Bueno, este es otro de los finales que tenía pensado para el fic. De hecho, siempre barajé varios (unos 4) pero me quedé con el que más me gustó. De todas formas, quería hace este, un poco más trágico… y quizás un poco más original… espero no me maten. Les advierto que es un poco triste.

Capítulo 17 Sacrificio (Final Alternativo)

Le pedí a mi familia que la transformaran, pero todo lo que dijeron fue "no sin que acceda".

- La enfermedad fue lo que le tocó –fue lo que dijo Rosalie, escupiendo las palabras. No podía creerlo.

Bella, Lexy y Emmett se habían puesto de mi lado, pero no había sido suficiente.

- No puedo dejarla ir… -había susurrad intentando convencerlos una vez más.

- Es que ese es el punto, hijo… Algo así te destrozaría… si ella es transformada, jamás será lo mismo –fue la respuesta de mi padre-. Un lobo y una vampiresa no podrían estar juntos.

Recuerdo que apreté los puños con fuerza por la crueldad de la verdad en su comentario. Ya no había salida. De todas formas, miré a mamá de reojo y luego a él de nuevo, levantando la barbilla.

- ¿Tú la dejarías morir? –pregunté. Sus ojos reflejaron la tortura que le producía el simple hecho de escuchar esa palabra referida a mamá.

La discusión fue inútil. Todo lo que logré fue que me vigilaran día y noche.

Ocho meses ya habían pasado desde que supe que Meg no tenía otra salida. Su condición había empeorado sin que yo pareciera capaz de hacer algo para evitarlo. Millones de veces había sacado el tema de su transformación frente a mi familia. Y millones de veces había obtenido la misma respuesta: "no sin su consentimiento".

Ahora permanecía de pie mirando por la ventana de su cuarto. Carlisle había acomodado una vía de suero y una pantalla con un "bip" constante a un lado de su cama. Todo era demasiado parecido a mis pesadillas.

A pesar de que la tenue brisa que llegaba desde fuera se sentía bien, mi corazón se rompía un poco más cada vez que el sonido constante se alteraba de cualquier forma. Sabía demasiado bien que sus latidos estaban contados. Sabía que se me acababa el tiempo, y sin embargo no podía hacer nada.

Ahora era Rosalie quien estaba sentada en el sillón que ubicaron junto a la cama. Ya no confiaban en mí para dejarme solo con ella. Establecieron guardias para… "protegerla", según dijeron. No podía creer cuando escuché ese término. Como si yo no pensara más que en ella. Más que en buscar una posible solución.

Una lágrima se deslizó por mi cara cuando pensé en la conversación que habíamos tenido hacía dos días: la última vez que había estado consiente. Le había rogado que me escuchara, que estuviera de acuerdo… y una vez más me había rechazado. Hablar de algo así con Edward presente no había sido fácil, pero de todos modos no había tenido otra opción.

- Por favor… -supliqué una vez más.

- Lo siento –había dicho en voz baja y con un tono penoso. Esa era su respuesta cada vez yo era incapaz de controlar el dolor, que sin mi permiso, se escabullía en mi expresión.

- Dime que no me amas, y te prometo que no pondré objeciones –apreté los dientes para evitar las lágrimas, pero fue un esfuerzo inútil-. Dime que no quieres esto –susurré señalando con los ojos su mano apoyada en mi pecho, sostenida por las mías, y su expresión se volvió agridulce. Una pequeña sonrisa dolida se asomó por sus facciones.

Eso era. Lo sabía. Podía sentirlo. Era su adiós. Nuestro adiós. La última vez que la vería. Todos los días anteriores había estado esperando esto. Sabiendo que llegaría para arruinarme. Para matarme. Para acabar con todo. Era el final.

- ¿No lo entiendes? –susurró. Su tono aún más ahogado. Su mano libre vaciló un momento en el aire antes de posarse con delicadeza en mi rostro. Su piel se sentía fría contra la mía, y eso solo me recordaba lo que era. Lo que me separaba y me unía a ella al mismo tiempo-. He tenido todo lo que quería –agregó, y mi corazón se hizo pedazos de nuevo-. Pasé el resto de mi vida con el hombre que amo.

- No me dejes… -supliqué después de un segundo. Cuando vi que sus parpados se volvían pesados. Fue solo un murmullo, un ruego que llevaba toda la fuerza de mi corazón con él. Todos mis deseos y toda mi esperanza.

- Jamás te dejaré –respondió y me ofreció otra pequeña sonrisa, que a mis ojos se vio amarga.

Esas habían sido las últimas palabras que me había dicho. Ni siquiera había estado lo suficientemente atento como para decirle que la amaba. Confiaba en que lo sabía. Y lo había repetido mil veces desde que se había dormido, pero de todas formas, hubiera querido ver su expresión al escucharlo. Hubiera querido escucharla diciéndome que lo sabía. Suspiré y las manos me temblaron de nuevo. Llevaba tres semanas sin transformarme, y se había vuelto una verdadera molestia.

