Ninguno de los personajes que reconozcáis son míos pues pertenecen a CLAMP, la historia sí.


Primer día

«Un copo de nieve nunca cae en el lugar equivocado»

Todos los años, el instituto Seijo de Tomoeda realizaba un viaje de estudios para sus alumnos de último año de preparatoria como recompensa por todo el esfuerzo que realizaban. Los destinos eran variados y, cuando el presupuesto lo permitía, el viaje era a un país extranjero, así que los alumnos terminaban conociendo Italia, Alemania, Francia, India y otros tantos. Ese año el viaje sería a Hong Kong, China.

En ese mismo momento, los alumnos se encontraban entrando en el avión que los llevaría hasta dicha ciudad.

—Silencio, por favor —pidió el profesor Terada, uno de los que irían con los alumnos. Inmediatamente, todos se callaron—. Voy a pasar lista para ver si falta alguien.

Cada uno contestó cuando su nombre fue dicho y ocuparon el asiento que se les fue asignado. Estaban emocionados, Hong Kong era una ciudad moderna e influyente que mezclaba la modernidad de occidente con las tradiciones más antiguas de China.

—Estaremos allí diez días, como ya sabéis —les recordó—. Esperamos que os comportéis como se espera de vosotros —dijo sonriente, a sabiendas de que sus alumnos darían la mejor cara que tuviesen— y, sobre todo, que lo disfrutéis. Merecéis este viaje.

Después de las últimas palabras, los murmullos rompieron el silencio. Muchos no estaban del todo contentos, pues uno de los posibles destinos, Grecia, no había sido el escogido. Sin embargo, lo que más les importaba es que ese viaje sería inolvidable, con sus amigos del instituto: el último antes de ir a la universidad.

—A Hong Kong, a Hong Kong. ¡Nos vamos a Hong Kong! —canturreó una voz aguda que fue seguida de las risas de sus amigas. Ella también rió—. ¿No creéis que es estupendo?

Sus ojos verdes brillaban de la emoción y una ancha sonrisa se había extendido por todo su rostro. Su expresión, casi infantil, denotaba alegría y energía por el viaje que recién estaba comenzando. Definitivamente, Sakura Kinomoto estaba entusiasmada.

Podía considerarse una chica normal: notas promedio, una casita en el centro de la ciudad y un grupo de amigas maravillosas. Tenía el pelo castaño, con un corte desigual y fresco; Contaba con unos ojos verdes muy expresivos y su estatura era normal. Formaba parte de las animadoras de su instituto y, en ocasiones, participaba en carreras y maratones. Por encima de todas las cosas quería a su padre y a su hermano, a pesar de que este último se pasara la vida molestándola.

—Sí —le contestó Tomoyo, su mejor amiga, dándole la razón—. ¡Será fantástico poder grabarte allí! —anunció mientras sacaba la pequeña cámara de vídeo y la enfocaba.

—¡¡Hoeee!! ¡No me refería a eso!

Las mejillas de Sakura adquirieron un tono rosáceo que mostraba su incomodidad en esos momentos. Desde niña, Tomoyo había tenido fijación por el video y la fotografía. Ella y sus amigas habían tenido que terminar acostumbrándose.

—¿Creéis que los chicos serán guapos?

Esa fue Meiling. Su pregunta hizo que sus amigas se giraran para ver como comenzaba a fantasear.

—¿Por qué Meiling siempre estará pensando en chicos guapos?—murmuró Chiharu a Sakura, haciéndola reír ante lo irónico de la pregunta.

Meiling era una de las chicas de su clase: Alta, melena lacia que le llegaba a la cintura y unos ojos cobrizos que eran, además de grandes, brillantes. Era de las más bonitas de la preparatoria, y podría decirse que solía llevarse bien con todo el mundo. Pero tenía la costumbre de estar pensando siempre en chicos, y no es que Sakura y sus amigas nunca lo hicieran, pero ellos no solían ser el tema principal de sus conversaciones.

—Como digáis — replicó ella, que parecía haberlas escuchado—. ¡Pero seguro que también os lo habíais preguntado!

Ellas ladearon la cabeza, sonriendo. A pesar de que era de China, se había mudado a Tomoeda en tercer año y había conseguido entablar una gran amistad con ellas. Su tenacidad y tozudez hicieron que al principio no se llevara demasiado bien con algunas personas de su clase, pero poco a poco fue ganándose el corazón de todos.

—¡Chicos, por favor, tomad asiento! — La orden del profesor Terada hizo poner fin a la discusión. Una vez todos le hubieron hecho caso, él y otra profesora más fueron entregando unos pequeños libritos—. Aquí tenéis todos los sitios que visitaremos en el tiempo que estemos en China —explicó, dándoles también un mapa de la ciudad—. En cuanto lleguemos, iremos al hotel, y después de comer saldremos a conocer las calles.

Sakura y Tomoyo, que se habían sentado juntas, se dedicaron a ojear la pequeña guía turística. Algunos lugares como Temple Street, Aberdeen y Wong Tai Sin parecían ser interesantes, y no podían esperar a llegar allí para verlo todo.

Sería el último año que estudiarían juntas, y querían aprovechar ese viaje para descubrir decenas de sitios y cosas para tener muchos recuerdos bonitos en un futuro.

Intentaron por todos los medios no quedarse dormidas en el avión, pero les fue imposible. Cuando por fin aterrizaron, los profesores se encargaron de despertarlos para que bajaran y recogieran sus maletas.

