Salí del coche a trompicones como era mi costumbre y entré en la casa, no sin antes girarme y dedicarle una cálida sonrisa a Edward que continuaba allí sin moverse esperando para verme entrar. Al fin crucé el umbral de mi casa y lo perdí de vista.

-Bella, ¿eres tú?

-Sí, papá.

-Pensaba que no te vería hasta después de cenar.

-¿Y qué ibas a cenar si yo no venía?-empezamos a reírnos ambos.-Voy a preparar algo.

-¿Te ayudo?

-Sigue viendo el partido, cuando esté te aviso.

Esa noche me esmeré en la elaboración de la cena. Estaba feliz de poder cocinar para Charlie una vez más. Tuve que hacer pescado, pues era lo único que había en el frigorífico además de huevos y beicon, pero fue el pescado más delicioso que había probado en muchísimo tiempo. Charlie lo devoró todo con ansia. Me sentí culpable por no poder cocinarle todos los días ¿Y si le regalaba un libro de recetas de cocina por Navidad? Tenía que hacerme con uno pronto. Luego llamaría a Alice y le propondría ir de compras mañana. Pasado ya era Navidad y tenía que comprar algunos regalos. La voz de Charlie me hizo salir de mi ensoñación.

-Tengo que felicitarte Bella. Hacía timpo que no comía tan bien.

-Me alegra que te gustara. Yo hacía tiempo que no cocinaba tanto. Edward y yo comemos casi siempre en la cafetería de la facultad.

-Pues me alegra saber que no has perdido la práctica-ambos estallamos en carcajadas.

-Papá, ¿te importaría si voy mañana a Port Angeles de compras con Alice?

-Claro que no. Alice debe de estar deseándolo.

-Lo que me recuerda que tengo que llamarla para decírselo.

-¿Ella no lo sabe?

-En realidad no. El caso es que necesito hacer unas compras y como ella está siempre tan dispuesta pues le voy a pedir que me acompañe.

-Pues espero que os divirtais.

-Gracias, papá.

Cuando lo tuve todo recogido y limpio me dirigí hasta el telefono para hablar con Alice. Descolgué el auricular y marqué el número de Alice. Por supuesto en cuanto sonó el primer tono ella lo cogió y lo primero que me dijo fue que sí. Alice lo había visto todo ya. Decidí que lo mejor sería irme temprano a dormir pues el día de mañana iba a ser muy largo. Le dí las buenas noches a Charlie y subí a mi habitación.

Me desperté cuando los rayos del sol alcanzaron mi rostro y ya no hubo manera de conseguir que la oscuridad viniera a buscarme. Era muy extraño, ya que por la noche había echado las cortinas para que nada interrumpiera mi sueño. Cuando abrí los ojos y me acostumbré a la abundante luminosidad de mi habitación lo comprendí todo. Edward estaba sentado en la mecedora leyendo y había abierto la cortina y la ventana todo lo que ésta le permitía. En cuanto levantó la vistá hacia mi le miré ceñuda.

-¿Nos levantamos de mal humor?-era evidente que él no lo estaba.

-¿Por qué has abierto la ventana?-le repliqué mientras me tapaba la cara con la almohada.

Sentí como se levantaba y se acercaba a mi para quitarme la almohada y poder mirarme.

-Perdoname por hacer que te despertaras antes.

-¿Entonces por qué lo has...?

-Calla Bella. Lo he hecho porque ya es muy tarde y como hoy te vas de compras con Alice no voy a poder estar contigo demasiado tiempo. Ya sabes como es Alice y te tendrá en Port Angeles todo el día. Me estraña que no haya venido aún a buscarte.

-Oh Edward, perdona.

-No hay nada de que disculparse.

Y comenzó a besarme con la pasión latiendo en sus labios.

-¿Por qué no te vienes con nosotras?-le propuse en cuanto me liberó.

-¿Estás loca? Prefiero aburrirme todo el día que ir de compras con Alice.

-¡Edward! Que yo voy a ir.

-Y por eso te compadezco.

-Idiota-le repliqué mientras me levantaba de la cama.- Me voy a ducharme.

-¿Puedo ir contigo? El sheriff no está, ¿sabes?

-Ni se te ocurra seguirme. Tu sigue leyendo lo que fuera que estuvieras leyendo cuando me has despertado.

-Vamos Bella no te enfades. Yo no quería...

Eso fue lo último que oí antes de cerrar la puerta y dirigirme al cuarto de baño con una enorme sonrisa en mi rostro.

