada sucedió.

Era una noche cerrada, solitaria, donde todo estaba horrorosamente obscuro. Era Seattle después de todo. Estaba sola y desprotegida. Era débil, escuálida y muy miedosa. Tímida e inútil.

Cualquiera podía llegar y hacerme lo que quisiera. Podía pasarme de todo, me matarían y venderían mis intestinos en el mercado negro. Me matarían y rellenarían mi cuerpo con droga y me pasarían por la frontera alegando que era extranjera, que mi cuerpo seria velado en mi país natal. Me podían usar de esclava, me podía violar, me podía raptar, me podía obligar a prostituirme…

De entre todas las cosas que me imagine, nunca, pero NUNCA creí que correría con tal suerte. Que de esos labios suaves y tentadores, pertenecientes a un dios griego, saldrían las siguientes palabras;

- ¿Te casarías conmigo? – Solté el aire de golpe.

Estaba en shock. Mi mente tardó varios minutos en procesar la idea y darme cuenta que en verdad estaba en dichoso estado.

Pronto, un pensamiento floto entre la neblina que me impedía reaccionar. Ha, ha le reclamé sin destinatario alguno. Algo de esto no debía de ser real, de seguro aun estaba dormida. Había empezado siendo una pesadilla y terminado siendo un cuento de hadas. Estaba en mi cama, dormida, cansada y con la alarma sonando. Debía reaccionar, debía despertar o llegaría tarde y realmente Mike me despediría. Debía conseguir el dinero para reparar los daños, para comer… ¡Me debía levantar!

Parpadeé varias veces pero mi vista no cambió. Seguía en la calle de una enorme ciudad, sola con un dios griego y con él esperando mi respuesta. Tal vez, esto era una broma. Muy seguro que de algún lado saldría alguien gritándome, no, una súper modelo saldría y me gritaría "Por dios, ¿creíste que era real?" y se llevaría al hombre con ella, a su vida normal. Podría ver mi cara en la televisión la próxima semana, en los estúpidos programas de bromas. Podría ver mi terrible humillación y junto conmigo toda la cruel nación. Caminaría con una bolsa de cartón en la cara.

El hombre de ojos verdes esmeralda me miraba esperanzado. Su cara me mostraba inseguridad mezclada con esperanza, era como si realmente anhelara que le contestara. Lo deje esperar un poco más mientras me daba mi tiempo para grabarlo en la mente. Era alto, pero no podía ver su cuerpo por la enorme gabardina. Tenía unas hermosas orbitas verde rodeadas de un centenar de pestañas. Un rostro verdaderamente divino. Definido, recto y masculino. Su cabello color bronce me invitaba a meter los dedos, a acariciarlo. Sus labios me rogaban por un beso y estuve a punto de dejarme llevar. Estaba comenzando a mover la mano hacia adelante cuando una briza fría hizo que saliera de mi trance, que despertará y pusiera los pies en la tierra. No sabía lo que estaba haciendo. No podía aceptar. No lo conocía, no sabía ni su nombre. No sabía si era una broma, si estaba loco, si era una apuesta. Nada.

Con el corazón estrujándoseme por el dolor, sacudí la cabeza. Agache mí vista hacia mis zapatos, como si fueran lo más interesante y en un leve, casi inaudible susurro, le contesté- No, lo siento.- Y en verdad lo sentía, por defraudarlo, por perderme esa gran oportunidad.

Avancé con dificultad pero a los dos pasos volví a escuchar su aterciopelada voz- Por favor- susurró lleno de dolor. Quise regresar a su lado pero volví a sacudir la cabeza. – Por favor, te necesito… - Un urgente impulso de correr y envolver mis brazos alrededor de su cuello me aplasto el alma. La necesidad de consolarlo. Acercar su rostro al mío y estampar me en sus labios. Y poco a poco con calma y cariño meter mis dedos en su suave cabello.

¿Suave?