El aeropuerto era un sitio amplio, moderno y luminoso. La luz se filtraba por la parte del techo que era de cristal y hacía una temperatura agradable a pesar de ser invierno. De hecho, en Hong Kong la temperatura solía ser suave todo el año, por lo que los alumnos de Seijo no necesitaban ir muy abrigados.

Cuando ya todos hubieron recogido sus maletas y respondido al segundo recuento, les hicieron subir a un autobús que los llevó hasta el hotel en el que se hospedarían. Durante el camino, la mayoría aprovechó para hacer fotos a las cosas que más llamaban su atención con una sonrisa imborrable de sus rostros. Sin embargo, no tuvieron demasiado tiempo, pues tardaron poco en llegar a su destino.

Al entrar al hotel, el profesor les pidió que se unieran en grupos de tres para repartir las habitaciones.

—Sakura, Meiling y yo —respondió Tomoyo una vez les tocó el turno, y el profesor les dio su llave. Al comparar el número con Chiharu, Rika y Naoko pudieron comprobar que sus habitaciones estaban al lado, y eso hizo que se pusieran aún más contentas.

Subieron en el amplio ascensor con todas sus maletas, que hicieron que el espacio se redujera considerablemente, y entraron en la habitación que les habían dado. Era grande y de suaves colores marrones, con tres camas separadas por pequeñas mesillas, una mesa en la que había una televisión, dos cuadros de lo que parecía ser un templo, y un reluciente baño.

—¡Esto es genial! —exclamó Sakura al tiempo que se tiraba sobre una cama, riendo y rodando sobre sí misma. Después se sentó sobre ella de rodillas y miró a sus amigas con una enorme sonrisa—. ¡¡Me alegro tanto de que hayamos podido venir todas!!

Se lanzó a abrazar a ambas sin previo aviso, y ellas no pudieron más que reír con algo de condescendencia. Sakura irradiaba demasiada energía, y se tendría que tranquilizar un poco si quería seguir así de bien durante todo el viaje.

—¡Bajemos a comer!

Y, poniendo su maleta junto a una de las camas y sin darles oportunidad a decir nada, salió corriendo y saltando para ir a buscar al resto. Meiling y Tomoyo se miraron con una sonrisa cómplice antes de bajar al comedor donde ya estaba la mayoría de sus compañeros.

—¿A dónde creéis que iremos después? —preguntó Chiharu, echándose algo de pescado en un plato y sentándose con el resto de sus amigos.

—El profesor Terada me ha comentado que iremos a Temple Street. —Tras decir esto, Rika se sonrojó un poco, pero prefirió seguir hablando para hacerlo pasar desapercibido—. Es un mercado enorme, y seguro que hay cosas preciosas en algunos puestos.

—Hablando de mercados…

Takashi Yamazaki, el novio de Chiharu, llegó de repente a la mesa y comenzó a hablar con gesto serio y un dedo alzado, como para acompañar las palabras que diría. Chiharu, por su parte, parecía comenzar a enfadarse.

—¿Sabíais que el «mercado» tiene ese nombre porque el hombre que lo inventó tenía como apellido «Merc»? Y como estaba al lado de un río, el sonido del agua parecía decir «ado, ado, ado». Así que terminó llamándose «mercado».

Tomoyo, Rika y Naoko rieron un poco, al contrario de Meiling y Chiharu, que lo miraban bastante mal. Sakura abrió los ojos mucho y dijo que no lo sabía, animando a Yamazaki a continuar. No obstante, el muchacho no tuvo la oportunidad de seguir porque su novia lo había cogido por una oreja, regañándole por estar contando siempre mentiras.

—¡Hoe! ¿Era mentira? Parecía tan cierto…

—Sakura, eres demasiado ingenua. Si sigues así, será muy fácil engañarte en un futuro. No deberías hacer caso de todo lo que te dicen — la reprendió Meiling, riendo de nuevo por la cara que se le había quedado a la pobre chica.

Después de unas cuantas mentiras más y unos platos de comida bastante apetitosos, los profesores volvieron a reunir a los alumnos en la entrada del hotel. Tal como les había contado Rika, irían a Temple Street. Explicaron que les dejarían algunas horas para que pasearan libremente y después volverían todos juntos al hotel.

Cuando llegaron, pudieron ver que parecía uno de los típicos mercados que siempre habían visto en fotos (de hecho, muchos aprovecharon para fotografiarse en la entrada). Era una calle larga, aunque estrecha, en la que había cientos de puestos de baratijas y de ropa. Algunas otras calles más pequeñas que también tenían puestecitos desembocaban en ella.

—Vaya, es enorme… —susurró Sakura, que se había quedado prendada viendo algunas de las luces. Correteó de un puesto a otro, sonriente y alegre, mientras Tomoyo seguía sus movimientos con la cámara de video. Cuando se percató de eso, se sonrojó furiosamente—. ¡Tomoyo! No me grabes, que me da vergüenza.

—Vamos, Sakurita —replicó alegremente, separando la máquina de su cara para mirar a su amiga frente a frente—. Déjame grabarte tan feliz. ¡Será fantástico tener un recuerdo así para cuando terminemos!

Ella asintió, resignándose a lo que le pedía. Pronto se le olvidó que estaba siendo filmada, pues volvió a ir de un puesto a otro. En una ocasión, quiso preguntar el precio de un colgante a una mujer, pero su decepción fue tremenda al ver que ninguna comprendía el idioma de la otra.