Apenas hube acabado de arreglarme alguien llamó a la puerta.

-¿Quieres que vaya yo?-oí gritar a Edward.

-No, ya voy yo.

Bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta de un brusco tirón. Alice estaba esperando en el umbral con una expresión de radiante felicidad en su rostro y Rosalie la acompañaba.

-Buenos días Bella. ¿Ya estás preparada? ¡Date prisa que el tiempo es oro!

-Buenos días Alice- logré articular mientras me reía-. Hola Rosalie. No sabía que venías con nosotras.

-¿Pensabas que me iba a quedar en casa perdiendome toda la diversión?

-Por supuesto que no.

-Buenos días chicas. ¿Ya os vais?

-Ni hablar Edward. Bella me pertenece hoy a mi. Así que olvídalo. Nos marchamos inmediatamente.

-Pero nos podríamos quedar a comer y luego ya nos vamos, ¿no?

-Eso no lo pienses Bella. Ya comeremos algo allí.

Mientras Rosalie se reía yo me despedí rápidamente de Edward justo en el momento en que Alice me cogía del brazo y me arrastraba hacia el coche.

El viaje fue de lo más animado. Nada más llegar Alice y Rosalie tomaron el mando y me arrastraban hacia infinidad de tiendas en las que con solo mirar el precio me mareaba. Cuando llegó mediodia me llevaron a un restaurante para comer y luego reanudamos la marcha, cada vez con menos entusiasmo de mi parte. Empezaban a dolerme los pies.

-Alice yo quería venir a comprar algunos regalos para mañana, ¿sabes? ¿No podríamos ir a tiendas más asequibles y quizás a alguna librería? Pero primero me gustaría descansar.

-Bella sabes que el dinero no es problema. Mira allí hay un banco vamos.

-Me gustaría pagar los regalos con mi dinero. No quiero utilizar la tarjeta que me dio Edward.

-Si se entera se va a enfadar contigo.

-Alice venga se comprensiva. Si Bella no quiere podemos ir a algún sitio más barato. Aunque también podemos obligarla.

-Me gusta tu idea Rosalie.

-Chicas por favor. No seais así.

Después de descansar un rato me llevaron a comprar los regalos que necesitaba y me obligaron a gastar la tarjeta de Edward, pero por suerte me dejaron entrar en una librería a por el libro de Charlie.

Llegué a casa tarde y cansada con un montón de cosas que ni siquiera necesitaba y un montón de ropa nueva que se empeñaron en comprarme o hacerme comprar. Edward tenía razón y hubiera sido mejor pasar el día aburrida en casa. Aunque por otra parte había estado genial pasar el día con Alice y Rosalie. Realmente las había echado mucho de menos.

-Papá ya estoy en casa.

-Hola Bella. ¿Qué tal el día? ¿Te lo has pasado bien?

-Sí. Ha sido estupendo. Aunque estoy agotada.

-Hay un poco de pizza en la cocina, te la puedes comer y así puedes acostarte antes.

-Eso sería estupendo.

El día siguiente lo pasamos todos juntos en casa de los Cullen. Comimos hasta hartarnos, al menos mi padre y yo, ya que Edward y su familia con aparentar era suficiente, bailamos hasta que las pierrnas ya no eran capaces de sujetarnos, hablamos hasta que se nos secó la garganta y nos repartimos los regalos. A Charlie le encantó el libro y me prometió que lo usaría todos los días y yo me ofrecí a ayudarle a aprender algunas cosas mientras estuviera en casa. Cuando ya estaba bien entrada la noche papá y yo decidimos que ya era hora de volver a casa.

Los días siguientes pasaron de forma rápida y tranquila. Yo repartía mi tiempo entre Edward, Charlie y los Cullen e intentaba pasar el mismo tiempo con todos, pero unos días después de navidad pasó algo que no me podría ni siquiera imaginar. Había sido muy discreta con mi llegada y además pensaba que no se encontraba cerca. En uno de los pocos momentos en que estaba sola en casa, preparandome para ir a casa de los Cullen, justo cuando papá se marchaba a la oficina, alguien llamó fuertemente a la puerta. Me apresuré a abrir y cuando lo hice el corazón me dió un vuelco y se negó a seguir latiendo. Mis pulmones dejaron de recibir aire y empecé a marearme. No podía creer que estuviera justo delante de mí. Pero allí estaba, con sus pantalones vaqueros cortos y sin camiseta, justo como solía ir para una mejor transformación. El pelo le había vuelto a crecer y le llegaba un poco más de los hombros. Su rostro se había suavizado, sus ojos estaban otra vez llenos de vida y alegría y justo debajo... Oh Dios mío ahí estaba, esa sonrisa que creí haber perdido para siempre. Jacob Black estaba más guapo que nunca y me sonreía con una felicidad en todo su ser que era contagiosa.