Pero que diablos… Abrí mis ojos de golpe al darme cuenta de que realmente lo estaba haciendo. ¿Acaso me había vuelto loca? ¿Acaso ya había perdido todo rastro de juicio? Aún con dolor y ansías por más, me separe de él. Sus ojos me miraron expectantes y sentí mis rodillas temblar al ver la felicidad destilar de sus ellos. Ambos con la respiración agitada. Su presencia me lograba transmitir alegría, emoción y hasta un destello de arrogancia, victoria. Lo mire confundida, llena de dolor y muerta de miedo. ¿En que me había metido? Abrí la boca para protestar pero sus labios me atacaron una vez más. Me dio un casto beso. Uno, dos, tres.

¿Eso es un sí?- me pregunto burlón. ¡Que me lo contestara él! Después de todo ÉL fue quien me volvió a besar de esa manera. Sin tiempo para reprochar o si quiera contestar, me arrastró dentro del establecimiento que anteriormente había localizado. El restaurante italiano.

¡Edward!- para pronto grito una mujer de cabello caramelo. Edward me tomo de la mano y avanzó hacia la mesa.

Estaba repleta haciéndome el querer salir corriendo y gritando. Este dios debía estar mal de sus facultades mentales o algo por el estilo. Tenía una muy linda y enorme familia. Estábamos en un lugar público y no me podía maltratar, amenazar o hacer algo por el estilo. Era consciente de ello… ¿De verdad en que me había metido?

La mujer se acercó a nosotros y Edward, sin soltar mi mano, la abrazo con dificultad. Era joven, de unos cuarenta y tantos años, con rostro era en forma de corazón y unos ojos, al igual que su cabello, caramelo. De nuevo me fui a encontrar con una mirada en exceso expresiva, una que destilaba amor. Seguida de ella venia un hombre. Rubio, alto y guapo. Los adorables y exorbitantes padres de Edward, supuse. Ambos me miraron sonrientes y Edward se giró a verme más feliz que ellos dos juntos y que toda persona presente en el lugar. Su sonrisa torcida me aturdió. Deje soltar todo el aire por la sorpresa. Escuché unas risitas a mi lado, mi rostro se tornó rojo de vergüenza.

¿Y esta belleza es?- pregunto su padre.

Mamá, papá, ella es mi prometida…-

Bella- interrumpí a Edward sacando valor de lo más recóndito de mi ser. Quise golpearlo, en ningún momento su sonrisa se había tensado o desaparecido, era como si supiera que todo estaría bien. Si después de todo esto podría aclarar las cosas, lo aguantaría. Lo tendría que.

Esme- se presentó la mujer, le sonreí y tome su mano. Me acercó a su rostro y besó mi mejilla- Y mi esposo, Carlisle- Esta vez aprendí e imite sus previas acciones.

Un gusto en conocerlos, señores- ¿El apellido? ¿El apellido? ¡¿Cuál era el maldito apellido?

¡Familia! ¡Tienes que conocer al resto de la familia! – interrumpió entusiasmado mi prometido. Envolvió mis hombros con uno de sus brazos y me dirigió a una silla. Como todo buen caballero, me recorrió la silla y me senté primero. Deposito un beso en la mejilla antes de voltear a mira al resto de espectadores. Y por fin, por fin se quitó la desagradable pero elegante gabardina. Su cuerpo venía enfundado en ropa de oficina. Una camisa blanca ceñida a su cuerpo, con una corbata azul rey oscuro era lo que por fin me dejaba ver la odiosa gabardina. Sus pectorales, sus brazos fuertes e irresistibles... Y sus pantalones negros que dejaban poco a la imaginación. Ese sexy trasero que…

"¡POR EL AMOR DE DIOS, BELLA! ¡QUE ESTAS PENSANDO!" Me gritó la voz de mi padre en mi mente.

Gire mi vista hacia todos, como lo había hecho Edward en un principio y agradecí que nadie me hubiera cachado examinándolo.- Vaya- suspiré.

¿Te gustan los niños, Bella?- preguntó Esme habiendo mal interpretado mi exclamación de sorpresa.

Si-contesté tímidamente. Ya me había dado cuenta de que era una familia linda, por el primer vistazo que eché pero ahora… Bueno, seguía siendo linda solo que mucho más numerosa y algo ¿llamativa? Podría decirse.