—Ahora pienso que tendría que haber dejado que Meiling me enseñara chino. ¡No entiendo ni una palabra!

Tomoyo, al ver que parecía a punto de llorar, sonrió. A veces su amiga parecía una niña pequeña, dulce y amable, y eso es lo que más valoraba de ella. Sacó un pequeño diccionario que traía en el bolso y revisó algunas palabras. Poco más tarde, Sakura tenía en sus manos ese colgante que tanto le había gustado.

—¡Muchas gracias, Tomoyo! —Se puso el colgante, que consistía en un pequeño yin yang y una cadenita fina—. Es precioso.

—Parece hecho para ti, Sakurita.

Las dos rieron, admirando la pequeña joya, pero pronto su atención volvió a ser reclamada, esta vez por sus amigos, que las llamaban desde uno de los puestos de comida que había.

—¡Tomoyo, Sakura! —gritó Meiling, que se acercaba corriendo a ellas—. Nosotros vamos a tomarnos algo allí. —Señaló hacia donde se encontraba el resto—. ¿Venís o preferís seguir paseando?

Ambas se miraron, viendo en los ojos de la otra la respuesta casi como si se hubieran leído la mente. Respondieron que aprovecharían para mirar el resto de puestos.

—Está bien, si necesitáis algo nos llamáis al teléfono móvil. ¡Hasta luego!

Les guiñó un ojo y volvió con Chiharu, Rika, Naoko y Yamazaki, que parecía hablar sobre algo que irritaba mucho a Chiharu. Ellos dos siempre estaban así, pero se querían mucho, y se notaba aunque no lo dijeran. Sakura sonrió cuando esos pensamientos llegaron a su mente, alegrándose inmensamente porque su amiga tuviera esa suerte.

—¿Vamos, Sakura? —preguntó Tomoyo, que se había adelantado algunos pasos.

—¡Sí!

Cuanto más se adentraban en aquel mercado enorme, podían observar que no sólo había puestos de joyas, ropa y baratijas, sino que también de libros. Incluso la portada de algunos era muy bonita, pero Sakura ni se acercó. Si no entendía nada cuando le hablaban, menos aún al leer.

Una exclamación ahogada de Tomoyo hizo que se girara presurosa, pero al ver de lo que se trataba casi se sintió desfallecer: estaba ojeando uno de esos mangas que ella solía leer. Si no se equivocaba, ese iba sobre dos familias que se unían y tenían dos hijos de la misma edad. Al parecer al principio se llevaban mal, pero a los pocos días terminaban atrayéndose el uno al otro.

Siempre que Tomoyo le hablaba a Sakura de eso, no podía evitar preguntarse cómo podía alguien en tan poco tiempo sentirse atraído, o peor: enamorado de alguien que era prácticamente un desconocido. Su vista volvió a Tomoyo, que parecía no atender a razones cuando se trataba de ese manga.

—Eh, Tomoyo… —murmuró, pero parecía que su amiga no la había oído.

Paseó su mirada por los alrededores, esperando a que terminara de leer (con la ayuda de ese diccionario que ahora parecía tan útil), y se encontró preguntándose qué tipo de puesto sería el que tenía frente a sí. Constaba de una pequeña carpa que parecía bastante vieja, y la entrada, que era visible en el resto de puestos, estaba tapada por una cortina negra. Sentía mucha curiosidad, y se dijo que no tenía por qué pasar nada malo si entraba a mirar un poco.

—Tomoyo, voy a ver qué es eso. Ahora mismo vuelvo, ¿está bien? —ella asintió sin despegar los ojos de los dibujitos. Sakura suspiró y caminó hacia la diminuta carpa.

Una vez hubo llegado, se quedó con el brazo extendido hacia la cortina, preguntándose si en realidad podría entrar. Como impulsada por un resorte, la apartó y se adentró en aquel espacio reducido y oscuro que parecía ajeno a todo el barullo que había en el resto del mercado.

El ambiente era algo oscuro, mas no tétrico. Estaba cargado por un olor un tanto dulzón que parecía haber sido el causante de que se sintiera atraída hacia su interior. Cuando miró un poco más allá, vio a una mujer muy bella vestida con ropas tradicionales chinas, pero que parecía muy mayor. Sakura se acercó tímidamente, mirando a su alrededor y quedándose maravillada por algunos lienzos que había. Al ver que la mujer la observaba detenidamente, se sintió intimidada y se preparó para salir de nuevo.

—Siéntate, por favor —oyó que le decía una voz suave y melodiosa—. Te estaba esperando.

Sakura recorrió la distancia que las separaba lentamente, atraída por el aura misteriosa que poseía aquella mujer. Segundos más tarde, reaccionó muy sorprendida dando un pequeño salto antes de sentarse sobre el cojín. Pegó un pequeño saltito hacia atrás y abrió los ojos. ¡Esa mujer le había hablado en japonés y ella ni siquiera había abierto la boca!

—N-no, está usted equivocada. No la conozco, no podía estar esperándome —rió nerviosamente, dando un paso más hacia atrás. Después susurró, inaudible para cualquier otra persona—. Debe ser una casualidad que me haya hablado en japonés.

La mujer alzó la cabeza y extendió un brazo con la palma hacia arriba. De nuevo, como si de un imán se tratase, Sakura se vio cogiendo la mano que le extendía y tomó asiento frente a ella, enajenada.

