Palomas

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Ian se encontraba perdido. Completamente perdido sin Erin. Porque ya nada importa, porque todo había perdido su sentido. El poco color que había encontrado alguna vez en la vida ahora se había ido para siempre. Todo estab muerto, todo. No importaba nada más.

Todo se había ido con Erin. Su razón de vivir, su razón de ser. Su vida entera.

Ahora sólo era un ser andante, lastimoso, arrepentindo, lleno de rencor y un amargo sentimiento y sensación de vengazarse. Venganza, venganza, era lo único que pensaba en estos momentos. Sabía que no ganaría nada con obtener venganza, pero tampoco perdería, ¿o sí? Ya nada importaba en su vida, nada quedaba, estaba solo.

Y eso era todo lo que quería. Vengar la muerte de Erin. Porque Wendy era la culpable, ella lo había causado, ella había traído su maldición consigo y había impedido que él pudiese hacer algo par rescalatarla. Y las palomas, ellas habían sido las culpables de todo. Ian las odiaba ahora, las detestaba, cada vez que las veía tenía esa sensación de rabia y desprecio hacia ellas. El querer destrozarlas y matarlas...

Y de repnte, curiosa y sorprendentemente, mientras él pensaba todo esto, una paloma blanca y pacífica como la nieve, se posó enfrente de él. Junto a su sentimiento de furia y de rabi se apoderó de él, mientras la miraba campante picotear el suelo y moviendo las alas. Haciendo los característicos sonidos… Los sonidos que tanto molestaban a Ian. Los movimientos culabples.

En esos momentos él quiso tener de nuevo esa pistola de clavos y perforarla, una y otra vez, sin piedad. Cómo había pasado con Erin, así de cruel sería su venganza y la disfrutaría. Se satisfacería al verla allí, perforada, empapada en sangre, mientras el disfrutaría y tendría un poco de venganza. Desde ahora… las palomas eran su peor enemigo.