-Si no respiras te vas a ahogar.

Ante su observación empecé a meter aire violentamente en mis pulmones y me sujeté mas fuerte a la puerta hasta que el mareo empezó a remitir.

-Cualquiera diría que no te alegras mucho de verme- ahí seguía su sonrisa, inamovible.

-Jacob.

-¿Como estás Bella? ¿Puedo pasar?

Me aparté de la puerta para dejarle paso aún sin capacidad de habler. Se dirigió al salón y se acomodó en el sofá. Yo me senté en el sillón y seguí observandole en silencio.

-Bella por favor di algo-su sonrisa desapareció y la sustituyó una expresión de preocupación y tristeza.

-Yo... No esperaba verte Jake.

-Billy invitó anoche a Charlie a casa y le dijo que no podía ir porque estabas tú aquí. Mi padre me lo dijo y he decidido venir a verte.

-Dios mío Jake, me alegró un montón de verte-estallé a llorar y me fui al sofá a abrazarle.

-Eh Bella, no llores. Yo también me alegro un montón de verte. Aunque tengo que admitir que esperaba que tu condición fuese distinta.

Cuando conseguí calmarme le solté y le miré a los ojos.

-Edward me convenció para que lo retrasara por lo menos un año. La verdad es que no le hace mucha gracia que me convierta en uno de ellos y yo cedí a sus suplicas. Pero esto no va a durar para siempre.

-Creo que es lo mejor que puede hacer.

-¿Disculpa?

-He cambiado mucho Bella. Me he imprimado y he podido pensar en lo tuyo con objetividad. Soy muy feliz de que estés con Edward porque te va a cuidar muy bien y al fin y al cabo tampoco está tan mal que seas una vampira porque, joder, yo soy un hombre lobo, no te puedo reprochar nada y se que eres feliz a su lado y que nunca te va a faltar nada y que...

-Jake para.

-Es que creo que tengo que disculpame por...

-No tienes que disculparte por nada. Hiciste lo que creiste apropiado para conseguir lo que querias y jamás me enfadé contigo y lo sabes. Ahora tu eres feliz y yo soy feliz y eso es lo único que importa.

Me abrazó más fuerte de lo que yo lo había hecho antes y permanecimos así por un tiempo indeterminado hasta que alguien volvió a llamar a la puerta.

-Espérame un momento Jacob, enseguida vuelvo.

Esa llamada a la puerta me había cabreado. Jacob y yo nos estabamos "reconciliando", nada podía ser más importante. Pero cuando abrí la puerta el pánico se apoderó de mi cuerpo. Edward estaba fuera y Jacob en mi salón.

-Bella, ¿estás bien? Jasper y Emmet estaban muy preocupados porque no apareciste esta... Lobo-su cara pasó de la preocupación al odio.

-Edward por favor no hagas nada malo, ¿vale? Jake ha venido a verme, pero no ha pasado nada de lo que...

-Hola Edward. ¿Qué tal?- Jacob había aparecido junto a la entrada.

-Jacob, que sorpresa verte aquí.

-Eso mismo ha dicho Bella. Me he enterado que estábais por aquí y me he pasado a hacer una visita.

Para mi sorpresa Edward sonrió y se acerco a Jacob para estrecharle la mano. Jacob debía de haber contestado mentalmente a todas las preguntas que no estaba formulando Edward y las respuestas debían de ser satisfactorias.

-La verdad es que me alegro de verte Jake. Bella estuvo muy preocupada por ti y me alegra que todo te fuera bien al fin y al cabo.

-Yo también me alegro de verte y de que cuidaras de Bella tan bien como veo que has hecho.

En ese momento la tensión abandonó mi cuerpo y la felicidad ocupó el puesto de ésta. Era maravilloso que no hubieran empezado a pelear, que seguro tenía que ver con la reciente imprimación de Jacob. Después de esto fuimos al salón a hablar hasta la hora de comer, que Jacob decidió que era hora de irse y yo me fui con Edward a su casa para pasar con Jasper y Emmet las horas que aún tenía pendientes.

Cuando ya se hizo tarde fui a casa para ayudar a Charlie a hacer la cena.

-¿Vas a ir mañana a pescar, papá?