—Las casualidades no existen —dijo con su voz suave, soltando a Sakura—. Sólo existe lo inevitable.

—¿Qué…? —intentó preguntar Sakura una vez hubo reaccionado ante esa situación tan extraña.

Calló al ver cómo la bella mujer dirigía su vista a un bonsái de un árbol de cerezo y acariciaba su cúpula de flores.

—Está escrito —comenzó a explicar pausadamente.

Sakura quedó prendada del misticismo que desprendía, y tragó saliva al ver que de nuevo la mano de aquella extraña persona se dirigía a ella, esta vez a su cuello. Pensaba retroceder hasta que vio que lo que había tomado entre sus dedos era el colgante que había comprado hacía tan sólo unos minutos.

—Tal como el Yin complementa al Yang, la luna al sol y el río a la tierra. Sólo la delicadeza y suavidad de Hua podrá salvar a Lang. —Sus ojos, más oscuros que al principio, se clavaron en los verdes de Sakura, que, confundida, no lograba entender lo que le decía—. Está en peligro y sólo Hua puede ayudarlo.

Ladeó la cabeza y miró su colgante, que aún estaba siendo sostenido. La parte negra se acoplaba a la perfección con la blanca. Sentía que la cabeza le daba vueltas. No sabía qué era lo que le estaba diciendo ni a quién se estaba refiriendo.

—Sólo superando la adversidad y perseverando en su camino podrá lograr su cometido. —Soltó el colgante, que fue tomado por Sakura de nuevo, y posó las manos sobre su regazo. Sin previo aviso, la mujer hizo una reverencia que iba dirigida a ella, sin duda alguna—. Todo queda en tus manos, Ying Hua.

Sus ojos se abrieron en señal de sorpresa y dejó caer sus brazos, haciendo que el collar reposara sobre su cuello nuevamente. Se había quedado sin habla y no podía pronunciar ni una palabra. Seguro que la había confundido con otra persona, porque ella ni siquiera se llamaba así.

—Cuando la vida del sol esté llegando a su fin y la luna comience su reinado, Hua reconocerá a Lang y será su destino salvarlo. —Después de esas palabras, tomó un amuleto dorado que reposaba en el suelo—. Ellos ofrecerán a la bestia guardiana para guiar tus pasos.

Sakura tragó saliva una vez más, esperando a que la mujer volviera a hablar. La garganta parecía habérsele secado, y se notaba cada vez más confusa y mareada. ¡No debería haber entrado en ese lugar! Al final sería verdad lo que le había contado Yamazaki de que los gatos mueren por curiosos. Al ver que la mujer esperaba una respuesta, se armó de valor y tomó aliento.

—¿Qui… quiénes son «ellos»? —preguntó con un hilo de voz, algo contenta al ver que no la había perdido.

—Sus ancestros.

Ante esa respuesta, la chica no supo si reír o llorar. ¿Ancestros? Quería decir… ¿Fantasmas? ¡Con el miedo que les tenía! Pero de pronto una vocecita al más puro estilo Meiling se adentró en su cabeza diciéndole que tenía que dejar de ser tan crédula. Se levantó del suelo, notando cómo las piernas le temblaban un poco.

—Es una… broma, ¿verdad? —Eso explicaría que la extraña mujer hablara en japonés y le dijera esas cosas que no tenían ni el más mínimo sentido para ella. Sin embargo, la expresión seria y serena de la mujer hizo que sus piernas volvieran a temblar—. Yo… creo que… tengo que irme.

Sin lugar a dudas, esa mujer estaba loca. Quizás había notado que ella era japonesa por su forma de vestir, o incluso porque la había oído hablar antes con Tomoyo. Caminó precipitadamente hacia la salida y, antes de que sus dedos pudieran siquiera acariciar la áspera tela, la voz calmada volvió a escucharse.

—Recuérdalo: no existen las coincidencias, tan sólo lo inevitable. —Sakura decidió salir rápidamente de allí, y cuando la luz dio en su rostro de lleno no pudo evitar sonreír aliviada. Se apartó rápidamente de ese puesto, por lo que no pudo escuchar las últimas palabras de la mujer:—. Mucha suerte, Ying Hua.

Tardó unos pocos segundos en volver a acostumbrarse a la claridad de la calle, pero pronto vio cómo Tomoyo se acercaba a ella.

—Sakura, ¿por qué has tardado tanto? —preguntó con un tono preocupado en su voz. Ahora que lo pensaba, ¿cuánto tiempo había estado allí dentro?

—Pues… es que me ha pasado una cosa muy rara. Había una mujer muy guapa que me ha dicho cosas extrañas —explicó con expresión confundida, pero la borró negando varias veces con la cabeza y volvió a mostrar su sonrisa, prefiriendo olvidar la extravagante escena que había vivido minutos atrás—. Pero no importa, ¿vamos con los demás?

Su amiga asintió, no muy convencida, y la siguió cuando comenzaron a deshacer el camino que antes habían recorrido. No muy lejos de allí se encontraban muchos de sus compañeros, acompañados por los profesores, y ellas se acercaron hasta sus amigos.

—¡Sakura, Tomoyo! —exclamó Chiharu muy sonriente—. Habéis llegado un poco tarde. El profesor Terada nos ha dicho que en dos horas tendremos que volver al hotel.