Ya no entendía a mi familia. El hecho de que yo había sido venenoso una vez, no significaba que siguiera siéndolo. Además… ¿qué daño podía hacer intentarlo en una situación como esta?

Después de todo… ¿ella no estaba muriendo ya? Y si en realidad era ponzoñoso… ¿no era transformarla, exactamente lo que debería hacerse?

Intenté tragar el nudo de mi garganta y volteé a mirar a Meg. Una idea se formaba en mi cabeza. Y si estaba en lo cierto, ésta sería la última vez que lo haría. Me limpié el rostro con el dorso de la mano y me acerqué a ella pensando firmemente en cómo solía ser. En cómo solía verse antes de todo esto. La besé en la frente bajo la mirada inquisitiva de Rosalie.

- Te amo –susurré en un hilo de voz. Era toda la verdad que podría regalarle. Toda la que podía permitirme pensar. Una lágrima mojó su rostro y por un momento llegué a pensar que era suya. Quizás sentía lo que estaba a punto de suceder. Quizás le dolía tanto como a mí. Deseé que pudiera escuchar todo lo que tenía para decirle. Lo mucho que ella había mejorado mi vida, todo lo que me había enseñado. Cerré los ojos con fuerza y me incorporé, inhalando su perfume profundamente, dejando que se colara por todo mi cuerpo, embriagándome, tranquilizándome.

Giré sobre mis pies y me marché de la habitación con el paso pesado, sin mirar atrás. Ya nada podía atarme. Ya nada podía evitar que sucediera lo que debería suceder. Borré de mi mente esos pensamientos e intenté poner la mente en blanco al bajar las escaleras. De todas formas, Edward me miraba con el ceño fruncido.

- Necesito un favor… -susurré bajo mi aliento a la sala llena de personas. Todos me prestaron atención sin necesidad de que dijera más. Tragué en seco.

Carlisle se envaró, y pude escuchar claramente el respingo de Rosalie arriba, pero decidí que no me afectaría. No podía pensar en esos detalles en ese momento. Mi cabeza no podía manejar tanto al mismo tiempo. Dirigí mi vista a Alice.

- Necesito que me digas qué le pasará a Meg –pedí. Frunció el ceño de inmediato.

- Sabes que no puedo hacerlo… está demasiado ligada a ti –cerré los ojos mientras ella hablaba, pero no pareció percatarse.

- Tienes que intentarlo. Por favor. Yo me alejaré lo más que pueda –mi padre negó con la cabeza.

- Eso no hará ninguna diferencia –anunció. Edward me miró con mala cara y yo puse en blanco mi mente de nuevo. Suspiré y él frunció más el ceño-. No puedes separarte por demasiado tiempo de ella. Es imposible –sentenció. Jasper asintió al otro lado de la habitación. Tragué audiblemente y moví mi cuello a un lado y al otro haciendo sonar mi cuello.

- Tengo un trato que proponerles –murmuré con voz queda, y luego suspiré de nuevo, llenando mis pulmones y soltándolo de a poco antes de hablar-. No puedo dejarla morir –vi varias bocas abriéndose, dispuestas a interrumpirme, pero levanté una mano en el aire para detenerlos. No tenía fuerzas para soportarlo-. No puedo hacerlo. Ella es lo más importante para mí. Más que nada. Incluso más importante que mi amor por ella.

- No lo entiendo –susurró Esme. La miré con los ojos húmedos.

- Dejaré de amarla si eso es lo que necesitan –le expliqué.

- ¿Qué? –preguntó papá con un ligero tono irónico.

- Si logro alejarme lo suficiente… si logro romper el lazo entre nosotros… tú la verás ¿verdad, Alice? Verás lo que le sucederá.

Su expresión se volvió torturada. Tardó un segundo en contestar.

- En teoría –concedió luego.

- Pero eso no significa que la transformaríamos –apreté los puños cuando Rosalie apareció en lo alto de las escaleras, uniéndose a la conversación. Me obligué a mí mismo a dejar de pensar de nuevo y volteé para encararla.

- Meg no quiere transformarse por mí –anuncié. Rose bajó y permaneció de pié junto a Jasper. Vi a Edward asentir-. Bien, si mi amor es la razón por la que quiere dejarme… dejaré de amarla.

- No puedes hacer eso –repitió mi padre.

- Lo haré. Y si yo puedo, ella también podrá. Solo tienen que darle la oportunidad.

- ¿Y cómo se supone que hagamos eso? –escupió Rosalie. Cerré los ojos.

- Esa es mi propuesta. Si yo lo logro, Alice logrará ver lo que le sucederá a Meg –Lexy asintió levemente y yo hice una pausa e inspeccioné los rostros de todos y cada uno de los miembros de mi familia-… y si logras verla –terminé mirándola solo a ella- la transformarán.

- ¿Cómo crees que-? –comenzó a protestar mi padre, pero lo corté con brusquedad.

