Bueno, Lazy Town no me pertenece, pero eso seguramente ya lo sabréis


Robbie Rotten estaba frustrado, muy frustrado y todo porque no podía dormir, pero no pensaba salir afuera, aún menos recordando lo que había pasado la última vez que estaba cansado y había decidido salir, había acabado en los brazos de Sportachel y eso le había molestado y mucho, tal vez debería tomar una de las pastillas que le habían dado en la farmacia, las cuales eran para el insomnio, si eso sería lo mejor, se levantó de su sillón naranja, mullido y esponjoso. Y fue andando, lentamente, hasta la cocina de su guarida, una vez allí, abrió uno de los armarios, de allí sacó una pastilla y un refresco alto en azúcar, pero cuando iba a meterse la pastilla en la boca, está se le cayó de los dedos. Robbie se puso a pensar maldiciones, tendría que agacharse para buscarla, ya que aquella era la última pastilla que le quedaba, por suerte no fue muy difícil encontrarla, así que se la tomó con el refresco, luego fue a su sillón naranja y allí cayó en los brazos de Morfeo.

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Robbie había dormido como un bebé. Dio un salto para bajar del sillón. ¿Desde cuando era tan alto su sillón? ¿y desde cuando le iba tan enorme la ropa?, se miró las manos y el cuerpo y no le costó mucho darse cuenta de que volvía a ser un niño, antes de solucionar aquello, tendría que ponerse ropa de su talla, cuando llegó a los escaparates dónde tenía todos sus disfraces, se puso a buscar alguno de su talla y lo encontró, la verdad, no le gustaba aquella ropa: un polo rojo y unos pantalones azules, fue a mirarse al espejo del baño, tuvo que subirse a un taburete para poder verse, tal como pensaba volvía a ser un niño, Robbie se quedó examinando su propio reflejo, la verdad es que no era muy diferente a como era de adulto, solo había cambiado su altura y tenía el pelo un poco más claro. Pero porqué le había pasado aquello, si había tomado aquellas pastillas más veces. Estaba claro que aquello tenía que ser una pesadilla, cerró los ojos con fuerza, quería despertarse, y cuando los volvió a abrir seguía allí, seguía siendo un niño. Bueno, tendría que investigar cómo se había transformado en niño. Robbie se bajó del taburete de un salto, fue a la cocina y se puso a buscar algo por el suelo, hasta que, finalmente, lo encontró, la pastilla que se había tenido que tomar ayer, lo cual significaba que ayer se había tomado otra cosa, ¿pero qué?. Un sonido proveniente de su estomago resonó por toda su guarida. Uy debía hacer 2 días que no comía nada. Antes de ponerse a investigar qué debía ser lo qué se había tomado, tendría que comer algo, cogio una silla que había allí y la movió hasta la nevera, se subió a la silla y abrió, con dificultad, la nevera, buscó y encontró un plato con pastel, sonrío, que bien comida no sana, lo sacó de la nevera, pero entonces los píes le fallaron, haciéndole caer para atrás, Robbie se cogio al asa de la nevera, el pastel cayó al suelo igual que el plato el cual se rompió en mil pedazos. Robbie sabía que no sería agradable el impacto contra el suelo, aún menos si pensamos que el suelo estaba lleno de trozos de porcelana, sus manos comenzaban a resbalarse, cerró con fuerza los ojos, cuando vio que no aguantaba más, que se caería, cerró los ojos, esperando el impacto, sin embargo, este nunca llegó, Robbie abrió los ojos y vio a Sportacus, le tenía cogido en brazos.

"Lleva más cuidado la próxima vez" le dijo el héroe.

Lo cierto es que Robbie nunca había sido muy cuidadoso: ni con vidas ajenas, ni con su propia vida.

"¿Quién eres, pequeño?" le preguntó Sportacus, el cual actuaba como si acabara de darse cuenta de que no le conocía.

Con lo de pequeño había adornado bien la frase "¡soy Robbie!" exclamo Robbie. Pero, un momento, Sporcacus no sabía que era él, así que no tendría que admitir que se había equivocado "no, quiero decir, soy Robin" – dijo el villano, no parecía estar muy convencido.

"¿No habrás visto a Robbie?, ¿eh Robin?" pregunto Sportacus.

"Me dijo que iba a desaparecer una temporada" respondió Robin, precisamente el tiempo que necesitaba para arreglar aquel lío, una temporada.

"¿No dijo cuánto tiempo iba a estar fuera?" pregunto Sportacus.

"No, ¿y tú? Azul, como un duende y con un olor a sudor que tira para atrás, seguro que eres Sportacus" dijo Robin.

Prefirió hacer caso omiso a los insultos de Robin "sí, soy Sportacus, ¿te ha hablado Robbie de mí?" pregunto el duende.

Se le estaba ocurriendo una idea malvada "si, me dijo que se iba porque no te aguantaba más" dijo Robin.

"Que impropio de él" susurró Sportacus, para sí mismo.

Cierto, él nunca se habría marchado por Sportrarus.

"Bueno, ¿Cuántos años tienes?" pregunto el héroe.

Era una buena pregunta, por el aspecto físico, que había visto antes, parecía más pequeño que la peli-rosa "5" contesto Robin, rápidamente.