—Exacto —prosiguió Meiling, sonriendo aún más que Chiharu—. También nos ha dicho que, después de cenar, nos llevarán a un karaoke.

Las recién llegadas se alegraron mucho por la noticia, y es que no conocían mejor sitio para pasar un rato agradable que un karaoke. Podrían ponerse bonitas y cantar hasta que les mandaran recogerse.

—Seguro que si cantas, Tomoyo, dejarás a todo el mundo con la boca abierta. —Rika le guiñó un ojo, y Tomoyo soltó una risita.

—¡Eso es porque no me habéis oído cantar a mí! —Meiling cerró los ojos y alzó un poco la cabeza con un gesto altivo.

Todos rieron un poco ante esta respuesta, y es que Meiling casi siempre se estaba midiendo con sus amigos. Con Sakura en el ámbito de los deportes, con Tomoyo en el de la música y con Rika en el de la cocina. Sin embargo, muchas veces prefería no demostrar lo que decía.

Después de eso, decidieron pasear un poco más por la inmensa calle plagada de tiendas y puestos de baratijas. Al llegar hasta el final, vieron que había una especie de bar y entraron para tomar un refresco y hablar un rato, haciendo tiempo hasta la hora fijada para la vuelta al hotel.

—¿Y esa otra vez que se le cayó el bastón en pleno partido?

Cuando Chiharu terminó esa frase, recordando vívidamente cómo el bastón había caído como un peso muerto sobre la cabeza de Sakura, se tuvo que limpiar unas lagrimillas por la gracia que le hacía.

—¡Hoe! ¡Estaba distraída! —exclamó la aludida, sintiendo cómo su rostro se iba sonrojando. Queriendo olvidar ese bochornoso momento, echó un vistazo a una de las ventanas del local y vio cómo el sol estaba cada vez más bajo.

—Sakura, eres un desastre. ¡Admítelo!

Ella se ruborizó algo más y terminó asintiendo, resignada. Es que tenían razón, era una torpe. Pero una torpe feliz, al fin y al cabo. Tomoyo miró su reloj y desvió la atención de todos hacia ella.

—Falta media hora, ¿pagamos y volvemos?

Los demás asintieron conformes con la decisión. Así podrían volver sin prisas y dando un último paseo. Sakura revolvió el bolso que llevaba hasta encontrar un monedero, del que sacó un billete que extendió a Tomoyo.

—¿Puedes pagar por mí? Voy a ir al aseo, y así tardamos menos. —Tomoyo aceptó y le dijo que la esperarían en la puerta.

Después de comunicárselo al resto, se adentró por una puerta de madera que parecía algo vieja. A un lado estaban los lavabos y unos espejos un tanto mugrosos y, al otro, los aseos. Al fondo había una puerta que, según ella imaginó, daría a la calle de atrás.

No tenía pinta de ser demasiado limpio, pero su hermano siempre le decía que «mejor fuera que dentro», así que, haciendo de tripas corazón, entró en uno de los pequeños cubículos.

Cuando salió fue a lavarse las manos y la cara, encontrándose con su reflejo en el espejo. Estaba algo sonrojada todavía por los bochornosos comentarios de sus amigos, pero ya comenzaba a recobrar su color normal. Se atusó un poco el pelo con los dedos y sonrió. Tenía la certeza de que sus amigos y ella se lo pasarían muy bien en ese viaje.

Miró de nuevo por la ventana y se dio cuenta de que ya se veía la luna, pálida y etérea, entre un cielo ligeramente anaranjado. El sol casi se había ocultado, y eso hizo que recordase a la bella mujer y sus palabras extrañas.

«Cuando la vida del sol esté llegando a su fin y la luna comience su reinado, Hua reconocerá a Lang y será su destino salvarlo.»

Se preguntaba qué habría querido decir con eso y con todo lo demás. Notando que estaba distrayéndose demasiado, negó con la cabeza efusivamente, intentando así despejarla, y dio unos cuantos pasos para salir de los aseos. Sin embargo, un ruido la detuvo. Había sido en el exterior, y juraría que había sonado como si tiraran algo metálico al suelo, ¿qué era lo que estaría pasando?

Decidió ignorarlo y siguió su camino, pero otro ruido, esta vez más fuerte, hizo que parase. Temerosa, deshizo el camino que había realizado y condujo sus pasos hacia la puerta opuesta. Quizás no debía abrirla, o quizás no había sido nada, pero, al oír otro ruido, su curiosidad la impulsó a tomar el pomo y, ya tarde para retractarse, la abrió tímidamente, dejándola entreabierta.

Lo que vio la hizo quedarse paralizada.

Un chico se encontraba tirado en el suelo, entre algunos cubos de basura cuyos contenidos habían quedado esparcidos por la calle extrañamente desierta. El gesto de dolor en su cara y sus ojos clavados fijamente en un punto hicieron que siguiera su mirada.

Algunos metros más allá había otro chico, erguido cuan alto era, que lo miraba de una forma que Sakura nunca había visto. Sin embargo, hubo algo que llamó mucho más su atención por el brillo que desprendía: una espada.

Sintió su corazón golpear fuertemente en su pecho, como si deseara escapar de él, pero no sabía qué hacer; su mente se había quedado en blanco.

El chico que estaba de pie empuñó la espada y la blandió en dirección al que estaba en el suelo.

—¡¡Raitei Shourai!!