- Es mi única oportunidad –dije seguro-. Es mi única esperanza –solté luego sin sonido-. No me la nieguen, por favor. No me hagan esto. No puedo permitir que muera. No puedo hacerlo. Tienen que hacerlo. Prométanmelo –estaba comenzando a perder la compostura, pero me obligué a mí mismo a calmarme. A recuperar la serenidad. Tomé aire y tragué el nudo en mi garganta. Miré a las caras, que ya se veían difusas por las lágrimas en mis ojos y me detuve en Alice-. Promételo –pedí de nuevo. La miré por casi un minuto entero antes de que asintiera finalmente. Volví a respirar cuando lo hizo.

- No lo lograras –musitó Jasper en voz baja.

- Pero si lo logro lo harán. ¿Si rompo el lazo la transformaran? –los miré uno a uno mientras se tomaban su tiempo para mostrarse de acuerdo. Cerré los ojos y llené mis pulmones tanto como pude cuando Carlisle se unió a mis aliados. Así como la mayoría de los demás.

Mi padre frunció el ceño y vi de reojo como los ojos de mi hermana se inundaban de lágrimas. Se acurrucó en su asiento y se cubrió la cabeza con las manos. Sonreí con nostalgia. Era el gesto que solía hacer cuando intentaba mantenerme fuera de su cabeza.

- ¿Lo prometen? –tenía que asegurarme. Pero esta vez lo dije con mayor seguridad. Sabía que lo harían.

- Si lo logras, yo mismo la transformaré –anunció Carlisle poniéndose de pie. Asentí con la cabeza sintiendo cómo mis músculos comenzaban a relajarse. La palabra de Carlisle valía oro. Incluso si parecía que Rosalie echaba humo, o que Edward intentaba atravesarme con la mirada.

Miré de reojo a Lexy mientras salía. Su vista estaba clavada en el suelo y sus manos convertidas en puños descansaban sobre su regazo. Ella lo sabía. Estaba seguro. Intenté regalarle una sonrisa, para que supiera que todo estaba bien… y aunque no fui capaz de hacerlo, ella aún miraba al suelo de todas formas. Deseé poder agradecerle de alguna forma el que no interviniera, pero no podría hacerlo sin arruinarlo.

- Tengo que irme –anuncié. Varios asintieron con la cabeza y Lexy se mordió el labio.

Cuando salí por la puerta, comprendí lo que había hecho. Lo había logrado. Había encontrado una salida. De pronto sentí como si una tonelada se despejara de mis hombros, permitiendo que mantuviera la frente en alto. Eché a correr lo más rápido que pude. Ya todo estaba puesto en marcha. Ahora no había tiempo que perder. Me alejé unos cinco kilómetros antes de relajarme un poco. La cabeza comenzaba a dolerme por intentar mantener a Edward fuera de ella.

Finalmente respiré y me dejé llevar por lo que quería. Me transformé mientras corría, sin dejar de hacerlo, dejando que mi naturaleza corriera libre por mis venas, ayudándome a flexionar los músculos rígidos por la falta de movimiento de los últimos días.

Eso era lo que yo era. Incuestionable, inevitable. Tal como lo había dicho mi padre. No había forma posible de dejar de amar a Meg. Pero sí había una manera de salir de su camino. De su futuro… para siempre.

Deseé poder patearme a mí mismo por no haberlo pensado antes. Tantas veces había deseado que hubiera una forma de dar mi vida por la suya… ¿cómo no había podido verlo hasta entonces? Pero no había tiempo para reproches, no podía perder el tiempo. Si todo marchaba según lo planeado, necesitaría al menos unos cinco minutos de ventaja.

Aceleré el paso y me alejé convirtiéndome en sólo algo más que una sombra fugaz en el bosque. Cuando llegué al lugar que buscaba, me dejé caer sin pensarlo dos veces. Se sentía tan… correcto.

No sentí el impacto del agua. Tampoco el frío. Me estaba condenando a una eterna tortura, al infierno mismo. Sabía que si la transformaban, viviría para siempre. Sabía que eso significaba que el infierno me esperaba. Donde quiera que estuviese, ella no estaría conmigo… y sin embargo, tampoco sentí el miedo. Sólo una cosa cruzaba mi mente: Meg. Lo sufriría todo y por siempre por ella. Porque tuviera otra oportunidad.

Sumergido en el agua comencé a contar los latidos de mi corazón, primero acelerándose, luego bajando de velocidad poco a poco.

PUM Ella jamás sufriría de nuevo por esa estúpida enfermedad.

PUM Encontraría apoyo en la familia en la que jamás había encajado hasta conocerla.

PUM Resistí el impulso de salir a tomar aire e inhalé con fuerza el agua que me rodeaba. La sal me quemó por dentro como si la sed volviera a atormentarme en mis últimos segundos de vida…

PUM casi pude ver a Alice saltando de su asiento anunciando que lo había logrado. Sonreí, o al menos eso creo.

PUM… Imaginé a Carlisle convirtiéndola. Regalándole al mundo lo mejor que podría imaginarse.

SILENCIO… Vino a mi mente su rostro. Su sonrisa. Su mirada. Su amor. Por ella había vuelto a vivir, y mi último sentimiento fue completamente abrumante: me sentí orgullo de ser capaz de morir por ella.

EL FIN