Ella es mi hermana Alice y su esposo, Jasper- Indicó a la pequeña mujer que tenía enfrente. Su piel era pálida y sus ojos verdes como los de mi futuro esposo. "Sí que me estaba metiendo en el papel". Su pelo, corto y con las puntas apuntando hacia todos lados, era negro como la tinta. La enorme sonrisa dibujada en sus finos labios me enseñaba sus perfectos dientes blancos. Lo que más gusto me dio de ver fue el enorme bulto en su vientre. Estaba embarazada y ya en los últimos meses, eso se los apostaba. El hombre que estaba a su lado me dedicaba una cálida sonrisa y sus ojos azules me miraban tranquilos. Rubio y de semblante tranquilo. Al lado derecho estaban dos niñas muy simpáticas. La mayor tenía los ojos del padre pero la complexión y el pelo de la madre. La pequeña tenía solo los ojos de su madre. – Ella es Candie de doce y Haley de cuatro- Les sonreí a toda la familia. Alice miro a su hermano con el ceño fruncido. – Y Joshua- se corrigió.

Una risa estruendosa me llamó la atención. Del otro lado estaba la segunda familia. Un hombre de complexión enorme. Era musculoso y en si su aura era amedrentadora. Tenía el cabello corto, chino y oscuro. Los ojos eran la marca de la familia, verdes. Me sonrió levantando amabas cejas y haciendo una mueca graciosa. Me reí disimuladamente desviando la mirada a su esposa. Mi autoestima se fue a la basura. Una súper modelo como ella no debería estar sentada en un restaurante como este. Era imposible imaginar cómo le habían arrancado las alas a ese ángel. Era una chica despampanante, rubia y también de ojos azules. Sus labios rojos dibujaron una sonrisa nada fingida.

Emmett, Rose- interrumpió Edward- Mi prometida, Bella.- Moví los labios intentando decir un "Hola". Estaba demasiado impresionada por el desfile de bellezas como para decir algo más coherente. El mesero nos trajo unos vasos con agua y mientras mi acompañante le agradecía, yo lo vacié. Era demasiado por lo que estaba pasando.

Mi tranquilidad disminuyo todavía más.- ¡Tío Eddie! – gritaron tres niños pequeños debajo de la mesa.

Cuatro niños salieron de debajo de la mesa. Los primeros en salir fueron los trillizos, viva imagen de sus padres, dos niños y una niña. Seguido de ellos salió una jovencita más grande que Candie luciendo un enorme y bello vestido blanco. Tenía un parecido más directo a su abuela, incluyendo el largo cabello caramelo que estaba amarrado en un informal moño. Me miro avergonzada a través de sus gafas. Edward beso y abrazo gustoso a sus sobrinos antes de ponerse a hablar con la jovencita.

Un gusto futura a ser mi tía, soy Vera.- Me saludo la jovencita. Agite su mano gustosa a poder contestarle pero fui sorprendida al sentir unas manillas trepar por mi falda.

¡Tía Bella!- gritaron los trillizos. No lo pude evitar, abracé y besé a cada uno, imitando a Edward. La risa de su padre me hizo ponerme roja como tomate.

Peor si mira nada mas, Eddie- Se burló cuando el susodicho frunció el ceño- Podrás tener una tropa y aquí mi hermanita estará encantada- Mi cara ardió más.

Cállate, Emmett- se quejó Edward-Después del arduo trabajo de convencimiento hacia Bella para que aceptase casarse conmigo no dejare que lo arruines con tus comentarios. No dejare que la ahuyentes.

Oh dios… sentí como todas las miradas se posaban sobre mí. Quise ponerme la servilleta en el rostro o ir a jugar con los niños debajo de la mesa. No podía soportar tanta atención, moriría de vergüenza.

¿En… enserio, Bella?- Titubeó Alice.

La mesa se sumió en un silencio horroroso. Todos me miraban confundidos y solo Emmett tenía esa estúpida sonrisa en sus labios. Asentí sintiéndome estúpida. ¿Qué otra cosa podría haber hecho?