Su grito, con unas palabras desconocidas para Sakura, resonó en todo el espacio haciendo que se encogiese sobre sí misma. De pronto, un estruendo acompañado de una luz cegadora hizo que cerrara los ojos, sin entender nada de lo que estaba pasando. Pudo alcanzar a oír una exclamación ahogada.

Cuando volvió a abrir los ojos, vio cómo el chico que estaba en el suelo parecía más magullado que antes y tenía los ojos fuertemente cerrados. Esta vez, el otro se acercó a él, alzando la espada y colocándola en posición vertical sobre él, que intentaba levantarse en vano.

Sakura abrió mucho los ojos. ¿Lo iba a matar? Allí, en medio de una calle desierta por la que podría pasar cualquier persona. ¿Lo iba a matar? Pensó de nuevo, con más angustia que antes.

El que estaba de pie había comenzado a hablar en chino, por lo que ella no entendía ni una palabra. Sin embargo, hubo algo que le llamó la atención.

—… -oto, Xiao Lang.

«Xiao Lang». Comenzó a recordar rápidamente su conversación con aquella mujer, empezando a comprender lo que había dicho. Su cabeza daba vueltas, girando alrededor de un único eje: «Lang».

Al terminar de hablar, alzó más la espada, y Sakura echó a correr.

Hacia él.

—¡No! —gritó, forzándose al máximo para poder llegar a tiempo de evitar lo que haría. En los últimos metros, se impulsó y saltó, y lo hizo caer de un empujón lejos del otro chico.

Estaba adolorida por la dura caída, pero sólo pudo estar unos pocos segundos pendiente de eso, pues pronto fue alzada del suelo por el chico al que había empujado. La cogió fuertemente del brazo y la obligó a agachar la cabeza mientras que con su otra mano volvía a empuñar la espada. Ella se revolvió un poco intentando librarse de su atacante, pero no lo consiguió. Ni siquiera cuando le dio un par de patadas en sus piernas la dejó libre.

Tonta Sakura. La iba a matar. Cerró los ojos con fuerza, notando cómo las lágrimas se desprendían de sus ojos con una facilidad increíble, resignándose a su prematuro final.

No debería haber corrido hacia él. No debería haber entrado en esos baños. No debería haber ido a ese puesto. No debería haber viajado a Hong Kong.

No obstante, su respiración no se paró después de que el ruido de algo rasgando el aire sonara, no notó nada en la nuca y sintió cómo la presión que ejercía sobre su brazo ya no estaba ahí. Abrió los ojos lentamente, temerosa, y su garganta se secó.

Él estaba ahí, delante de ella, con un brazo extendido. Protegiéndola. No podía verle la cara, pero parecía como si fuera a desfallecerse de un momento a otro. Su ropa estaba chamuscada y algo rota, pero estaba de pie. Lo había salvado.

¿La había salvado?

No supo a ciencia cierta qué había ocurrido, pero el chico que anteriormente había empuñado la espada ya no estaba ahí. ¿Cuándo se había ido?

—Q-qué…

La voz le salió quebrada y extrañamente aguda, el corazón le latía más fuerte a cada segundo, y sentía sus piernas completamente ajenas a ella.

Su salvador se giró y quedaron frente a frente. Estaba magullado y en algunas zonas de su cara parecía tener algo como tierra u hollín. Abrió los labios queriendo pronunciar unas palabras que nunca llegaron. Sus ojos, marrones, se clavaron en los de ella, como si buscase algo. Dieron una última sacudida, y se desplomó.

—¡Oh, Dios! —Cuando Sakura sintió que sus músculos volvían a responderle, se arrodilló junto a él, sin atreverse a moverle, y se llevó las manos a la boca, horrorizada—. ¿Qué puedo hacer?

Sentía su cabeza trabajar a miles de revoluciones por segundo, intentando buscar una solución. Si hablara chino podría llamar por teléfono para pedir ayuda, pero no sabía ni una palabra. Intentó contener las lágrimas, sintiéndose abatida. No sabía qué hacer para ayudarlo, y dejarlo ahí no era una opción.

—¡Ya estoy aquí! —bramó una vocecita en su idioma, haciendo que Sakura se sobresaltara—. ¿A quién hay que patear?

Ella giró la cabeza hacia donde provenía la voz, pero no vio a nadie. Se quitó las manos de la boca y habló con voz temblorosa.

—¿Quién hay ahí? —Barrió con los ojos distintas zonas de la calle en la que estaba, sin levantarse del suelo, pero siguió sin ver a nadie.

—¡¿Cómo se te ocurre preguntar eso?! Yo soy el más grande, el más rápido y el más inteligente. —Ella movió la cabeza algunas veces más, sin que su búsqueda diese resultado—. Yo soy el gran Kerberos, el honorable guardián que envían los ancestros.

De pronto se sintió muy cansada, como si hubieran pasado días desde que habían llegado a Hong Kong, y las palabras de la mujer ahora se repetían en su mente como un eco antiguo. Ya no sabía si había sido una broma o si tenía algo de real. Miró a su alrededor, pero seguía sin ver nada.

—¿Dónde? —preguntó, ansiosa de que ese guardián llegara y la ayudase con el chico que se había desmayado.

—Aquí. —Sakura miró a la izquierda y, tras otra indicación más, a la derecha—. ¡Aquí, estoy aquí! Ni que estés ciega…

Su cabeza volvió a girarse hacia la izquierda, y como si estuviera mecanizada, realizó un ángulo que le permitió mirar hacia abajo para lograr ver… esa cosa.

