Lo más complicado de este fic es retratar una relación que ocurre básicamente a través de diálogos. Thane y Shepard siempre están sentados en la cabina de Thane cuando hablan, y es así como el romance evoluciona. Lo que está claro es que eso no funciona en un fic. Tienen que pasar cosas… ¡Y al mismo tiempo quiero preservar todos esos diálogos! Creo que más o menos lo estoy consiguiendo. Aunque hay frases que definitivamente quedan mejor en inglés. Espero que os guste, como siempre :)

Samara se arrodilló sobre el cuerpo sin vida de su hija. Era un momento muy triste, pero yo apenas podía sacar de mi cabeza la imagen de los ojos completamente negros de Morinth, el agudo dolor de su mente tratando de forzar la mía.

Abandoné la habitación casi por inercia, sin saber a dónde me dirigía. Unos dedos fuertes se cerraron sobre mi brazo, obligándome a entrar en las sombras. Hubiese podido ser cualquiera y en aquel momento no hubiese podido hacer nada pero, por fortuna, era Thane.

- Shepard -su voz profunda se coló en mi cráneo como un bálsamo protector-. Shepard, ¿estás bien?

No lo estaba. Me dolía la cabeza a un nivel que no podía ni tan siquiera tratar de imaginar.

- Thane…

El drell no había aflojado su presa sobre mi brazo y su contacto me relajó.

- Tranquila, estás a salvo.

¿Lo estaba? Un remolino de ideas disconexas se materializó en mi cabeza: Morinth, Saren, los geth, los recolectores… No, no estaba a salvo. Pero hubiese querido estarlo. Me abracé al drell y rompí a llorar. Thane no se apartó de mí. Simplemente me rodeó con sus brazos y guardó silencio. Lloré apoyada en su pecho hasta que el efecto pernicioso de Morinth comenzó a disiparse. Thane no se movió y yo tampoco. Podía sentir la fuerza de sus músculos bajo la ropa, su calor. Me sorprendí a mí misma pensando que aquello había sido lo más íntimo que había compartido con alguien, al menos desde mi última noche con Kaidan. Entonces me aparté poco a poco y Thane dejó que sus manos resbalaran acariciándome.

- Perdóname -dije.

El drell negó con la cabeza, en un gesto breve.

- Vamos.

De nuevo sentí el contacto de su mano sobre mi brazo, conduciéndome con firmeza, pero también con suavidad. Le dejé guiarme casi a ciegas por los conductos secundarios de Omega, hasta llegar a una especie de mirador en forma de ventana. Un lugar inaccesible desde las vías principales y que mostraba una vista impresionante del planeta. Nos sentamos el uno junto al otro, nuestros cuerpos aún rozándose, pero las miradas concentradas en el espectáculo de Omega.

- Si no te molesta que te lo diga, no pareces realmente un asesino.

Thane emitió una risa suave.

- Has pasado demasiado tiempo luchando contra tipos que creen que las armaduras de colores los convierten en profesionales… -chasqueó la lengua y me lanzó una mirada de reojo-. Los hanar entrenaron mi cuerpo para esto desde los 6 años.

Lo miré horrorizada.

- ¿Has estado matando desde los 6 años?

Thane mantuvo la mirada fija en el horizonte.

- Claro que no. No me convertí en asesino hasta los 12. Me estaban entrenando. No era un objeto de usar y tirar. Era una inversión.

- Ya -aquella no era mi idea de cómo se debía tratar a un niño.

- Te estoy dando una mala impresión -Thane se volvió hacia mí, apoyando la espalda en la fría pared metálica-. Ellos me valoraban. Sí, es cierto, como un recurso. Pero también como persona. Ellos… lamentaban necesitarme de este modo.

- No puedo imaginar a los hanar entrenando asesinos.

Thane esbozó una suave sonrisa y no pude evitar contemplar sus labios, bellamente delineados.

- Todas las especies entrenan asesinos. Lo único extraño de los hanar es que necesitan de otras especies para hacer el trabajo.

Sacudí la cabeza. Era extraño pensar en los hanar y en Thane como una asociación.

- Haces que parezcan…

- Si pudieras verlos en los océanos de Kahje, Shepard… -de pronto el rostro de Thane se volvió distante, como si su mente hubiera conectado con algún resorte oculto en su interior. El discurso sonó monótono, casi fotográfico-. Una corriente de plata en la oscuridad. Girando. Buceando. Tan rápida que el ojo no puede seguirla. Risas cristalinas como el grito de un niño vibran en el agua. Flotan sobre el negro fondo del océano, como pájaros con plumas en la luz del cielo.

Su mirada volvió a concentrarse en Omega. Casi pude percibir el brillo verdoso de sus ojos, rodeados de un negro profundo. No hice ningún comentario. Algo parecía haber tocado las fibras más sensibles del asesino.