Edward se aclaró la garganta queriendo enmendar su error- No actúen de ese modo. Es una de las tantas cosas que me encantan de ella. Una mujer que no cede a la primera, a la cual hay que enamorar. – Suspire aliviada cuando desviaron las miradas hacia él- Bella es diferente. Ella no se fijó en todo mi dinero o en mi físico. Fue paciente y espero a que se dieran las cosas. Que sucediera lo que tuviera que pasar. Ya saben, ella sí que es diferente a todas esas chicas que se colgaban de mi brazo o se me lanzaban en la oficina. – me dio un besito que me dejó con ganas de más.

Se los dije- declaró Emmett- Soy más encantador que Eddie. Apuesto a que Bella ni se hubiera pensado mi propuesta. Hubiera tomado la oportunidad al instante, niéguenmelo-

Emmett, yo lo haré- Le conteste haciendo que Edward soltara una risa- Tendría que conocerte… Primero debería saber tu nombre, tu apellido, tu edad. Que te gusta hacer, en que nos parecemos, que compatibilidad tenemos. Si eres un caballero, si me convienes, si veo un futuro contigo. Si estoy enamorada… de ti. – Encontré mi mirada con la de Edward pero él se resistió retirándola.

Pensé que se ofendería pero se limitó a contestar- Vaya, sí que eres rara…-

¡Perfecta para Edward!- chilló Alice

Perfecta para la familia- Corrigió Esme- ¿Listos para ordenar?

Me prometí recordar toda la vida la cara de Jessica. Al girarme pensé que estaría el mesero anterior pero apareció ella aquí y bueno, me dio una razón para repentinamente sonreír y olvidar los nervios de conocer a mis "suegros". Tenía los ojos desenfocados, la boca hasta al suelo y parecía que se iba a desmayar. Sinceramente yo hubiera hecho lo mismo, o peor, si es que la hubiera visto sentada en un restaurante imposible de pagar y rodeada de ángeles. Sacudió la cabeza avanzando hasta mi asiento, ignorando por completo a Carlisle.

¿Isabella?- preguntó insultantemente desconcertada.

Hola, Jess- salude tímidamente.

¿Qué haces aquí? Digo tu… Mike… - no termino una palabra coherente porque la corte bruscamente.

Bueno, estoy aquí en un cena con mi prometido y su familia- sonreí al ver le respingo que dio Edward al escuchar el término que use para referirme a él, al fin entendía lo raro de todo esto- En cuanto a Mike, ya no trabajo con él-

Pero pensé que tu y él salían… todo el tiempo presumía que eras su novia y…-

¿Podías tomar nuestro pedido?- contestó Edward con voz ronca. Me giré a verlo y casi se me cae la boca al suelo. Su mirada era fría y hosca hacia mi alguna vez compañera. Sus labios estaban apretados en una fina línea y se mostraba tenso. Estaba celoso. Quise brincar de emoción en mi lugar.

Claro…- Todos comenzaron a ordenar pero antes me permití mirar a Edward una vez más. Tenía los ojos cerrados y se pinchaba el puente de la nariz con los dedos. Estire una de mis manos y acaricie su entrecejo. Seguía siendo igual de bello, nunca dejaría de serlo, pero no me gustaba tanto verlo así. Me miró sorprendido y cuando entendió lo que trataba de hacer me sonrió.- ¿Y ustedes que quieren para cenar?- preguntaron.

Raviolis- contestamos al mismo tiempo. Emmett exploto en risas.

Enseguida regreso- declaró Jessica con una mueca.

Y dime tía Bella- me llamo Candie- ¿Te gustan las compras?

Oh, oh. Aquí venia el interrogatorio.

Después de un martirio para mi mente al tratar de procesar tanta información y poner las palabras en una acomodación correcta para contestar de la mejor manera posible… Pude respirar en paz.

Estábamos, o solo Alice, disfrutando del postre cuando Emmett empezó con la verdadera parte difícil.

Así que cuéntanos, Bells. ¿En que trabajas? – me quise atragantar con el último sorbo de agua pero no pude.

Vacile ante sus miradas expectantes- Solía ser secretaria en Newton Company- confesé.