—¿Pero qué broma es esta? ¿Quién ha dejado este peluche aquí? —Estaba confundida, muy confundida.

—¡¿Se puede saber a quién acabas de llamar peluche, niña?! —gritó el peluche con enfado.

Un momento…

—¡¡¡Hoeee!!! —gritó a la vez que se apartaba arrastrándose con rapidez unos cuantos metros. Cuando logró relajarse, se llevó la mano a la cabeza, aún más confundida que antes—. No entiendo nada.

—No tienes que entender nada, yo estoy aquí para que me obedezcas en todo.

Era pequeño y tenía la forma de un osito de peluche, solo que más feo. Con unas orejas grandes y unos ojos pequeñitos, su cara redonda y la cola que finalizaba como la de un león.

—Tú debes de ser Ying Hua —dijo el bichito una vez ella hubo recobrado su respiración normal. Y es que no todos los días uno se encontraba con una mujer extraña, una pelea a muerte y un peluche parlante.

—No, yo me llamo Sakura —contestó contrariada. La mujer del puesto le había llamado de la misma forma. Volvió a prestar atención a Kerberos, como había dicho que se llamaba, ya que se estaba riendo.

Ying Hua significa Sakura —explicó, volviendo a reír.

Sin embargo, la diversión le duró poco, pues ella volvió a mirar a ese chico. Sentía que la cabeza le iba a estallar, pues no lograba comprender ni una de las cosas que le habían pasado ese día.

—Vaya…

El susurro de la pequeña bestia le hizo saber que él también había visto al muchacho.

—Yo… no entiendo nada. —Su voz se tornó triste.

—Habrá que llevarlo a su casa.

Ella lo miró, y volvió a bajar los ojos hacia el chico.

—No sé nada de él, ni dónde vive, ni… ¡Oh, se suponía este iba a ser el mejor viaje de mi vida! —se lamentó, aún a sabiendas de que no era el mejor momento para ello.

—Yo lo llevaré —se ofreció Kerberos—. Sus ancestros me convocaron, conozco el camino.

Sakura se levantó del suelo, pensando que podía confiar en él. Después de eso, no tendría que volver a preocuparse por nada, pues si era lo que pensaba, ya había cumplido con su función.

«Cuando la vida del sol esté llegando a su fin y la luna comience su reinado, Hua reconocerá a Lang y será su destino salvarlo.»

Y ya lo había hecho.

Cerró los ojos, intentando asimilar lo que le había ocurrido en ese día. Alcanzó a notar una calidez y un brillo que la deslumbraban, aún con los párpados bajados. Cuando volvió a abrirlos, no pudo contener un grito de sorpresa.

—¡¡Hoe!! —Había un gran león alado sin melena a su lado, pero no había ni rastro del pequeño guardián—. ¡Kerberos! ¡¡Socorro!!

Le pareció oír «Pero será tonta» cuando el león hizo una mueca.

—Yo soy Kerberos —dijo, apuntándose con una pata—. La otra forma es para moverme con más comodidad.

Tras explicarle eso y convencerla del todo, le dijo que llevaría al joven a un sitio donde lo sanarían.

Sólo cuando le vio desaparecer por el horizonte con el chico en su lomo sintió que era seguro volver a respirar. Lo más probable era que todo fuera un sueño, o que se lo hubiera imaginado. Cualquier cosa menos que lo que le había sucedido fuera real. Había pasado por tantas sensaciones ese día que se sentía al borde del colapso.

Sacó fuerzas de donde no las tenía y, temblorosa como estaba, deshizo los pasos que había realizado algún tiempo atrás. Pasó por el baño y por el bar hasta dar con la puerta delantera. Antes de salir, se armó de valor y decidió actuar como si nada hubiera pasado para que no la tomaran por loca.

—¡Sakura! ¿Por qué has tardado tanto? —preguntó Meiling con un gesto algo molesto.

Si ella supiera…

—Nos tenías preocupados —Tomoyo se acercó a ella, examinándola para comprobar que se encontraba bien.

—¡No, no! Es que se me ha ido el tiempo volando, y estaba… recordando —se excusó, riendo nerviosamente.

Logró convencerlos y fueron a encontrarse en el punto establecido por los profesores. Esa noche, después de cenar, cumplieron lo prometido al llevarlos a un karaoke que había cerca del hotel. Sakura no quería ir, tenía demasiado en lo que pensar y se sentía extremadamente cansada, pero las insistencias de sus amigas hicieron que al final se animara un poco.

Cuando llegaron al local, vieron que había gente de muchos países, no sólo asiáticos. Al parecer no era sólo para la población china, sino para los turistas que iban y querían algo de diversión por la noche. El karaoke, a pesar de estar más extendido en Japón, había ido causando estragos en China y ahora se había puesto de moda.

La sala que les tocó se veía muy agradable: había un pequeño escenario con una pantalla detrás al fondo y muchas mesitas repartidas en el amplio espacio que había.

Tras mucho insistir y rogar, Tomoyo consiguió que todas sus amigas subieran con ella para cantar. Había notado algo apática a Sakura cuando salió de aquel bar y quería animarla. Después de todo, ese sería el último viaje de instituto que realizarían todas juntas y no se podía estropear.

