Disclaimer: Nada de esto me pertenece; todo salió de la magnífica mente de Suzanne Collins. Además, la segunda frase del padre de Peeta está sacada literalmente del libro "Los juegos del hambre".


La chica del vestido de cuadros


Peeta Mellark tiene cinco años y ningunas ganas de ir al colegio. Pero el Capitolio decretó que ésa era la edad en la que los habitantes de los doce distritos debían comenzar a culturizarse y nadie puede oponerse a ello. Agarra fuerte la mano de su padre, sin querer despegarse de él. El hombre ríe y lo lleva a la fila para entrar al edificio de hormigón gris.

Una niña con vestido de cuadros rojos pasa a su lado alegremente. Su oscuro pelo, recogido en dos largas trenzas, baila con los saltitos que da la pequeña. El señor Mellark dice a su hijo que hubo un tiempo en el que creía que iba a casarse con la madre de la chica. Peeta lo mira, curioso.

—¿Y qué pasó? —inquiere.

—Huyó con un minero.

Peeta arruga la nariz. Hasta donde sabe, los mineros huelen notablemente peor que su padre, que siempre porta el olor del pan recién hecho y los pastelillos de crema que vende diariamente.

—¿Por qué querría un minero teniéndote a ti?

—Porque cuando él canta... hasta los pájaros se detienen a escuchar.

El hombre revuelve el rubio pelo de su hijo antes de que éste entre al colegio. Una vez en clase se sienta en el pupitre al lado de la niña que podría haber sido su hermana analizándola con la mirada. Tiene unos bonitos ojos oscuros, casi tanto como su pelo, y cuando ríe es como si la campanilla de la panadería donde trabajan sus padres sonase anunciando un nuevo cliente. La profesora de música pide voluntarios para cantar "La canción del valle". Peeta se la sabe, pero no le gusta su voz, así que deja que los demás se ofrezcan para deleitar a la clase. Para su sorpresa, la chica de trenzas alza la mano como una bala y, tras subirse al pequeño taburete que le dispensa la profesora, comienza a cantar.

A Peeta no le gusta jurar, sobre todo desde que su madre le dijo que si alguna vez juraba algo que no era cierto el Capitolio le cortaría la lengua. Pero esta vez jura por todo lo que tiene que el Distrito 12 se ha quedado en silencio mientras su compañera de fila entona el cántico. Los sinsajos la observan a través de la ventana mientras ella, sonriente, sigue verso a verso la composición. Cuando acaba y se sienta, aplaudida por toda la clase, el chico no puede más que corresponder a su sonrisa. Sabe que, en su inocente concepción del amor, se ha enamorado. Y, por segunda vez en un mismo día, Peeta Mellark jura una cosa: que algún día se casará con la chica del vestido de cuadros.


Nota de autora: Cuando leí cómo se había enamorado Peeta de Katniss en el libro me pareció lo más tierno del mundo; de ahí que quisiese, de alguna manera, plasmar con más detalle lo que podría haber ocurrido. Espero que os guste.