-Esa era la idea. Va ha hacer buen tiempo y quería aprovecharlo.

-¿Si voy contigo me enseñarás a pescar?

-¿Bella, tienes fiebre?

-¿Es que no puedo querer ir a pescar contigo?

-Sabes que me encantaría que vinieras.

-Pues ya no hay nada más que añadir. Mañana temprano a pescar.

-¿Y Edward?

-También quiere pasar tiempo a solas con su familia.

La verdad es que esto último no era del todo cierto. A Edward no le había dicho absolutamente nada de esto y esperaba que no le importara que no le viera en casi todo el día.

Después de la cena estuve viendo un rato la tele con Charlie, hasta que me venció el sueño y tuve que subir a acostarme. Como siempre Edward me estaba esperando en la habitación, esta vez mirando por la ventana.

-¿Ves algo interesante?-le pregunté juguetona.

-Fuera no, pero dentro sí.

-¿Enserio? ¿Y puedo saber que es?

Mientras formulaba mi pregunta, Edward abandonó la ventana y se fue acercando a mi. Me abrazó y acercó su boca a mi oido. Entonces oi un "tu" y sus labios colisionaron con los mios en un beso pasional. Cuando él lo consideró oportuno se apartó de mi.

-¿Sabes? He estado hablando con Alice antes de venir aquí.

-Mmm. ¿Y qué te ha dicho?

-Que mañana va a hacer sol.

-Eso parece.

-Y que yo no te voy a ver en todo el día.

-Eso es evidente. Si hace sol no vas a poder salir de casa.

-Pero tu tampoco vas a venir.

Claro. La pesca con Charlie. Aún no sabía como decirle a Edward que no le iba a ver en todo el día porque iba a pasar un día padre e hija a solas.

-Oh Edward, verás. Es que Charlie se va a ir a pescar mañana y había pensado en ir con él y así pasar un buen rato con mi padre a solas y luego pues cocinaríamos y veriamos la tele...

-Me parece perfecto. Una idea genial.

-Edward lo siento, de verdad. Yo si quieres... ¿Cómo has dicho?

-Que me parece muy buena idea que pases todo el día a solas con tu padre. Pensé que no te ibas a guardar un día completo para él.

-Pero no te veré.

-Y eso me pone triste. Pero yo también quiero pasar un día con toda mi familia y mañana aprovecharemos para ir de caza todos juntos.

-¡Eso es fantástico Edward!

Después de esto apenas hablamos, sino que nos limitamos a estar juntos hasta que me dormí. Al día siguiente fue Charlie el que me despertó temprano para que me fuera preparando para marcharnos. Tal como estaba previsto, el sol lucía con un explendor impropio de un día de invierno de Forks, por eso me era difícil creer que iba a verme bañada por los rayos del sol. El lugar donde Charlie acostumbraba a pescar desde hacía ya tantos años se mostraba radiante. La tranquilidad y la paz que envolvían el lugar eran palpables y el aroma a humedad se me antojaba delicioso.

Para mi asombro, pescar resultó bastante sencillo y conseguí pescar casi tantos peces como Charlie. Cuando ya se había ido el sol y estabamos a punto de recoger para marcharnos a casa por culpa de la oscuridad cada vez más abundante, apareció Edward en el río. Venía con una sonrisa en la cara, pero sus ojos me parecían llenos de preocupación y ansiedad.

-¡Edward! ¿Qué haces aquí?- le pregunté intentando camuflar la preocupación que ahora me invadía a mi.

-He pensado que aún no hemos estado los tres juntos a solas y he traído unas tiendas de campaña. Para irnos de acampada.

-Vaya Edward, eso es una idea excelente.

Yo no lo veía tan excelente. Algo estaba pasando para que Edward se me llevase de acampada con mi padre cuando sabía que a mi no me haría ninguna gracia alejarme de Forks ahora que aún podía estar allí con normalidad. Lo que hice a continuación fue cojerle del brazo y llevarmelo para hablar a solas con él.

-¿Qué está pasando?

-Nada. ¿Qué tiene que pasar?

-¿Por qué nos vamos de acampada?

-Pensé que te gustaría que pasasemos tiempo a solas los tres juntos.

-Claro, eso sería maravilloso. Pero algo está pasando. A mi no me engañas. Suéltalo ya, ¿quieres?

-Tenemos que irnos Bella- su mascara se rompió y en su rostro se veia seriedad y determinación.

-¿Qué pasa Edward?

-Vienen a verte.

Twilight (c) Stephenie Meyer