"¿Sabes dónde quedarte, hasta que Robbie vuelva?" pregunto Sportacus.

"Pues, aquí" respondió Robin, pero bueno, alguien podría explicarle ¿Qué clase de estúpida pregunta era aquella?.

"Me temo que no puede ser" dijo Sportacus.

"¿Por qué no?" cuestionó Robin.

"Porque eres menor" dijo Sportacus.

"¿Y?, ¿Qué pretendes que haga?" pregunto Robin.

"Tienes 2 opciones: venir a vivir conmigo, hasta que vuelva Robbie o te llevo a un orfanato, también temporalmente" dijo Sportacus, no sabía por qué hacía aquello ¿sería por qué no quería enviar a un niño al orfanato?.

Sabía que con aquel cuerpecito no podría escapar de Sportykook, además estaba hambriento, aparte de que nunca había ganado a Sportacus corriendo. Tendría que escoger entre aquellas 2 opciones: una era quedarse en un orfanato lleno de niños ruidosos, hasta, seguramente, volver a cumplir los 18, y la otra era ponerse a vivir con su archienemigo. Ninguna idea le gustaba, la verdad. Pero prefería quedarse con Sportacus, antes de ir a un orfanato "me voy a vivir contigo" dijo Robin, después de unos minutos de pensar.

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Robin estaba en el dirigible de Sportacus, sentado en el suelo, intentando no hacer notar el hambre que tenía.

"A la derecha está el cuarto de baño" – explicó Sportacus.

¿Cuarto de baño?, había estado en aquel dirigible 2 veces y no se había percatado de que hubieran más habitaciones. Eso le daba una idea, para acabar con Spotatus, para siempre, aprendería todo sobre él y luego lo usaría en su contra.

"Sporchuche" dijo Sportacus, una manzana salio volando y fue a parar a la mano del duende.

Que bien, a ver si comía algo y se olvidaba de Robin.

Sportacus le dio la manzana a Robin "ten" susurró, antes de dársela.

Robin se lo quedó mirando, su cara decía claramente ¿Qué te crees que estás haciendo?.

"Cómela" dijo Sportacus, poniéndose serio, estilo padre.

"No quiero" dijo Robín.

"¿Por qué no?" preguntó Sportacus.

"Pues, simplemente, porque no" contestó Robin.

Sportacus cruzó los brazos "eso no es una respuesta" dijo el héroe.

"Lo sé" dijo Robin, se sentía mareado.

"¿Estás bien?" pregunto Sportacus, al notar el malestar de Robin.

Robin no contestó.

"Cama" dijo Sportacus, una cama salió de detrás de dónde estaba Robin. El duende le tumbó en la cama, le puso una pierna en alto, sujetándola con una de sus manos, la otra mano la puso en la muñeca del niño.

El pequeño villano sabía que tenía que decir algo, pero no pudo decir nada.

El héroe le metió un trozo de manzana en la boca.

La parte de razón que quedaba en Robin le decía que escupiese el trozo de manzana, la parte que quería sobrevivir le decía que masticase y tragase. Acabó por masticar y tragar, sintiendo que no era tan mala como el pensaba, tal vez hasta podría acostumbrarse a comer una cada día.

"¿Estás mejor?" le preguntó Sportacus.

"Sí" Robin se sentó en la cama, luego se quedó mirando la manzana que tenía Sportacus, en sus manos "¿me puedes dar más?" preguntó, tímidamente.

"Sí, ten" dijo Sportacus, él cual le dio la manzana.

Robin estaba confuso, era la primera vez que comía una fruta, sin protestar. Pero estaba buena y le había dado energía. Se quedo embobado, pensando.

"¿En qué estás pensando?" preguntó Sportacus.

No pensaba decirle que le había gustado la manzana "en nada" dijo Robin.

"Bueno, ¿quieres jugar?" preguntó el héroe.

¿Acaso tenía idea de con quién estaba hablando?. Seguramente, no "no, tú puedes jugar, mientras, yo me echare la siesta" contestó el niño.

Robin era diferente, él tenía su propio criterio, no era como los otros niños o incluso adultos que hacían las cosas porque alguien decía que estaban bien o mal "venga, será divertido" intentó convencerle el héroe.

"¿Pero tú qué problema tienes?, ¿Qué parte de no no entiendes?" preguntó Robin, cansinamente, a la vez que se hacía un ovillo en la cama.

"¡Balón!" exclamó Sportacus, un balón de fútbol salió de uno de los agujeros del dirigible, pasó rozando a Robin, y fue a parar a los pies del duende, el duende le dio una patada.

Robin empezaba a cabrearse, no lo podía aguantar, lo hacía para fastidiarle "NO LO AGUANTO MÁS" gritó, a la vez que daba un salto y pateaba el balón con todas sus fuerzas, su objetivo era darle en la cara a Sportacus, pero Sportacus agarró el balón "vas a ver, te lo voy a estampar en la cara" dijo Robin, el cual fue corriendo hasta Sportacus e intentó quitarle la bola.


Continuara…

Momento chiste.

Se abre el telón, salen 2 pingüinos, bebiendo ¿Cómo se llama la obra?

Licor del polo.

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