"De la Boca de un Extraño"

Capítulo 6: …

.-.

Bella POV

7:00 A.M. una vez más.

El chirrido de la alarma me lo hizo saber.

Entreabri los ojos buscando adaptarme a la luz de la mañana. Obscuro. Oh, bueno. Cerre los ojos una vez mas. Debí de imaginarlo.

7:15 A.M.

Cuando dos pitidos estridentes empezaron a pelear su volumen supe que tenía que levantarme o sería demasiado tarde. Gire mi cuerpo sin cuidado alguno, estire brazos y piernas como un gato tirado de espalda, claro que la imagen no era ni la mitad de tierna, no con mi pelo matutino. Ni mi cara pero nada se le puede hacer. Tire las cobijas de lado y el frio de Seattle ni por cerca de mi paso. Levantandome con algo de dificultad intente atravesar el camino de la cama a la ventana cubierta de persianas, un tropezon y el empujon de una puerta abierta después, llegué.

UGH- Estúpida persiana atascada. Seguí tirando hasta que de golpe la levante hasta el techo.

¡Bella!- Gritó mi prometido de golpe. Había sido tal el susto que de estar envuelto entre las sabanas ahora esta bien sentado al borde de la cama con los ojos más abiertos que las lechuzas. Reí al acercarme a él. Un beso de buenos días y…

La regadera te espera. – Un par de protestas más y partimos caminos, él al baño principal, yo a la cocina. Prendí la cafetera de manera manual y abri la primera puerta a la derecha de la campana para sacar un taza. Camine tres pasos y a mi izquierda, sobre mi cabeza, estaba el pan. Dos puertillas a un lado, la mermelada.

Al tener preparado el desayuno de Edward me detuve un momento a pensar en las últimas semanas de esta nueva rutina a la que me estoy acostumbrado, aquello que me gustaría empezar a llamar vida. Ring. Ops, el café.

Servirda la taza la acomode a un lado del plato de fruta pero arriba de las tostadas con mermelada, el tocino y los huevos seguian en el sarten para mantener la temperatura. ¿Qué estaba pensando? … Si, bien. Mi vida con mi prometido.

Desde esa noche en la cuál los dos compartimos cama, un sonrojo tintando mis mejillas de solo pensarlo, todo cambio. Me fue imposible volver a dormir en ese infierno al que alguna vez llame departamento. No pudieron pasar de las dos de la madrugada cuando un dios griego llego en pijama, pantuflas y un cabello a morir reclamando por derecho de compromiso su permiso para secuestrar a su prometida. Poco después de las tres estabamos ambos acurrucados debajo de sus cobijas, en su departamento lujoso con calefacción, perdiendo conciencia para entrar al mundo de los sueños. La mañana siguiente a eso trajo otro día de trabajo para Edward, muy a mi insistencia.

Ser el CEO de una compañia no era sencillo y Edward no podía seguir dandose el lujo de faltar a sus responsabilidades. Después de una larga pelea en la cual Carlisle tuvo que interponer quedamos en un acuerdo. Edward regresaria a trabajar hasta terminar pendientes concluidos e inclusive adelantar futuras juntas y compromisos para tomar una semana entera de vacaciones. Lo cual según Alice tenía demasiado tiempo sin suceder. Después de varias horas de planeación con su secretaria se descubrio que haría falta el periodo de un mes para que eso fuera posible. Ninguno de los dos disfrutamos mucho de tal resultado. Sin embargo, no podía hacer nada más que aceptarlo. Como futura esposa, tenía que empezar a asimilar que el trabajo de Edward era consumidor de tiempo. No podía empezar a poner el desorden en pleno compromiso.

Pero, ¿para que necesitaba Edward una semana de vacaciones?

Mi mudanza.

Después de esa noche mi cuerpo se adapto al calor del suyo, o de su fabulosa calefacción con la cual tengo un trauma, y el de él al mio. Nos hicimos compañía como siempre nos habíamos necesitado. Obviamente, la solución más lógica para Edward fue mi inmediata mudanza al departamento. O he de decir que fue la de Alice. Mi comprometido y su hermana estuvieron dos horas al telefono peleando sobre mi acomodo puesto Edward no queria sobrepasar algun limite de caballerosidad y respeto conmigo y creía lo más prudente era rentarme el departamento del piso de abajo. Claro esta que quería comprarlo pero mis ojos fuera de sus cuencas lo hicieron cambiar un poco de parecer. La discusión termino con el duendecillo parado fuera de el que ahora era nuestro departamento con dos maletas que, aun con espacio de sobra, tenían todas mis miserables pertenencias. Acompañado con un –Si de todos modos terminaran en la misma cama al anochecer.- Para avergonzarnos a los dos. Pero era tan cierto.

Para mi acomodar esas dos maletas en la librería y cuarto de Edward era suficiente movimiento de mudanza. Para la familia Cullen un total cambio en el interior del departamento era el significado de mudanza. Tenía que adapatarlo para hacerlo mio, de los dos. Pero ambos teníamos protestas. La mía mucho más fácil de calmar que la de Edward.

No podía dejar a mi mejor amiga sola en ese lugar. Sin embargo, Angela no duro ni una noche más después de mi partida, confesandome que solo había esperado el momento en el cual yo no necesitara de ella puesto Ben se lo había estado proponiendo mucho tiempo atrás. Me dijo estorbo, en otras palabras. No me pudo importar menos de no saber que lo hacía por amor, y yo también.

Edward, por otra parte, era un asunto totalmente diferente. Debido a que nos casariamos, y a que odiaba el apartamento que Emmett le había conseguido, quería empezar a buscar casas. Cuando le pregunte el porque una casa siendo que solo somos dos me contesto que no educaría a sus hijos en un lugar donde puedan gatear hasta el acensor. Me quede muda pero su sonrisa de satisfacción me dio a entender que eso no le preocupaba demasiado. No obstante yo seguí discutiendo por un departamento. Menos precio, y presión, aunque odio admitirlo. No sé si las mujeres Cullen vieron mi cara de espanto o no nos creían listo para tal paso que sorprendentemente se pusieron de mi lado. Edward se sintio ofendido ignorando sus llamadas dos días seguidos.

Al final decidimos rentariamos un lugar durante la planeación de la boda, una vez de regreso de la luna de miel es que descutiriamos que paso tomar después. Entonces Edward no solo vacacionaria una semana para estar a mi lado, sino también para coordinar y ayudar en nuestra mudanza.

Mi prometido salio del cuarto arreglando el nudo de su corbata, cosa que aun no podía hacer puesto ese era trabajo oficial de su esposa. Así que tenía que abstenerme a la rutina de la prometida. Despertar, el desayuno, el beso en la cocina-no puerta. Rutina matutina. Cocinar la cena, recibirlo en el cocina, beso.

Continuará…..


Mil disculpas, esto solo es un avance pequeño.