Cantaron una canción inglesa bastante graciosa y al terminar todos les aplaudieron. Yamazaki halagó a Chiharu después de decir que sus oídos habían quedado dañados para siempre y Rika desapareció cuando dijo que iba al baño.

—¡Yamazaki me ha contado una historia de miedo espectacular! —dijo Naoko al terminar de oír a otros extranjeros—. Trata sobre un grupo de alumnos que, como nosotros, viajaban a China…

Meiling y Tomoyo escuchaban entretenidas, mientras que Sakura no paraba de morderse las uñas. Aún daba vueltas por su cabeza todo lo ocurrido ese día y las historias de miedo que tanto gustaba de contar Naoko no la ayudaban, pero prefirió dejarlo a un lado y continuar con su viaje.

—Y entonces… apareció el espíritu de una mujer muy, muy bella.

¿Espíritus? Sakura tembló. Ya había tenido suficiente por ese día con los espíritus, los ancestros y las cosas raras.

Se disculpó y se acercó a la barra para pedir un refresco, así daría tiempo a que Naoko acabara su historia sin tener que oírla. Le dieron su pedido y cuando echó un vistazo a sus amigas vio que Naoko seguía hablando. Al parecer iría para largo.

Dio un trago al refresco mientras paseaba por entre las mesas hasta llegar a la pared, donde se apoyó y continuó bebiendo. Otro trago, y otro más.

—Misión cumplida.

Se quedó lívida al oír esa voz. Giró su cabeza y se encontró con lo que había temido: una carita amarilla, redonda y grande a pocos centímetros de la suya. Todo lo que se había metido a la boca salió disparado como si hubiera estado a presión.

—¡¿Así es como me lo agradeces?! —exclamó enfadado por haber sido bañado en refresco. Sakura lo cogió, tapándole la boca y mirando nerviosamente a todos lados.

—¿Estás loco? ¡Te pueden ver! —regañó, y después lo metió en su bolso, libre de miradas extrañas. Segundos más tarde pareció comprender algo—. ¿Qué haces aquí? ¡Ya he hecho lo que debía!

—Aún no —respondió, sacándole la lengua y saliendo del bolso. Hizo caso omiso de sus quejas y, tras visualizar algo, salió volando muy rápido—. ¡Dulces!

Ella suspiró, intentando ignorar la opresión que sentía en el pecho. ¿Cómo que «aún no»? ¡¿Qué más querían de ella?!

Como respuesta a sus preguntas, una voz cansada y algo dura, casi áspera, pronunció unas palabras directas y contundentes, en un japonés un tanto dificultado. Se volvió hacia la persona que había hablado, sintiéndose de inmediato muy pequeña.

Era más alto que ella y su cabello castaño estaba revuelto. Sus ojos marrones, además de ser profundos, parecían destellar por la luz cambiante del local. Su rostro parecía debatirse entre la molestia y la preocupación, pero no podía ocultar el aire de derrota que lo rodeaba. Otra cosa que no pudo pasar desapercibida para Sakura fue que era muy guapo, tanto, que en esos momentos no podía despegar su vista de él. Sin embargo, sus palabras volvieron a repetirse en su cabeza como un eco:

—Tenemos que hablar.


OdiNotes: ¡Hola! ¿Qué tal? Aquí vengo con una nueva historia que, a pesar de que pueda parecer algo insulsa por el título o el resumen, me está gustando y emocionando mucho. Había pensado terminarla antes de colgarla, pero ya véis que aquí estoy, con este primer capítulo ^^

Lo primero de todo es gracias por leer, y espero que os haya gustado. Si tenéis alguna duda de lo que sea no tenéis más que preguntármelo y yo contestaré con mucho gusto *-*

Estoy completamente emocionada con este fic, por eso mismo espero que a vosotros también os guste... y agradecería mucho vuestra opinión (: He querido mezclar algunos géneros, así que aquí veréis mucho popurrí, aunque unas cosas sobresalgan por encima de otras (romance, acción, misterio...). Como habéis podido ver, ya en este capítulo he intentado meter algunas cosillas: ¿Quién es la mujer que había en el mercado? ¿Por qué Sakura? ¿Y quién era el chico de la espada? Creo que no hace falta preguntar quién era el otro chico de la escena de la "batalla" ;)

Quise hacer un universo alternativo de Card Captor Sakura, pero quería probar algo nuevo, diferente, que no fuera la típica historia de instituto y/o trabajo... y salió esto.

Quiero agradecer también a todas las personas que me han apoyado y ayudado con esta historia :) ¡¡Muchas, muchísimas gracias!!

Y ahora, unas pocas aclaraciones:

Ying Hua: como Kero ha dicho, Ying Hua es el nombre de Sakura tal y como se dice en chino. Sé que hay muchas personas que ponen Ying Fa, no sé por qué xD igual por Mulán (?), pero es Hua. Me documenté y eso me ponía. Y además, una amiga que es china me ha dicho que, en efecto, es Hua y no Fa.

Raitei Shourai: el hechizo que usa el "malo" en la pequeña escena de lucha. Es la forma que CLAMP le dieron al hechizo que invocaba al trueno (en español Shaoran dice "Acude a mí, Dios del trueno", no sé en otros lugares cómo será).

Prácticamente eso es todo, si tenéis alguna pregunta no dudéis en hacerla y, nuevamente, muchas gracias por leer :3 ¡nos vemos en los reviews y en el próximo capítulo!