¡Ah! –Grito molesto- ¡La competencia!- Me hubiera reído de la cara de Emmett o del hecho que me estuviera apuntando con un tenedor de no haber sido por el golpe de sus palabras. ¿Acaso era posible que Edward trabajara en la única otra empresa existente en Seattle de tal tamaño e importancia que podría ser considerada como competencia para los Newton?

Vamos, Emmett- comento casualmente Jasper- Bella, trabajaba. – Enfatizo el tiempo pasado- Es cosa del olvido. Ahora entiendo porque Carlisle no te dejo la compañía a ti, siempre con tus cosas de rivalidad-

Pero... pero- este respondió molesto- Ella trabajaba para Newton. Nosotros somos Cullen ¡Edward es un Cullen! ¿Qué clase de prometida trabaja para el enemigo? ¿Qué clase de Cullen se casa con la competencia?-

Me gire a ver a mi prometido con las pupilas dilatadas del horror, ¿Edward Cullen? ¿Es enserio?- ¿Es una broma, cierto?- chille histérica en su oído. Edward me miró con la misma sonrisa torcida que me había tenido hipnotizada toda la noche.

No, cariño. – Besó mi frente- Estas por casarte con un magnate de los negocios. Edward Cullen, CEO de la Compañía Cullen. Un gusto – Me miro burlón.

¿Y es que tuviste que omitir tu apellido en la presentación?- le dije agriamente.

Ni mi nombre te dije al proponerme- Rectificó avergonzado.

¿Trabajabas? – Preguntó Esme tomando un sorbo de su café, al momento interrumpió nuestro secreteo- ¿Qué paso? ¿Por qué no trabajas más con Mike y su padre?-

Pasé saliva audiblemente. Edward tomó mi mano debajo de la mesa y me dio un apretón.- Me despidió – Carlisle me miró sorprendido.

¿Por qué hizo semejante atrocidad?- pregunto con sincera preocupación.

Decir o no decir, he ahí el dilema. Los ojos de Edward me decían que callará pero no podía hacer eso, tenía que pagarles de alguna forma todo lo que había hecho por mí. Después de todo, a lo largo de la cena me habían revelado, creyendo que tenía previo conocimiento, varios de sus secretos. Un ejemplo claro era el que Edward, Alice y Emmett eran hermanos, adoptados y muy queridos por Carlisle y Esme. Yo también podía, debía, revelar uno mío. Tal vez menor importancia pero al fin de cuentas un secreto.

Mike estaba…- Tome aire- Él estaba interesado en mi solo para que le hiciera cierta clase de favores y cuando me negué no me vio más utilidad en la compañía.- Alice soltó el tenedor al suelo.

Maldito bastardo…- Soltó Emmett sin propiedad alguna. Por lo bajo escuche como Edward maldecía y lanzaba blasfemias, por un segundo creí que venían dirigidas hacia mí pero en realidad todas tenían un destinatario diferente. NOTA MENTAL, nunca hablarle a Edward, ni a Emmett, sobre Jacob.

Edward, ¿sabías todo esto?- preguntó Alice triste.

No- Bramó furioso- Bella, mi amor ¿Te tocó?- lo mira atónita- Contéstame por favor, esa… ¿basura se atrevió aponerte las manos encima?- Y a pesar de la situación su prudencia y caballerosidad nunca se retiraron puesto que se limitó en sus insultos hacia Mike. En estos momentos lo único que me apetecía era escucharlos en voz alta.

Apenada asentí. Nunca había confesado eso ni a la misma Ángela. Yo misma trataba de olvidarlo, no quería volverme a tirar en mi cama a llorar desconsoladamente y decirle a mi mejor amiga que era por mis padres. - Bastardo…- soltó Rosalie de un bufido.

Me sentí incomoda y estúpida por haber soltado todo esto aquí con la familia. Realmente había sido una estúpida, ni siquiera esperaba que Edward cumpliera su promesa de casarse conmigo después de la cena y yo estaba aquí divulgando todo. Una mano se colocó encima de la mía. Mire sorprendida hacia ella y varias gotas cayeron en el mantel rojo. Eran lágrimas.