- Los hanar nos rescataron de la extinción -continuó-. Les debemos nuestras vidas.

- ¿Extinción?

- Superpoblación. Los humanos descubristeis el efecto de masa antes de que el problema se volviera grave. Pero nuestro mundo, Rakhana, tenía pocos recursos. Ni siquiera habíamos desarrollado la energía nuclear cuando el planeta empezó a morir. Los hanar nos encontraron hace poco más de un siglo. Salvaron a unos miles. Millones quedaron atrás.

Asentí, intentando interiorizar el dolor que notaba en el drell.

- ¿Qué ha pasado en Rakhana?

- ¿Has leído a tus filósofos? ¿A un humano llamado Thomas Hobbes? "Cuando el mundo está sobrecargado de habitantes, el último remedio es la guerra. Ésta provee a cada hombre con la victoria o la muerte."

- Ya veo.

Dirigí la mirada hacia el rojizo paisaje que se extendía a nuestros pies. Los dos guardamos silencio hasta que al final, me animé a hablar de nuevo.

- Ya no matas para ellos… ¿Qué cambió?

Thane se tomó su tiempo para contestar.

- Estuve dormido durante mucho tiempo. No presté atención a lo que se le pedía a mi cuerpo. Pero entonces… -de nuevo aquella sensación distante, la voz grave y monótona. Tan lejos de mí que casi me dio miedo-. El punto del láser tiembla en su cráneo. Una contracción del dedo y morirá. Entonces el olor de la especia en el viento de primavera. Ojos del color de la puesta del sol, desafiantes, en el punto de mira. El láser se retira. -El drell agachó la cabeza, profundamente turbado por lo que acababa de decir-. Mis disculpas. Los drell caemos en los recuerdos demasiado fácilmente.

- ¿Era uno de tus encargos? -Parecía dolido y no pude evitar apoyar mi mano en su brazo, intentando consolarle. Él sujetó mi mano con la suya y la apartó con suavidad.

- Ahh… sí -de alguna manera la conexión entre nosotros se había perdido-. Tal vez podamos hablar más tarde. Ya te he hecho perder demasiado tiempo.

El drell se levantó con agilidad, haciendo gala de esa elegancia felina que le caracterizaba. Le seguí de vuelta a las calles de Omega, aún fascinada por la conversación. Entonces recordé que los ingenieros de la nave me habían pedido algunas piezas.

- Thane, tengo que ir a comprar algunas cosas -expliqué-. ¿Nos vemos en la nave?

El asesino asintió sin decir nada. Me di la vuelta para alejarme en dirección a los mercados, y la mirada del drell me acompañó hasta que me perdí de vista.

Dos horas más tarde entré en el antro de Aria con las piezas bajo el brazo, esperando encontrar a Garrus y a los otros. No me equivocaba demasiado, Garrus y Jacob se habían enzarzado en algún tipo de competición alcohólica en la que no me interesaba meterme. Miranda y Tali bailaban en la pista y Joker había dirigido su atención a las máquinas de apuestas. Me sorprendió encontrarlos tan tranquilos, pero en realidad era lo mejor que podían hacer. A fin de cuentas, nos dirigíamos hacia una muerte segura. ¿Qué tenía de malo disfrutar un poco de la vida que nos quedaba? Miré a mi alrededor, tratando de encontrar algún sitio en el que sentarme. Encontrar la dichosa pieza había sido agotador. No me iba a venir nada mal tomar un traguito de algo fuerte.

- Shepard -la voz grave de Thane hizo que un escalofrío me recorriera la espalda. El drell me quitó las pesadas piezas de la mano y me acompañó hasta una de las mesas. Una joven camarera asari me tomó nota mientras me sentaba enfrente del asesino.

- Creía que habías vuelto a la nave -dije. Thane enlazó las manos sobre la mesa y asintió, pensando lo que iba a decir.

- Sabía que vendrías aquí y sentía la necesidad de aclarar lo que pasó antes.

- No es necesario, Thane… -el drell me hizo callar con un gesto de la mano. Parecía dispuesto a explicarse, después de todo.

- Los drell tenemos recuerdos perfectos. Podemos volver a vivir cualquier momento de nuestras vidas con una claridad meridiana. Y a veces es difícil controlarlo. Algunos de nosotros desaparecemos en un… mmm… podemos llamarlo solipsismo.

- ¿Solipsismo?

- Cuando un recuerdo parece tan real como la vida, es tan válido como la vida. Al pensar en un momento vuelve la sensación del olor de la hierba cortada, del calor de la mano de otra persona, del sabor de su lengua en tu boca -lo escuché en silencio, rememorando en mi propia mente cada una de aquellas sensaciones-. ¿No te dejarías invadir por tales recuerdos en vez de pasar la noche solo, contemplando unas paredes de metal y plástico?

- ¿Y los malos recuerdos?

