Sin saber cómo Robin acabó jugando con Sportacus, hasta que ya no pudo más, después de 2 horas de jugar a tope, Robin, finalmente, se dejó caer en el suelo, respiraba de forma acelerada, tenía la cara bastante roja y empapada en sudor y estaba jadeando.

"No juegas nada mal" dijo Sportacus, el cual no había derramado ni una gota de sudor.

Robin no entendía cómo lo hacía para conseguir siempre lo que quería de él, tampoco entendía cómo podía ser que Sportacus no estuviese sudando.

"¿Pero ahora que hora es?" preguntó Sportacus.

Robin se miro la muñeca, pero no llevaba reloj, realmente nunca lo había llevado "yo lo único que sé es que estoy a punto de deshidratarme".

"Reloj, agua" ordenó el duende.

Robin se quedó mirando como la cama se levantaba y aparecía un reloj, después salió una botella de agua volando, Sportacus cogio la botella al vuelo y se la dio a Robin.

A pesar de que el agua no era su bebida favorita, vació la botella en un instante.

"Son las 7 y cuarto, el tiempo justo para tomar una ducha, cenar y estar en la cama a las 8:08" dijo Sportacus.

"Vale, pues ve" dijo Robin, a la vez que se sentaba y movía una mano, haciendo un gesto de vete.

Sportacus le cogio en brazos "vale, vamos a ducharnos" dijo.

"Ah no, no, no, ni hablar, búscate a otro niño al que fastidiar" dijo el niño, a la vez que le pateaba el estómago, golpes que Sportacus ni sentía. "Se va a enterar cuando vuelva a mi cuerpo le daré una buena patada en el trasero" pensó Robin "una patada en el trasero, no, mejor le echó de Lazy Town" pensó "¡para siempre!" acabó exclamando.

"Para siempre ¿el qué?" preguntó el duende.

¿Lo había dicho en voz alta? Eso parecía "para siempre mi perro" dijo Robin.

Sportacus se lo quedó mirando, con cara de no entender nada "¿tu perro?" preguntó, finalmente.

Pero que estupidez había dicho "sí, eso es, para siempre mi perro es la película más mala del mundo, peor aún que ver las olimpiadas" improvisó Robin.

"Ya, bueno, claro, sí" dijo Sportacus, a la vez que abría la puerta del cuarto de baño.

Estaban en el cuarto de baño, unos ojos grises inspeccionaron la habitación, pues, parecía bastante normal: váter normal, lavamanos normal, ducha normal.

"Soy perfectamente capaz de ducharme solo" dijo Robin, aunque inútilmente, porque Sportacus ya le había quitado la camiseta.

Sportacus se quedó mirando el cuerpo del niño sin camiseta, tenía 3 tatuajes, color morado: 2 de ellos tenían forma de alas y estaban situados en el pecho, el otro tenía forma como de ola y estaba en una de sus caderas.

Robin se quedó mirando adónde Sportacus estaba mirando, al principio, sin entender que era lo que le llamaba tanto la atención, finalmente, lo vio "¿los tatuajes?" preguntó, al fin, al ver que el duende no decía nada.

"Sí" respondió el héroe.

La verdad es que se los había hecho de joven y a medida que había ido creciendo le habían ido gustando menos "¿Qué pasa?, ¿acaso no te gustan? Porque si es eso no me importa, me da igual lo que piensen de mi los demás" dijo Robin.

Desde luego, Robin era diferente.

"No es que no me gusten, es solo que es raro" dijo, tranquilamente, Sportacus, a la vez que le quitaba los pantalones, mientras Robin se desataba las bambas.

"¿Quieres decir que son extraños por qué se salen de lo común?" preguntó Robin.

Al duende le costó un rato entender lo que había dicho, finalmente, asintió.

Una vez quitados los pantalones Sportacus se dispuso a sacarle los calzoncillos.

¿Por qué permitía que Sportadork le desnudase? No lo sabía "¿Por qué me desnudas?, ya puedo yo" preguntó Robin.

"¿Te molesta?" preguntó Sportacus.

¿Molestarle?, lo encontraba humillante "sí" acabó por contestar.

"Pero, ¿Por qué? Si eres muy mono" preguntó el duende.