No te preocupes, Bella- Me consoló mi suegro. – Le pondremos fin a todo esto-

Asentí.

Edward, será mejor que se vayan. Bella necesita descansar ya que mañana los quiero ver a ambos a las ocho en la oficina- Prácticamente Esme nos lo ordeno.

El ángel de ojos verdes tomó mi mano y con un leve impulso jaló de mí hacia arriba. Con pocas ganas susurre mis gracias y una despedida melancólica. Sería la última vez que los vería. Me dolía pensar en ello, me dolía haberme creído la farsa.

¡Un momento! – gritó Alice parándose de su silla. Con la enorme pansa rebotando brincó hacia nosotros.- Sé que no es un buen momento pero… ¿Bella?- la mire- ¿Podría ver el anillo?-

Sentí como la sangre abandonaba mi cuerpo y terminaba en la punta de mis pies. Un escalofrió me recorrió. ¿Cómo no lo había pensado antes? Estuve toda la cena platicando, ¡comiendo! y nadie había visto el anillo, ¿ahora que diríamos? No quise ni ver la expresión de Edward, así que me anime a contestar lo primero que se me vino a la cabeza.

Sin embargo, alguien me interrumpió.- Claro que sí, hermanita- Le habló Edward con un tono un tanto dulce y más tranquilo.

Antes de que el duendecillo terminara de pronunciar la palabra "anillo" yo ya había escondido ambas manos detrás de mi espalda. De repente, la mano que Edward tenia posada en mi espalda fue descendiendo poco a poco hasta llegar a mi espalda baja, dos centímetros más y llegaba a mis manos. Se separó de mi rápido y después sentí un objeto frio deslizarse por mi dedo. Jaló de mi mano y la pasó enfrente. Los ojillos de Alice brillaron de emoción al ver el brillante y enorme anillo posado ahí, en mi dedo, indicando mi compromiso. Sentí mi cara enrojecer cuando Carlisle abrazó a Esme y ella colocó amabas manos en su corazón.

Es… ese es- pronunció con dificultad.

Si, el anillo de mamá-

¡Oh, Edward!-volvió a chillar lanzándose contra él.

Después de que logramos separar a la embarazada hormonal de Edward, salimos del restaurante con despedidas cálidas y deseos de suerte.

Entonces, cuando el frio aire de Seattle, me golpeó fue que lo entendí. Fuera como fuera jamás volvería a ver a esta hermosa familia. Nunca me sentiría querida de nuevo. No estaba comprometida con un Adonis, no tenía una vida feliz, ni siquiera me la merecía…

Bella- me llamó Edward. Aquí estaba, la señal, lo que me indicaba el fin. Edward me pediría el anillo, me agradecería por haberle ayudado y me prometería inventar una excusa a su familia de mi repentina partida. Como si me fuera fácil irme… - Yo-

Te odio, Edward- le dije. Mis labios se congelaron por una fracción de segundo. ¡Diablos! ¿De dónde salió eso? Mire su cara de desconcierto, de falsa inocencia y mi cuerpo se reanimo. Ya sabía de dónde.- Si, te odio. Te odio por hacerme feliz. Te odio por llevarme al paraíso y luego romperme las ilusiones. Te odio por hacerme creer esta farsa. Te odio por hacer que lastimará a tu familia, porque sé que los extrañare. Te… ¡Te odio! Te oído por ser tan perfecto, por enamorarme en unas horas, por hacerme el querer besarte, por tu tremendo cuerpo, por tus ojos, por ser un caballero. Te odio porque me hiciste darme cuenta de que el amor existe, de que puedo ser feliz y de… de lo injusta que es la vida ¡Te odio!- grite furiosa.

Me miraba desconcertado, como si mis palabras hubieran sido una daga al corazón. Me sentí una basura por haber lastimado a Edward, por ver su rostro descompuesto por el dolor y la tristeza. ¡Diablos, también lo odiaba por hacerme preocuparme por él! Lágrimas y lágrimas desbordaron de mis ojos. Esto había sido tan bueno para ser cierto…

Te odio por amarte… - mi voz estaba llena de dolor y ni siquiera me molestaba en quitarme las lágrimas para aclarar la vista. No me importaba tropezarme, caerme o golpearme. Solo quería creer que eran un sueño. Que Edward no era real y que no me dolería perderlo.