- Ah… -Thane se recostó en su silla y lanzó una mirada vaga sobre la gente que deambulaba por el local-. Recordar los momentos en que me he llevado balazos es… desagradable. Pero puedo mirar mi rodilla y comprobar que no está destrozada. Los recuerdos de los que más me cuesta escapar están relacionados con la desesperación -agachó la cabeza y sentí la irreprimible necesidad de consolarlo. Sin embargo me mantuve casi inmóvil en mi sitio.

- ¿Recuerdas todo lo que te ha sucedido en la vida?

- Casi todo. Sospecho que si recordáramos el trauma del nacimiento, nunca nos recuperaríamos.

- ¿Y los asesinatos…?

- Hasta el más mínimo detalle. Todos los errores que he cometido. El último aliento de todas las víctimas.

La camarera asari apareció en ese momento con mi bebida. Bebí un poco del líquido fuerte y amargo y dejé que me calentara por dentro.

- Eso parece muy duro -bebí otro sorbito-. En cualquier momento puedes volver a vivir la culpa.

Thane se recostó en la silla y negó con la cabeza.

- ¿Culpa? No, nunca he sentido ninguna culpa especial por mis contratos. Mis jefes los mataron. Mi cuerpo solo fue su herramienta. Si matas a un hombre con tu arma, ¿crees que el arma es responsable?

- Mi arma no puede decidir lo que es correcto y lo que no… Tú sí.

- Mi alma puede. Mi cuerpo no es más que carne. Carne cuyos reflejos han sido pulidos para matar. Las mentes de los drell son diferentes a las de los humanos. Nosotros consideramos que nuestro cuerpo es un vehículo y aceptamos que no siempre podemos controlarlo.

- Entonces, ¿no asumes ninguna responsabilidad por tus actos?

Thane apuró su copa mientras meditaba la respuesta.

- No todas las acciones que realiza mi cuerpo se deben a decisiones conscientes. Asumo la responsabilidad de las que sí lo son. Los humanos a menudo creen en un alma distinta del cuerpo. Un espíritu responsable de la conducta moral que pervive tras la muerte del cuerpo. Nuestra creencia solo es un poco más literal.

La conversación se estaba volviendo demasiado trascendente y la bebida había comenzado a achisparme. Me levanté.

- ¿Crees que podrías arrastrar tu cuerpo a la pista de baile? Asumo toda la responsabilidad.

Thane sonrió. Una sonrisa triste aunque sincera.

- Claro, Shepard.

Lo cogí de la mano y lo arrastré hasta el barullo. Nos movimos al ritmo de la música, disfrutando de la inconsciencia de nuestros cuerpos. Sin embargo, cuando la música cambió y se volvió más lenta, Thane se acercó y me sujetó por la cintura. Lo dejé acercarse, aunque no pude evitar que mi pulso se acelerase. Me pregunté si él, con sus afilados sentidos de asesino, podía sentir el efecto que causaba en mí.

- La última vez que hablamos recordaste algo. Unos ojos color de atardecer…

- Ah, aquella vez… -el lazo de sus brazos se aflojó. De nuevo la voz monótona, el recuerdo-. El punto del láser tiembla en su cráneo. Una contracción del dedo y morirá. Entonces el olor de la especia en el viento de primavera. Ojos del color de la puesta del sol, desafiantes, en el punto de mira -volvió a clavar los ojos en mí y sus manos de nuevo se aferraron a mi cintura-. Mi láser advierte la presencia de una espectadora que se arroja entre el objetivo y yo. Ella no podía verme, pero se quedó mirándome…

- ¿Es sólo otro vívido recuerdo drell?

- No… No -había tristeza en su voz, y me arrepentí de haber iniciado aquella conversación. Sin embargo, quería saber-. Ella era una persona vívida.

- ¿Disparaste?

- Ese día no.

Thane se había sumido en sus recuerdos y de pronto, me sentí incómoda. Intenté deshacer el lazo de su abrazo con suavidad.

- Tengo que volver a la nave.

- Shepard -me detuve y le miré-. Me gustan estas charlas que mantenemos.

- Has pasado gran parte de tu vida solo, Thane…

El drell dejó escapar una suave carcajada.

- El trabajo me llenaba. Leía. Apenas hablaba con nadie que no fuera de mi familia. Pero parece que no quedará nadie que lamente mi muerte. Eres la única amiga que he hecho en diez años.

- ¿Amiga? Es un comienzo… -pretendía ser una broma, pero Thane se puso serio de pronto.

- ¿Un comienzo? Eso es… interesante -me observó, pensativo y yo bajé la mirada turbada.

- Tengo que irme.

- Búscame siempre que quieras hablar.

Me separé del drell y me abrí paso entre la gente. El corazón me latía tan fuerte que creí que se escaparía de mi pecho. ¿Era posible sentir algo así por un hombre de otra especie?