Ante aquellas palabras las mejillas del niño tomaron un agradable color escarlata "¿Pero qué tonterías estás diciendo? Anda déjame acabar de desnudarme a mí" dijo.

"Cómo quieras, de mientras me desnudare yo" dijo Sportacus.

Sportacus empezó, también, a sacarse la ropa.

Robin se quedó mirando el cuerpo del héroe, pues no estaba nada mal, estaba muy bien dotado. Alto ahí, en que estaba pensando, no debía olvidar que estaba delante de su enemigo.

A Sportacus le costó unos 2 minutos desnudarse, Robin ya se había quitado los calzoncillos hacía rato y estaba esperando de brazos cruzados.

Sportacus se metió en la ducha y extendió la mano, para ayudar al niño.

Robin se quedó mirando la mano, después de pensárselo un rato decidió cogerla.

Sportacus abrió el agua, el niño se apartó al principio temiendo que saliera fría, pero al ver que el duende se quedaba bajo el agua y comenzaba a enjabonarse el cuerpo Robin decidió meter la mano, se sorprendió gratamente al ver que el agua salía tibia, luego metió todo el cuerpo, todo menos la cabeza. Al ver que Robin no metía la cabeza el héroe cogió la alcachofa de la ducha y dijo:

"Robin, echa la cabeza para atrás".

"¿Eh? ¿Por qué?" preguntó Robin.

El héroe le pasó la alcachofa por la cabeza al niño y quedó sorprendido al ver como su tupe se convertía en una larga cabellera.

"AHH, MALDITA SEA" gritó Robin, a punto estuvo de decirle algo ofensivo a Sportacus, pero se contuvo, ya que también tenía algo de culpa por ser tan vago de darle pereza cortarse el pelo, aparte recordó que estaba actuando.

"Tranquilo, mañana te llevo a la peluquería" dijo Sportacus, mientras cogía un bote de champú, se ponía un poco en la mano y comenzaba a masajearle la cabeza a Robin.

Robin decidió disfrutar el masaje que el duende le hacía, ya discutirían luego.

Después de Robin convencer a Sportacus de que era perfectamente capaz de lavarse el cuerpo él solo la ducha acabo, ahora se encontraba con una pequeña toalla cubriendo sus partes.

Ahora solo había una duda en la cabeza de Sportacus ¿Qué ropa había en su dirigible que le fuese a ir bien a Robin?.

"Espérame aquí" le dijo Sportacus a Robin, a la vez que cogía una toalla, se la ataba a sus partes y salía del cuarto de baño.

Robin obedeció y esperó durante unos 20 minutos.

"Lo siento, solo encontré esto de tu talla" dijo el duende el cual iba ya vestido, mientras le enseñaba un vestido rosa "es de una niña, Stephanie, me lo dio porque le iba pequeño".

"¡Ya sé quien es Stephanie!" exclamó Robin "Y NO ME PIENSO PONER SU ROPA" acabó gritando.

"¿Por qué no?" preguntó Sportacus.

"Porque es fea y de chica" dijo Robin.

"Robin… por favor, solo por esta noche" pidió en un tono de súplica el héroe.

"Está bien, está bien" acabó cediendo Robin, mientras le quitaba bruscamente el vestido y se lo ponía.

Sportacus soltó una risilla, la cual pasó desapercibida por Robin al ver que parecía una niña.

La cena fue bastante silenciosa para ambos: Robin se sentía avergonzado por la situación y Sportacus se sentía mal por no haber pensado en el tema de la ropa.

"Vamos a la cama" dijo el duende cuando acabaron de cenar.

Robin se echó en el suelo.

"¿Qué haces?" le preguntó Sportacus.

"Dormir" contestó Robin.

"No tienes porque dormir ahí, aquí cabemos los dos si nos apretamos un poco" dijo Sportacus.

¿Él durmiendo con Sporkakus? Antes muerto "no, gracias, aquí estoy bien".

"OK, como quieres, buenas noches" dijo Sportacus.

"Boa noite" dijo Robin.

"¿Qué has dicho?" preguntó Sportacus.

Había dicho lo que creía que había dicho y eso que pensaba que su acento portugués se había ido, sería el cansancio, sí, eso es, tenía que ser el cansancio "Pues eso que buenas noches" dijo Robin después de unos segundos.


Continuara…

Perdón por el retraso.