Pronto sus labios se estamparon con los míos. Comenzó siendo un beso necesitado, lleno de pasión y de sentimientos encontrados. Edward me besaba como si la vida se le fuera en ello y yo solo podía imitarlo. Disfrutaba de mis últimos momentos junto a él. Se separó para tomar aire pero yo aun tenía fuerzas, tenía ganas de más… Gemí cuando la lengua de este dios delineo mi labio inferior y de la nada me mordió. Tomó mi mismo labio inferior entre sus dientes y con poca fuerza jalo de el. Mis rodillas temblaron y si no fuera porque deseaba más de él, me hubiera ido al suelo. Desesperada, enrede mis manos en su cabello y lo atraje hacia mí. Me pegué a su cuerpo queriendo sentir sus músculos detallados y bien formados. Era una adicción la que se estaba desarrollando dentro de mí, una de la cual nunca quería renunciar.

Su lengua danzo con la mía y sentí de repente un bulto contra mi pierna. Me separé bruscamente bajando la mirada a su pantalón. Edward se apresuró y antes de que pudiera analizar su anatomía levantó de nuevo mi rostro. Nos miramos a los ojos unos segundos, con la respiración agitada y el deseo irradiando de nuestros cuerpos.

Bella- me llamó con dificultad- Dime que me amas, que no me dejaras jamás-

Sentí de nuevo un golpe en el estomago y el típico y muy común en mi, nudo en la garganta.- No puedo hacerlo-

No-dijo con ferocidad- Si puedes, y quieres. Hazlo, Bella. Suéltate, déjate sentir. Dame… vamos, solo dame una oportunidad de amarte. Te prometo que te hare la mujer más feliz del mundo. A mi lado nada te faltara, tu viste que hasta una tropa de niños te puedo dar pero dímelo ¿qué más quieres? Te doy todo de mí pero no te vayas… ¿Qué es lo que más quieres, Bella? Si pudieras tener algo que realmente desearas, ¿Qué sería?-

Solo te quiero a ti- le confesé apenada.

Me tienes todo para ti, amor.- Me volvió a besar pero esta vez de distinto modo. Dulce y muy, muy tierno.- Algo que no sea ya tuyo. Algo que te demuestre lo mucho que te amo, todo lo que soy y seré capaz de hacer por ti-

Claro ¿Qué más puedo pedir? ¡Hasta hijos me ofreces! – Sonrió apenado- Solo me gustaría poder contarle la historia a Ángela, no creo que conozca a ningún hombre tan loco como para pedirle matrimonio a la primera extraña que se le aparezca en el camino de una calle desierta– me burlé.

Mmm…- Siguió el juego- Pudo haber sido extremadamente peligroso-

Te pudieron haber asaltado, o golpeado.- contesté.

Ahora mismo podría estar en México con el cuerpo relleno de droga- sonrió

Eso mismo pensé…-le confesé.

Nos quedamos en silencio unos segundos. Edward me miraba con tales ojos que sentía mis corazón volverse loco, completamente desquiciado. Estire una de mis manos para tocar su mejilla y una vez más me maraville al encontrar su piel perfectamente liza.

Entonces… Te… ¿Te casas conmigo? – pregunto con la cara de cordero a medio morir más tierna que jamás vi. Me hice como que pensaba- ¡Oh! Vamos, Bella. Ya me dijiste que no la primera vez, no me hagas llorar. Dos no, mi pobre corazón no lo aguantaría…- me dijo con voz trágica. Rodé los ojos por lo ridículo de la situación.

Para siempre contigo- le conteste enseñándole el anillo.

Toda la eternidad… -

Y con otro dulce beso sellamos el trato.

Toda una eternidad


¿Qué les pareció? ¿Les gusto? Si no, no sean muy duras. Díganlo con bonitas palabras(:

Nos leemos,

Vale(: